Capítulo 18

A Sesshomaru se le hizo extraño que Lady Adams no hubiera acudido esa mañana a saludarlo y ver como seguía. Ciertamente se encontraba mucho mejor y todo gracias a sus cuidados. Sonrió con solo recordar esas mejillas rosadas, en cuanto solucionara todo no cabría duda de que volvería para pedirle a su hermano cortejarla.

Se levantó de la cama y se sorprendió al sentirse más fuerte, en el pasillo podía escuchar los sollozos de una joven y temió que fuese ella. Abrió la puerta y se encontró con ella y su hermano, quien la consolaba por algo mientras que se limpiaba rápido las lágrimas.

Sesshomaru frunció el cejo al ver a esa pequeña llorar.

— ¿Sucede algo malo? – preguntó alarmado.

—Estaré abajo.

Rin se despidió de su hermano sin dedicarle ni una sola de sus miradas e incluso una sonrisa como de costumbre y esto lo alteró.

Miroku se detuvo delante de él y ambos volvieron a la habitación. Sesshomaru se cruzó de brazos esperando a que ese hombre hablara, la verdad los misterios no le gustaban, prefería que las personas fuesen directas sin tener que bacilar.

— ¿Me vas a decir de una maldita vez que sucede? – Rompió el silencio — ¿Por qué tu hermana estaba llorando?

—No sé cómo decírtelo. – Dijo al fin – Esto involucra a tu primo y a la familia de mi mejor amigo.

— ¿Inuyasha está bien?

Miroku asintió.

— ¿Entonces?

—Tu primo… — se vio obligado a interrumpirse – Más bien tus primos le han destrozado la vida a la familia de mi mejor amigo.

Sesshomaru sabía que todas las desgracias que le avecinaban a esa familia incluso a su propio primo, tenían un nombre.

Koga.

—Ayer…— prosiguió Miroku – No sé qué pasó, no sé qué hizo tu primo Inuyasha para alterar a Kagome, pero ella salió huyendo de la residencia Taisho. La encontré caminando sin rumbo fijo…

La voz se le cortó a Miroku al recordar en qué condiciones la había encontrado.

—Cabe decir que ella se desmayó en mis brazos. Por si fuera poco su salud emporo, la llevé a casa de sus padres con una fiebre alta y…

Sesshomaru iba de la sorpresa al enfado, maldito Inuyasha, como era posible que hubiese caído en las maquinaciones de su malvado primo Koga.

— ¿Puedes decírmelo sin tantos rodeos?

—Sesshomaru, Kagome estaba embarazada y perdió anoche a su bebé.

Si, asintió para sí mismo, su primo era un idiota y que era poco probable que lo perdonara su esposa.

—Hay algo más – añadió Miroku.

— ¿Algo más? – Preguntó sarcásticamente — ¿Qué puede ser tan grave como perder a un hijo?

—Las autoridades se llevaron a Bankotsu. Lo acusan de contrabando y homicidio.

— ¿Homicidio? – Sesshomaru arqueó una ceja.

—Renkotsu, uno de los hombres de confianza de Bankotsu, vino a informarme que fue acusado de intentar asesinar a Inuyasha hace tres años.

Ya había escuchado suficiente, se vestiría e iría a ponerle orden a ese par, más a Koga, le haría confesar todos sus malditos crimines y si alguien tendría que pagar, sería él.

—Necesito algo de ropa ¿Me puedes prestar algo?

Miroku frunció el cejo.

— ¿Qué pretendes hacer?

—Voy a poner en regla a esos dos cabrones.

"¿Aun duermes bien por las noches, sabiendo que la que está pagando los platos rotos es Kagome Taisho?"

Inuyasha no daba crédito a lo que había escuchado, incluso sintió como su cuerpo tambaleaba y tuvo que sostenerse contra la puerta.

¿Qué era lo que esa mujer le había dicho a su primo?

De algo estaba seguro, no se iba a quedar detrás de una puerta y escuchar toda la conversación, no, negó para sí mismo, ellos tenían que aclararle muchas cosas.

