Hello! Aqui sigo, intentando ir captando más seguidores a través de este pequeño cuento. Yo lo escribo por gusto, pero me alegra saber que hay personas que la siguen! Por favor, disfrutad!
Hoy colgaré dos capítulos ya que al ser tan cortitos me parecía muy poco colgar solo uno!
5.
Hikari seguía a lomos de Garuru, que recorría velozmente el bosque. Ya no sabía en cuál de los dos mundos se encontraba, simplemente se daba cuenta de que la realidad se estaba convirtiendo en la ficción.
-Bájame Garuru, no podemos dejarlos solos- dijo. Aunque en realidad estaba convencida de que sí volvía allí nada podría hacer.
El animal, sin embargo, no se detuvo y siguió su rumbo. Con la lengua fuera de la boca el feroz lobo perlado atravesaba magistralmente el entramado de ramas. Hikari pudo darse cuenta de que en aquella parte del mundo el Sol sí parecía brillar.
El animal sólo se detuvo cuando llegaron a la frontera del bosque con el sendero. Detrás de los primeros árboles el lobo se detuvo y Hikari pudo descender de él. Garuru se quedó a su lado mientras ella se apoyaba en uno de los árboles del sendero y perdía la mirada en la profundidad del bosque. Todo parecía estar en una siniestra calma.
-Señorita Hikari- oyó la voz de Miyako. La joven de cabellos violáceos llegaba corriendo por el sendero. Cuando llegó a su lado puso sus manos en las rodillas y respiró hondo, nada más verla había echado a correr. -¿Se encuentra bien?- le preguntó. Hikari seguía mirando el bosque, perdidamente. –Entremos en casa- dijo la joven tomándola del brazo. Hikari simplemente se dejo guiar, viendo como Garuru giraba sobre sus patas y volvía a adentrarse en el bosque. La sombra perlada se perdió en la lejanía.
Tras andar unos pasos Hikari se detuvo detrás de su compañera.
-Miyako… ¿qué sabes tú de todo esto?- le preguntó apretando ambas manos. La joven de delante suya no se detuvo.
-Sólo lo mismo que usted- dijo ella. Hikari volvió a andar mirando al suelo.
-¿Y por qué sigues aquí?- le preguntó. Si ella eligiera… recordó entonces cuando la noche anterior había intentado volver a casa. Miyako se giró entonces hacia ella y luego también perdió la mirada en el bosque.
-Supongo que tengo un motivo- sonrió misteriosamente.
Habían pasado ya tres días. Tres días que Hikari no había dejado de esperar delante de la línea que separaba el bosque del sendero. Con las manos cruzadas delante de ella, mordiéndose el labio, esperando ver aparecer a alguno de aquellos misteriosos jóvenes y al lobo perlado.
Pero nada había pasado, ni siquiera destellos amarillos o rojizos entre las copas de los árboles.
-Hikari, deberías entrar- le pidió su abuela al tercer atardecer. Hikari tenía la mirada perdida entre los árboles, esperando. Sin siquiera mirar a su abuela la chica habló.
-No fue un sueño… ¿verdad?- le preguntó sin mirarla, su mirada rubí fija en los arboles. La mujer acercó su mano, colmada de arrugas, al brazo desnudo de su nieta y la acarició. Solo en ese entonces la chica notó que estaba acompañada no solo por su abuela sino también por Miyako.
-Entremos- afirmó la mujer. Hikari desvió la mirada del bosque pero al hacerlo vio aquel esperado reflejo. Se soltó de la mano de su abuela y se lanzó entre los árboles. No le importó si las ramas más bajas golpeaban sus brazos o su rostro mientras lo hacía.
Pero cuando finalmente llegó hasta delante de aquella pareja se detuvo, jadeando. Justo delante de ella estaban Daisuke y Ken, el primero con su sonrisa burlona y el otro con una ligera sonrisa ladeada.
-¿Estabas preocupada?- le preguntó el moreno. Hikari levantó una ceja mientras negaba con la cabeza.
-Para nada- sonrió ella también.
-Pues lo parecía- le contestó el moreno. Hikari oyó pasos detrás de ella, y en unos instantes apareció Miyako.
-Ken- dijo la recién llegada. La joven morena vio como Ken se acercaba hacia ambas para situarse justo delante de la de cabellos violáceos.
-Me alegra verte Miyako- le sonrió. Y Hikari pudo ver como la chica se sonrojaba ligeramente. No fue hasta que Daisuke intervino que el ambiente se pudo destensar.
