Dragon Ball: El Saiyajin Desconocido
Reunidos nuevamente, todos los Saiyajin supervivientes se han reunido para comprobar sus nuevos poderes y los frutos de su entrenamiento. Compartiendo sus experiencias y las nuevas herramientas para incrementar sus poderes a voluntad. Después de una breve pero intensa batalla, nuestro protagonista demuestra estar en una liga nueva totalmente de poder, superando a los esfuerzos combinados de los ahora mucho más fuertes, Lottus y Vegeta.
Luego de llevarlos al borde de la muerte utilizando la técnica de su amigo, los restauró con Semillas del Ermitaño, despertando poderes latentes incluso mayores de los que tenían en ese momento, pero aún no fue suficiente para vencer al joven guerrero. Ante los ojos del resto de sus camaradas, sabía que tenía mucho que explicar. Llevando a su madre y al príncipe de los Saiyajin de regreso a la nave, seguido por los otros Saiyajin, averiguaremos qué camino tomará cada Saiyajin, esperando secretamente que puedan mantenerse juntos bajo el objetivo de aniquilar al Emperador del Mal y a su ejército.
Al llegar a la nave de la Corporación Cápsula, Aikon aterrizó a las afueras de la cápsula espacial, dejando a los 2 inconscientes Saiyajin en el piso para que descansaran tranquilamente, preparándose para recibir a los otros 4 Saiyajin que lo seguían. Goku ya conocía sus intenciones y Turles, la historia abreviada. Ahora tendría que contar toda la verdad, se lo debía a todos sus camaradas si es que buscaba que confiaran en él y poder confiar en ellos.
Para cuando Raditz, Nappa, Kakaroto y Turles aterrizaron, Aikon se dirigía al interior de la nave para recoger un Fruto del Árbol Sagrado y una Semilla del Ermitaño, para poder ilustrar más su historia. También tendría que contarles sobre las Esferas del Dragón, no había otra opción. Sentía miedo de la reacción de los Saiyajin. Sabía que podía confiar en Goku, pero cualquiera de los demás tenía motivos de sobra para separarse del grupo, buscar la Tierra por su cuenta y luego conseguir las Esferas por cualquier capricho o deseo propio. Aunque le dolía admitirlo, hasta su propia madre tenía motivos para hacerlo. A pesar de todas estas dudas, tenía que ser honesto.
Inhaló profundamente y luego exhaló, tomando asiento al lado de los cuerpos aún inconscientes de Vegeta y su madre, evadiendo las preguntas del hermano de Kakaroto y de Nappa. "Responderé todo en cuanto estos 2 despierten." Informa una y otra vez, y así pasó una hora completa, donde todos los Saiyajin despiertos guardaban silencio mientras esperaban que la condición para que Aikon contara todo se cumpliera.
Vegeta fue el primero en despertar, y su primer instinto fue intentar golpear a Aikon, pero este último reaccionó a tiempo y detuvo su golpe. "Ya basta Vegeta. La pelea terminó. Déjame darte a ti y a los demás respuestas." Le dice en un esfuerzo por tranquilizar al furioso príncipe, quien ya había recibido otro golpe a su orgullo. "Maldito insecto…" Murmura, antes de detenerse y cruzar sus brazos, su frustración evidente ante la vena que se asomaba en su frente mientras observaba a Aikon con cantidades excesivas de rencor.
Luego fue el turno de Lottus, quien en vez de intentar lastimar a su hijo solo se quedó en shock al notar que su brazo perdido hace años estaba de regreso. Su hijo, presintiendo que su confusión era abismal y que se encontraba en un estado de shock se arrodilló al lado de su madre y colocó una mano en su hombro. "Mamá…" Le murmura para intentar captar su atención.
Lottus solo lo miró con ojos ligeramente perdidos, pero pronto sonrió. "Está de vuelta… Jamás pensé que… volvería a sentir mi brazo…" Le dice con incredulidad y con pequeñas lágrimas formándose en sus ojos. Era evidente que estaba feliz. Pero pronto, con su mismo brazo nuevo, golpeó a su hijo y lo envió lejos, haciendo que se estrellara contra un árbol cercano. "¡Y está sano! No ha perdido ni un poco de fuerza." Menciona lo suficientemente fuerte para que su aturdido hijo la escuchara mientras se levantara.
