Hikari Yagami de Takaishi, anaiza18, Cesar14399, ¡muchas gracias por vuestros reviews! Somos poquitos todavía, pero espero que vaya creciendo el interés en esta historia. Mientras, yo escribo para mi y para vosotros y me sigo divirtiendo.
Sé que hay muchos misterios y sé que los capítulos son cortitos y todo va muy lento, pero aún queda mucha trama para desarrollar y muchos personajes que aparecer. ¡Paciencia y animo!
7.
Hikari miró de frente al extraño ser que acababa de aparecer delante de ella, aún sintiéndose intimidada por aquellos ojos amarillentos. El gato blanco se mantuvo dando coletazos a la roca, mientras ella lo encaraba. A su alrededor solo había una espesa niebla.
-¿Quién eres?- le preguntó la chica.
-Eso importa poco, la verdad- volvió a hablar aquel ser. La voz sonaba extrañamente aguda, cosa que sorprendió a la chica, que aguardó impaciente que el ser continuara. –El tema está en quién eres tú y por qué estás aquí, ¿no?- le preguntó, aunque Hikari pudo notar un deje de burla.
-Eso supongo que ya lo sabes- admitió ella. El gato asintió.
-Sólo quiero darte un consejo, Hikari- empezó a hablar el gato. –Antes de lanzarte, yo de ti preguntaría- aquello extrañó a la chica, tanto que solo pudo ladear la cabeza. –Todo a tu alrededor son misteriosos, pero simplemente sigues andando recto. ¿No te parece eso raro?
Hikari parpadeó un par de veces. ¿Más raro que la existencia de otro mundo? Pensó irónicamente que aquella conversación no iría a ningún lado.
-Creo que hay demasiadas cosas raras como para pensar de ese modo- dijo ella, a lo que el gato respondió con una carcajada. –Si eso era todo lo que querías decirme ya puedes hacer que esta niebla desaparezca- afirmó. El gato la miró directamente a los ojos.
-De pequeña eras más adorable, cuando eras una niña débil y enfermiza- soltó. Hikari levantó una ceja, un recuerdo ahogado en su memoria estuvo tentando a aparecerse en su presente. –Entonces te advertiré otra cosa: los cuervos os llevan ventaja.
-¿Los cuervos?- preguntó ella poniendo ambas manos en su cadera. El gato blanco asintió.
-De todas las criaturas que hay, los cuervos son de lo más odioso… con ese horrible gaznar que tienen- soltó el gato sin responder a la pregunta de la chica. –Sí no reúnes a tu grupo simplemente os pasarán por encima, debes reunirlos a todos. Los cuatro guerreros y el guardián.- Hikari ladeó el rostro. La imagen del cuadro volvió a su mente.
-¿Qué guardián?- preguntó cruzándose de brazos. Los cuatro guerreros sí lo tenía en mente, pero nadie había dicho nada de un guardián. No. Espera. Sí que lo habían dicho… recordó a Yamato riñendo a Daisuke. Las colas del gato golpearon la roca haciéndola volver a la realidad.
-El que está a punto de traicionarte- Hikari frunció el entrecejo esperando a que el gato continuara. –Como podrás imaginar, yo tampoco quiero tener que abandonar este mundo… pero como veo que no vais a llegar a tiempo también te daré una pista Hikari. Si vas a Andaria, encontrarás aquello que buscas.
-¿A Andaria?- preguntó confusa Hikari.
-Eso siempre que consigas llegar a tiempo…- tras decir eso el gato saltó de la roca y empezó a meterse dentro de la neblina blanca. Hikari intentó detenerle.
-¡Espera!- le llamó. Pero el gato blanco parecía ya haberse perdido dentro de aquella bruma. Hikari se cubrió el rostro al notar como la bruma empezaba a removerse como si fuera un tornado. Y entonces notó que caía.
