Capítulo 16

Caminaba sin rumbo fijo con la vista perdida, la intensa lluvia le hizo perder el sentido de la orientación. Se abrazó así misma al sentir un fuerte frio correr por su cuerpo e inútilmente intentó cubrirse con la bata empapada. El cabello se le pegaba a la frente y los pies descalzos formaban pequeñas corrientes de agua.

Temblaba y lo único que deseaba era llegar a su destino, un destino desconocido.

Un carruaje se detuvo a su lado y no pudo distinguir la figura que se bajaba de él, sólo escuchó como le llamaba por su nombre.

—¡Kagome!

Esa voz, podía identificarla muy bien ya que era como su hermano.

—Mi…

Pero ella no pudo terminar de pronunciar su nombre y cerró los ojos para sumergirse en las sombras.

Al verla desfallecer entre brazos se preocupó de manera considerable.

—¡KAGOME!

04 horas antes….

.

Inuyasha aguardaba paciente a que las dos mujeres terminaran de estar listas para partir de una vez a esa maldita fiesta. Aun no podía creer el hecho de haber aceptado la invitación de Lady Percival, pero si quería usarla como su plan de venganza en contra de la familia Higurashi, lo haría con todo gusto.

La primera en bajar fue Sabina, quien llevaba un vestido color esmeralda, demasiado escotado para su gusto.

—¿Qué? – Preguntó malhumorada — ¿No te gusta mi vestido? – Se giró para hacerlo lucir – Según es la última moda aquí, pero me parece un poco anticuado.

—Con ese vestido nadie creerá que eres mi sobrina.

—Es porque tú me obligaste a fingir algo que no soy.

Entonces unos pasos se escucharon bajar por las escaleras, Inuyasha perdió la atención en Sabina y se concentró en la mujer que bajaba por las escaleras, cuando sus ojos se concentraron en el vestido rosa pálido no pudo evitar recorrerla de arriba abajo. Se veía hermosa y en comparación a su ex amante, el pequeño y discreto escote la hacían lucir elegante.

Kagome se detuvo en la entrada de sala y contempló con una ceja arqueada a las personas que la observaban. Inuyasha con los ojos perdidos en su escote, y la rubia con una mueca de desagrado. Pero esto no le importó en lo más mínimo a ella. No pasó por inadvertido el vestido un poco llamativo de Sabina, quien la viera así, de extravagante y vulgar no crearían que era sobrina de su marido.

—Llevas poca tela en frente – comentó ella.

—Para eso se hicieron los senos, para mostrarlos – respondió con una sonrisa coqueta – Además, tu marido jamás se ha quejado.

Kagome apretó los nudillos de las manos y antes de que pudiera contraatacar, Inuyasha intervino tomando a ambas mujer por el brazo.

—Debemos irnos, el baile nos aguarda.

No cabía duda que Lady Percival siempre se esmeraba a la hora de organizar un baile, no le importaba tirar todo por la borda con tal de estar en boca de todos y ese baile no había sido la excepción, pues era el primer baile de Elsa antes de irse a Londres para la temporada. Desafortunadamente no había podido asistir Elizabeth, su hermana.

Sabina no se había despegado de ella en toda la noche, si siquiera cuando estaba en compañía de su amiga Sango, quien afortunadamente ya no tenía la atención de su madre, ya que ahora lo ocupaba su hermana menor. Pero los rumores apuntaban que Miroku Adams, andaba cortejándola, información que su amiga aun no le brindaba y no quería hablar de ese tema con la rubia a su lado.

En ese instante se escuchaban mormullos de todas las madres casaderas y Sango al ver a su amiga confundida decidió explicarle.

—Está semana llegó de la India el hijo del doctor Johnson – explicó la joven – Es demasiado atractivo.

— ¿Es soltero? – intervino Sabina.

Kagome arqueó una ceja, cómo si para ella eso fuese un impedimento.

