Capítulo 19

Bankotsu se llevó las manos a la cabeza para tratar de analizar toda la información que Inuyasha y Sesshomaru le habían dado. Su mirada iba de uno al otro y ellos asintieron en cada momento, pero en su rostro se reflejaban varios sentimientos, como confusión, asombro y coraje. No podía creer que ese maldito se atreviera a tanto e incluso ser capaz de dañar a su hermana.

Koga se había cobijado bajo la inocencia de Kagome con tal de salir librado y así poder lograr su objetivo de quedarse con la herencia.

Incluso tuvo que escuchar la razón por la que su hermana había huido de esa casa, la misma noche en que Miroku la llevó a casa de sus padres en un estado de saludo muy crítico y a causa de eso perdiera al bebé. Pero no tenía que decirlo, ya que Sesshomaru se había encargado de eso, si le hubiera tocado decir aquello terminaría con la voz rota de tan solo recordarlo.

—Vamos a ver si entendí – dijo al fin — ¿El imbécil de tu primo trató de matarte solo para quedarse con tu herencia? – Preguntó a lo que Inuyasha asintió – ¿Y todo el mismo día de tu boda con mi hermana? – Inuyasha asintió de nuevo — ¡Maldito!

—Hay una cosa más – interrumpió Sesshomaru – Koga drogó a Kagome para que no pudiera ser un estorbo mientras se deshacían de él – explicó Sesshomaru – Su intención siempre fue quedarse con la herencia de Inuyasha y se cercioró de que todos los cabos fueran bien atados.

—Sin mencionar sus intenciones de casarse con ella – añadió Inuyasha.

Ante tal comentario, Bankotsu se puso en pie y comenzó a andar de un lado a otro. Esa familia le había traído desgracias a la suya y todo para la avaricia de una persona. Si ese día no hubiese visto Menomaru las cosas serían distintas.

—Aunque eso no te justifica el daño que le has hecho a mi hermana – dijo Bankotsu sin dejar de ver a Inuyasha – Debiste hablar en ese momento. Además, hace tres años yo…— tragó saliva y se aclaró la garganta – Yo estaba recibiendo una importante mercancía.

—Lo sé, Menomaru me contó los negocios que tienen, de hecho de no ser por él yo estaría muerto. De hecho…— hizo una pausa – Fui yo quien le pidió que te subiera los impuestos.

Bankotsu frunció el ceño ante tal revelación, por fin había dado con el causante de que su negocio casi se fuera en picada.

—Ojala te hubieras muerto maldito

Por fin en algo estaban de acuerdo ellos dos, si, ojala se hubiese muerto con tal de evitarle a Kagome el sufrimiento. Sin él ella hubiera superado su partida, incluso probablemente volviera casarse y esta simple idea le dolía en el fondo de su alma.

¿Cómo se supone que iba a obtener su perdón? Si le había hecho mucho daño

¿Cómo se supone que recuperaría su amor? Si él mismo se encargó de enterrarlo, de destruirlo por completo.

Sesshomaru los había dejado, esta conversación sólo los involucraba a los dos.

Bankotsu siguió el camino que había tomado el primo de Inuyasha y cuando ellos se quedaron solos, tomó asiento y se sirvió un poco de whisky. Vio la etiqueta en la botella y esbozó una sonrisa irónica, era una de su mercancía.

—Inuyasha, aunque trates de redimirte con hermana será prácticamente imposible que ella te perdone – puso una pierna en su rodilla y le dio un trago a su vaso — Pero puedes intentarlo –suspiró y negó – Si te soy sincero, no eras de mi agrado desde el primer momento que te vi con ella.

De hecho no le agradaba que ningún caballero se acercara a ella ya que era muy sobreprotector con ella. Bueno ¿Qué hermano no haría eso?

—Y no me pidas ayudarte, porque en primer lugar, la decisión es de ella, no mía. – volvió a darle un sorbo a su vaso con whisky — Y dos, eres un imbécil.

—Oye…

—Oye nada – la interrumpió — Te voy a decir porque eres un imbécil. Le creíste a alguien más en lugar de tu esposa ¿Sabes cuánto sufrió Kagome? ¿No sólo desde tu ausencia, sino tu frialdad al momento en que regresaste?

Inuyasha no pudo soportar la mirada de Bankotsu y agachó la cabeza, ser culpable del propio sufrimiento de Kagome era un sentimiento demasiado desagradable, pero era muy egoísta como para dejarla ir de su lado ahora que todo se había aclarado.

