Hikari Yagami T.K. Takaishi, aunque no puedas dejarme un review siempre, solo diciéndome que vas a seguir leyendo ya me haces feliz! Y es que es así de simple, si os gusta solo decidlo!
4.
Donde terminaba el bosque empezaba la bajada de una suave colina. Hikari salió de entre aquellos árboles siguiendo a ambos jóvenes, para dar de lleno a aquello que ellos llamaban "otro mundo". Sin embargo, era bastante similar al suyo. El sol brillaba igual en el cielo, y rocas normales y hierba cubrían el descender de la colina. Incluso soplaba brisa.
Hikari pudo distinguir unas cuantas casas localizadas al pie de aquella colina. Más allá se veía una sierra de puntiagudas montañas adornadas con picos que se perdían entre las nubes. Sopló algo de brisa y se cubrió los ojos con el brazo, evitando la posible entrada de polvo.
-Bajemos- sentenció Yamato. Hikari asintió y empezó a seguirlo. Los tres bajaron lentamente la colina en dirección hacia aquellas casas.
-¿También viven personas aquí?- preguntó curiosa. Daisuke, quien caminaba a su lado con ambas manos detrás de su cabeza, le sonrió.
-Por supuesto- afirmó. –Aquí viven humanos y dioses.
Hikari asintió. Garuru andaba cerca de ella, sentir su alienta detrás de la espalda la tranquilizaba. Yamato iba delante de ambos. Hikari pudo distinguir, mientras se acercaban poco a poco al grupo de cases, a un hombre que parecía estar esperándolos. Yamato fue el primero en llegar a él, y tras un breve saludo vio como la señalaba.
-Vamos- la animó Daisuke. Ella tragó saliva y el moreno la empujó ligeramente hacia adelante. La chica le siguió hasta llegar justo delante de aquel hombre. Vio que en realidad no era más que otro joven, pero lucía un aspecto muy maduro. Unas gafas cuadradas cubrían sus ojos y el cabello era corto y oscuro, con algunos reflejos que parecían azulados. El hombre llevaba un libro bajo uno de sus brazos.
-Buenos días Hikari, me llamo Joe Kido y es un placer conocerte- se presentó el hombre. Hikari asintió ante aquello, ya parecía estar acostumbrada a que todo el mundo la conociera por su nombre. Demasiadas preguntas empezaban a acumularse en su cerebro.
-El gusto es mío- dijo ella tras notar lo descortés que había parecido.
-Bueno supongo que desearás saber de qué va todo esta historia- afirmó él con una ligera sonrisa, a lo que Hikari simplemente soltó un bufido.
-Ni te lo imaginas.
Tras decir aquello, todos habían entrado en la casa que se encontraba más cercana. La casa consistía en una gran sala adornada con estanterías en la mayoría de su superficie de pared. Junto a aquella sala Hikari pudo entrever una cocina al final y unas escaleras. Supuso que las habitaciones estarían en aquel piso superior. Los cuatro se acomodaron en unos cómodos asientos dentro de aquella sala. Joe se ofreció a traer unas bebidas mientras ellos se acomodaban. Hikari miraba curiosa a su alrededor, pero lo que más llamó su atención fue un cuadro que parecía un gravado chino antiguo. En él aparecían, según lo que la chica supuso, diversos guerreros de distintos colores y dos figuras en el centro. Una figura cubría a la de detrás, que parecía brillar con intensa luz. Hikari se levantó y se acercó a aquel cuadro. Intentando descubrir los detalles en aquellas figuras.
-¿Te gusta?- le preguntó Joe al regresar con una bandeja y los refrescos. La chica se giró rápidamente y asintió. Tras aquello se sentó en uno de los asientos y tomó uno de los vasos. Vio como Yamato se sentaba en el alfeice de la ventana en lugar de en una de las cómodas butacas. Hikari pudo ver como la figura semi-fantasmagórica de Garuru aparecía a los pies del joven. Sin querer sonrió. Luego dirigió su mirada hacia Joe, quien había tomado lugar delante de ella. –Es curioso que te hayas interesado por ese cuadro- empezó Joe. Hikari le miró curiosa. –Es el cuadro que lo resume un poco todo.- afirmó.
-¿Qué resume?- preguntó ella dejando el vaso. Aún notaba el líquido refrescante bajando por su garganta.
-Supongo que tu abuela ya te ha comentado que éste es el mundo de los dioses… un mundo distinto al tuyo pero paralelo en cierto modo- ella asintió, aunque todo aquello siguiera sonándole a tonterías en su cabeza. Involuntariamente desvió su mirada a Garuru y se mordió el labio. –Y tú, Hikari, eres la que lleva la sangre de ambos mundos y por tanto la protectora de la barrera- ella asintió pero no se atrevió a decir nada, simplemente dejo que Joe continuara. –Y contigo están los cuatro guerreros que deben luchar por ti.
