6.

Cuando Hikari quiso darse cuenta ya habían llegado de nuevo al otro mundo. La joven llevaba una mochila rojiza en el hombro, con todo lo necesario para pasar todo el día en aquel mundo. Detrás de ella iban Daisuke y Ken, ambos completamente descansados.

-Bajemos- dijo ella. Ambos asintieron y el trío empezó a descender la colina. Hikari pudo ver a Yamato, apoyado en la pared de la primera casa de aquel lugar. Para su sorpresa, el joven rubio llevaba unas vendas sobre su hombre, que podían verse a través de las mangas cortas de la camiseta. Hikari echó a correr hacia situarse delante de él. Yamato levantó la mirada para encontrarse con los ojos rubís de la chica.

-¡Yamato! ¿Te encuentras bien? ¿Qué ha ocurrido?- le preguntó ella intentando acercarse hacia él, pero la mirada que le devolvió Yamato no era la que ella se esperaba. Era una mirada más bien fría y distante. Hikari tragó saliva.

-¿Tú qué crees?- dijo en tono grave.

-¡Matt!- oyó Hikari que decía Daisuke detrás de ambos. El rubio miro a su compañero y suspiró. Sin embargo no dijo nada más y empezó a alejarse de ellos. Hikari se quedó estática en su sitio hasta que el moreno la tomó del hombro.

-Lo siento Hikari, Yamato a veces se despierta de mal humor- intentó disculparse el moreno. Pero la mente de Hikari estaba perdida en aquellos ojos llenos de frialdad… que escondían algo más que simplemente hielo.

-Así que ya habéis llegado- oyó la joven detrás de ambos. Descubrió que era Joe, quien se acercaba hacia ellos junto con Ken. –Ken me ha comentado que ya sabes lo de la espada Hikari, me alegra que hayas decidido ayudarnos- ella sonrió ligeramente pero no dijo nada. Su mirada seguía perdida intentando reseguir los movimientos de Yamato, quien estaba mirando el horizonte lejos de ellos. Joe asintió. –Lo mejor será que subáis a la montaña para que Hikari pueda ver un poco más de este mundo. Entonces quizás sea capaz de notar algo- explicó el de cabellera azulada.

Ante aquellas palabras Hikari se giró hacia él.

-¿La montaña?- le preguntó. El mayor asintió y luego señaló a lo lejos, donde el horizonte era cubierto por aquella hilera de montañas.

-Desde allá arriba se pueden ver unas muy buenas vistas- afirmó.

-Está decidido- sonrió por su lado Daisuke. A lo que Hikari no pudo añadir nada más. Tras llegar a aquel acuerdo Joe volvió a meterse dentro de la casa. Cuando regresó llevaba entre sus manos lo que parecía una tela del color de la arena. Se la entregó a Hikari.

-Deberías ponerte esto- la muchacha la desplegó para observar que se trataba de una capa. Sonrió irónicamente, nunca en su vida había llevado una capa excepto en uno de esos carnavales del colegio. Con ironía se la colocó por encima de los hombros.

-Gracias, supongo- dijo al estar lista.

Tras decir aquello el grupo se dispuso a alejarse hacia las montañas. Daisuke tomaba la delantera y detrás de él iban Hikari y Ken. La muchacha pudo observar como Yamato se unía ellos con las manos metidas en ambos bolsillos. El lobo perlado apareció cual fantasma al lado del joven cuando empezaron a andar.

Hikari habría jurado que la montaña parecía estar más cerca de lo que habían caminado. Llevaban rato andando y ahora empezaban a subir el primer cacho de montaña. La chica no sabía si su condición física sería suficiente para llegar hasta arriba. Se prometió mentalmente que se apuntaría a alguna actividad extraescolar el próximo curso. Respiró hondo mientras seguía a Daisuke, el cual caminaba con ambas manos detrás de su cabeza. La joven miró tras de ella, observó a Ken quien parecía perdido en sus pensamientos y luego a Yamato, quién miraba el suelo. Entrecerró los ojos… ojalá descubriera porqué la había mirado de ese modo. Suspiró.