Aikon se rió ante esto antes de recuperarse y caminar de regreso al grupo de Saiyajin. Sabiendo que tenían muchas preguntas hizo un gesto para que todos guardaran silencio y simplemente lo dejaran empezar. "Antes que nada… Sé que somos Saiyajin. Sé que somos guerreros. Pero necesito que todos permanezcan tranquilos, y me escuchen con atención. Cuando termine, son libres de tomar sus propias decisiones y juzgar por su cuenta." Menciona, mirando a todos y a cada uno a los ojos hasta que se convenció que todos prestarían atención a la historia completa de sus viajes.
Aikon inhala profundamente en preparación de su narración, antes de tomar el gran paso de contarles a todos sus camaradas como fueron sus viajes al recorrer la Galaxia por su cuenta estos años. Y entra en especial énfasis en sus pensamientos, inseguridades, y su viaje a la Tierra. Cuenta con lujo de detalle cómo fue su llegada, todo lo que vio, lo que aprendió, como conoció al hijo menor de Bardock, quien se supone que aniquilaría a todos los habitantes de la Tierra, y que le había ocurrido.
Al enterarse de las Esferas del Dragón, los Saiyajin se apresuraron a pedir detalles, dudando seriamente que unos objetos así existieran. "Lo vi con mis propios ojos. Pero al invocar al Dragón, no supe que pedir. Kakaroto, ansioso de respuestas llegó a interrogarme sobre si lo que decía era cierto, dispuesto a intentar detenerme si intentaba usar al Dragón para fines malignos. Pero terminó usando el deseo para restaurar sus memorias de Saiyajin. Recordó su nombre, a sus padres a través del cristal de su nave, y comprendió mi historia." Explica el joven guerrero, de brazos cruzados mientras contaba todo. Al voltear hacia Goku para confirmar la historia de Aikon, el Saiyajin asintió con la cabeza, respaldando lo que decía, describiendo a su padre y a su madre, y como fue enviado a la Tierra, donde le dieron el nombre Son Goku. A pesar de ser Saiyajin, a pesar de reconocer el nombre Kakaroto, sigue siendo tanto Kakaroto como Son Goku de la Tierra, y una vez derrotado Freezer, volverá para seguir viviendo allí y seguir defendiendo su planeta.
"Conocí a los amigos de Goku, aprendí de su estancia en la Tierra. Esta terrícola, Bulma, me recibió con los brazos abiertos en su hogar mientras Kakaroto y yo nos preparábamos para viajar. Ella construyó la nave, junto con el dispositivo para aumentar la gravedad en conjunto con su padre. Me enseñaron sobre las cápsulas, de su tecnología y aunque no van tan avanzados comparados con el resto del Espacio, me sorprendió lo inteligente, agradable, amistosa y simpática que fue conmigo." Narra Aikon, sin darse cuenta de que se sonrojaba al imaginarse el rostro de su amiga y al recordar los momentos tan cálidos que vivió junto a ella, al sentir que de verdad alguien se preocupaba por su seguridad de manera desinteresada, solo porque era importante para ella.
Los Saiyajin presentes notaron esto, sobretodo la madre del narrativo joven, pero ninguno mencionó nada, ya sea porque estaban perdidos en sus pensamientos propios o porque buscaban seguir escuchando el resto de su historia. Aikon les contó de la Habitación del Tiempo y el Espíritu, de las Semillas del Ermitaño que fueron la causa de la recuperación de Lottus y Vegeta, y la forma en la que Goku y él mismo incrementaron sus poderes a niveles nunca antes vistos. Aikon seguía siendo más fuerte, pero Kakaroto pasó de ser el más débil de su raza a ser el segundo más fuerte, sin lugar a dudas.
Y antes de que pudiera contar sobre lo que ocurrió cuando retomaron el viaje espacial, Vegeta preguntó "Y estas esferas… ¿No las trajiste contigo? Pueden ser muy útiles en cualquier momento. Es más, pudiste pedirle a ese Dragón que te hiciera inmortal y hubieras podido conquistar… ¡El Universo! ¡Ni Freezer ni nadie te hubiera podido hacer frente!" lo que se volvió a un reclamo, ante la diferencia entre que hubiera hecho el Príncipe de los Saiyajin si hubiera estado él en la Tierra. Lo que probablemente hubiera terminado en genocidio masivo, la muerte de Kakaroto y las Esferas del Dragón guardadas en su nave.