-¿Cómo?- ante aquello sí que no pudo evitar hacer la pregunta. Lejanamente recordó las palabras de su abuela, aquella frase que le había dicho a Daisuke. Miró al moreno que se recostó sonriendo y luego a Yamato, quien miraba al cielo, ignorándolos. Joe prosiguió.
-Los cuatro guerreros son jóvenes de diferentes familias, con la habilidad de luchar contra los dioses.
Entonces la imagen de Daisuke formando chispas entre sus manos voló a la mente de la joven. Ella le miró interrogativamente.
-Entonces es cierto, puedes crear chispas con tus manos- le dijo sorprendida. Él ensanchó aún más su sonrisa.
-Sí, yo tengo esa habilidad- el joven entonces señaló a Yamato. –Matt es capaz de controlar el agua y el hielo y Ken hace cosas con las raíces de los árboles- terminó entusiasmado.
-¿Ken? ¿Quién es Ken?- le preguntó. Daisuke se golpeó ligeramente la cabeza con las manos.
-Cierto, aún no lo conoces. Supongo que no andará demasiado lejos- sonrió. Hikari anotó mentalmente que debía conocer a aquel misterioso Ken. Entonces repasó mentalmente y notó que solo había nombrado a tres. Entonces miró a Joe.
-Tú supongo eres el cuarto- pero se sorprendió al verlo negar con la cabeza. Desvió la mirada a Daisuke para ver como este había cambiado la expresión.
-No hay cuarto- simplemente dijo. El chico miró el cuadro. Hikari lo miró del mismo modo. Vio que las cuatro figuras eran de distintos colores: blanco, azul, verde y rojo. Pensó en lo que había dicho Daisuke y supo que faltaba el rojo. Aunque su mirada se desvió rápidamente hacia las figuras del centro.
-Tienes a tu disposición a tres guerreros- afirmó Joe. –Para que puedas llevar a cabo tu misión- continuó. Hikari le miró. Supuso que lo que vendría a continuación no le iba a gustar. –Hikari, como protectora de la barrera, debes devolverle su fuerza, la que ha estado perdiendo durante años. No solo la barrera se ha debilitado, sino que los dioses han ido cayendo. Algo ha empezado en este mundo y debes ayudarnos a descubrirlo- afirmó. Hikari juntó ambas manos y las apretó con fuerza.
-Mi madre nunca me habló de esto- dijo. Su madre nunca le comentó nada de todo aquello, de ese mundo que en un principio no era real y en el que Hikari parecía haberse despertado. De aquel mundo que empezaba a acecharla como una sombra.
Joe no respondió.
-No te preocupes Kari, somos tus guardianes- le restó importancia Daisuke. –Tú eres una mera figurante- sonrió burlonamente.
-No te equivoques Daisuke- oyó Hikari que decía la voz grave de Yamato. –Guardián solo hay uno- tras decir eso volvió su mirada hacia el cielo. Hikari pudo entrever que era una mirada melancólica. Daisuke borró de golpe la sonrisa de su rostro pero no contestó ante aquello. Aunque Hikari descubrió que algo pasaba allí.
-Pero yo… no tengo ni idea de cómo hacerlo- dijo tras suspirar. –No sabré hacerlo, en realidad soy muy patosa y torpe. ¡Siempre es Tai el que termina haciendo las cosas por mí!- casi chilló después de un momento de reflexión. Pero si solía tropezarse siempre y era poco coordinada, ¿cómo iba ella a ayudarles a proteger su mundo de aquellos dioses caídos? La imagen del monstruo de barro seguía en su mente, y seguía aterrándola. Se mordió el labio.
-Ya te lo he dicho Kari, sólo con que estés cerca ya es suficiente- Daisuke la tomó ligeramente por el hombro. Ella le miró y él asintió de nuevo.
Entonces la puerta se abrió de golpe. Todos los presentes se giraron bruscamente. En la entrada había aparecido otro chico que llegaba jadeando. Su cabello lacio y oscuro le cubría el rostro, mientras él se apoyaba en el marco de la puerta intentando recobrar el aliento. Cuando levantó el rostro Hikari vio unos ojos cansados de color azul.
-¡Ken!- gritó Daisuke preocupada. Se dirigió rápidamente hacia su compañero. Tomándolo por debajo del brazo.
-Vienen…de…nuevo- pudo jadear el recién llegado. Ante aquello Yamato dio un brinco y miró de nuevo por la ventana. Ahora, a lo lejos, pudo entrever una sombra que cubría todo el horizonte, acercándose lentamente.