-Por cierto Hikari, este es Ken, el tercer miembro de nuestro equipo- el moreno puso una mano sobre el hombro del muchacho a lo que Hikari asintió. –Y ahora vayamos a comer, ¡me estoy muriendo de hambre!
Hikari no podía más que sentirse aliviada al estar sentada en la mesa junto con los dos jóvenes, Miyako y su abuela, además de haberse asegurado que Yamato y Joe también se encontraban bien. Había que admitir que en los últimos días casi no había probado bocado debido a los nervios, y ahora por fin podía disfrutar de una deliciosa comida.
-Hikari, me alegra que al final hayas aceptado todo esto- dijo entonces la abuela. Hikari terminó de tragar aquello que estaba masticando y miró a su abuela. ¿Lo había aceptado? En realidad no sabía cuando había ocurrido aquello… pero sí que sentía que ahora todo era real y quería ayudarlos.
-Eso supongo- se encogió ligeramente de hombros. Daisuke soltó una carcajada tras aquello. Hikari le miró y luego dejó lentamente los cubiertos sobre el plato. Suspiró. –Lo que no sé si podré hacer nada- dijo sinceramente. Vio como Daisuke negaba con la cabeza.
-Ya te lo dije, sólo si estás cerca ya es suficiente. Nuestra sangre late con fuerza cuando tú estás- afirmó el muchacho. A lo que la joven no pudo evitar sonrojarse. –Es el destino- afirmó él. Y Hikari pudo entrever que detrás de la fachada del niño gracioso, había un joven que había aceptado su realidad de lleno.
-Contigo seremos capaces de destruir a los que están causando que los dioses caigan- afirmó Ken mientras comía arroz.
-Eso ya lo dijisteis… ¿quiénes son ellos?- preguntó Hikari curiosa. Miyako también levantó la mirada.
-Aún no lo sabemos… pero demasiados dioses caídos han estado llegando a la frontera en los últimos tiempos. Además… el no haber tenido protectora hasta ahora también ha hecho que la barrera se debilite. Si no logramos detenerlos, demasiados dioses vendrán y será imposible pararlo- Ken se mantuvo pasivo tras decir aquellas palabras. Hikari apretó ambas manos. Por su parte Daisuke apretó los puños.
-Eso es cierto… -afirmó Daisuke. –Pero para fortalecer la barrera necesitamos la espada- dijo entonces. Hikari vio como el resto del grupo se movía ligeramente nervioso. ¿Una espada?
-¿Y eso qué es?- preguntó ella curiosa.
-Es lo que te ayudará a sellar la barrera, Hikari- dijo tranquilamente su abuela. Hikari asintió.
-¿Y dónde está?- les preguntó. Si iba a ayudarla, sería mejor si la tuviera con ella. Pero por las miradas de todos dedujo que no sería tan sencillo saber donde estaba.
-Se la llevaron- pronunció Daisuke golpeando la mesa. Hikari vio como Ken miraba a Daisuke, esperando a que continuara. Pero el moreno no dijo nada más. Hikari asintió.
-Entonces debemos encontrarla- afirmó ella levantándose de la mesa. –Sí en algo puedo ayudar, lo haré- dijo convencida. Daisuke asintió.
-La verdad es que tú eres la única que podría encontrarla, pues la espada lleva la sangre de la antigua protectora- pero tras decir eso Daisuke se llevó ambas manos a la boca. Hikari levantó una ceja.
-¿Qué quieres decir con eso? ¿La sangre de mi madre?- fue la pregunta brusca que salió de los labios de Hikari. Pero simplemente vio como Daisuke intentaba negar rápidamente con la cabeza. -¡Daisuke respóndeme!- ordenó al muchacho golpeando con ambas manos la mesa.
-Déjalo Hikari- ordenó la mujer de blancos cabellos. Hikari la miró confusa.
-¿Qué ha querido decir con eso, abuela?- le insistió pero la mujer no respondió.
-Eso es otro tema, Hikari. Otro tema que ya hablaremos en su momento. Por ahora, buscad la espada y traedla a salvo- sentenció la mujer.
Hikari miró a sus acompañantes, aún con el ceño fruncido, pero no añadió nada más. Simplemente desvió su mirada y volvió a sentarse en su asiento. Sin ser ella consciente, Daisuke la miró con cierta tristeza en sus ojos.
-Mañana volveremos- dijo entonces Hikari. A lo que los demás simplemente asintieron.
Continuará...
