Capítulo 21

Kagome miraba el cielo nocturno desde su balcón y todo lo hacía en silencio, mientras esperaba a que su doncella terminara de componer la cama. Aun no podía entender como era que había regresado a ésta casa en la cual había sufrido mucho.

¿Se hubiese visto egoísta si no ayudaba a su hermano Bankotsu?

Tal si, tal vez no y de eso jamás lo iba a saber, ya que su primer reacción fue pensar en él no en ella. Frunció el cejo, en cuanto saliera de prisión ella misma lo mataría con sus propias manos por haber causado demasiados problemas.

¿Contrabando?

—¡Imbécil!

—¿Dijo algo milady?

Melissa se irguió en cuanto escuchó la voz de la joven y cuando vio que ella hacía una negación volvió a ocuparse de la cama. No habían querido hablar sobre el día en que salió huyendo, pero le hizo saber que ya no había bebé con una simple negación.

—Cuando se fue, el amo Inuyasha corrió…

—Melissa – interrumpió Kagome entrando a la habitación – Ya te he dicho que no quiero hablar del tema.

—Perdón, sólo creí que era necesario que lo supiera.

—No me interesa en lo más mínimo. Él puede hacer lo que se le plazca a partir de aquel día. Francamente ya no me interesa.

Su doncella asintió pero después arqueó una ceja.

—Si ya no le importa el amo ¿Por qué regresó?

Por estúpida, quiso decir, pero prefirió no responder a esa pregunta.

—Estoy muy cansada Melissa.

Ella pareció comprender que ella realmente deseaba estar sola, así que tras cambiar cortesías con ella se despidió y salió de la habitación. Una vez sola se quitó la bata y la dejó sobre recargada sobre una silla pero justo en ese momento escuchó como se abría la puerta y esto la hizo ponerse en guardia.

Inmediatamente volvió a tomar la bata y se la echó a los hombros al ver a la persona que entraba a la habitación.

—Creí que dormías.

—Eso estaba a punto de hacer antes de que entraras a mi habitación— su tono era frío y carente de emoción — ¿Qué haces aquí, Inuyasha?

—Deseaba saber si te ofrece algo – comentó con sinceridad y algo de preocupación.

—Si – ella asintió sin pestañar y mucho menos apartar la vista de él – Que te retires y me dejes descansar.

—Kagome – Inuyasha suspiró, cerrando la puerta tras de él – Necesitamos hablar.

Ella arqueó una ceja y una sonrisa irónica se dibujó en sus labios. Aún recordaba lo ingenua que había sido en el pasado, pensando que con una simple platica todos los malos entendidos se aclararían, incluso hasta llegó a entregarse a él por estúpida, por creer que con un simple acto de amor como ese, él cambiaria de opinión.

Que equivocada estaba.

Ahora era él quien buscaba hablar con ella. ¿Podría pagarle de la misma forma? ¿Es decir, acostarse con él y después correrlo de su habitación? Le pagaría exactamente con la misma moneda. Pero no, negó, no sería como él y sobre todo no podía arriesgarse a salir embarazada de nuevo. Ya había perdido un bebé, no podría engendrar otro y que corriera con la misma suerte.

—¿En serio? – Preguntó ella, mientras se cruzaba de hombros — ¿De qué quieres habar? – Preguntaba mientras daba un frágil paso hacia donde él estaba — ¿Cómo llegué a casa de mis padres? ¿Quién fue la primera persona que me vio vagando por la fría calle, bajo una intensa lluvia? O – cerró los ojos de puro dolor – ¿De cómo agonizaba en las cuatro paredes de una habitación – una lagrima rodó por su mejilla – Mientras le suplicaba al doctor Johnson que salvara a mi hijo?

Él agachó la mirada, incapaz de soportar como aquellos ojos color chocolate la miraban fijamente. Cuando vio esa lagrima rodar por su mejilla, en ese momento se sintió la persona más miserable y ruin del mundo por haberla llevado al borde de ese abismo. Lo cierto es que esos pensamientos lo atormentaban cada noche desde que se enteró de toda la vedad. Podía imaginársela postrada en una cama, convaleciente, con su rostro pálido mientras su vida dependía de un hilo.