Desafortunadamente para él, la verdad salió a relucir muy tarde.

—Sé que le hice demasiado daño.

— ¡Y no sabes cuánto! – Exclamó su cuñado– ¡El día que te encontró con la puta italiana casi pierde la vida, animal! – esto último lo dijo con un tono de voz muy alto.

Pero no quiso añadir más sobre aquel día, porque ambos sabían perfectamente como había acabado esa trágica historia. Una Kagome agonizando y con la pérdida de un bebé.

La habitación había quedado en completo silencio, mientras Inuyasha repasaba todo lo que pasó aquel trágico día, justamente en este mismo lugar. Incluso llegó a sentir un poco de asco a sí mismo, contemplar esa maldita mesa donde había estado con Sabina.

Tendrá que deshacerse todo aquello, cambiar muebles, color de habitación

!Todo¡

—No puedo justificar todo lo malo que le hice a Kagome ni tampoco hacer a Koga responsable de todo. – La voz de Inuyasha sonaba sincera — Fue mi error creerle a alguien más en lugar de tu hermana. Pero también fui engañado ¿Qué hubieras hecho tú, si tu sangre te engaña con tal de beneficiarse a costa de tu dolor?

Bankotsu levantó la mirada y miró fijamente a Inuyasha.

—Habría hablado con mi hermana para aclarar todos los malos entendidos, incluso conmigo mismo. Pero te entiendo, una familia mal económicamente y un hermano que se dedica al contrabando, te darían razones suficientes como para desconfiar de ella y de su familia. —Hizo una pausa y añadió – Pero cuando me llegué a casar, la mujer que elija, será con la única que tenga relaciones. Será mi todo, habrá confianza entre nosotros y no tendría necesidad de andar de pantalones flojos y trayendo bastardos al mundo.

Se sirvió un poco más de whisky para suavizar su garganta y al ver que Inuyasha permanecía serio, prosiguió.

—Tu primo no se va a quedar de brazos cruzados así nada más. Ahora tiene dos objetivos, tú y Kagome. Se deshará de los dos para quedarse con tu título. Lo primero que hará es ir tras de ella para que tú, como el imbécil que eres caigas en su trampa y así ganar esa batalla. Sin hacer a un lado Sesshomaru, que también está en la mira.

Inuyasha frunció el cejo ante las palabras de Bankotsu. Si el infeliz se atreviera a tocar aunque fuera un pelo de Kagome, él mismo lo mataría con sus propias manos.

—Si se atreve a lastimarla yo mismo lo mataré – amenazó.

—Por eso debemos anticiparnos a cada uno de sus movimientos – dejó el vaso vacío sobre el escritorio y continuó – A Koga lo acompaña Hakudoshi, que por asares del destino huyó como el vil cobarde que es – dijo mientras hacía movimientos con sus manos – Ese déjamelo a mí, mis hombres pueden rastrearlo y dar con él. – Hizo una pausa y añadió – Y tu principal objetivo es ir en busca de Kagome y convencerla para que regrese contigo.

—Me odia –comentó con una mirada perdida y llena de dolor. –Jamás aceptará hacerlo.

—¿Por qué será? – Preguntó con cierta ironía –Kagome te va a odiar más si entras a la casa de mi madre y la obligas a irse. Si le dices que es su responsabilidad de esposa estar a tu lado te mandara muy lejos – esbozó una sonrisa, conocía a esa pequeña desde que nació – La conozco más que tú.

—¿Qué sugieres?

Bankotsu se quedó meditando un par de segundos, luego de tener su respuesta asintió.

—Le dirás estas palabras, cada palabra que te diga se las tendrás que decir—esbozó una sonrisa — Kagome es muy hogareña, daría su vida por cualquiera de su familia, incluso hasta por ti – lo señaló – Dile que si se va contigo sacaras de la cárcel a su hermano y que evitaras que vaya a la horca. Con eso, te garantizo que dirá que sí.

—¿Y si dice que no?

—Bueno – suspiró con tristeza – Quiere decir que no le importo lo suficiente o puedes humillarte y arrastrarte por el piso con tal de pedir su perdón – esbozó una amplia sonrisa con solo imaginarlo.

—¿Te complacería eso verdad?

—No tienes una idea de cuan placentero me resultaría verte humillado en el piso con tal de obtener su perdón.

Kagome se encontraba en el jardín, a un lado de ella sobre una mesita había una taza de té humante a la cual le había perdido el interés. Su padre descansaba en su habitación y había ido a visitarlo durante el resto del día.