—Si – asintió Sango – Inteligente y demasiado rico. No posee título, pero es un Lord demasiado preparado y además es doctor al igual que su padre. Está noche no asistió, si no se los presentaría.

Lady Percival tomó del brazo de Inuyasha y ambos caminaban por todo el extenso salón de baile sin algún rumbo fijo, la conversación solo estaba centrada en ellos dos, hablando en voz baja para que nadie más pudiera escucharlos.

—Su sobrina es muy bella – comentó la duquesa –Nunca imaginé que tuviera una sobrina.

—Es hija de un hermano bastardo de mi padre – mintió – Murió y me ofrecí como su tutor.

La mujer alzó una ceja, desde luego que no creía ni una sola palabra de lo que el duque decía, esa mujer tenía más pinta de zorra que sobrina de un duque.

Inuyasha casi podía leer sus pensamientos y antes de que fuera más allá y centrara toda su atención en su ex amante. Se acercó un poco y habló un poco más bajo.

— ¿Puedo pedirle un favor?

La mujer sonrió y asintió.

—Desde luego milord ¿Qué puedo hacer por usted?

Él esbozó su más malvada sonrisa y jugueteó con el abanico de la mujer y mirando a su alrededor para asegurarse que nadie los viese se inclinó un poco y susurró.

—Necesito que divulgue un rumor falso en contra de los Higurashi.

La mujer dio un paso hacia atrás, sorprendida ante ese favor que le pedía aquel duque, pues era ir en contra de su esposa y eso le haría daño. Pero todo lo que le afectara a esa familia a ella le alegraría.

— ¿Qué tipo de rumor quiere que divulgue?

—El que usted desee– Inuyasha se encogió de hombros – Puede decir que Bankotsu Higurashi se dedica al contrabando de whisky.

Fingió haber cometido un error al decir eso cuando vi la cara de estupefacción de la dama que tenía en frente de él.

— ¿Eso hace? – Preguntó sorprendida – Quien lo viera.

—No diga que se lo mencioné – esbozó una media sonrisa – Solo encargase que todos lo sepan.

—Es usted perverso Lord Taisho – comentó la mujer – Pero, no entiendo porque desea que haga eso, cuando su esposa es hermana de ese hombre.

—Digamos que él me debe unas cuantas – se acarició la cicatriz en su mejilla – Y es hora de cobrarme cada una de ellas.

Sango se vio obligada a callar cuando Inuyasha se paró en frente de ellas y sin previo aviso tomó a Sabina del brazo, llevándola a la pista de baile, para Kagome ese fue un balde de agua fría, pues sabía que con esto levantaría aún más las sospechas de que el matrimonio no estaba pasando por mejor momento tras su retorno.

—No debes dejar que te trate así – dijo malhumorada – Esa mujer no es su sobrina, claramente es otra cosa.

—Sango …— la voz de Kagome era apagada.

—Discúlpame Kagome, pero era mejor que él estuviese muerto a que apareciera. – La miró de arriba abajo – Te vez… — y lo que vio no le gustó en absoluto – Apagada, la Kagome que conocí no permitiría todo esto.

—Es difícil de explicar…

—No trates de justificarlo – volvió a interrumpir – O te pones lista o dejas que esa mujer te gane. Kagome, debes poner un maldito orden ¿Quién es la esposa?

—Yo – respondió con la voz apagada.

Era cierto, no le gustaba en lo que se había convertido, antes era alegre, le gustaba salir de paseo con su perra Deisy, antes de que él apareciera en su vida era totalmente diferente a lo que ahora era.

—Ahora ¿Dónde carajos había estado escondido el muy maldito? – preguntó furiosa.

—En Italia.

—Con esa zorra lo más seguro.

—Sango – Kagome miró por todos lados esperando a que nadie las escuchara – Nos pueden oír.

—Tú bien sabes que no me importa – respondió ella – Despierta Kagome, toma el valor suficiente y hazle frente, sea lo que sea que haya pasado, debe aclararte las cosas, hablar. Y sobre todo que se deshaga de esa mujer.