-¿Qué ocurre?- le preguntó entonces Daisuke. Hikari levantó la mirada y vio que el joven se había vuelto a colocar a su lado. Ella no dijo nada pero señaló con su cabeza a los dos miembros restantes del grupo.

-Creo que no les caigo bien- susurró evitando que así ambos la oyeran. Daisuke ladeó el rostro.

-No es eso Kari- intentó decir el chico. Pero Hikari volvió a sentir aquella sensación de que algo le estaba ocultando. –Simplemente este no es tan fácil para nosotros…-comentó en voz baja. –Es una decisión que no tomamos, simplemente nacimos siendo los "guerreros de la protectora", y es algo que llevamos en la sangre- Hikari le miró directamente a los ojos. –Supongo que estamos igual que tú, en un lugar que nadie pidió.

Hikari se quedó callada tras decir aquello. Sin embargo siguieron subiendo la montaña. A cada paso que se acercaban más a la cima, el frío iba intensificándose. Y Hikari poco a poco notaba que empezaba a jadear y que ligeras gotas de sudor le recorrían el rostro. Mientras el resto del grupo disfrutaba del tranquilo paseo. ¿Cuánto llevaban ya andando? Ella empezaba a quedar rezagada. Se paró un instante para coger aire y vio como el resto del grupo continuaba subiendo. Entonces notó que algo la empujaba ligeramente. Se giró dando un salto, era Garuru.

-Me has asustado- afirmó la chica volviendo a acariciar al lobo. El grandioso animal cerró los ojos y se dejó acariciar por ella, la cual sonrió tranquilamente.

-¿Por qué te has parado?- la voz grave la sacó de su ensoñación. Hikari se giró bruscamente para ver a Yamato cruzado de brazos, con la mirada clavada en ella. La morena simplemente tragó saliva. Por suerte para ella, detrás del rubio aparecieron entonces Ken y Daisuke.

-¿Todo bien?- preguntó el de cabellos castaños. Ella asintió y luego empezó a andar de nuevo, subiendo aquella montaña que parecía interminable. Pero entonces una piedra en su camino hizo que tropezara. Suerte para ella que Ken pudo tomarla del brazo.

-Cuidado- comentó el de cabellos azulados cuando ella pudo ponerse de nuevo en pie. -¿Te has hecho daño?- le preguntó. Y Hikari pudo notar una amabilidad que hasta aquel momento no había sentido en el chico.

-No, gracias. He de admitir que soy un poco torpe- tras decir eso la chica sonrió.

-No te preocupes, estoy acostumbrado a Dai- sonrió también el de cabellos lacios. Ambos pudieron oír como el mencionado soltaba algún tipo de queja. –Si estas cansada podemos descansar un rato- le informó Ken. La chica negó con la cabeza.

-Supongo que tampoco quedará tanto… -comentó mirando de nuevo el camino. En ese instante se dio cuenta de que llevaban más de media montaña subida. Ahora andaban por un, no demasiado estrecho, camino de montaña. El acantilado que se formaba en uno de los lados lucía ya bastante peligroso.

-Bueno…-le vio medio sonreír enigmáticamente.

Cuando finalmente Hikari consiguió llegar a lo alto de aquella montaña ya no quedaban dioses a los que maldecir. Ahora entendía aquella enigmática sonrisa de Ken cuando le había comentado que no quedaría tanto. ¡Por supuesto que quedaba! Casi más de lo que llevaban recorrido. Se sentó en la primera piedra redonda que encontró y sacó de su mochila lo que le quedaba de agua. Destapó la botella deseando llevarse el líquido a sus labios cuando la piedra sobre la que estaba empezó a moverse.