Si pudiera retroceder el tiempo y llegara a aquel día, no cometería los mismos errores.

—Yo… — su voz flaqueó, la verdad no sabía que decirle.

—¿Tú que Inuyasha? – ella lo alentó

—Lo siento.

Kagome retrocedió un paso y una risa se escapó de sus labios.

—Nunca vas a entender el dolor que me has causado. – entornó sus ojos hacía él – En estos momentos eres la persona que más odio. Me das asco, solo te veo y te recuerdo en brazos de esa puta.

Él intentó acercarse para calmar el dolor que Kagome sentía, pero ella alzó la mano y lo detuvo.

—Ni un paso más Inuyasha – dijo severamente – Accedí a regresar todo por el imbécil de Bankotsu, pero quiero que sepas que entre tú y yo no habrá nada más. Seremos unos perfectos extraños en estas cuatro paredes, pero ate la sociedad fingiremos ser un matrimonio perfecto, una pareja que se ama.

Que utilizara esas mismas palabras que había usado con ella en el pasado lo hicieron parecer como una persona sin escrúpulos y sin sentimientos.

¿Tan miserable había sido?

—Pero… —alzó un dedo y lo miró fijamente – Intenta tocarme y te garantizo que me importara muy poco la vida de Bankotsu y me largaré de aquí en cuanto tenga la primera oportunidad.

Un dolor le oprimió el corazón a Inuyasha, era como si estuviera viendo a otra mujer, nada tenía que ver con la Kagome cálida y receptiva, la que no le importaba que hubiese sido un miserable, esa Kagome que era capaz de perdonar cualquier fallo. En cambio, ésta Kagome era más decidida y segura de sí misma.

Y no era porque la prefería sumisa, no, eso no tenía nada que ver. Simplemente si quería ganarse su perdón y tenerla entre sus brazos, primero debía ganarse a esta nueva Kagome en lugar de destruirla.

—Espero un día poder ganarme tu perdón y poder explicar mis acciones.

—Ya es muy tarde, no me interesan tus explicaciones – respondió tajante.

—Tendré esperanza de ello – avanzó un paso firme hasta colocarse justo en frente de ella – Por ahora respetaré tu decisión y prometo no tocarte ni intentar otra cosa contigo.

—Aunque sea un simple beso.

—Aunque sea eso – añadió por ultimo – Con tal de tenerte aquí y que estés a mi lado, todo basta.

Se apartó de ella y comenzó avanzar de espaldas hacía la puesta.

—Buenas noches – hizo una reverencia.

Salió de la habitación dejándola a ella con un mar de dudas. Fue en ese momento cuando supo que había estado conteniendo la respiración en cada momento.

Al día siguiente…

Frunció el cejo, por más que se esmerara en su bordado siempre sería un total y absoluto fracaso. Frustrada ante esta situación, hizo a un lado su tejido y tomó un ejemplar de cotilleos y comenzó a leerlo. Ante esta acción, su doncella la reprochó con una mala cara y una negación.

—Con ese genio nunca conseguirás marido, Rin

—No busco marido Agatha – dijo sin dejar de leer – Bien sabes que el matrimonio no se hizo para mí.

—Señorita Rin, debo señalarle que si acude a cada evento social es para eso.

—Sólo acudo por aburrimiento. Miroku se la pasa fuera de casa y Kagome esta indispuesta como para irla a visitar. Así que ¿Qué hago?

Su doncella frunció el cejo y la miró.

—!Aprenda bordado¡

Rin hizo a un lado el periódico y la observó unos segundos en silencio.

—Por lo visto no vamos a llegar a ningún acuerdo tú y yo.

Se levantó del sofá y camino hacía la puerta principal, pero antes de abrir la puerta fue interceptada por su doncella.

—¿A dónde piensa ir?

—A dar un paseo – ella se encogió de hombros – Me aburro.

—No voy a permitir que salga sola.

Rin esbozó una sonrisa y posó sus delicadas manos en los hombros de la menuda mujer.

—Pues entonces vamos a dar uno tú y yo.

