Gracias Hikari Yagami de Takaishi, solo por ti ya vale la pena escribir esto!


3.

Fueron los rayos de sol colándose por entre las cortinas lo que hizo que Hikari abriera los ojos. Se llevó una mano a la cara, intentando cubrirse de aquella agónica luz. No recordaba cuando se había quedado dormida, como tampoco recordaba cómo había llegado a aquella habitación. Estiró ambos brazos y decidió levantarse. Nada más poner un pie en el suelo el recuerdo de un inmenso lobo voló a su cabeza como una flecha.

Hikari se miró la mano, si se concentraba aún podía notar la calidez de aquel pelaje. Frunció el entrecejo, sí que fue vívido aquel sueño. Lobos, dioses, chicos con poderes. Se sonrió a sí misma, debía dejar de mirar tanto anime.

Se levantó de la cama dispuesta a vestirse pero no pudo encontrar su equipaje. Aquello la preocupó, así que decidió vestirse rápidamente con la ropa que llevaba el día anterior. Al ponerse la falda larga, descubrió un arañazo a la altura de las rodillas. Su corazón empezó a latir con más intensidad. No podía ser que todo aquello no hubiera sido un sueño. ¡Era imposible! Se llevó una mano a la boca y salió disparada de la habitación.

-¡Abuela! ¡Abuela!- empezó a gritar mientras bajaba las escaleras de madera que separaban los dos pisos que conformaban la casa de su abuela. Casi se resbaló al bajar el último escalón debido a que no llevaba ni zapatos ni calcetines. Finalmente llegó a la puerta de la sala y la abrió bruscamente.

Tres pares de ojos se giraron hacia ella nada más abrir la puerta.

-Buenos días Hikari, ¿has dormido bien?- le preguntó la mujer de cabellos canosos observándola. Entre sus manos había una humeante taza de café.

Pero Hikari no la miraba, ella sólo podía ver la burlona sonrisa de aquel chico de cabellos castaños.

-¿¡Por qué sigues tú aquí?!- le preguntó a voz en grito.

-Señorita Hikari, ¿desea comer algo?- oyó que le preguntaba Miyako, vio como la joven señalaba la bandeja de delante suyo, la cual contenía diferentes tipos de dulces. Hikari parpadeó un par de veces, esperando ser respondida.

-Oye, Kari- la tuteó de repente el chico mientras se levantaba del asiento. Hikari se quedó pegada al marco de la puerta. Él se acercó lentamente hacia ella y luego extendió su mano. Hikari entonces descubrió lo morena que era la piel de aquel joven. –Creo que no empezamos bien- explicó él. –Me llamo Daisuke Motomiya- terminó esperando a que Hikari tomara su mano.

La chica le miró a los ojos y luego tragó saliva.

-De acuerdo- tomó la mano del chico. –Yo soy Hikari Yagami, un placer- vio como el chico le sonrió, de aquella manera peculiar, y ella esbozó una ligera sonrisa.

Hikari no sabía que, con aquel simple gesto, acababa de firmar uno de los contratos más vinculantes de toda su vida.

Suspiró y ambos se soltaron las manos. Tras aquel momento la joven decidió sentarse a la mesa. Tomó uno de los bollos azucarados del centro de la mesa y se lo llevó a los labios. Le dio un pequeño mordisco.

-Por cierto Miyako, ¿has visto mi maleta? No la he encontrado en mi habitación… -empezó a decir. Miró a la joven de cabellos violáceos, la cual asintió.

-Yamato la trajo contigo, se te cayó en el bosque- le confirmó ella. Hikari levantó una ceja mientras daba otro mordisco.

-¿Yamato?- preguntó. Entonces la imagen del lobo volvió a su cabeza. Miró a Daisuke.

-Si quieres conocerle está fuera- dijo el chico mordiendo ávidamente su desayuno.

-Pero no salgas descalza- le advirtió su abuela. Pero Hikari decidió no moverse de su sitio. Se terminó lentamente el bocado y le pidió a Miyako algo de leche. La joven asintió y se lo trajo.

-Bien- dijo tras un primer trago. –Supongamos por un instante que yo acepto que todo esto es real y que estoy dispuesta a colaborar- dijo lentamente soltando el vaso.

-¡Bien!- sonrió Daisuke. –Pues entonces ponte los zapatos y sígueme.

Daisuke la esperaba en la entrada cuando ella bajó ya con los zapatos puestos. Su abuela también la esperaba allí. Le recordó que se abrigara, que el otoño ya estaría por empezar y a veces podía hasta soplar un aire frio. Hikari asintió. Tras aquello ambos jóvenes salieron fuera. El sol resplandecía en la mitad de un cielo azulado, pero como había comentado su abuela, una ligera brisa refrescaba el ambiente. Los campos de alrededor de la casa brillaban dorados, y los árboles del bosque oscilaban entre verde y ligeros tonos cálidos de marrón, amarillo y rojo. Hikari vio como Daisuke tomaba la delantera y empezó a andar detrás de él. Al alejarse de la casa y encontrarse ya en la barrera, Hikari pudo ver a un chico recostado en uno de aquellos arboles. El joven debía tener la edad de su hermano, de cabello rubio y pose serena. Estaba con los ojos cerrados y los brazos cruzados, aguardándolos.