"No tengo esas intenciones con las Esferas Vegeta. Mi orgullo nunca me lo permitiría. Si he de vencer a Freezer, lo haré con mi propio esfuerzo y en una pelea justa. Jamás pediría algo como inmortalidad." Le responde el acusado Aikon, intuyendo que Vegeta ya tramaba algo. "Además, Goku me explicó que las Esferas del Dragón no se pueden usar de manera seguida. Hay que esperar un año para volver a usarlas, durante ese tiempo solo son rocas comunes." Añade, lo cual pareció haber causado que Vegeta se tranquilizara y comprendiera mejor las cosas.
Aikon prosiguió con su relato, contando como él y Goku entrenaron en la máxima gravedad aumentada posible, poco a poco adaptándose a mayores presiones y pronto alcanzando el máximo. Si antes habían alcanzado niveles elevados, ahora estaban a niveles casi inimaginables.
Y para demostrarlo, volteó a ver a su amigo, los cuales compartieron una mirada conocedora, para después dejar de suprimir su poder e incluso liberarlo con una potente aura, que causaba que incluso el paisaje del planeta fuera afectado, causando corrientes huracanadas y que las placas tectónicas causaran fuertes temblores, agrietando el suelo, para la tremenda impresión de todos los presentes, sobretodo de Vegeta. ¿Un insolente guerrero de clase media y peor aún, un soldado de clase baja como Goku habían sobrepasado sus poderes y lo habían dejado atrás a esta magnitud? No tenía sentido. ¡Él era de la élite guerrera! ¡Se supone que entre los Saiyajin él sería un prodigio! ¡Más fuerte que cualquiera de su especie! Sabía que había acordado colaborar con Aikon para acabar con Freezer, pero esta era demasiado para su orgullo.
Después de calmar y controlar su poder, Aikon siguió contando de sus viajes, como encontraron a Turles, como se desarrolló su encuentro, qué eran los Frutos del Árbol Sagrado y lo que hacían. El mencionado Saiyajin confirmó también su parte de la historia, internamente intrigado por la reacción de Vegeta, sabiendo que al ser una persona tan orgullosa probablemente estaba empeñado el ser el más fuerte de todos, de manera similar a él mismo, solo que Turles era más inteligente, al planear y actuar desde las sombras para lograr ese objetivo. No rechazaba la ayuda de otros y el colaborar si eso implicaba un beneficio para él.
Al terminar su historia, cada Saiyajin guardaba una expresión distinta. Raditz buscaba hablar con su hermano sobre su estancia en la Tierra y sus aventuras. A pesar de que prácticamente eran extraños y los Saiyajin no tenían un gran sentido de la familia, Kakaroto había sobrevivido y, en honor a sus padres, quería darle un intento para escucharlo, averiguar qué tan fuerte es e intentar ser un hermano para él. Nappa estaba impresionado por lo fuerte que se había vuelto Aikon y la sangre le hervía, quería luchar contra él y volverse tan fuerte como él para poder explorar la Galaxia por su cuenta y hacer lo que quisiera. Si bien la Tierra y las Esferas le llamaron la atención, no era tan tonto como para no darse cuenta que Aikon no permitiría que nadie se acercara a ese planeta con malas intenciones, al igual que Kakaroto. Así que por ahora se limitaría al objetivo principal: volverse más fuerte y darle su merecido a ese tonto de Freezer.
Lottus estaba impresionada con su hijo y con Kakaroto. Ella había entrenado a su hijo como un verdadero Saiyajin, sin mucha importancia por la moral, solo con la idea de destruir a sus oponentes y principalmente a Freezer. Si bien con el objetivo de 'vengar' a los Saiyajin, luego de eso no sabía bien que hacer y tampoco lo consideraba una misión noble, sino una vendetta personal, pasada a ellos por toda su raza y su propio marido, causada por el mismo maldito de Freezer. No creía que su hijo hubiera desarrollado tal sentido de moral. Tal nobleza. Quería ver que tan lejos lo llevarían estos ideales. A que niveles de fuerza incomparable lo traerían. Y además, con este nuevo concepto de las Esferas del Dragón, quizás sería posible que pudieran revivir a su marido. O incluso a todos los Saiyajin.