-¡Qué demonios!- gritó cayendo al suelo. El agua cayó por todos lados. La chica se giró confundida hacia la roca y vio como esta rodaba hacia otro grupo de rocas similares. Pudo ver como las rocas se juntaban para formar lo que le pareció una especie de muñeco de nieve hecho completamente de roca. La criatura debía medir casi medio metro y tenía dos piernas formadas por dos rocas redondas y dos brazos formados por dos rocas más. El cuerpo estaba formado por la roca que Hikari había confundido con un apreciado asiento. Vio como la criatura la miraba y luego se iba y empezaba a descender por el mismo camino que les había llevado a ellos allí. –Que amable- dijo irónicamente. Empezó a oír entonces unas carcajadas y antes de girarse ya sabía quiénes eran los que se reían. La mirada que echó a Ken y Daisuke era asesina.

-Eso es un Golem- le informó Daisuke tendiéndole una mano para que se levantara. Ella la tomó y se puso de pie. Entonces se quitó un poco el polvo de los pantalones. Levantó la cabeza y respiró hondo. ¡Al fin habían llegado al pico de la montaña! –Ven a ver eso, vamos- la guió Daisuke mientras señalaba el otro lado de la explanada donde se encontraban. Hikari supuso que aquello debía ser la otra cara de la montaña, y por tanto las vistas que Joe le había mencionado. Se acercó rápidamente.

Y en verdad eran hermosas.

La respiración de Hikari se cortó ante aquel espectáculo. Otras colinas aparecían a niveles inferiores de la montaña en la que estaban, con diversos senderos rodeados por arbustos. El mar se podía ver en uno de los lados, un mar que lamía costas de arena blanca. Pero por otro lado seguía habiendo tierra y árboles que parecían no terminarse nunca, que se perdían dentro del horizonte sobre nubes bajas. Frondosos bosques adornaban los pies de uno de los lados de la montaña, mientras que en el otro un riachuelo parecía descender.

Una sensación golpeó de repente a Hikari. Una sensación de melancolía y de nostalgia. También un deja-vu, de aquello que ella ya había visto una o más veces. Ella ya había visto aquello, aunque lo recordaba distinto. Algo había cambiado... Volvió a mirar el horizonte, donde las nubes parecían terminar el mundo. Entrecerrando los ojos intentó recordar que había detrás de aquellas nubes…

-Yo…yo ya había estado aquí- dijo en voz baja. Ken y Daisuke se giraron hacia ella sorprendidos. Hikari cerró los ojos intentando recordar. Notó calidez en su mano, y en sus recuerdos oía aquella voz.

-Sí, tu madre te trajo- oyó Hikari. La joven de cabellos castaños volteó rápidamente e intentó descubrir quien había dicho aquello. Pero sólo vio las miradas confusas de Daisuke y Ken sobre ella. Más alejado estaba Yamato, apoyado en unas rocas, totalmente ajeno a aquello.

-¿Quién ha dicho eso?- preguntó la chica. Daisuke frunció el entrecejo. Hikari vio como el muchacho abría la boca, pero de ella no salió ningún sonido. Pero cuando fue a decirle algo Daisuke empezó a desvanecerse, como si no fuera más que un fantasma. Hikari se giró y también Ken había desaparecido, ¡incluso Yamato! Ya solo estaba ella y sin que se hubiera dado cuenta una neblina blanca la envolvía.

-Finalmente nos volvemos a ver- oyó de nuevo aquella voz. Hikari se giró bruscamente, convencida de que debía venir de aquella dirección. Entonces se encontró de lleno con un gato blanco subido en una de las rocas. Pero para la sorpresa de la muchacha, el gato poseía tres ojos de color amarillo, además de tres colas que ondulaban y golpeaban fervientemente la roca en la que estaba. –Pequeña protectora.

Continuará...


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Tened paciencia, todos los personajes saldrán... todos tienen un papel asignado!

Nos leemos la semana que viene,

Kyo*4.