—No quiero salir –ella negó.

Rin resopló, comenzaba a aburrirse, últimamente su doncella no quería hacer nada más que tejido, pero ella deseaba salir de esas cuatro paredes. Desde que el Lord Stone se fue hace unos días, la casa se había convertido más solitaria y grande que de costumbre.

—Ya me estoy cansando de tu negatividad– dijo – En ese caso iré sola.

—De ninguna manera.

Ambas comenzaron a forcejear, la doncella se había colocado entre la puerta y Rin, impidiéndole el paso.

—¡Oh! Vamos Agatha.

—Dije que no sale.

—Si no lo haces le diré a Miroku que te despida – amenazó apuntándole con un dedo.

—Puede decirle lo que quiera, estoy segura que me dará la razón en todo.

—Yo no lo estaría, soy su única hermana por lo que me hace ser su consentida. – intentó hacerla a un lado – ¡Así que muévete!

Justo en ese momento llamaron a la puerta y las dos se miraron una a la otra. Se alisaron el vestido y corrieron de nuevo a la sala. Rin tomó el bordado y fingió estar concentrada en su trabajo. Todo con la finalidad de esperar a que el mayordomo abriera la puerta y revelara la identidad de la visita.

—Milady – le hizo una reverencia el mayordomo – La busca el Lord Stone.

La doncella dibujo una "o" en sus labios en señal de sorpresa, así que de inmediato carraspeó y se puso de pie, recogiendo consigo sus cosas para tejer.

—¿A dónde vas? – preguntó Rin, deteniéndola en el otro lado de la sala.

—Olvidé que debo visitar a mi hermana – respondió con una sonrisa.

Esta vez fue ella la que dibujaba una "o" en su rostro y entornó los ojos hacía su doncella.

—Pero si hace un minuto no querías salir – dijo indignada ante la situación.

—Lo cual no niego – asintió la doncella – Pero no quería hacerlo con usted.

—¿De modo que piensas dejarme sola con él?

—Cariño – le pasó un dedo por las sonrosadas mejillas – No es a mí a quien viene a visitar ese caballero. – le guiño un ojo – Si fuera tú lo atraparía antes de que otra me lo quite.

—¡Agatha! – exclamó con las mejillas aún más rosadas.

—Luego me cuentas los detalles de la visita.

Y sin decir nada salió por la puerta que conducía al comedor. Rin apretó los nudillos de sus dedos, su doncella era una cobarde. No, negó para sí misma, era peor que una madre buscando marido para su hija. Era una mujer muy calculadora, bueno, de no haber sido por la visita de Lord Stone no la hubiera dejado salir sola.

—¿Milady?

Irrumpió sus pensamientos el mayordomo, quien esperaba una respuesta por parte de la joven.

— ¿Le digo que pase o que esta indispuesta?

Rin parpadeó y asintió.

—Hágalo pasar Demian.

En cuanto escuchó unas pisadas firmes y lentas, Rin se tensó de la punta a los pies y se concentró en el estúpido bordado que tenía en sus manos. No lo había visto desde que se fue un día demasiado apresurado, era la primera vez que lo vería en buen estado.

—No creo que el bordado se haya hecho para usted, milady.

Comentó Sesshomaru en cuanto entró a la salita de estar. Por su parte, tras escuchar su fuerte voz, ella esbozó una sonrisa e hizo a un lado ese bordado del que jamás iba a salir.

—Nunca he sido buena para esas cosas – respondió ella, invitándolo a tomar asiento – Ni para la música. Por más que de que Miroku se haya esforzado tanto en mi educación, siempre he sido un rotundo fracaso.

—¿Y en que es buena? – preguntó interesado, tomando asiento en el único sofá que daba en frente de Rin.

—Para las cartas – respondió con orgullo – En el cual, si mal no recuerdo le gané milord.

Una resplandeciente sonrisa se dibujó en los labios de Rin.

—Créame que jamás olvidaré ese día y por favor, olvidé las formalidades. Hablémonos de tu.

Ese comentario hizo a la joven sonrojarse de pies a cabeza. No era correcto, hablarse de "tu" implicaba otra cosa.

