Capítulo 22

Era la última posada que revisaba y estaba completamente seguro de que en ese lugar encontraría a ese bastardo. Una vez en el interior pidió hablar con él dueño y ante él se alzaba un hombre de dos metros y de mucha masa muscular.

Después de analizar las características que Bankotsu le daba a aquel hombre alto, éste parecía hacer una nota mental de todos los clientes que había tenido cinco días atrás.

— Si – asintió al final – Hubo un hombre con las mismas señas que indicas. Pero estaba acompañado de una mujer muy hermosa con un asentó extraño.

Bankotsu arqueó una ceja, si era hermosa y tenía acento extraño probablemente era la ex amante de Inuyasha, Sabrina.

— Era menuda, lo recuerdo bien – comentó el hombre, llevándose los dedos a la comisura de sus labios – Rubia y sus ojos parecían azules o verdes. No sé la verdad – él se encogió de hombros – Lo que sé es que a simple vista parecía una prostituta.

— ¿Sabes si salieron juntos o por separado?

— Ese hombre pidió una habitación y permanecieron solo una noche. Al día siguiente salieron juntos, la mujer no dejaba de abrazarlo y sonreírle en todo momento.

— ¿Qué rumbo tomaron?

El hombre hizo un gesto pensativo, pero después negó.

— La verdad no. No les di mucha importancia.

Esto no le comenzaba a gustar en absoluto, lo más probable es que esa mujer se hubiese convertido en su nueva aliada tras la desaparición de Kikyo y posiblemente la muerte de Hakudoshi, al menos que haya conseguido un médico que le curara las heridas que le causó.

Debía alertar a Inuyasha cuanto antes sobre esto, para que estuviese al tanto de la gravedad de las cosas. Lo más probable es que hubiese hurgado un nuevo plan para acabar con él y su hermana.

Bankotsu asintió y le entregó una caja de whisky al hombre en agradecimiento.

A este paso que iba acabaría con toda la reserva.

— ¿Y bien? – preguntó Renkotsu.

— Nada – suspiró Bankotsu – Si no doy con él cuanto antes, Kagome podría estar en peligro, ahora que junto a él viaja la ex amante de Taisho.

— Lo que debemos hacer es custodiar a tu hermana –aconsejo Jakotsu.

— Taisho se está encargando de eso – respondió.

— ¿Y confías en él? Recuerda que por su culpa casi pierde la vida – dijo astutamente Jakotsu – Podemos regresar y yo personalmente me encargaría de eso.

Era verdad, pero también había sido engañado por las maquinaciones de Koga, atrapando a ese imbécil las cosas podrían mejorar.

Un poco.

— No confío ni en mi sombra en estos momentos, Jakotsu – respondió al fin – Sólo sé que quiero dar con en ese maldito cuanto antes y estoy seguro que estamos muy cerca de él.

Era el segundo día desde que ella había regresado y las cosas entre ellos no mejoraban en absoluto. Bueno, es que tampoco podía tener muy altas expectativas como para ver que las cosas tomaran su lugar. Estaba muy equivocado si pensaba que eso sucedería.

Pero no pudo evitar aunque fuese el sentir una ligera brisca de esperanza, mientras la contemplaba en la sala de estar, viendo su reflejo en el espejo mientras se acomodaba un sombrero y componía algunos mechones rebeldes de su cabello azabache.

Ella sintió su presencia y giró sobre sus talones.

— ¿Se te ofrece algo? – su tono era serio.

— ¿No me puedo permitir verte?

Ante su comentario, ella simplemente se encogió de hombros y se concentró de nuevo en el espejo.

— ¿Vas de visita a casa de tus padres?

Kagome roló los ojos, la verdad es que si iría a ver a su padre. Estaba preocupada por su estado de salud en estos días y aunque hubiese regresado no significaba que fuese una esclava entre estas cuatro paredes.

Giró sobre sus talones y avanzó muy lentamente hacía él.

— No – mintió – Saldré a dar un paseo con un excelente amigo – hizo énfasis en "amigo" – Espero que no te moleste – se cruzó de hombros y fingió una mirada de lo más natural – Pero descuida, no pondré en riesgo tu reputación e integridad.

Inuyasha tuvo que apretar los nudillos de las manos. Era cada vez más difícil acercarse a ella, cuando más pensaba que había traspasado ese muro que ella misma había forjado, se topaba con uno más alto que el anterior.

Pero es que simplemente verla acompañada de otro hombre que no fuera él lo hacía arder en su propio infierno. Estaba teniendo un escarmiento por los errores que había cometió cuando la obligó a vivir con Sabina y cuando los descubrió. Si por él fuera demolería esta casa y construiría otra con tal de evitar que ella tuviera esos recuerdos.

