Capítulo 20

—Claro que si decides perdonarlo primero tendrás que hacerlo sufrir – agregó la anciana con astucia – Nada es sencillo y ganarse el perdón de alguien, menos.

Kagome se quedó observando por un momento el vaso de agua que tenía en frente. Analizando cada una de las palabras que le había dicho su tía. Perdonar no era sencillo, tal y como le había dicho. Pero, ¿Acaso permitiría que Sabina se quedara como la dueña y ama?

—Gracias Marcus – dijo al fin, mirando a su mayordomo – Dígale al duque que me reuniré con él en un momento.

—Si milady.

Tras una reverencia el mayordomo salió dejando a solas a las dos mujeres. Kagome hizo a un lado la silla y se puso de pie, pero su tía la tomó de la mano y la retuvo unos segundos antes de que se marchara.

—Piensa lo que te dije. Hazlo sufrir un poco, así como lo hice con tu tío.

Ella esbozó una sonrisa débil.

—La diferencia es que mi tío y tú se amaban.

—Pero aun así tú amas a Inuyasha y él, tal vez en el fondo sienta lo mismo.

Ella negó. No, era prácticamente imposible que él sintiera lo mismo si en todas en todas y cada una de sus acciones había demostrado lo contrario.

Le dio una palmada en el hombro y se retiró del comedor para ir a su encuentro con Inuyasha.

Se detuvo en la entrada de la salita principal donde él la esperaba. Estaba de espaldas a ella, con los brazos enlazados atrás de su ancha espalda. Tenía la vista fija sobre un cuadro de ella y sus padres.

¿Debería perdonarlo tal y como se lo había sugerido su tía?

No, negó para sí misma. Habían pasado muchas cosas entre ellos dos que simplemente se le dificultaría perdonar al hombre que le ocasionó mucho dolor (dolor del cual no sabía si algún día sanaría). Pero que aun así no soportaba la idea de amarlo. Ojalá pudiera sacarse esos sentimientos del corazón y enterrarlos tres metros bajo tierra.

Primero le daría la oportunidad de hablar, no sería como él en ese aspecto.

Carraspeó para llamar su atención y en cuanto la escuchó, cuadró los hombros y giró lentamente sobre sus talones hasta que sus ojos dorados se encontraron con los de ella.

Ninguno de los dos decía nada, sólo se limitaban a observarse el uno al otro.

— ¿A qué has venido? – fue Kagome la primera en romper el silencio.

Inuyasha no pudo evitar recorrerla con sus ojos dorados de arriba abajo, sus mejillas poco a poco aún lucían un poco pálidas y eso lo hizo maldecir por dentro. Todo por culpa de su primo Koga y por su ceguera, por no averiguar a tiempo sus intenciones.

Lo que más deseaba era cruzar esos cinco malditos pasos que los separaban de ella, para poder tomarla entre sus brazos y rogarle que le perdonara. Tal y como ella se lo había predicho, con tal de tener su perdón y recuperarla estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario.

Pero tuvo que reprimir ese deseo al recordar los consejos de Bankotsu. Él le había dicho que se mostrara frío ante ella, para que lograra convencerla de que se fuera con él, hasta que su cuñado diera con el paradero de Koga. Todo para protegerla y además no preocuparla.

—Necesitamos hablar – dijo lo más serio y frío posible.

Kagome frunció el cejo y se cruzó de brazos. Hasta este punto ni lo había invitado a tomar asiento ni mucho menos le había ofrecido algo de beber.

Si para Kagome esas palabras eran arrogantes, para él eran todo lo contrario. Una frase que llevaba encerrado un mensaje: "Perdóname, te amo… siempre tuviste la razón y soy el imbécil que te lastimó". Debía controlarse, estaba ahí ara llevársela con él y no se iría sin ella.

—No tengo nada de qué hablar contigo – respondió en el mismo tono que él.

Que la perdonará su tía, su orgullo era más fuerte que sus sentimientos.

En cambio Inuyasha esbozó una media sonrisa y avanzó un paso.

—Creo que si tenemos algo de qué hablar.

— ¿Ah, sí? — Kagome también dio un paso al frente, sin intimidarse por él — ¿Sobre tu Amante? ¿Sobre tu estúpida venganza?

Inuyasha guardó silencio ante tales preguntas. Sabina también era un problema y en cuanto diera con ella la mandaría lejos de ellos dos.

—Si has venido a eso, déjame decirte que fue una absoluta pérdida de tiempo de tu parte.

Inuyasha sentía el peso de sus frías palabras caerle como agua fría. Ver sus ojos inexpresivos había sido mucho peor que enterarse de la tradición de Koga.

Corrección, lo peor era haberse enterado de la pérdida de su hijo.