Turles ya planeaba escabullirse para alcanzar las Esferas del Dragón, pero tendría paciencia. Aikon era una gran amenaza, y la brecha entre ellos era abismal. Sabía que podía llegar a ser el Emperador de todo, pero tomaría tiempo. Además, quedarse con los miembros de su raza traería toda clase de beneficios, sin mencionar que elevaría sus poderes mucho más allá, más de lo que podrían hacerlo los frutos. Haría su movimiento, pero a su debido tiempo.
Y Vegeta… no daba más. Las Esferas del Dragón era una oportunidad de oro, imposible de dejar pasar. Claro, podría intentar seguir volviéndose más fuerte y explotar su potencial, pero eso no era digno de un miembro de la realeza como él. No, el merecía que su lugar por derecho le fuera restaurado, y que ni siquiera se tuviera que ensuciar sus manos. Freezer podía esperar, el trono del Universo le esperaba.
"Vegeta." Habló Aikon, ahora luciendo muy enojado y elevando su poder, caminando hacia él. "Te lo advierto. Dije que podrían tomar sus propias decisiones y seguir sus caminos si así lo deseaban. Pero te lo advierto. Si intentas hacerle algo a la Tierra o a sus habitantes, te aniquilaré antes de que siquiera puedas intentar defenderte." Le dice, mirándolo a los ojos apenas se paró de frente a él, ahora expulsando más su ki. Vegeta podía sentir que lo decía totalmente en serio. Aún si utilizaba toda su fuerza y ponía todo su empeño en intentar escapar e ir a la Tierra, Aikon no lo dejaría ni meterse en su nave. Sería aniquilado apenas hiciera un paso en falso. El príncipe de los Saiyajin estaba atado de manos. Aikon era la segunda persona en el Universo que lo hacía sentir este nivel de impotencia. La primera siendo el mismo Freezer.
Estaba indignado. Debería ser libre de conquistar e invadir cualquier planeta que se le diera la gana, y con mayor razón uno con un tesoro como las Esferas del Dragón y las Semillas del Ermitaño. Pero sabía que no podía hacer nada sin morir aún. Tenía que jugar sus cartas cuidadosamente, quizás incluso colaborar con Freezer. Su rival se le quedó viendo por un buen tiempo antes de decidir dejarlo en paz. Bondadoso o no, Aikon seguía siendo un Saiyajin. Y un Saiyajin con un objetivo, para el cual fue criado y entrenado toda su vida. Para el cual había alcanzado su nivel actual. Incluso si tenía que imponerse ante Vegeta, con tal de proteger las cosas que él amaba y el planeta al que había jurado volver, lo haría sin dudar ni por un segundo.
"Muy bien. Ya les expliqué todo lo que tenían que saber. Entrenaremos unos días más en esta nave y luego lanzaremos un ataque al Imperio de Freezer una vez haya bajado la guardia en alguno de sus planetas." Informa el ahora evidente líder de los Saiyajin, Aikon. Y así sucedió. Se quedaron una semana en ese lugar, luchando entre ellos de muchas formas y preparando nuevas técnicas que ejecutar cuando llegara el momento de pelear contra el Emperador del Mal y su ejército. Sabían que cabía la posibilidad de que su padre, Cold, se uniera a la lucha. Los límites de ambos eran desconocidos de momento, pero se preparaban para lo peor, enfrentar al diablo de frente y ganar, por cualquier método. Vegeta y Turles les enseñaron a los otros Saiyajin como crear una luna artificial, dado que aún no dominaban la técnica y les serviría si se encontraban en un aprieto.
Goku ya conocía que ocurría cuando miraban la luna llena dado que lo aprendió cuando entrenó durante un año con Aikon. Le entristecía todavía el haberse dado cuenta que el monstruo que había matado a su abuelito Gohan era él mismo. Pero sabía que se venía una lucha muy importante contra sujetos casi invencibles, y no podía ignorar una herramienta así.