Así que llenó de ira abrió la puerta de golpe y los presentes se sorprendieron al ver al susodicho en persona. Kikyo se levantó de la silla y corrió hacia un extremo del estudio, Koga en cambio, permaneció sentado en la gran silla de su escritorio, simplemente tragó saliva al ver la expresión de ira de su primo.

En ese momento supo que todo se había ido al carajo por culpa de Kikyo.

Miró a la mujer y la recorrió de arriba abajo, la finta que tenía era de una puta demasiado barata para el gusto de Koga.

—Repite lo que has dicho – Inuyasha le ordenó a la mujer.

—No es nada Inuyasha – quiso intervenir Koga – La mujer sufre de delirios.

—Cierra tu maldita boca o te juro que en este instante te meto un plomazo en la cabeza – lo señaló con el dedo sin perder la vista en la mujer – Repite tus palabas mujer.

Kikyo tenía una expresión un poco relajada, total ella misma había destapado el acantilado y todas las ratas comenzaron a salir. Era obvio que nunca recibiría su dinero, así que era mejor hundir a la escoria de Koga junto con ella.

—Tú primo… – comenzó ella señalando a Koga – A quien tanto veneras e idolatras intentó matarte el día de tu boda solo para quedarse con tu título y tu mujer.

—Kikyo…— interrumpió Koga.

—Te dije que te callaras, maldito perro– amenazó Inuyasha – Continua.

—Me ofreció diez mil libras por año si me hacía pasar por tu esposa la noche de bodas. Si – asintió ella cuando Inuyasha comenzó a recordar todo – La mujer era yo, no Lady Kagome. Tu esposa estaba drogada e inconsciente. Quien te dio el golpe por la espalda fue Hakudoshi, la eterna puta de Koga, que por cierto, él fue quien me dio el narcótico para dormir a tu esposa.

Inuyasha se llevó las manos a la cabeza, toda esta información lo comenzaba a bombardear de golpe.

Entonces los recuerdos llegaban a su memoria uno tras uno, sin darle tregua. Cuando Koga se acercó a ellos y les ofreció un brindis, Kagome en ese momento estaba bien, pero después de aquello, comenzó a marearse, incluso fue notado por la propia madre de ella.

¿Estás bien? – preguntaron al mismo tiempo Inuyasha y Lady Flora.

Si ― Kagome– le susurró discretamente a su marido. –Debo irme a preparar – le susurró a Inuyasha

Maldición, como no lo había visto venir, debía estar atento a cualquier detalle, pero es que simplemente por algún motivo no recordaba esa parte de la historia hace tres años.

—Y tu primo te dio el golpe final. Te hizo esa cicatriz para después arrojarte por un acantilado. Solo que lo único con que no contaba el infeliz era que tu esposa jamás le correspondería, porque ella anhelaba que estuvieras vivo. – concluyó.

Un sinfín de sentimientos lo embargaban, se sentía la peor basura del mundo por todas las cosas malas que le había hecho padecer a Kagome y ella siempre había estado dispuesta para él. Tanto cuando la torturaba en la cama como cuando la besaba.

Jamás esperó que el enemigo estuviera tan cerca de él tal y como le había dicho aquella mujer pelirroja hace unas semanas.

Pero antes de pensar en cómo recuperar a Kagome y pedirle perdón de todas las formas posibles y venerarla, amarla…primero debía aniquilar a su primo y a esa mujer que tenía en frente de él.

—Tú – le señaló a la tal Kikyo – Escúchame bien, te perdonaré irte a la vida si prometes nunca cruzarte en la mía.

Kikyo asintió y cuando vio que Inuyasha se hacía a un lado para dejarla ir, no lo pensó dos veces y salió corriendo del estudio.

Una vez solos, Inuyasha lo fulminaba con la mirada. Maldito infeliz, pero no solo la culpa era de él, sino también suya. Había confiado en él como un completo imbécil y el muy cobarde se había escondido bajo la inocencia de Kagome.