Su madre le había prohibido rotundamente que visitara su hermano en presión ya que eso se encargarían ella y la tía Kaede.

—¿El día es perfecto, no lo crees?

—No veo lo esplendido – respondió sin perder la vista al frente.

—Kagome, siento lo de tu hermano – sus palabras eran sinceras – Pero estoy segura que pronto se solucionara su condición.

Ese día Sango había ido a visitarla y por algún motivo la notica del arresto de Bankotsu se esparció como pólvora, pero sin duda quien se dedicó a divulgarlo era la odiosa de la duquesa Percival.

Ojala un día de estos esa mujer tuviera que pasar por todas las dificultades que su familia atravesaba, para ver si todos le brindaban la mano y la seguirían respetando por lo que era.

—Fue acusado de contrabando, Sango – comentó sin dedicarle una de sus miradas – Y es un delito grave.

—Hay que tener fe.

Kagome esbozó una media sonrisa ante el último comentario de su amiga. ¿De que servía tener fe? Si en tres cuatro chasquidos de dedeos su vida se había vuelto un maldito inferno.

Su familia se desmoronaba, ella misma sentía como sus fuerzas la abandonaban.

—Kagome…

Sango pensó varias veces sobre lo que iba a decirle, se había enterado por la pérdida de su bebé a través de su tía Kaede.

—Siento lo de tu…

—Si vas a decir algo acerca sobre el hijo que perdí – la interrumpió Kagome – Evítalo Sango, estoy bien. Además, no sentí nada.

Era mentira, si había sentido algo, sentía perdida, vacío e incluso un dolor que jamás se iba a reparar. Aunque por más que le dijera su madre y su tía que pronto remplazaría ese dolor por otro hijo, nada lo haría. No había palabras que pudieran consolarla en ese momento.

Tuvo que hacerse la fuerte, morder sus labios para evitar que las lágrimas volvieran a salir. Había perdido la cuenta de cuantas veces había llorado en silencio.

—¿Podemos cambiar de tema? – Preguntó y su amiga asintió — ¿Cómo van las cosas con Miroku? Escuché que está cortejándote.

Ella no sabía si sonreír o mostrar seriedad, su amiga no estaba pasando por un buen momento y no podía lidiar con eso.

—Bien – respondió – Estoy segura que en un par de semanas le pedirá a mi padre mi mano.

Kagome esbozó una sonrisa sincera, se alegraba que su amiga tuviera a alguien a su lado. Deseaba que Sango fuera más feliz de lo que ella misma no pudo ser y con Miroku a su lado lo lograra.

—Felicidades – dijo ella –Espero sean muy felices.

—Gracias.

Justo en ese instante el principal objeto de su conversación se hizo presente. Miroku al ver a su casi prometida no pudo ocultar su felicidad, pero antes debía ser serio y ayudar a la familia de su mejor amigo.

—¿Cómo estás?

¿Todo el mundo tenía que preguntarle eso? Realmente comenzaba a odiar esa pregunta.

—Intento sobrevivir, eso es algo.

Sango en ese momento notó que la intención de Miroku era hablar en privado con Kagome, así que muy discretamente se levantó de su asiento y se disculpó con ellos por tener que dejarlos tan apresuradamente, pues tenía "otras" asuntos que resolver.

—¿Averiguaste algo sobre Bankotsu? – preguntó.

—No me permitieron verlo – mintió.

Antes de que fuera a visitarlo a prisión había sido interceptado por él y le contó todo el plan que había ideado a lado de Inuyasha. Así que debía fingir con Kagome el no saber nada de Bankotsu y mucho menos que éste ya estaba en libertad.

Según lo comentado por él, le resultaba confuso todo el plan que había armado Koga con tal de quedarse con la herencia del duque y con Kagome. Era difícil imaginar que un hombre hubiese sido capaz de mentir con tal de salir librado y gracias a eso, Kagome había sufrido las consecuencias.

El plan de Bankotsu era localizar a Hakudoshi mientras Inuyasha cuidaba de Kagome para evitar que Koga la usara como carnada. Ella bajo ningún motivo debía saber que Bankotsu estaba libre.

—¿Cuántos años lleva haciendo esto? – preguntó ella.

No podía creer que su hermano se dedicara al contrabando, sospechaba que había algo debajo en todo esto y lo hacía solo por una razón.

—Kagome… — dudó en responder por unos segundos.

—¿Cuántos años, Miroku? – pidió saber ella.