—No creo que sea lo adecuado milord – respondió ella de manera tranquila.

—¿Así si? – Él arqueó una ceja — ¿Me puede explicar las razones por las que debemos hablarnos con formalidad?

—Por qué… — se mordió involuntariamente el labio inferior. – Bueno porque – no se le ocurría nada – Porque no es lo adecuado y ya.

Sesshomaru alzó una ceja no muy convencido de aquella respuesta repetitivita.

—A ver si lo entendí – dijo con una voz fina y varonil – No es lo adecuado y ya.

—Así es.

—Tus respuestas son muy vagas, Rin.

Ella se sobresaltó al escuchar que ese hombre le importaba muy poco las formalidades y usaba un tono muy inapropiado para hablarle. Pero, la verdad sus nervios se disparaban cada vez que le hablaba o incluso el pronunciar su nombre en aquellos finos labios.

—Usted puede usar el formalismo si quiere – comentó él – Pero yo no.

—¿A que ha venido, MILORD? – hizo énfasis en esa última palabra mientras le ordenaba a una mujer de servicio que les llevaran té.

—Quería saber si te apetece dar un paseo conmigo mañana.

Rin roló los ojos y de vez en cuando miraba hacía la entrada de sala para ver si Agatha aparecía o incluso su hermana.

—Me encantaría, milord. Pero mi doncella no está incluso mañana sal….

—Creo que no me entendiste – interrumpió él – No me interesa salir con tu doncella – entornó sus ojos dorados hacia ella, mirándola intensamente – Sino contigo.

Abrió la boca y la cerró y cuando creyó que iba a dar su respuesta la volvió a cerrar.

—Claro – dijo al fin – Aceptaré encantada, milord.

—Sesshomaru – corrigió él.

—Milord – respondió ella educadamente.

Sesshomaru esbozó una media sonrisa, por lo visto nunca iba a sacarle su nombre de los labios a esa pequeña.

—¿Nunca voy a ganar, verdad?

—Así es, milord.

Entonces a él se le ocurrió una forma más justa de hacer que ella olvidara los formalismos y una sonrisa se dibujó en sus labios, esa que era capaz de derretir al mismo tempo todos los corazones de Inglaterra al mismo tiempo.

—Le propongo un trato – dijo él – Un juego de cartas. Si yo le gano, tú dejarás los formalismos. Pero si tú me ganas, nos hablaremos apropiadamente ¿Qué dices?

Rin esbozó una media sonrisa.

—¿Recuerda que la última vez le di una paliza, milord?

—Esa vez no estaba en condiciones, Rin – contraatacó él.

Después de meditarlo, Rin asintió, parecía justo ese pequeño acuerdo.

—Muy bien – respondió al fin – Pero solo será una partida. – aclaró ella.

—No es justo.

—No especificó las reglas del juego, milord.

Sesshomaru suspiró y asintió.

—Muy bien, acepto tus reglas.

Ella esbozó una sonrisa y de inmediato se puso en pie para ir por un juego de cartas. Sesshomaru la miraba con asombro de como esa pequeña mujer era capaz de barajear un juego de cartas, sin duda era una experta en eso. Seguramente había aprendido muy bien de Bankotsu y Miroku.

—No se sienta mal después de haber perdido, milord – dijo ella mientras comenzaba a repartir.

—Hablas como si ya fueras ganadora del juego, Rin.

—Recuerde que soy experta, milord.

Ambos contrincantes estaban concentrados en sus respectivas cartas, de vez en cuando Sesshomaru no perdía la oportunidad de mirar a la joven por el borde de sus cartas. Ella estaba concentrada en su propio juego y de vez en cuando podía ver como fruncía sus delgadas cejas. O como arqueaba una ceja, o como sus ojos color café se movían de un extremo a otro.

Habían trascurrido exactamente varios minutos de juego, ninguno de los parpadeaba o incluso hablaba, si acaso solo era para tomar una carta y cambiarla por otra.

—¿Listo para su derrota, milord?

—¿Y tú, estas lista, Rin? – Se aclaró la garganta – ¿Lista para mostrar tus cartas?