Esas palabras hicieron que despertada de su letargo, por más duras que fueran, Sango tenía razón. Ya era suficiente de sufrir de tantas humillaciones, de que esa mujer tuviera casi los mismos derechos que ella. De pronto se llevó las manos al vientre, no solo era por el bien de ellos dos, sino por el bebé que iba creciendo en su interior.

Después de ésta velada, hablaría con él y le diría sobre su embarazo.

La Italiana esbozó una sonrisa coqueta al hombre que tenía en frente de ella, era una lástima que Inuyasha ya no quisiera nada con ella, pero si esto iba a ser el fin, tendría que tenerlo una última vez y tal vez después de esta velada, le diría adiós como debería ser, ellos dos, en una cama.

—Hasta ahora todos han creído que soy tu prima – comentó la joven en un perfecto italiano.

—No creas eso – respondió él en el mismo idioma — Hacen que creen eso, pero en realidad se plantean que somos amantes.

—¿Y si se los confirmamos? – preguntó en un descarado coqueteó.

—Mejor contrólate Sabina.

—De acuerdo – ella asintió – Pero te apuesto que esta noche eres mío.

Él simplemente negó y esbozó una sonrisa ante el descaro de la mujer.

Sesshomaru estaba cada vez mejor, esa noche la joven Adams se había quedado con él y ambos jugaban cartas, que por cierto, ella iba a la delantera.

—Es usted buena en esto, Lady Adams – comentó con una sonrisa — ¿Quién le enseñó?

—Bankotsu me enseño el arte de las cartas ya que mi hermano es más de ajedrez – comentó con una sonrisa – Además hoy irá a una partida en casa de Angus Higurashi.

Entonces recordó que hoy era el baile de la tal duquesa de Percival, lo había escuchado en esos días y sobre todo de la boca del bastardo de su primo. Frunció el cejo al recordar al maldito, solo esperaba recuperarse del todo para hacerlo hablar delante de Inuyasha.

—Creí que irían al baile de la duquesa Percival.

Rin frunció el cejo al oír ese nombre.

—Prefiero que me claven la lengua a la pared – hizo una mueca – Está bien que me gusten los bailes, pero jamás acudiría a un baile de esa mujer. Es muy odiosa.

—Si – asintió Sesshomaru al ver los rasgos de esa joven – Estoy de acuerdo en eso.

—Oh – exclamó sacando una carta y poniéndola justo sobre la cama – As de corazones, volví a ganarle milord.

—Si – asintió de nuevo como un tonto sin dejarla de contemplar – Me ha vuelto a ganar.

Era bueno en el juego, pero le gustaba dejarla ganar, verla sonreír cuando lo hacía ¿Había algún hombre cortejándola? ¿Estaría comprometida? No, negó para sí mismo, si estuviese comprometida llevaría algún tipo de anillo en su dedo corazón y no portaba ninguno. Además en estos días que ha estado, ningún caballero había acudido a visitarla.

—¿La está cortejando un lord, milady?

La sonrisa se le borró de los labios cambiándola por unas mejillas rosadas. Rin de repente sintió algún tipo de bochorno.

—¿Perdón milord, no escuché su pregunta? – fingió no hacerlo, ya que si lo había hecho.

Sesshomaru se inclinó un poco hasta estar a centímetros de su nariz.

—¿Alguien la está pretendiendo, Lady Adams?

Su corazón dio un vuelco y tuvo que levantarse casi a tropezones.

—Iré… — tartamudeó y se odió por eso – iré a ver si esta su cena milord, en seguida regreso.

Dejó las cartas sobre una mesita y salió disparada de la habitación. Al cerrar la puesta a sus espaldas, se recargó en ella y se llevó las manos al pecho para controlar los frenéticos latidos de su corazón.

¿Qué había pasado?

Él le había preguntado si alguien la había estado cortejando y en cambió en lugar de responder salió huyendo como una completa cobarde.