Pronto llegó el día de retomar su rumbo. Aikon, Kakaroto y Turles se marcharon en la nave de la Corporación Cápsula, mientras que el resto utilizaron sus propias naves individuales. Viajando como un grupo, se dirigieron discretamente a un planeta conquistado por Freezer para averiguar en donde se encontraba. Pero fue ahí donde Vegeta vio la oportunidad perfecta para ejecutar su movimiento.
Interrogando un poco más a Goku, pidiendo detalles de su estancia en la Tierra, aprendió más de su historia. Al escuchar de su pelea con Pikoro Daimakú le pidió una descripción de su oponente. Fue entonces donde descubrió la existencia de un supuesto Dios de la Tierra. Un guardián, creador de las Esferas del Dragón. Kami-sama. Y resulta que, basado en la descripción de este guerrero ingenuo aún de clase baja, Vegeta se dio cuenta que este ser era un habitante del Planeta Nameku. Había oído hablar de ellos y sabía cómo lucían, pero su planeta nunca había sido invadido y ni conquistado por Freezer y su ejército. Si este Dios había creado las Esferas… ¿Era imposible suponer que en su planeta natal también habría su propio set? Era posible. Y posible era suficiente.
Mientras todos dormían en los cuarteles, aun pretendiendo estar del lado de Freezer antes de partir mañana, Vegeta se escabulló, robó una nave y un rastreador nuevo antes de escapar de ese planeta, con rumbo directo a Namekusein, el planeta del tal Kami-sama. Si no podía acercarse a la Tierra, había otros lugares en donde conseguir Esferas del Dragón.
Aikon fue el primero en darse cuenta de cómo escapaba el ki de Vegeta, dado que desde que le advirtió que no se acercara a la Tierra, esperaba que hiciera un movimiento en falso. El cuartel entero entró en alerta, intentando lograr que el renegado príncipe de los Saiyajin entrara en razón y explicara qué estaba haciendo. Pero no lograron nada. Los otros Saiyajin pronto se unieron a su camarada Aikon, con gran confusión en su mirada. Hasta que se escuchó la risa del príncipe a través de los altavoces, una comunicación directa establecida a cada punto de la Galaxia donde hubiera una base de Freezer o un rastreador. "¡Me dirijo al planeta Nameku, tontos insectos! El príncipe Vegeta por fin conseguirá su inmortalidad, ¡Y reclamaré mi lugar como amo de todo el Universo!" Explica antes de elevar la velocidad de su nave y cortar las comunicaciones de su rastreador, para horror de todos los Saiyajin que dejó atrás.
"¿Nameku? ¿Por qué iría Vegeta a un planeta así?"
"Es un tonto. ¿Inmortalidad? Eso no existe. No es como si existiera algo que concediera deseos así, y mucho menos a alguien como Vegeta."
"Al Gran Freezer no le agradará enterarse de esto."
Fueron algunos de los murmullos que se escuchaban a lo largo del cuartel, hablados por los confundidos soldados de Freezer ante las palabras del príncipe, sin saber su significado ni a qué se refería el fugado guerrero.
Pero la expresión de horror de Aikon, mezclada con una ira con riesgo de estallar como un volcán en erupción, revelaba que no se estaba tomando bien la traición de Vegeta. Volteó a sus camaradas, en búsqueda de alguien que le pudiera explicar el por qué se dirigía allí. Y encontró respuesta en la cara atónita de Goku, quien era el único otro ser que tenía la información que podría dirigir a alguien a Namekusein. "Kakaroto… ¿Qué le contaste a Vegeta?" Le pregunta al saber que él guardaba el secreto que llevó a la desaparición del príncipe. "Pues… todo. Me interrogó después de comer, su actitud había cambiado por completo. Me preguntó por Kami-sama y por Pikoro, preguntándome quienes eran y como lucían particularmente." Explica el aún atónito Saiyajin.
Al escuchar esos nombres Aikon recordó al anciano Guardián de la Tierra y la descripción de Goku del mayor enemigo al que se había enfrentado, Pikoro Daimakú. Luego se dio cuenta de que Vegeta había seguido esa posibilidad. La posibilidad de que existieran otras Esferas del Dragón, o algo similar a ellas en el planeta natal de Kami-sama. Y Aikon volteó una vez más al monitor que mostraba la cápsula de Vegeta lentamente alejándose. "Ese… bastardo… egócentrico… egoísta… sinvergüenza… hijo de perra… de verdad lo echó todo a perder… solo por la posibilidad de llegar él primero. De reunirlas él primero y conseguir su deseo…" Murmura, incapaz de controlar su poder que seguía creciendo, a la vez que su ira y frustración, para el miedo de todos los presentes incluidos sus camaradas Saiyajin.