-Son más dioses caídos del bosque… -murmuró. Garuru se levantó bruscamente del suelo y Hikari vio como desaparecía. Joe se levantó tras oír aquello.
-Vayamos- afirmó Daisuke. Entonces miró a su compañero, quien seguía jadeando, parecía que él había estado luchando contra ellos. -¿Te encuentras bien?- le preguntó.
-Sí- afirmó el de cabello oscuro. Hikari vio como poco a poco iba incorporándose. Entonces se fijó en que llevaba unos cuantos arañazos tanto en la cara como en los brazos. Entonces él pareció reparar en ella pero no dijo nada.
-Vamos entonces, ya haremos las presentaciones más tarde- afirmó Daisuke. Tras decir aquello él, junto con Ken, abandonaron la casa. Yamato salió detrás de ambos y Hikari hizo lo propio. Detrás de ella salió Joe.
Pero cuando piso el exterior vio con sus propios ojos como todo el horizonte era teñido de aquella sombra marrón. Poco a poco, arrastrándose por el suelo, iban llegando los dioses caídos. Detrás de ellos la tierra parecía secarse y pudrirse. Mientras iban acercándose Hikari pudo distinguir que eran más pequeños que el dios que ella había visto en su mundo.
Hikari luego solo pudo ver a los tres jóvenes lanzándose hacia los dioses. Vio como Daisuke juntaba ambas manos y al separarlas de nuevo aquellas chispas aparecían. Lanzó las chispas contra un grupo de aquellos dioses y Hikari vio que, con el contacto, parecían explotar y desaparecer en una luz cegadora. Ken, por su parte, golpeó el suelo con fuerza y ella vio como unas fuertes raíces aparecían al lado de aquellos monstruos, para luego envolverlos con ellas. Por su parte Yamato creaba sólidas barreras de hielo desde las palmas de sus manos que iban encerrando a aquellos monstruos.
Pero el más aterrador era Garuru, el lobo perlado, que ahora corría sin freno por el terreno devorando con sus fauces a aquellos seres que se arrastraban. Los monstruos parecían verse impotentes ante aquella demostración de fuerzas.
La joven se dio cuenta, en ese instante, que el sol parecía haber dejado de brillar tanto como cuando habían salido de los bosques. Y todo y que los jóvenes iban venciendo a los dioses, parecía que más y más iban llegando. Y se acercaban hacia ellos. El corazón de la joven latía ferozmente pero parecía incapaz de moverse. Y los seres se acercaban.
Joe la tomó con fuerza del brazo.
-Será mejor que vuelvas Hikari- le dijo y la empujó ligeramente hacia la colina. Pero la mirada de la chica seguía fija en los jóvenes y los monstruos, y en el cielo que parecía oscurecerse con el paso de los segundos. No podía moverse. -¡Hikari!- intentó hacerla reaccionar Joe. La chica se mordió el labio y se giró.
Pero luego volvió la mirada hacia los jóvenes. No podía irse… y dejarlos allí.
Yamato, en la distancia, vio como la chica no se movía. ¿Por qué demonios se quedaba allí? Él en realidad no creía que les hiciera falta, no estaba de acuerdo en todo aquello y le molestaba que Garuru la hubiera aceptado de aquel modo. Aquellas historias no eran de su agrado, aunque estuviera destinado a ser su guerrero. Por la maldita sangre que corría dentro de sus venas que no podía evitarlo. ¡Aunque no quisiera creer en ella!
El joven rubio vio como uno de los seres se acercaba a Joe y Hikari.
-¡Maldita sea!- gritó mientras golpeaba con su puño cerrado convertido en hielo al dios que más cerca tenía. Se giró sobre sus pies y puso dos dedos dentro de su boca, silbó fuertemente. Garuru apareció a su lado en cuestión de instantes. -Llévatela de aquí- le dijo mirándolo a los ojos. El lobo asintió con la cabeza y se lanzó a la carrera. Yamato ya solo vio como Garuru llegaba al lado de la chica y Joe la obligaba a subir encima del animal.
-Pero… pero… -seguía intentando decir ella mientras ya se encontraba encima de aquel grandioso animal. Se agarró con fuerza al pelaje del lobo perlado.
-No te preocupes, volveremos a por ti- le dijo Joe. Tras aquello el lobo emprendió su marcha. Hikari consiguió ver por encima del hombro como los jóvenes seguían luchando contra aquellos seres misteriosos. Pero luego ambos se metieron dentro de los árboles que empezaban el bosque y ya no los vio más.
Delante de ella sólo había los frondosos árboles de aquel bosque que separaba ambos mundos.
Continuará...
Poco a poco voy poniendo las cosas en su lugar. ¿No?
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Nos leemos,
Kyo.*4