Pero Sesshomaru esbozó una sonrisa al verla salir atropelladamente, había logrado poner a esa mujer un poco nerviosa, lo que le hizo confirmar que nadie la ha estado cortejando, y eso era buena noticia para él.

Inuyasha ya no podía estar ni un minuto más en aquel baile ya le había aburrido considerablemente, por eso había optado por irse. Esto a Kagome por un lado le alegró, pero el otro, despedirse de Sango le resultó muy difícil, pero lo había hecho con la promesa de que hablaría con él.

En cuanto llegaron a la residencia, él se fue directo a la biblioteca y las dos mujeres subieron a sus respectivas habitaciones.

Inuyasha se sirvió una copa de whisky, no había podido dejar de pensar en Kagome, se veía realmente hermosa, pero a la vez el error que cometió ante Lady Percival. Comenzaba arrepentirse que corriera el rumor de Bankotsu, eso sin duda sería jugar muy bajo, más de lo que ellos dos habían jugado con él.

La puerta de su despacho se abrió lentamente y su corazón bombeó fuerte pensando que era Kagome, pero estaba sumamente equivocado, era Sabina, quien llevaba solo una bata de seda color esmeralda, su figura se moldeaba a su cuerpo y sus pezones sobresalían de la fina tela.

Él al verla frunció el cejo.

—¿Qué haces aquí, Sabina?

Ella esbozó una sonrisa seductora, avanzó hacia él, tomó asiento sobre el escritorio y se abrió ligeramente de piernas.

—He venido hacer tu noche placentera – llevándose las manos al cinturón de la bata lo desabrochó – Sé que llevas días sin hacerlo.

—Sabina, será mejor que te vayas – la detuvo antes de que se desabrochara los cordones de la bata.

—Antes no me rechazabas, nos la pasábamos bien cada noche ¿Por qué ahora sí?

Él se llevó una mano a la cabeza, sabía que fue un error haberla dejado vivir aquí, cuando lo que debió haber hecho era ponerla en el primer barco con destino a Italia. Pero su venganza por Kagome y humillarla habían sido más fuertes que la razón.

—No lo pienses más – ella susurró en su oídio, liberando sus manos – Y acepta lo que te ofrezco.

Inuyasha no tuvo tiempo de reaccionar, la mujer había sido más veloz que él y de un rápido movimiento había desabrochado la bata y esta resbaló por su esbelto cuerpo hasta quedar apoyada sobre sus caderas.

Él la miró y vio sus ojos azules ardientes y perdió los estribos. Se levantó de la silla empujándola bruscamente hacia atrás, tomó entre sus manos la nunca de Sabina y atrajo su boca hacía la de él.

—Oh, como los viejos tiempos.

Kagome caminaba de un lado a otro de la habitación, al fondo se escuchaban los truenos, una clara señal de que iba a comenzar a llover. Ya no soportaba más esta situación, las humillaciones y esa mujer que se paseaba en su casa como si fuera la señora. Hablaría con Inuyasha, le diría una vez más que lo amaba aunque él no la creyera, le diría sobre su embarazo, haría exactamente lo que Sango le había dicho que hiciera.

Sonriente, se llevó las manos al vientre. Cuando supiera que sería papá estaba segura que haría a un lado su sed de humillación y venganza y mandaría lejos a esa italiana.

Poniéndose una bata, tomó una vela y salió de la habitación. Bajó con cuidado los peldaños de las escaleras, toda la casa estaba en silencio y estaba en penumbras, las únicas luces que se veían eran las de los truenos que se reflejaban en las cortinas de la sala. Algo le dijo que mirara hacia la puerta principal y no se veían restos de Shippo y Hoyo, quienes normalmente siempre se encontraban cada noche custodiando la entrada, en esta ocasión no, tal vez por la lluvia.