— Para nada – respondió con una fingida sonrisa – Puedes ser libre y salir cuando gustes. Siempre con responsabilidad.

— Oh – esbozó una media sonrisa – Que considerado eres – entonces jugueteó con el dobladillo de su saco – Te prometo que en todo Cornwall no te llamaran cuerudo.

Pero antes de que respondiera ante el comentario lanzado por parte de su esposa. Irrumpió en la sala Totosai, anunciando la llegada de un visitante.

— Disculpe milady – dijo él, haciendo una reverencia – El doctor Johnson ha venido a visitarla.

— Perfecto – respondió con una sonrisa – Mi visita ha llegado. Hágalo pasar Totosai.

En cuanto estuvieron solos de nuevo, Inuyasha no fue capaz de reprimir su maldito impulso y la tomó del brazo.

— ¡¿Vas a salir con él?! – era más una exclamación que pregunta.

— Si – Kagome asintió con una sonrisa zafándose de sus brazos – Y le tengo un agradecimiento por haber salvado la vida de mi padre y la mía. Lo cual también deberías sentir, ya que si no fuese por él yo estaría muerta y tu carga de conciencia sería muy pesada.

El silencio que se hizo entre ellos fue infernal, la tensión muy fácilmente se podía cortar con una navaja y ese duelo de miradas era una que no pensaban perder uno contra el otro.

— El doctor Johnson, milady.

No habían escuchado los pasos que se acercaban a ellos y fue la voz de Totosai que los hizo parpadear, no sabían cuánto tiempo habían estado así.

— Milady – Henry Johnson hizo una reverencia en cuanto había entrado a la habitación – Milord – miró a Inuyasha.

Pero él en lugar de responder simplemente inclinó la cabeza en un gesto de saludo poco cortes de su parte.

— Que gusto verlo doctor Johnson — comentó Kagome con una sonrisa coqueta de lo más fingida y avanzando hacia él lo tomó del brazo y vio a su marido

A Henry ese gesto lo sobrepasó, ya que había ido con la intención de saber el estado de salud de aquella mujer. Cuando le comentó su madre que había regresado a la casa de su marido no pudo evitar sentir una profunda decepción, pero al verla que lo recibía de una manera muy amistosa no pudo evitar sorprenderse.

– No me esperes a comer cariño, iré a visitar a mis padres y probablemente me quede todo el día.

Inuyasha simplemente levantó las manos y salió de la sala de estar, pero en cuanto paso a un lado de ese hombre no pudo evitar lanzarle una media mirada y esto hizo que Henry arqueara una ceja negra y esbozara una media sonrisa.

— Vamos Henry – dijo Kagome, guiando a su visita hacia la salida.

— Le saldrá caro este favor – comentó en un susurró el doctor.

— Sígame el juego – respondió Kagome con un apretón en sus fuertes brazos.

Una vez fuera de la mansión y caminando por las calles, Kagome se apartó de él y guardó una distancia apropiada para los dos.

— ¿Me puede explicar su comportamiento ante su marido, milady?

— No hay nada que explicar, milord.

De nuevo volvían con formalismos, de nuevo volvía a ser la mujer que conoció mientras atendía a su padre.

— Simplemente mantenía una ligera discusión con él.

— Y ahora seré el objetivo de su ira – comentó con una media sonrisa – Lo cual me preocupa sabiendo lo que pueda llegar hacer el duque.

Entonces ella se detuvo y lo miró fijamente.

— ¿Le tiene miedo a mi marido, milord?

— Para nada – él se encogió de hombros – Es solo un hombre con un título.

Siguieron caminando por las calles, de vez en cuando Henry la miraba de reojo y no pudo evitar esbozar una sonrisa. La mujer que tenía a su lado se veía muy bien ya no era aquella mujer que había tenido un estado crítico mientras intentaba salvar su vida.

— Veo que se ha recuperado del todo – comentó él.

Pero ese comentario causó estragos en el interior de Kagome. Podía verse bien a simple vista, pero por dentro, su corazón aún lloraba de dolor por la pérdida inesperada de su hijo, un hijo que apenas comenzaba a desarrollarse.

— Las apariencias engañan – respondió mientras agacha a la cabeza – Puede ver a una persona feliz pero jamás sabrá el dolor o los batallas por las cuales está pasando.

De pronto se sintió apenado por su comentario. No era la primera vez que atendía a una mujer a punto de perder a su hijo. Habían sido varias y todas ellas terminaban desecha y con surte se recuperaba emocionalmente al quinto día.

— Disculpe el atrevimiento. No era mí…

Kagome se detuvo y lo miró fijamente, interrumpiéndolo de golpe.

— ¿Podemos hablar de otra cosa que no sea sobre eso, Milord?

— Claro – asintió – Cómo usted deseé.