En el estudio reinaba el silencio y la tención era palpable e incluso se podía escuchar las respiraciones agitadas de ambos.

Koga hizo ademan de moverse, pero Inuyasha se lo impidió.

—No te atrevas a moverte.

Estuvieron en silencio otros minutos más, en los que ambos no se perdían de vista el uno al otro.

— ¿Cómo pudiste? – Inuyasha fue el primero en hablar – Como pudiste ser tan cobarde y dejar que ella pagara los platos rotos por ti, dime ¿cómo carajos fuiste tan hipócrita?

Su primo simplemente se encogió de hombros, ya no tenía caso seguir fingiendo devoción por su primo, la estúpido de Kikyo había hablado y todo se fue al carajo.

—Viste como la hacía sufrir, como la humillaba, incluso metí a Sabina a vivir con nosotros y ni aun así fuiste capaz de decir nada.

—Y no dirá nada.

De pronto una tercera voz se escuchó a sus espaldas e Inuyasha giró la cabeza para encontrarse con su primo Sesshomaru, se veía tan distinto como hace tres años.

—Sesshomaru.

—Este perro no se va atrever a decirte nada – dijo él, mientras entraba por completo a la biblioteca.

Koga esbozó una media sonrisa, los primos estaban reunidos pero con una diferencia, él era el malo.

—Si ya todo está dicho– Koga se encogió de hombros – Creo que ya no tiene caso seguir fingiendo. Si Inuyasha, fui yo el que intentó matarte el día de tu boda, quería quedarme con tu estúpida herencia y con tu mujer. Pero ella simplemente se rehusaba a caer en mi cortejo, era una mujer difícil. –señaló a Sesshomaru – Y éste idiota iba a ser un dolor de cabeza, por eso lo encerré hace tres años aquí – señaló con son dedo la alfombra — ¿Quién te liberó?

Inuyasha miró sorprendido a Sesshomaru y éste asintió, confirmándole lo que había dicho Koga era verdad.

—Por eso no pude asistir a tu boda. Me invitó una noche a tomar y al día siguiente desperté encadenado, estuve así hasta hace un par de días, cuando Bankotsu y su amigo Miroku me salvaron.

— ¿Así que fue ese idiota? – Koga esbozó una media sonrisa – Bueno, el pobre no vivirá tanto para contarlo, está encerrado en una celda fría y desolada.

Era indescriptible lo que Inuyasha sentía en esos momentos, todo lo que le había hecho a Kagome era imperdonable y dudaba mucho que ella lo llegase a perdonar. Prácticamente lo había echado y no deseaba hablar con él.

Sentía deseos de matarlo con sus propias manos, su estúpida e hipócrita sonrisa no hacían sino aumentar más la rabia que iba creciendo en su interior.

—Eres un maldito.

Él se iba abalanzar en contra de Koga pero Sesshomaru fue más rápido y lo retuvo.

—!Suéltame Sesshomaru¡ – exclamó enfadado – Quiero matar a ese infeliz por todo lo que nos hizo. Lo pagaras caro Koga.

Koga esbozó una media sonrisa, avanzando cada vez más lento hacia la ventana, arrastrando consigo la silla que tenía en frente de él.

—Pero si yo no fui el culpable de hacer sufrir a tu esposa – dijo él – Tú solito te encargaste de eso.

—¡Por tu maldita culpa! – seguía forcejeando para liberarse. – Si algo le pasa a ella y al bebé que espera te asesinaré y créeme, no quedará rastro de ti.

—Inténtalo – lo retó – Si es que puedes.

Antes de que Inuyasha y Sesshomaru reaccionaran, Koga levantó la silla y la arrojó por la ventana. Los vidrios se esparcieron tanto a fuera del jardín como al interior de la residencia.

—Inuyasha, Sesshomaru – miró a sus primos con una advertencia – Esto no se quedará así, tengan mucho cuidado, no vaya ser que de la noche a la mañana sus vidas terminen trágicamente.