Sabía que Inuyasha estaba en la biblioteca, así que decidió ir, una luz se filtraba por debajo de la puerta, se detuvo justo en la entrada, pero al escuchar los gemidos de una mujer, su corazón, su alma, su amor todo se iba a los pies.

Ella se llevó una mano a los labios para sofocar un grito, entonces pudo escuchar sus voces.

Cierra esa hermosa boca, nos van a oír.

No importa y si es tu mujer mucho mejor. Que venga y vea como su esposo le hace el amor de verdad a otra mujer.

Sin dudarlo ni un segundo, Kagome abrió la puerta del despacho de golpe y lo que vio le desgarró el alma.

Ahí estaban los dos, Sabina recostada sobre el escritorio, envolviéndolo con sus largas piernas, su melena larga que caía en cascada y él, adentro de ella moviéndose de arriba hacia abajo besando sus pechos. Cuando se percató de su presencia paró de inmediato.

—Kagome….

—Eres un maldito cerdo.

Cerró la puerta de golpe y en lugar de subir a las escaleras para encerrase en su habitación, corrió hacia la puerta principal y salió de la casa. La noche fría y lluviosa la saludó de golpe. Pero ya no le importaba, las grietas que estaban en su corazón anteriormente, hicieron que se derrumbara en mil pedazos, desgarrándolo todo a su paso.

Se internó en la oscuridad de la noche, mientras que corría y corría hacia un solo destino.

Inuyasha intentó ir tras ella, pero Sabina lo atrapó envolviendo sus piernas alrededor de su cintura.

—No, estoy a punto de llegar y no me puedes dejar a medias.

—Sabina, esto fue un error. Todo. No debí tomarte aquí en mi despacho…

—Pero lo hiciste — dijo ella con una sonrisa.

—De lo cual estoy arrepentido. Será mejor que prepares tus cosas y regreses a Italia.

—No puedes hacerme esto.

—Si puedo.

Se apartó de ella y buscó su ropa, una vez vestido salió al despacho en busca de su esposa, pero cuando estuvo en frente de su habitación, se abstuvo de tocar, probablemente ella no deseaba verlo y era para menos, a pesar de que quería hacerle daño, nunca quiso hacerlo de esa manera. Mañana aclararía las cosas entre los dos, por lo pronto la dejaría en paz.

Caminaba sin rumbo fijo con la vista perdida, la intensa lluvia le hizo perder el sentido de la orientación. Se abrazó así misma al sentir un fuerte frio correr por su cuerpo e inútilmente intentó cubrirse con la bata empapada. El cabello se le pegaba a la frente y los pies descalzos formaban pequeñas corrientes de agua.

Temblaba y lo único que deseaba era llegar a su destino, un destino desconocido.

Un carruaje se detuvo a su lado y no pudo distinguir la figura que se bajaba de él, sólo escuchó como le llamaba por su nombre.

—¡Kagome!

Esa voz, podía identificarla muy bien ya que era como su hermano.

—Mi…

En ese momento ya no pudo decir más, pues había caído desmallada en los brazos del mejor amigo de su hermano. Miroku se quitó el abrigo y la cubrió con él. Al verla desfallecer entre brazos se preocupó de manera considerable.

—¡KAGOME!

Miroku la tomó entre sus brazos y el cochero le ayudó a subirla al carruaje, pero antes de partir, le ordenó a uno de sus lacayos que fuera en busca del doctor Johnson y lo llevara a casa de Angus Higurashi, a lo que el joven asintió y salió corriendo en dirección a la residencia del mencionado médico.

Le tocó la frente y negó, estaba ardiendo, su cuerpo temblaba y los labios comenzaban a resecarse.

—No…

Susurró ella, probablemente estaba al borde de la agonía y esto le preocupó considerablemente y temía por la reacción de su amigo Bankotsu. Esa noche había quedado en reunirse con ellos para jugar cartas, pero no quería dejar a Rin sola en compañía de Sesshomaru, a lo que ella le dijo que se fuera con cuidado, así que más tranquilo partió de casa.