-¡Aquí estamos Yamato!- gritó alegremente Daisuke mientras se acercaba a él.

Cuando el chico abrió los ojos Hikari descubrió lo realmente guapo que le resultaba. Sin pretenderlo, sus mejillas se tiñeron ligeramente de rojo.

-Hikari, te presento a Yamato Ishida- la muchacha vio como el joven se despegaba del árbol y andaba lentamente hacia ella. Debía medir, al menos, medio palmo más que ella. El chico la examinó de arriba abajo. Ella le observó, titubeando.

-Mucho gusto- pudo decir. Estar al lado de aquel chico le recordaba a una sensación que había vívido hacía poco. Intentó pensarlo hasta que pudo dar con ello, ¡era la misma sensación que con el lobo!

-Así que al final has decidido dar una oportunidad- dijo con una voz grave. Hikari ladeó la cabeza, sin poder evitar pensar que se había encontrado de lleno con un grupo de gente totalmente loca.

-Suponiendo que todo esto sea real.

-Entiendo- dijo el suavemente. Hikari vio como el chico rubio miraba a Daisuke, éste se encogió ligeramente de hombros.

-Vayamos, entonces lo entenderá- afirmó el moreno. La chica frunció de nuevo el entrecejo.

-¿Ir a dónde?- preguntó. Pero sólo pudo ver una mirada de complicidad compartida entre ambos jóvenes. Tras aquello los dos se giraron hacia el bosque y caminaron en aquella dirección. Hikari les llamó, odiaba que la ignoraran. Pero ninguno de los dos se giró, hacia que decidió ir detrás de ellos.

El bosque que había atravesado la noche anterior y el que atravesaba en aquel instante no parecían ser el mismo. El de ahora brillaba con la luz del sol que se colaba entre las ramas y las hojas crujían bajo sus pies. Ese de ahora le recordaba más al lugar donde jugaba de pequeña. Respiraba casi la misma tranquilidad. Pero algo había cambiado.

Sin darse cuenta el grupo se iba metiendo cada vez más dentro de la maraña de árboles. Hikari observó enfrente suyo, las espaldas de ambos chicos. Primero a Daisuke, el chico de los rayos, con su cabello en punta. Y luego a Yamato, el misterioso joven rubio. Se detuvo entonces bruscamente al observar como una neblina blanca perlada empezaba a tomar forma al lado del rubio. Sus labios no pudieron evitar soltar un ligero chillido al ver aparecer al inmenso lobo de la noche anterior. Como si fuera un fantasma, el lobo había aparecido al lado de su compañero de la más sutil manera.

-¿Ocurre algo?- le preguntó Yamato girándose hacia ella al verla detenerse. Hikari se llevó una mano a la boca y con la otra señaló al perlado animal.

-¡El lobo!- pudo decir entre tartamudeos. Yamato observó a su compañero y el gran animal simplemente fijó sus ojos azulados en la chica, justo como la noche anterior. Hikari lentamente bajó la mano de delante de su boca.

-Ha estado aquí desde el principio- simplemente dijo Yamato. Hikari entonces se acercó hacia ellos lentamente. El lobo dio dos zancadas hacia ella del mismo modo. La chica levantó la mano y la criatura se dejó acariciar. –Me sorprendió mucho que Garuru se acercara a ti, y me sigue sorprendiendo ahora. No es muy amigable- comentó el rubio.

-Es hermoso- solo pudo decir Hikari mientras se perdía en aquellos maravillosos ojos que lobo y humano compartían. Entonces, al separar la mirada de aquel lobo, la chica pudo empezar a descubrir ciertos brillos rojizos y amarillos apareciendo en distintos lugares del bosque. Eran fugaces destellos que se movían con rapidez de un lugar a otro, sus ojos eran incapaces de seguirlos.

-Son dioses del bosque- afirmó Daisuke a su lado. –Pero estos son buenos- sonrió burlonamente. Luego se llevó las manos a la cintura. -¿Has notado algo raro Hikari?- le preguntó directamente. Ella negó con la cabeza y murmuró un no. En ese momento Yamato y Daisuke compartieron otra mirada.

-¿Qué ocurre?- les preguntó a ambos.

-Que si no fueras tú, jamás hubieras podido atravesar la barrera tan fácilmente, ¿no te das cuenta?- le preguntó el moreno mirándola fijamente. Ella frunció aun más el entrecejo y miró a su alrededor.

-¿Darme cuenta de qué?- le preguntó empezando a molestarse.

-De que ya no estás en tu mundo.

Continuará….


Sé que son capítulos muy cortitos, pero quiero construir esta historia como un cuento, no un entramado de tramas que no haya quien las entienda. ¡Además que estoy entusiasmada con esto! Dudas, quejas, preguntas y sugerencias, reviews.

Gracias.

Nos leemos,

Kyo.*4