-¿Hikari? ¿Puedes oírme? ¡Hikari!- oía como la llamaba una voz lejana. Notaba que también la zarandeaban, pero ella poco a poco regresaba a la realidad. Su cabeza parecía embotada, como si estuviera todavía dentro de su sueño. -¡Hikari!- la llamaron de nuevo. Poco a poco consiguió ir abriendo los ojos, lentamente.
Daisuke sonrió al ver a la chica volver de su inconsciencia. Era él el que la tenía entre sus brazos. A su lado, de rodillas, estaba Ken, quien también contemplaba preocupado a la joven. De pie detrás de ambos estaba Yamato. Hikari pudo distinguir el rostro de los jóvenes cuando su visión fue aclarándose lentamente. Se encontraba un poco mareada.
-¿Qué… qué ha ocurrido?- consiguió preguntar mientras se llevaba un brazo a la cara y se frotaba ambos ojos. Se quitó la mano bruscamente de la cara en un gesto que sorprendió a Daisuke. -¡¿Dónde está ese endemoniado gato?!- preguntó levantándose bruscamente. Pero el gesto hizo que se mareara ligeramente.
-Cuidado- y para su sorpresa fue Yamato el que la tomó del brazo. La chica se giró hacia el rubio, sorprendida. Él la soltó cuando comprobó que ella se sostenía en sus propios pies. -¿De qué gato hablas?- le preguntó. Entonces ella miró a su alrededor, seguían en la cima de la montaña, pero el sol estaba tan bajo que ya parecía estar atardeciendo. Las nubes que antes habían estado sobre el horizonte, ahora se estaban acercando, temerosas, a la montaña.
-Creo que deberíamos regresar- fue lo que dijo Ken al observar, al igual que Hikari, las montañas. Ella asintió, la verdad es que se sentía un poco despistada.
-¿Te encuentras bien Hikari?- le preguntó Daisuke. Ella hizo un gesto afirmativo, llevándose de nuevo una mano a la cabeza. El ladeó la cabeza pero finalmente asintió. Así los tres decidieron empezar el descenso de regreso. Mientras caminaban Hikari no podía quitarse de la cabeza aquella conversación tan extraña. Y la maldita imagen de aquel cuadro no dejaba de venirle a la mente. Las dos figuras del centro.
El camino de regreso se le hizo aun más eterno que el de ida, aunque esta vez poder ver el final del camino conseguía aliviarla. No como el silencio que rodeaba a los tres jóvenes… ¿por qué ellos no habían visto al gato? Esa sería la primera pregunta que le haría a Joe al llegar, el adulto que parecía más dispuesto a contarle las cosas. Cuando, a lo lejos, empezó a aparecer el conjunto de casas ella no pudo más que alegrarse.
Como era de suponer, el mayor los esperaba en la entrada de la última casa que daba a la colina.
-¿Cómo ha ido?- preguntó al verlos llegar.
-Hikari se ha desmayado- comentó sutilmente Daisuke. A lo que Hikari se giró de golpe.
-No es cierto, ha sido el gato- comentó. El joven la miró frunciendo el entrecejo. Joe ladeó el rostro.
-Será mejor que entremos- comentó. Tras decir aquello los miembros del grupo entraron en la casa y como en la ocasión anterior, se acomodaron en la sala repleta de libros. Yamato, por su parte, tomó su lugar al lado de la ventana. –Ahora cuéntanos, Hikari- le dio la palabra a la chica. Ella respiró hondo.
-Estábamos allá arriba, después de una subida infernal- ante aquello pudo ver como Daisuke sonreía ligeramente. –Entonces escuché una voz y ellos- señaló a los tres jóvenes- desaparecieron detrás de una espesa niebla. Entonces ha aparecido un gato blanco con tres ojos y tres colas y ha empezado a decir tonterías.
-¿Un gato con tres ojos?- la mirada de Joe pasó de Hikari al resto del grupo. Se llevó una mano a la barbilla. -¿Qué cosas te dijo? La chica reflexionó un instante.