Estaban reunidos en la sala, Angus Higurashi, Lady Flora, Bankotsu y la tía Kaede quien había llegado de Cornwall. Estos dos últimos jugaban ajedrez y la anciana iba ganando la partida.

—Eres pésimo Bankotsu – se burló la mujer – Jaque a tu reina.

—Tía eres tramposa – se quejó el hombre.

—No es mi culpa que no entiendas el juego – una leve risita se escapó de sus labios — Entonces querido ¿Cuándo te casas? —preguntó su tía al joven, cambiando drásticamente de tema.

Bankotsu esbozó una media sonrisa y bebió un trago de su mejor Whisky

—Aún no está en mis planes eso.

Llamaron a la puerta, pero no le dieron la suficiente importancia, probablemente era Miroku quien se le había hecho tarde.

Pero en cuanto Marcus le abrió la puerta al amigo de joven Bankotsu y quien llevaba a Lady Kagome en brazos, se alarmó considerablemente al ver el estado de la joven.

—¿Dónde está Bankotsu y el Lord Higurashi?

—En..

Pero, Bankotsu había escuchado la voz de su amigo y antes de que respondiera el mayordomo apareció con una sonrisa.

—Hace media hora que te esperábamos idio…

Sonrisa que se le borró de los labios, insulto que se quedó atorado en la garganta al ver que Miroku llevaba entre sus brazos a Kagome.

—Kagome…

Gritó su nombre y prácticamente le arrebató a su hermano de los brazos de su mejor amigo.

—La encontré vagando por las calles con esta lluvia.

— ¿Y el maldito de Taisho? – sus ojos ardían de furia.

Al escuchar los gritos de Bankotsu todos salieron de la sala de estar y fueron directo hacia el vestíbulo. Lady Flora al ver a su hija en los brazos de su Bankotsu se llevó las manos a la boca y

— ¡Dios mío! — exclamó Kaede.

—Hay que llevarla a su habitación y cambiarle de ropa — sugirió Lady Flora.

—Me tomé la libertad de llamarle al doctor Johnson – comentó Miroku.

Lady Flora asintió y acompañó a Bankotsu a la antigua habitación de su hija y prepararla para cuando llegara el doctor.

Lady Flora asintió y acompañó a Bankotsu a la antigua habitación de su hija y prepararla para cuando llegara el doctor.

Justo en ese instante alguien llamaba la puerta y cuando Kaede abrió la puerta unos ojos azueles la recibieron. Era un hombre alto, cabello castaño y ondulado, hombros anchos, nariz respingada, sin duda era demasiado joven como para ser médico.

—¿Si? – preguntó antes de darle entrada.

—Henry Johnson, milady – hizo una reverencia – Me informan que hay un paciente que requiere atención médica.

Kaede asintió y le dio acceso al interior, el hombre alto se quitó su abrigo para entregárselo al mayordomo.

—¿Me puede indicar dónde está el paciente? – preguntó amablemente, con su maletín negro en la mano derecha.

—Por aquí, doctor – comentó Kaede, quien no dejaba de verlo.

El médico revisaba a Kagome y de vez en cuando negaba con la cabeza. Lady Flora se había encargado de ordenar agua fría y empapaba la frente de Kagome con frecuencia para bajarle la fiebre.

—Inu…yasha.

Flora apretó sus manos con fuerza, su hija estaba delirando a causa de la fiebre y todo por culpa de ese maldito infeliz. Ojalá nunca hubiera llegado a sus vidas, ojalá nunca hubiera impulsado a su hija a casarse con ese hombre.

¡Dios, como se arrepentía de haberlo hecho!

—Será mejor que prepare la tina del baño con agua fría – explicó el doctor Johnson – La fiebre no va a ceder.

Lady Flora asintió y ordenó que le subieran agua fría de inmediato para que llenaran la tina de agua y poder sumergir a Kagome en ella. Una vez preparada la tina, el doctor Johnson iba a quitarle el camisón cuando Lady Flora se lo impidió.