Se llevó las manos a los balsillos del pantalón, para evitar tocarla como lo estaba deseando y tenerla cerca no hacía sino aumentar ese deseo. Así que sólo fingió indiferencia.

—No he venido a eso. Sino de tu hermano. En todo el pueblo no se habla más que de su detención y sus crímenes por contrabando.

— ¿Te afecta algo eso? Después de todo era lo que querías, destruir a mi familia.

"De lo cual estoy arrepentido si tan solo me vieras" pensó para sí mismo.

—Tu hermano está afectando mi reputación — la cual no le importaba — Me afecta en mis negocios, en mi círculo social. Así que he venido a proponerte un trato.

Kagome se cruzó de brazos y arqueo una ceja.

— ¿Y qué trato es ése?

Él respiró hondo, su corazón palpitaba y sus manos comenzaban a sudar. La expectativa que ella aceptará podría ser muy diferente a la realidad. Pero si aceptaba, aprovecharía el tiempo que estuviese a su lado para redimir todas las injusticias que cometió contra ella. Solo miraría hacia al frente, con ella a su lado y venerándola como su todo.

—Regresa conmigo y yo ayudo a Bankotsu a salir de presión.

Kagome retrocedió al escuchar la propuesta de Inuyasha. ¿Regresar a aquel lugar donde él le había hecho tanto daño? ¿Aún se encontraba Sabina ahí? Estaba en un dilema, por un lado estaba ella y su orgullo herido, en segundo sus padres, en especial su padre. Que había sufrido un infarto a causa del arresto de Bankotsu y su madre no paraba de llorar por lo sucedido.

Miroku había quedado en enviarle información, pero sabía que él se tardaría un par de días en tratar de liberar a su hermano. En cambio, un duque tenía demasiadas influencias y podrían liberarlo en cuestión de minutos.

Entonces de nuevo volvía al punto de inicio, sacrificarse ella misma por el bien de su familia. Aunque casarse con él no podía considerarse eso, lo había hecho de manera voluntaria, libre y estúpidamente enamorada.

Pero no podía volver si Sabina se encontraba allí.

— ¿Y si mi respuesta es un no?

Inuyasha se irguió de hombros, había ido por ella y no se iría solo.

— ¿Serías capaz de dejar a tu hermano en una prisión?

Kagome se encogió de hombros.

—Nadie le dijo que se dedicara al contrabando. Él solito se metió en este lío ¿Por qué tendría que sacrificarme por él?

Él se llevó una mano a la cabeza, pensaba que sería fácil convencerla con eso. El mismo Bankotsu había sugerido todo eso, cuanta fe tenía en que su hermana respondería por él, pero ella simplemente comenzaba a reusarse.

—Piensa en tus padres. Tu madre no lo soportaría y tu padre…

—No los metas en esto. A ellos no – dijo apuntándolo con un dedo.

—Sólo piensa que si no vuelves conmigo – dijo avanzando y caminando alrededor de ella – Lo poden llevar directo a la horca – le susurró al oído y sintió como ella se estremecía – Y si tu madre se enterara que tuviste la posibilidad de salvarlo… te lo reprochará el resto de tu vida.

Ella cerró los ojos, odiaba admitirlo pero en ese sentido él tenía toda la maldita razón. Si su madre se enteraba de la proposición de Inuyasha y ella se hubiese negado aceptar su oferta, probablemente se lo reprocharía el resto de su vida.

—Además, dejando a un lado a tu hermano, la sociedad comenzará a preguntarse porque no estamos juntos.

—Fue tu culpa, no la mía – respondió de manera atropellada.

Inuyasha veía en los ojos de Kagome que esta batalla la estaba ganando, un poco más y resultaría el vencedor.

—Eso no es relevante querida, lo que pasa en la intimidad de nuestra casa no tiene que importarle a los demás. Sólo las apariencias.

—Sólo las apariencias – repitió ella.

A lo que él asintió y se detuvo justo en frente de ella.

—Entonces… ¿Dejaras hundir a tu hermano por completo y que éste sea sentenciado hasta morir en la horca o lo salvaras?

Kagome apretó los nudillos de los dedos, al grado de ponérseles blanco.

Está bien, esa batalla la había ganado, aceptaría pero no sólo por el que dirán sino por el bien de su familia.

—Muy bien, tu ganas – asintió – Pero tengo una condición.

—Tú no estás para….

—Si quieres – lo interrumpió — sino, dejo a mi hermano y a tu estúpida reputación hundirse. Conoce la salida Lord Taisho – hizo una reverencia y giró sobre sus talones.

Pero unas manos largas se posaron sobre su brazo obligándola a girar en redondo para encontrarse con su ancho pecho y unos ojos dorados mirándola deslumbrantemente.

— ¿Cuál es esa proposición?

—No quiero ver a Sabina cuando yo llegue.