Sabía que sin duda ese mensaje le había llegado a Freezer. Que la implicación de que Vegeta se volviera Emperador del Universo y a la vez inmortal iba a captar su atención. Vegeta sabía que ni siquiera necesitaba mencionar donde iba dado que los ingenieros del Ejército podían deducirlo con su trayectoria e incluso rastrearlo. Y a pesar de eso, quiso dárselo todo en bandeja de plata, sabiendo que iba a ser perseguido por los Saiyajin. Aikon quería planear mejor su pelea con Freezer. Incluso entrenar más de ser posible, y contar con Vegeta como aliado. Su orgullo de Saiyajin ahora fue reducido a nada, al tener que recurrir a algo como esto.
"Ese maldito… las va a pagar…" Murmura, ahora con una vena notable en su frente, antes de expulsar todo su poder y hacer estallar todos los rastreadores que estaban en ese planeta, antes de destruir el cuartel. Se dirigió con todos los Saiyajin a las naves, para luego destruir las demás en caso de que quedara algún superviviente. Se subieron a las naves con la misma formación de antes y siguieron a Vegeta al máximo de velocidad posible. La nave de Aikon era un poco más rápida pero de todas maneras no iban a alcanzar a Vegeta antes de que llegaran. Todo lo que podían hacer ahora era prepararse para enfrentarse a Freezer y detener a Vegeta.
La batalla final ahora sería en el planeta Namekusein.
Mientras tanto en otro rincón de la Galaxia.
Después de escuchar la transmisión de Vegeta, un perturbado emperador se sentaba en su silla levitante, golpeándola violentamente ante la molestia de escuchar a Vegeta y sus implicaciones de robarle su trono. Además la implicación de volverse inmortal era bastante molesta. La insolencia de este Saiyajin no podía ser tolerada. Freezer se arrepentía de dejar a ese chiquillo con vida, sabiendo que debió exterminar a todos los Saiyajin aquel día hace 18 años. Había algo de todo esto que le daba mala espina. Y si bien podía simplemente enviar a las Fuerzas Especiales Ginyu a que se encargaran de esto y de Vegeta, la curiosidad ante las palabras de Vegeta ganaron su curiosidad y atención. Se levantó de su asiento y le informó a su leal soldado de piel celeste y verde pelo, Zarbon, que seguirían a Vegeta y abandonarían ese sucio planeta en el que se encontraban.
"Sí, Gran Freezer." Fue la inmediata respuesta de su perrito faldero, antes de ordenarle a los soldados que regresaran a la nave porque partirían en persecución de Vegeta. Dado que Freezer en persona no quería ensuciarse las manos, también pidió que las Fuerzas Ginyu estuvieran atentas y siguieran de cerca a la nave de Freezer, para estar disponibles inmediatamente en caso de que la situación lo requiera, a lo cual el capitán, un hombre morado con varias venas marcadas en su cuernuda cabeza aseguró que cumplirían con efectividad.
Y así partió la nave de Freezer, siguiendo la nave de Vegeta y fijando coordenadas a este planeta Nameku, donde descubrirían que tenía entre manos el impetuoso e insubordinado príncipe de los Saiyajin.
La traición de Vegeta no fue inesperada, pero no significa que no haya causado su continental cantidad de daño para los planes de nuestros guerreros. Con la revelación del objetivo del orgulloso y vengativo príncipe, Freezer se ha unido a la acción, y busca arrebatarle el secreto al renegado Saiyajin por la fuerza de ser necesario.
Aikon y los demás, persiguiendo a su traidor príncipe, se preparan para iniciar el combate de sus vidas antes de lo esperado. Habían pasado ya 18 años desde la destrucción del Planeta Vegeta y sus habitantes. ¿Su venganza podrá cumplirse? ¿O se desmoronará bajo la pisada del mal en persona que es Freezer?
La tensión aumenta, mientras que se aproxima la batalla final.