—No voy a dejar que vea a mi hija desnuda, doctor – dijo ella – Sería ir contra los principios.

—Milady – el hombre joven la miró con sus castañas cejas pobladas — ¿Tiene idea de cuantas mujeres desnudas he tenido que ver para salvarles la vida? – esperó a que recibiera una respuesta y cuando no la tuvo prosiguió – Muchas, señoras, señoritas y a todas les he salvado la vida y gracias al cielo ningún paciente se ha muerto entre mis manos.

Sin contar los abortos que ha tenido que presenciar, añadió para sus adentros.

—Así que no voy a empezar por ella – señaló a la joven que agonizaba en la cama – Usted decide.

—Yo la desnudo y la meto al baño ayudada por mi doncella.

Bien, el doctor asintió, era lo más justo. Así antes de salir de la habitación, contempló a la joven por cinco segundos y aguardó afuera, para esperar a que las señoras le dieran un baño de agua fría a la joven. Una vez con la fiebre controlada y vestida, el doctor volvió a entrar a la habitación, estaba tentando su pulso y justo cuando le iba a inyectarle un medicamento por la vena de un brazo.

—Señor Johnson… — Lady Flora estaba preocupada, horrorizada por lo que estaba viendo — ¿por qué mi hija está sangrando?

Dentro de su delirio Kagome abrió los ojos y solo pudo formular cuatro palabras "Salve a mi hijo"

—La joven está embarazada y está perdiendo al bebé – dijo sin más el doctor –Traiga más paños, agua tibia para detener la hemorragia – le indicó a la madre de la joven.

La noche para el doctor Johnson y todos los presentes apenas iba a comenzar.

En la sala de estar, Bankotsu caminaba de un lado a otro, formaba hacia puños sus manos, como si quisiera ahorcar a alguien con ellos y ya sabía a quién mataría.

—Mi hermana está allá arriba luchando por su vida– prácticamente gritaba – Si algo le pasa, juro por ella que mataré a Inuyasha Taisho.

—No vas a matar a nadie – advirtió su padre – Debemos esperar a que Kagome se recupere. Mientras tanto hay que enviar una nota a Taisho.

— ¡NO! – Expresó Bankotsu – Ese miserable no tiene derecho de saber que Kagome está aquí.

De pronto se sentía miserable, si algo malo le pasaba a su hermana jamás se lo perdonaría. Había sido capaz de salvarle la vida a Sesshomaru, el primo del imbécil de Taisho, pero nunca pudo proteger a su hermana.

Paso alrededor de media hora, cuando una devastada y triste Flora bajaba de las escaleras con un pañuelo manchado de sangre. Tenía la mirada triste y sus ojos estaban llorosos.

— ¿Cómo está mi hermana? – Bankotsu fue el primero en preguntar.

—Ella…— tomó aliento, no podía hablar, sentía un gran nudo en la garganta – Le controlamos la fiebre.

— ¡Gracias al cielo! – exclamó en un suspiró su padre.

—Pero…—continuó Flora y unas gruesas lágrimas cayeron sobre sus mejillas – Kagome estaba embarazada y perdió al bebé.

Los labios de Bankotsu temblaron, miraba a su madre después a ese pañuelo manchado en sangre.

La sangre de Kagome.

Si algo le enseñó su padre era que su familia siempre iba ser primordial y sobre todo que nunca permitiera que lastimaran a un ser querido.

—Si me disculpan.

Salió de la casa, la lluvia había cesado y antes de montar su caballo comprobó si su arma tenía las suficientes balas para matar a alguien. Si, asintió, efectivamente estaba cargada. Miroku había ido tras de él y lo agarró fuerte del brazo.

— ¿Qué pretendes hacer?

— ¿Qué pretendo hacer? voy a matar a Taisho – explicó –Luego traeré su cabeza y se la ofreceré a Kagome como ofrenda.