—Haré que se vaya hoy mismo.

Ese comentario la sorprendió de manera absoluta ya que la primera vez que le pidió eso él se había negado.

— ¿Eso es todo? – preguntó confundida.

—Si para que mi reputación permanezca intacta y no se hable de tu hermano, tengo que sacar a Sabina de casa, lo haré.

Pero lo que ella desconocía era el hecho de que Sabina ya no vivía con él justo el mismo día en que Kagome los encontrara.

— ¿Qué tramas? – frunció el cejo al sentirlo tan cerca.

—Nada – él la soltó y se apartó dos pasos – Tienes veinte minutos para arreglar tus cosas y regresar a casa conmigo.

Ella se miró y lo único que tenía en la casa de sus padres era ese vestido viejo de color lila con flores estampadas, tampoco iba a permanecer en camisón todo el día.

—Hablas como si ya hubiera aceptado tu propuesta. – comentó ella.

—Porque así es. No tienes opción.

Se apartó de ella y tomó asiento en uno de los sofás.

Kagome no añadió otro comentario, en cambio a eso salió de la sala y fue directamente en busca de su madre para darle la noticia.

—Hija – ella la sujetaba cuidadosamente del brazo – Cuídate, no por que pienses que estás haciendo lo correcto, quiera decir que sea así.

—Si es para salvar a Bankotsu haré lo que sea – susurró en voz baja para evitar que su padre escuchara.

—Ya te has sacrificado mucho por esta familia. Creo que es tiempo que veas por ti – le acarició el rostro.

—Lo sé, pero no viviría feliz sabiendo que pude salvarle la vida a mi hermano.

Madre e hija se fundieron en un abrazo de despedida, ella prometió volver mañana para ver como seguía su padre. Antes de bajar las escaleras se topó a su tía Kaede, quien la miraba con una sonrisa.

—Recuerda lo que te dije. Puedes hacerlo sufrir un poco, es totalmente valido.

Kagome le dio un fugaz abrazo y le dio un beso en la mejilla.

—Gracias tía.

— ¿Seguro que era él? – preguntó Bankotsu a uno de sus files hombres.

—No fue fácil dar con él. Jakotsu y yo tuvimos que sobornar al dueño de la posada – explicó Renkotsu.

— ¿Esta solo?

Cada interrogatorio lo hacía sin dejar de contemplar la posada en donde el maldito Hakudoshi había estado durante más de un mes. El muy cobarde había huido al rincón menos civilizado, estaba equivocado si pensaba que no iba a dar con él. Pues Renkotsu y Jakotsu eran los mejores en rastrear personas. En un par de horas ya tenían su ubicación y planeaba hacerlo sufrir lentamente hasta sacarle información sobre el paradero de Koga.

No había querido ir primero tras Koga, su objetivo era Hakudoshi, el infeliz que drogó a su hermana y planeaba pagarle muy caro lo que le había hecho.

— ¿Lo vamos a matar? – preguntó emocionado Jakotsu.

—No – Bankotsu negó y cuando vio la mueca de disgusto en su amigo, añadió – No por el momento. Ustedes entraran conmigo por si intenta huir.

Los tres entraron a la posada y tras varios minutos de "negociación" o más bien, otro pequeño sobornó, el dueño de la posada les indicó cual era la habitación del hombre que buscaban.

Estaba de frente a la habitación de una de las personas que le habían hecho tanto daño y lo único que lo separaba era una puerta de madera desvencijada. Les hizo una señal a sus hombres y estos se colocaron a ambos lados de la puerta.

Justo en ese momento pasaba una mucama y la interceptó, para que tocara y ella respondiera por él.

—No cariño – se escuchó al fondo de la habitación – No deseo na….

Se quedó mudo cuando abrió la puerta y se encontró con los ojos azules de Bankotsu. Hakudoshi intentó cerrar la puerta pero fue inútil y en cambio corrió al interior de la habitación y buscó salir por una ventana, pero Jakotsu se abalanzó sobre él y lo derribo.

— ¡Maldito! – exclamó con dolor Hakudoshi.

Renkotsu y Jakotsu tenían bien sujeto al hombre. Uno le había atado una soga de cuero de tal forma que la mano quedo extendida sobre la mesa y el otro ataba su cuerpo a la silla.

Bankotsu tomó una silla y se sentó despreocupadamente sobre ella, justo a un lado de la mesa, teniendo en frente de él la mano de Hakudoshi.

—Nunca imaginé encontrarte en una pocilga como esta Hakudoshi – comentó con una media sonrisa.

—Creí que estabas en prisión.

—Creíste mal.

— ¿Vienes por el dinero que te debo?

Él esbozó una sonrisa y por ultimó se echó a reír, haciendo la cabeza hacía atrás.

—En otras circunstancias habría preferido que fuera eso – respondió de manera sería.