Y sin más, saltó por la ventana huyendo como el vil cobarde que era.

Sesshomaru soltó a Inuyasha y ambos corrieron hacia la ventana para alcanzarlo, pero ya era muy tarde, el muy cobarde había saltado la cerca y era imposible atraparlo.

—Debiste dejar que lo matara – dijo Inuyasha sin perder de la ventana.

—Inuyasha…

Sesshomaru no sabía cómo decirle lo de su bebé ni mucho menos por qué estaba pasando la familia Higurashi.

—Anoche Kagome perdió al bebé.

Esas palabras le cayeron como balde de agua fría. Cerró los ojos y unas inmensas ganas de llorar se apoderaron de él. Sabía que no podía culpar de todo a Koga, él había sido el causante de todo eso, se había acostado con Sabina cuando en realidad no deseaba haberlo hecho, nunca se le iba a borrar de la mente la expresión de tristeza en el rostro de Kagome.

Le había hecho demasiado daño y sería prácticamente un milagro que ella lo perdonara.

—Y por si fuera poco, Koga se atrevió a denunciar a Bankotsu por homicidio y contrabando. En estos momentos está en presión esperando sentencia.

Se llevó las manos a la cabeza y se dejó caer al suelo, entre los vidrios rotos de la ventana.

—Soy un bastardo – dijo con la mirada perdida – Ella me lo dijo. "Algún día te darás cuenta de lo injusto que fuiste, y cuando ese día llegue me pedirás perdón de rodillas" – repitió las palabras más hirientes que recordaba – Kagome no me va a perdonar, me oída.

Hasta cierto punto Sesshomaru sentía pena por él.

—No creo que te perdone – dijo tomando asiento a su lado – Pero puedes intentarlo.

—La engañé prácticamente delante de ella – respondió con amargura, maldiciéndose por cada uno de sus estúpidos errores – La herí en numerosas ocasiones. Ella siempre estuvo dispuesta a aclarar las cosas y yo jamás le di la oportunidad.

—Lo que debemos hacer primero es sacar a Bankotsu de presión.

No quería ni imaginar cómo se sentía en estos momentos el hermano de Kagome. Llegó a comprender incluso en el momento en que intentó matarlo, ojala lo hubiera hecho y así habría acabado con el sufrimiento de Kagome.

—¿Por qué lo acusan de homicidio? – Preguntó confuso – Anoche intentó matarme pero no lo denuncié, es más no le había comentado nada a Koga.

—Koga lo acusó por lo que sucedió hace tres años.

Aún estaba el hecho del favor que le pidió a Lady Percival, seguramente el rumor ya estaba esparcido como pólvora.

Pero como decía su primo, primeo debían resolver la situación de Bankotsu y después arreglar todo el enredo que él mismo había causado por culpa de su primo Koga.

Bankotsu observaba desde los barrotes a los guardias que pasaban de un lado a otro vigilando que algún preso no se pasara de listo y aprovechara para escapar. Suspiró recargando su cabeza en la fría pared de concreto.

Si veía a ese infeliz de Koga Wescott juraba así mismo matarlo, no sólo a él, sino al imbécil de Inuyasha Taisho y que lo perdonara Sesshomaru. Esto iba más en contra de sus malditos principios.

—Bankotsu Higurashi.

Escuchó su nombre y abrió los ojos sólo para encontrarse a un guardia alto y gordo que lo miraba fijamente. Alzó una mano e inmediatamente le ordenó a otro guardia que le abriera las rejas para dejarlo en libertad.

—¿Exonerado, oficial? – preguntó desconfiado.

Sabía que no podía pronunciar el nombre de Naraku en presión ya que sospecharían de los negocios que se tenían entre manos.

—Al parecer tienes buenas influencias. Sobornaron al juez con una jugosa oferta – explicó el hombre – Eres libre.