Miroku suspiró y la miró a los ojos.

—Más de seis años – respondió al fin – Lo hacía con el único propósito de regresarle a tu padre la compañía que había perdido a causa de Lady Percival.

Kagome esbozó una media sonrisa, esa mujer siempre estaba metida en las desgracias de su familia. Aunque no sólo ella, sino Inuyasha también. Ambos habían destruido poco a poco a la familia que amaba y sin duda en estos momentos estaban celebrando por ello.

—¡Ese idiota!

Ella suspiró y se puso de pie, caminaba de un lado a otro mientras analizaba lo que iba hacer lo que tendrían que hacer.

—¿Qué debemos hacer? – preguntó, observando a Miroku.

Miroku se removió en su asiento, no le gustaba en nada el curso que las cosas habían tomado. Ahora el peligroso era Koga y debían mantener a Kagome a salvo para evitar que ese infeliz se le acercara.

Odiaba ser el intermediario en este asunto, pero debía aguardar antes de que el duque Taisho se la llevara de aquí.

—Esperar – respondió al fin – Tengo algunos contactos que ya se están haciendo cargo de la situación de Bankotsu – se aclaró la garganta – No te preocupes y dile a tu madre que todo saldrá bien.

Asintió más tranquila ante las palabras de Miroku, pero no solo era la situación de él la que quería solucionar, sino la de su anulación de matrimonio. Debía aprovechar su visita y pedirle ese favor.

—Miroku, necesito otro favor – dijo armándose más de valor.

Miroku la observó y asintió, todo lo que fuera para la hermana de su mejor amigo.

—Necesito que tus contactos me ayuden a anular mi matrimonio con el duque Taisho.

—Kagome…— dijo sorprendido – Eso… sería un poco imposible.

—¿Puedes hacerlo o no?

Diablos, si Bankotsu o Taisho se enteraran de las intenciones de Kagome, la historia tomaría otro curso.

Él asintió ante tal reto.

—Veré que puedo hacer.

—Bien, quiero que eso quede lo más pronto posible.

Miroku observó atónito a Kagome, no daba crédito a lo que escuchaba. Bankotsu e Inuyasha debían actuar rápido antes de que ella lo presionara con la anulación de ese matrimonio aunque prácticamente lo único que debería hacer era darle largas a ella sin tener que hacer ningún movimiento.

—Si me disculpas – él se levantó de su asiento – Debo mover rápido mis influencias.

—Gracias – ella asintió y antes de que se fuera lo detuvo con unas simples palabras – Felicidades por ti y Sango.

Él dio media vuelta y le agradeció con un leven movimiento de cabeza, permaneció unos instantes ahí aguardando a que Kagome desapareciera al interior de la casa.

Esa noche, mientras ella estaba dispuesta a llevarle la cena a su padre, Lady Flora la interceptó quitándole la bandeja de comida.

—Deberías descansar —dijo con un tono demasiado autoritario – En tu condición no es bueno que estés de pie tanto tiempo.

—Me siento inútil en la cama – respondió mientras se encogía de hombros.

—Y te sentirás más inútil si recaes.

—Estoy bien madre – simplemente respondió – Creo que lo peor ya paso.

Lady Flora suspiró y negó con la cabeza.

—Hija, sólo quiero que reposes – explicó – El doctor Johnson asegura que aun estas débil como para andar de pie.

—Creo que hay prioridades más importantes.

—Si – asintió su madre – Tu prioridad es estar en reposo, fin de la discusión.

No le dio tiempo a protestar cuando su madre ya había desaparecido escaleras arriba. Sintió unas manos que se recargaban en su hombro y vio a su tía Kaede que esbozaba una sonrisa.

—Ven, acompáñame a cenar – comentó mientras apoyaba un brazo en el de su sobrina – Dime ¿Qué te ha parecido el doctor Johnson?

—No sé – ella negó – Solo es un doctor que me atendió mientras estaba agonizando.

—Creo que es guapo – dijo la anciana con una sonrisa, guiando a su sobrina al comedor.

—Creo que ese no es tema de conversación en una mujer casada.

—Oh pero a tu marido no parece importarle eso.

Una fuerte punzada atravesó su maltrecho corazón, que a Inuyasha no le importara lo que ella hiciera realmente le causaba un profundo dolor. Tanto así desde que lo corrió está mañana no se había vuelto atrever a visitarla. Probablemente estaría de nuevo en brazos de esa zorra italiana, a quien sin duda tendría la satisfacción de darle una lección.