—Si no es dinero por lo que vienes ¿Qué es?

Recargó su talón en la rodilla izquierda y de éste sacó una filosa daga. En la empuñadura había una sirena con un rubí rojo.

—Te presento a Patricia – dijo mientras la extendía sobre la mesa – Patricia es demasiado celosa y odia cuando me siento mal. Es demasiado vengativa, cualquiera en su sano juicio odiaría encontrarse con ella.

Hakudoshi no entendía absolutamente nada.

—Oye te pagaré lo que te debo.

—Hakudoshi, Hakudoshi, Hakudoshi — se llevó una mano a la cabeza y se rascó en la nuca – No por negocios por lo que estoy aquí.

— ¿Entonces? – dijo mientras observaba a Bankotsu y a Renkotsu, quien seguía sosteniendo la soga justo en frente de él.

Ahora esta vez su mano se posaba sobre su hombro.

— ¿Cuánto te pagó el imbécil de Koga por drogar a mi hermana?

Ante esa pregunta, Hakudoshi intentó soltarse pero le resultó imposible, estaba bien sujeto.

—No sé de qué hablas.

—Hakudoshi, no me hagas recordártelo de la peor manera.

—No s…

Pero en lugar de terminar la frase lanzó un grito de dolor pues Bankotsu había clavado la daga justo en una de las venas con mayor circulación de sangre en la mano.

—Si quito a Patricia morirás desangrado, pero Patricia no puede quedarse contigo. Así que si no quieres morir más vale que comiences a decir toda la verdad y sobre todo, donde demonios esta Koga.

Una lágrima rodó por la mejilla de Hakudoshi y se encorvó de dolor.

—Por favor – imploró – Quítala, duele mucho.

Bankotsu esbozó una media sonrisa ante las suplicas de ese hombre.

—Imagina como se sintió mi hermana al despertar y enterarse que su esposo había muerto. Imagina como se sintió cuando despertó hace un día y se enteró que había perdido a su hijo. – Se inclinó para estar frente a frente – Su dolor fue mínimo a comparación del tuyo.

La respiración de Hakudoshi era cada vez más trabajosa, le resultaba imposible concentrarse con el dolor y hablar.

—Ko—ga– comenzó a decir – Quería la fortuna de Inuyasha.

—Sí, esa parte ya la sé Hakudoshi. Quiero saber con qué drogaste a mi hermana, cómo fue que despertó al tercer día…

—Láudano – respondió al fin. – Koga no quería que despertara rápido, así que le puse unas cuentas gotas a su copa de vino.

Bankotsu estaba a punto de hervir de ira, estaba guardando todo su coraje. Le resultaba difícil controlarse y no abalanzarse sobre él para matarlo a golpes.

—Koga había prometido la mitad de la fortuna de Taisho, pero jamás contó con que tu hermana nunca lo aceptara y por demás el regreso del duque.

—Mi hermana supo saber la calaña que ese tipo.

—Ya te dije todo – comentó – No me quites esa daga.

—Aun no me has dicho todo – Bankotsu negó — ¿Dónde está ese maldito?

—No sé – negó Hakudoshi – Ni yo mismo sé.

El carruaje se detuvo justo en la entrada de la residencia, Inuyasha le ayudó a salir, gesto que agradeció de mala gana. Fueron recibidos por Totosai y su doncella Melissa, que al verla le dio un fuerte abrazo.

—Mi niña, la extrañé mucho.

—Y yo a ti Melissa.

—Iré a prepararle su habitación – comentó Melissa – Debe estar agostada.

Una vez solos, Kagome comenzaba a mirar disimuladamente por todos los lugares de la casa para ver si no se encontraba con esa mujer.

—Si buscas a Sabina ya te lo dije. Ella ya no está aquí.

— ¿Tan seguro estabas de que accedería a tu petición?

Él esbozó una sonrisa, avanzó hacia ella y se quedó centímetros a su cara.

—Seguro y siempre tengo lo que me propongo.

—Pues espero que liberes a mi hermano mañana.

Inuyasha se cruzó de brazos e hizo como si estuviese meditando.

—Mañana no, lo dejaremos unos días para que aprenda su escarmiento.

Pero cuando pasó a un lado de ella, Kagome lo tomó del brazo e impidió que siguiera su camino.

—Más vale que lo hagas mañana.

—Cualquiera pensaría que no quieres permanecer mucho tiempo aquí, querida.

—Así es – asintió ella – Entre más rápido liberes a ese idiota, más pronto podre largarme de aquí.

Como moría por besarla, fundirse en ese cabello color azabache, contemplar toda la noche esos ojos soñadores. Pero había un problema, ella lo odiaba y tenía toda la razón en hacerlo.

¿Cómo recuperarla?

¿Cómo?