Al salir de la celda siguió al guardia por el mismo laberinto donde habían pasado esa misma mañana. Llegaron a una especie de oficina, donde había más guardias leyéndoles la sentencia a varios ladrones.

—¿Se puede saber quién lo hizo? – preguntó confundido.

—Yo.

Al escuchar esa voz todas sus articulaciones nerviosas se tensaron, giró poco a poco y se encontró con la persona que había causado todos sus males. Por él, había perdido el negocio de su vida, por él su hermana había perdido al hijo que esperaba, por él toda su familia se desmoronaba.

Pero no estaba solo, a su lado se encontraba su primo Sesshomaru, el hombre al que le había salvado la vida.

—Oficial – alzó la voz un poco más fuerte – Regréseme a la celda, porque de lo contrario le robaré su pistola y mataré a este infeliz.

—El duque pagó para que te liberaran – el oficial trató de hacerlo entrar en razón – Si fuera tú aceptaría ese favor en lugar de ir a la horca por contrabando.

—Antes prefiero ir a la horca por eso que por homicidio.

—No haga caso de lo que dice oficial – intervino Inuyasha – Necesitamos hablar, como hombres civilizados.

Bankotsu arque una ceja ironice, miró a Inuyasha, después a Sesshomaru y estalló en una sonora risa.

—No puedo creerlo – suspiró a causa del dolor generado por la risa — ¿Fuiste civilizado con mi hermana, Taisho?

Esa pregunta lo incomodó y sabía que no había sido bueno con Kagome, que en cambio fue cruel, despiadado y no merecía el perdón de ninguno de ellos. Pero debía intentarlo, para eso estaba aquí, aclarar las cosas y comenzaría con el hermano.

—No – dijo al fin – Pero los malos entendidos deben ser aclarados.

Bankotsu después de meditarlo, observó al oficial y negó con la cabeza.

—No ocuparé robarle la pistola después de todo.

Salieron juntos de la prisión, lejos de la vista de los uniformados.

—Quiero que…

Inuyasha no alcanzó a decir nada ya que Bankotsu le había asestado un golpe en la mejilla izquierda, logrando que perdiera el equilibrio y cayera sobre su trasero.

—No te diré que lo siento porque no es así – fue su única respuesta. –Pero quiero que sepas que te lo tenías bien merecido. Si no es por el idiota de Miroku estarías tres metros bajo tierra en estos momentos. De alguna forma tenía que desquitarme todas las que le has hecho a mi hermana.

Sesshomaru, quien estaba al lado de Bankotsu asintió, dándole por completo la razón.

—Yo creo que se lo tenía más que merecido — concluyó su primo.

La tía Kaede y su madre compartían miradas curiosas y repletas de una sonrisa misteriosa. A pesar de que su familia pasaba por un momento amargo no podían darse el lujo de caerse y echarse a llorar.

Observaban un inmenso ramo de lirios de distintas tonalidades, lo habían colocado en el centro de la mesa del vestíbulo y su madre tenía una nota entre sus manos.

— ¿Y esos lirios? – preguntó acercándose a ellas y contemplarlos.

Ambas se miraron a los ojos y la madre de Kagome se acercó a ella.

—Son para ti – extendió la nota – Las envía el doctor Henry Johnson.

La vista de Kagome iba de su tía, su madre de la nota hasta el hermoso arreglo.

—Tíralos, quémalos, quédatelos. Has lo que quieras con ellos, francamente no me interesan – giró sobre sus talones para irse al jardín. – No me interesa nada que venga de ese hombre y mucho menos de Inuyasha Taisho.

—Pero las envía el doctor Johnson— intervino su tía – Creo que debes darte una oportunidad y leer la nota.

Kagome dio media vuelta y contempló a su madre.

— ¿Se les olvida que aun soy una mujer casada? – Explicó ella – Además, conozco un idiota que enviaba flores hace tres años solo para quedar bien. Si llegó a anular mi matrimonio con Inuyasha Taisho no será para volver a cometer el mismo error de casarme por segunda vez – se volvió a girar para irse – Puedes quedártelos si tanto te ha gustado el arreglo.