—No me interesa lo que él piense – parpadeó y fingió indiferencia.

Ambas ocuparon sus respectivos lugares en el comedor y comenzaron a servirles la cena, que la mitad de ella se hizo en un rotundo silencio, algo que detestaba considerablemente la tía Kaede. Odiaba el silencio más que a cualquier otra cosa en el mundo.

—¿Por qué no vamos a Londres? – sugirió emocionada.

Kagome se le quedó viendo antes de llevarse un bocado a la boca.

—La temporada ya inicio – sus ojos se iluminaron con tan solo recordar – Iríamos al teatro, opera e innumerables bailes ¿Qué dices?

—Odio los bailes tía – respondió ella con una profunda negación – Ya deberías saberlo.

La tía Kaede roló los ojos, esa mujer se había convertido en piedra. Ya nada le importaba, nada le satisfacía y sobre todo, las cosas le eran indiferentes.

—Pero en un baile conociste al duque Taisho.

Ante su comentario, la anciana se mordió el labio.

—¿Podemos hablar de otra cosa que no sea de él?

Ya tenía suficiente, su sobrina debía afrontar las cosas. No sabía lo que había originado el que su sobrina apareciera a mitad de la noche, empapada y agonizando, pero si algo sabía es que las cosas se solucionaban con hablar.

—No sé qué haya pasado entre tú y el duque – dijo la anciana.

—Oh créeme – Kagome la interrumpió – No querrás saberlo.

—Kagome, si algo he sabido es que para que un matrimonio funcione hay que tener mucha comunicación.

—La cual no tengo con él.

—¿Quieres dejar de interrumpir y dejarme hablar? – preguntó molesta su tía.

Ante su tono severo Kagome asintió e hizo a un lado su plato a medio comer para prestarle atención a su tía.

—Antes de que me casara con tu tío, las cosas entre los dos no iban bien.

—Tía es diferente. Él me engañó con otra, en nuestra casa.

—¡Tu tío se acostó con otra justo el mismo día de nuestro compromiso! – Exclamó enfadada – Y yo lo vi todo – una lagrima rodó sobre su mejilla – A esa mujer le expresaba su desagrado por casarse conmigo, que en nuestra noche de bodas me iba a dejar esperando para irse con ella. No te puedes imaginar cómo me sentía, sentía lo mismo que tú. Engañada, dolida, desorientada y salí huyendo ¿Y sabes que hizo él?

Ante la pregunta Kagome negó.

—Me buscó, movió cielo, mar y tierra para dar conmigo – respondió – Al principio claro que fue por su ego dolido de haberlo dejado plantado en el altar. Pero al ver que no me quería ir con él, comenzó a ser otro. El hombre que siempre quise que fuera, atento, cariñoso y sobre todo amoroso, ahí estaba. Entre los dos se había borrado ese mal momento, incluso echó de la iglesia a aquella dama indecorosa, y vivimos felices.

Kagome quería llorar con cada palabra que le expresaba su tía. Conocía mil veces esa parte de la historia, pero la diferencia fue que su tío no la había buscado para vengarse, o suponiendo que así lo fuera. Él tenía un orgullo herido porque la mujer con quien supuestamente se iba a casar lo había dejado plantado en el altar porque ella también tenía su orgullo dolido.

Pero la diferencia entre su tío Myoga e Inuyasha, era que su marido buscaba vengarse de su familia por intentar acabar con su vida, en cambio el su tío había ido en busca de una prometida fugitiva para hacerle cumplir sus votos matrimoniales, para acabar enamorado por completo de ella.

¿Podría la historia girar su curso en favor de ella?

No, Inuyasha creía todo lo contrario a eso, sería prácticamente imposible.

—El punto es – añadió su tía Kaede —¿Dejaras que una mujer se quedé con todo lo que por derecho te pertenece?

Kagome frunció el cejo ante la pregunta de su tía.

—¿Dejarás que ella goce de tu casa, tus muebles, tu jardín, tu dinero e incluso a tu marido?

—Tía yo…

—No hay más que una sola cosa que debes hacer – interrumpió su tía – Hablar con él y solucionar este problema.

Ella quedó en silencio cuando Marcus, el mayordomo entraba al comedor, hizo una reverencia y con una elegancia pronunció las siguientes palabras.

—El duque Taisho desea verla, milady.

Kagome observó a su tía y ella esbozó una media sonrisa.

—Es tu decisión hija, te conté mi historia. A ti te toca elegir.