Rin se paseaba de un lado a otro, comprobando su atuendo. Estaba tan nerviosa y que no se había dado cuenta que había estado conteniendo el aliento durante períodos cortos de tiempo.

Miroku arqueo una ceja al ver a su pequeña hermana levantarse y de vez en cuando asomarse por la ventana.

— Noto tu nerviosismo – comentó en cierto tono de burla.

— No lo estoy – ella negó.

— Si lo estás. – Afirmó — Debo saber cuáles son las intenciones del Lord Stone.

Rin abrió los ojos de par en par ante el comentario de su hermano.

— Supongo que debe estar agradecido por el trato que le dimos mientras estaba convaleciente.

Su hermano alzó una ceja llena de incredulidad. Ahora que lo pensaba bien, había dejado a ese hombre bajo el cuidado de su hermana y que de pronto llegará él a invitarla a pasear suponían muchas cosas.

— De todos modos debo saberlo – respondió, fingiendo leer un libro – No es muy común que un caballero salga con una dama por agradecimiento.

— Te aseguro que es solo eso – insistió.

— Si tú lo dices – replicó – Agatha los acompañará.

— Agatha se fue a visitar muy temprano a su hermana.

— ¿De nuevo?

Rin se encogió de hombros, lo cierto era que tras haberle revelado a su doncella el motivo de la visita de Sesshomaru, la mujer desapareció con el afán de que ella saliera sola con él sin su compañía, era peor que una madre casadera.

Pero antes de que prosiguieran con su conversación, el mayordomo irrumpió en la sala anunciando la llegada de Sesshomaru.

— Hágalo pasar – dijo Miroku sin perder de vista a su hermana – Pero primero que pase a mi despacho.

— En seguida Milord.

Tras una reverencia el mayordomo salió para guiar al invitado al despacho.

— ¿Qué le dirás? – preguntó Rin alarmada.

— Nada – Miroku se encogió de hombros — Después de todo me has dicho que él está agradecido, no debe preocuparte – y una sonrisa burlona se escapó de sus labios — ¿O sí?

Ella negó y su hermano se marchó a su despacho para recibirlo en el despacho. Justo en ese instante se escucharon unos pasos firmes y decididos cruzar por el corredor, en cuanto sus miradas se encontraron éste le guiñó un ojo y continuó su trayecto hacía el despacho de Miroku.

Su corazón dio un pequeño respingo y contuvo el aliento tras esa leve muestra de coqueteo.

¿Debía preocuparse? No.

¿Miroku quería hablar primero con él sobre ella?

No, ella volvió a negar para sí mismo. Lo más seguro era que deseaba hablar con él para ver cómo se encontraba de salud. Aunque podía comprobar por si misma que lo encontraba muy bien.

En cuanto Sesshomaru entró al despacho, Miroku ya lo esperaba al otro extremo opuesto del escritorio. Con dos vasos de whisky. Lo miró fijamente avanzar hacia él, peor antes de que tomara asiento, soltó de golpe su pregunta.

— ¿Cuáles son tus intenciones con respecto a mi hermana, Stone?

Él esbozó una sonrisa ante esa pregunta demasiado directa. Tomó asiento y antes de responder, se bebió de golpe el trago que le había ofrecido Miroku.

— Muy directo Adamas – respondió – Pero seré igual de directo que tú – una media sonrisa se escapó de sus labios – Pienso cortejar a tu hermana y casarme con ella ¿Tienes algún inconveniente?

Miroku aclaró la garganta y se sirvió otro trago.

— No soy un duque – prosiguió con su comentario – Pero un título de marqués apropiado ¿No crees?

Era la primera vez que escuchaba sobre su título, de hecho lo tenía muy bien guardado. En todo Cornwall era una intriga, hasta ahora.

Sesshomaru recargó sus brazos en el escritorio y una determinación en su rostro apareció, mirando fijamente a Miroku.

— Escucha con atención. Si piensas que te voy a pedir autorización para cortejarla, estas equivocado. Esa decisión depende de ella y de nadie más.

— Pero soy su hermano, su tutor.

— Si – asintió – Pero en esto no tienes cavidad. Así que no te atrevas a interponerte.

— ¿Me amenazas? – Interrumpió – Recuerda que soy hermano de la mujer con quien planeas casarte.

— Pero si te opones olvidaré quien eres.

Era la primera vez que alguien le pedía la mano de su hermana, corrección esto no parecía ni una petición a cortejar a su hermana. Más bien una afirmación, estaba dando por hecho que su hermana aceptaría.

¿Así eran todas las pedidas de mano?

Recordaba que cuando pidió la mano de Sango estaba tan nervioso que su padre lo notó, no sabía cómo iba a solicitar que le permitirá cortejarla y fue él mismo quien llevó toda la conversación. Para él resultó de lo más fácil, pero ahora que estaba del otro lado, le resultaba difícil asimilar que su hermana tenía un pretendiente. Ya no sería la niña a la que cuidó con amor tras la muerte de sus padres. Si las cosas encajaban ella se iría y formaría su propia familia.