—No lo hagas – su amigo lo miraba preocupado, sabía que era capaz de eso y muchas cosas peligrosas –Kagome te necesita, eres su hermano, su consuelo. Además matarlo no te serviría de nada.

Desató las cuerdas que tenían atado a su caballo de los barrotes de la casa, comprobó bien las riendas de él y sin escuchar a su amigo se montó al corcel.

—Quisiera que entendieras lo que ha pasado – comentó – Si un idiota le hace daño a Rin, estoy seguro que actuarías igual que yo. Pero no te preocupes, después de matarlo me entregaré a las autoridades. Ah y Miroku… – el caballo se movía de un lado a otro – matarlo me produciría un placer inmenso.

Y dicho esto salió a todo galope en busca de Inuyasha para acabar con él de una vez.

Bajó de un salto del caballo, sabía que había hombres custodiando la entrada pero por alguna razón no se encontraba ninguno esa noche. Esbozó una sonrisa, hasta para eso tenía suerte. Hoy el muy maldito se iba a morir.

Llamó a la puerta y el mayordomo abrió, preguntó por Inuyasha y sólo respondió que estaba en su estudio, pero antes de que lo anunciara lo hizo a un lado y camino en dirección hacia él.

Inuyasha estaba sentado frente la chimenea con una copa de whisky, pensativo, después de que corrió prácticamente a Sabana fue en busca de Kagome, pero como no quiso interrumpirla y hablar, decidió que lo mejor era hacerlo mañana y de nuevo regresó a la biblioteca y se la pasó prácticamente toda la noche ahí.

Deisy andaba demasiado inquita, no encontraba su lugar, de vez en cuando contemplaba la puerta, como si esperara a alguien.

Escuchó a su lacayo discutir con alguien, cuando entró Bankotsu. Frunció los ojos en cuanto ambos se vieron. Inuyasha de sorpresa, pero a él se le reflejaba una ira.

—Está noche te mueres desgraciado – sacó su arma y le apuntó directo al corazón.

El ojidorado al ver que no era broma se levantó de golpe para tomar también su arma que estaba en una mesita, pero Bankotsu disparó en el aire obligando a Inuyasha a levantar las manos.

—Ni se te ocurra tomar tu arma maldito – esbozó una media sonrisa, por fin iba a matarlo y estaba a un clic de hacerlo— ¿Tienes tu última palabra antes de morir?

— ¿Así que por fin te mandó Kagome a matarme para quedarse con mi riqueza? – Inuyasha esbozó una media sonrisa – Que cobarde.

—No menciones a mi hermana hijo de perra.

Apuntó otra vez al corazón, dispuesto a jalar el gatillo para acabar con esa rata miserable llamada Inuyasha Taisho.

Se escuchó un disparó e Inuyasha cerró los ojos para prepararse a recibir el impacto…


Hola!

Se cumplió la predicción.

Algunas se enfadaran mucho conmigo, me odiaran, pero debo decirles que llevaba cuatro años de mi vida con esta maldita idea y les diré porque.

Si Kagome conservaba al bebé, era probable que estuviera más vulnerable, sensible a todo, con la perdida de un hijo eso la haría más fuerte, como para tomar el toro por los cuernos y ahora ser ella, la que le toca humillar, despreciar e incluso hasta odiar. Por que créanme, la rendición de Inuyasha está muy cerca y se sentirá un completo miserable.

El doctor Henry Johnson en un principio iba ser viejo, hasta que platicando con una seguidora le plantee una idea loca, de un personaje que tuviera parecido con Henry Cavil y así poder darle picones a Inuyasha, a ambas nos gustó tanto la idea que aquí esta plasmado. Su participación fue pequeña, pero esperemos le de al imbécil de Inuyasha unos dolores de cabeza.

Si, lloré al hacer este capitulo, porque al menos yo, me metí tanto en esa escena y más en el cap que sigue.

Espero les haya gustado y gracias por seguirme.

Besos.

BPB.