Sin darles tiempo a decir más se alejó y fue al jardín, extrañaba a Deisy y en cuanto se recupera iría por ella. Solo esperaba que Inuyasha no fuera tan miserable como para dejarla sin comida.

De pronto la idea de anular su matrimonio no le parecía descabellada, Miroku tenía muchas influencias y podía ayudarla a conseguirlo. Tenía muchas razones de sobra para presentarlos y poderlo conseguir.

Tendría que hablar con él para que le ayudara, lograría anular su matrimonio y podría ser una mujer libre capaz de tomar las propias riendas de su vida. Ya basta de ser una mujer sumisa, esta nueva Kagome sería independiente como para poder tomar sus propias decisiones.

Maldita había sido la estúpida de Kikyo y su incapacidad de mantener la boca cerrada, si no hubiese sido por ella el imbécil de su primo jamás se llegaría a enterar de todo tan rápido, pero si ella no lo decía quien terminaría por hablar sería Sesshomaru, otro a quien iba a añadir en su lista para asesinarlos.

Primero de desharía de Inuyasha y para eso utilizaría a su mujer y cuando una vez ellos estuvieran fuera de su camino el siguiente sería Sesshomaru, a quien debió haber matado hace mucho tiempo.

Una mujer desarreglada tomó asiento justo en frente de él, la iba echar pero en cuanto vio de quien se trataba le tendió una copa de whisky.

—Inuyasha me corrió – explicó Sabina, bebiendo de un solo trago el líquido ámbar.

— ¿Qué pasó? — preguntó, sin perderla de vista.

—Su estúpida mujer nos encontró en un momento incomodo, Inuyasha se enfadó tanto que prácticamente me echó de su casa. No tengo a donde ir ni mucho menos como regresar a Italia.

Koga apoyó un dedo en su babilla mientras analizaba detenidamente a Sabina. En esos momentos no era tan bella como en otras ocasiones, podía incluso imaginar cómo su primo había sido tan débil para caer en sus encantos femeninos.

—Lo odio, a él y a su estúpida esposa. Si fuera por mí, los mataría.

Y eso fue justo lo que deseaba, un aliado más. Hakudoshi había desaparecido misteriosamente y Kikyo, bueno ella ya era historia, seguramente a esta hora estaría huyendo como la vil rata que era.

— ¿Quieres vengarte de ellos? – preguntó serio.

Sabina alzó la barbilla y se encontró con los ojos azules de Koga, quien la miraba fijamente.

—Por supuesto que sí.

—Tanto… como… ¿Para matarlos?

—Mataría a Kagome con mis propias manos por meterse en la vida de Inuyasha y la mía.

Koga esbozó una sonrisa y se inclinó un poco para que ella solo pudiera escucharlo.

—Entonces estamos en el mismo barco. Ayúdame a deshacerme de ellos y toda la herencia de Inuyasha sería nuestra. Seriamos inmensamente ricos.

Sin dejar de verlo, una sonrisa se dibujó en los labios de Sabina y ella asintió. Ya basta ser la otra, si lograban deshacerse de ellos sería la nueva duquesa y sobre todo muy rica.

—Cuenta conmigo.


Hola!

Sé que esto es InuKag pero…quiera que me expusieran sus términos, hay muchas que desean que Kagome no termine con Inuyasha.

Sabemos que todo fue por venganza, pero eso no justifica el acostarse con otra mujer prácticamente en sus narices, aunque si recordamos el fic de "Déjame amarte" hizo lo mismo y Kagome lo perdonó (Si no lo han leído, se los recomiendo)(no se que tengo con la infidelidad jaja)

Pero una cosa es segura, si Kagome no perdona a Inuyasha y no se quedan juntos, ella no volverá a casarse.

Otra cosa, en el capítulo pasado había dicho que este fic le faltaban co caps más, creo que a cómo vamos serían menos, así que se podría decir que estamos en la recta final.