Entonces los dos al mismo tiempo mostraron sus cartas, solo para descubrir que habían empatado.

—Full – comentó Rin – Es una lástima, ninguno ganó, milord.

Pero él negó, no estaba dispuesto a perder.

—Entenderás que si hay un empate. Ambos jugadores deben sacar una carta y la que sea mayor gana. – Explicó —¿O piensas perder, así nada más?

Rin arqueó una ceja, ese hombre la estaba retando en toda regla, pero no estaba dispuesta a dejarlo pasar.

—Muy bien – asintió – Comienzo yo primero.

Y así, ambos tomaron cada uno una carta.

—Esta es la definitiva, Rin.

—Milady, por favor. Después de su derrota no le quedara más remedio que hablarme de manera formal.

Los dos contaron al mismo tiempo y al llegar a tres mostraron sus cartas. Rin abrió la boca y Sesshomaru esbozó una sonrisa.

—Ve diciéndome Sesshomaru por favor.

—Fue trampa – dijo ella, al ver su diez de trébol contra el as de diamante de Sesshomaru.

—Fue justa Rin – replicó él – Paso por ti mañana para dar un paseo.

—Como guste mi… — pero se cayó cuando lo vio alzar una ceja – Claro Sesshomaru, estaré lista mañana temprano.

Al entrar al estudio le sorprendió ver que no estaba el escritorio de Inuyasha, incluso hasta la silla. Los únicos muebles que estaban eran los sofás, pero no estaba ahí con el propósito de indagar para ver que encontraba. No, había entrado a su estudio con el único interés de buscar un libro. Ya no le interesaba cuidar el invernadero y Deisy no mostraba deseos de jugar con ella.

Tomó una escalera que estaba recargada en la pared y la recargó en una estantería, para poder tomar el libro que deseaba.

—¿Se puede saber qué haces ahí?

Kagome maldijo en su interior al escuchar la voz de Inuyasha proveniente de abajo. Él se encontraba apoyado sobre la escalera para evitar que ésta se moviese. Tomó cualquier libro y comenzó a bajar las escaleras.

Inuyasha se apartó para que ella pudiera bajar y evitar tocarla.

—Sólo buscaba un libro – dijo señalándolo cuando ya estaba con los pies en el suelo – Ya lo hice, así que me voy.

—Puedes entrar a cuando gustes y tomar los que quieras.

—Gracias – ella asintió.

Pero en ese momento quiso añadir un comentario desdeñoso.

—¿Estás seguro? – Preguntó — ¿No te veré revolcándote con una mujer en tu…— señaló el lugar donde había estado el escritorio .

—Kagome – susurró dolido.

—¿Por eso lo cambiaste? O acaso ¿Cambiaras de escritorio cada vez que tragas una mujer distinta y te acuestes con ella sobre él?

Y tras este último comentario, ella salió del escritorio dejando a Inuyasha pensativo, dolido y con la cabeza baja.

De hecho había ordenado que sacaran ese maldito mueve junto con la silla porque no quería tener el recuerdo de su estupidez, o incluso si Kagome entrara aquí (que fue lo que había pasado) no quería que ella recordara aquel doloroso momento.

Maldijo para sí mismo, esto iba ser muy difícil de lo que creía, recuperar su confianza no iba a ser tarea fácil y se demostraba en dos por tres.


Hola!

Siento mucho la demora, es que últimamente he estado muy apurada con las clases en lineal, tareas, envío de evidencias de las bendiciones y la verdad se me empalman mucho los horarios. Ni tiempo de escribir :(.

No se preocupen, que nada me ha pasado, si eso llegara a pasar tengo una persona especial que les dará aviso de ello!

Esa Kagome, ya esta sacando sus garras, como decimos en México "Que perra mi amiga!" (Algo así como que mala) pero pues el chico se merece cada uno de esos ataques hirientes.

Nos vemos en otro capítulo.

Aun no sé cuantos me falten para el final, pero viéndolo así entr (Máximo). Que dicho sea de paso, he estado pensando mucho en el final y por ahí les tengo preparada una sorpresa.

Besos y abrazos.

Se cuidan!.

BPB