— No te preocupes. No me opondré, tienes mi consentimiento.

— No te lo estaba pidiendo – respondió con una sonrisa – Pero gracias.

— Puedes irte con ella.

Cuando salió respiró profundamente, ese hombre era más intimidante que su primo Inuyasha.

Inuyasha se recargó en el respaldo de su silla nuevo, cerró los ojos y no puedo pensar en lo que Kagome estaría haciendo en estos momentos acompañada de ese doctor. No le importaba su compañía, si no que estuviese a salvo, con Koga suelto no sabría si ese hombre sería capaz de defenderla. Por eso había enviado a Shippo para que los vigilara y sobre todo cuidara de Kagome.

Su mirada se desvió hacia el gran ventanal y contempló el cielo azul tras las cortinas blancas. Pero para él no era azul, más bien era un cielo rojo. Era totalmente culpable de todo lo que le había pasado a ella pero en el fondo deseaba que sus ojos volvieran a verlo con amor que lo perdonara y para demostrarle cuanto la amaba y sobre todo venerarla cada día de su existencia.

La puerta se abrió y entró Totosai con un sobre en la mano.

— Le mandan esto, milord.

Inuyasha frunció el cejo y tomó el sobre que su mayordomo le entregaba. Esperó a que él se hubiese ido. Lo miró por ambos lados, estaba pesado, porque le lleva por lo que descartó que hubiese sido una carta. Pero lo más curioso de todo es que no había ninguna nota de remitente lo que se le hizo sumamente extraño.

Sacó una cuchilla para abrirlo y lo vacío al escritorio. Pero se levantó de un solo movimiento al ver lo que yacía esparcido en el escritorio. Tomó un mechón azabache atado en un cordón rojo, un anillo y arete de Kagome, incluso retazos de sus vestidos. Entre todo eso había una nota escrita con una pulcra letra.

"Estoy más cerca de lo crees. Más vale que la cuides o podrías perderla

No olvides cuidarte o podrías terminar con un disparo en la cabeza querido primo.

K."

Inmediatamente salió y le preguntó a Totosai e incluso a Melisa si Kagome había regresado de su paseo con el doctor Johnson, pero los dos le respondieron que aún no lo hacía. Su único consuelo era que estaba Shippo a la guardia de ella y sobre todo, ese doctor no iba permitir que algo le pasara. Al menos confiaba en eso.

¿Cómo había conseguido las pertenencias de Kagome?

Tal vez el arete, anillo e incluso esas telas podían haber pertenecido a otra persona.

Pero el cabello, conocía ese cabello mejor que a su maldita existencia. Tal vez tenía un infiltrado en los muros de esta mansión, idea que descarto de manera inmediata en cuanto la pensó. Ya que prácticamente la mayoría de sus empleados eran de absoluta confianza.

Bankotsu se estaba tardando en dar con su paradero y si seguía a este ritmo, tendría que dar con él personalmente.

Regresó al despacho y volvió a guardar los objetos en el sobre, los tiró a una papeleta y les prendió fuego. Si Kagome regresaba no quería que se encontrara con esto ya que podría alarmarla.

— Ven por mi imbécil – dijo mientras contemplaba el fuego – Pero a ella no la vas a tocar, antes te mato maldito.

Su paseo había resultado tranquilo, afortunadamente Henry no le había hecho más preguntas y tras revisar a su padre se marchó. Ella también permaneció unas horas y cuando decidió retirarse ya era de noche.

No necesitó un carruaje para llevarla a casa ya que deseaba caminar y además no estaba tan lejos. Sirve que el caminar le ayudaría a pensar, sintió pasos siguiéndola pero tal vez era uno de los hombres de Inuyasha. Cuando estaba a unos metros de la casa, vio a Inuyasha conversar con su cochero y pero algo llamó su atención, y es que en frente de la calle había un hombre oculto tras un cochero, apuntando con una pistola justo en el pecho de Inuyasha y él, era ajeno a lo todo lo que lo rodeaba.

Podía ver en su rostro que tenía intenciones de matarlo.

Su corazón se detuvo, el tiempo se detuvo y el destino dependió de un disparo.

Disparo que rompió el silencio de la oscura y fría noche.


Hola

Fui haciendo el capítulo entre semana y a como llegaban las ideas se iba acomodando y el resultado fue algo que yo misma no esperaba.

Ya estamos en la recta final, siento el haberlas dejado en un suspenso frio. Yo estoy temblando y ni se lo que pasara, así que no me pregunten (aún estoy nerviosa)

Besos.

BPB