-Bueno, no sé si será cierto… dijo que debíamos ir a Andaria- esperó para ver la reacción del grupo. Ken se movió ligeramente en su sitio y Yamato la miró de reojo. –También dijo que debía reunir al grupo entero… sino no podríamos hacer nada contra los cuervos. – entonces Hikari oyó como Daisuke chocaba su puño contra la palma de su otra mano.
-¿Los cuervos? ¿Así se llaman?- preguntó apretando los dientes. Hikari asintió. Luego entrelazó los dedos de sus manos y se quedó mirando el suelo.
-¿Hay algo más, Hikari?- le preguntó amablemente Joe. Hikari levantó la mirada para encontrarse con sus profundos ojos negros. Luego, sin poder evitarlo, desvió la mirada hacia el cuadro. Se levantó y se acercó hacia aquel viejo pergamino. Pasó sus dedos por delante de las figuras, por los tres guerreros… por el guerrero que faltaba… y por las figuras del centro.
-El guardián…-susurró entonces. Ante aquella mención notó como la tensión del ambiente aumentaba. Se giró hacia Joe con una mirada llena de curiosidad. De reojo pudo ver que ahora Yamato ya la observaba fieramente. Hikari tragó saliva. –Dijo que el guardián estaba a punto de traicionarme.
Hikari vio como la expresión de Joe se ensombrecía tras decir aquello, pero el rostro que más la sorprendió fue el de Yamato. El rubio se había levantado bruscamente de su lugar al lado de la ventana y su piel se encontraba pálida. Hikari frunció el entrecejo al ver como Daisuke también se levantaba bruscamente.
-¡Maldito sea!- gritó el joven moreno. – ¡No se atreverá!- dijo enfurecido. La expresión de Daisuke confundió aún más a Hikari, quien se atemorizó al ver como chispas saltaban de la piel del moreno sin que éste fuera consciente.
-Eso…no puede ser…-oyó la voz grave de Yamato. Hikari se giró hacia él, éste tenía la mirada totalmente perdida.
-¡Claro que sí!- se giró bruscamente Daisuke. -¡Se llevó la espada! ¿Para qué crees que se la llevó? ¡Para dársela! ¡Va a vendernos a todos!- afirmó.
Lo que vino a continuación fue el puño de Yamato estrellándose contra la cara de Daisuke. El moreno, quien estaba tumbado en el suelo, se cubrió rápidamente tras el golpe y miró con enfado al mayor rubio. Éste temblaba. Daisuke se levantó y encaró al mayor, dispuesto a enfrentarlo. Pero fue Ken quien se interpuso entre ambos.
-Parad, basta. Pelearnos entre nosotros no nos llevará a ningún lado- afirmó el de cabello liso. Hikari, quien sin darse cuenta había cubierto su boca con una de sus manos, tragó saliva. Entonces se acercó temerosa al grupo. Daisuke miraba el suelo, perdidamente.
-No…no lo hará- negó Yamato rápidamente con la cabeza. Entonces todos vieron como salía rápidamente de la casa. Hikari fue la primera en seguirlo, junto con Ken. Vieron como Yamato metía ambos dedos dentro de su boca y silbaba. Garuru apreció inmediatamente a su lado. La noche ya reinaba en el cielo cuando el rubio subió a lomos de su compañero.
-¡Yamato, detente!- intentó detenerlo Ken.
Pero fue demasiado tarde, Yamato y Garuru ya se habían lanzado a la carrera. Hikari solo pudo verlos atravesar la noche, fugazmente, hacia las montañas.
-¡Yamato!- gritó de nuevo Ken. Pero el rubio ya era totalmente incapaz de oírle. Hikari se giró hacia él, totalmente confundida. ¿Qué acababa de pasar? Ken la miró y entonces suspiró.
-El guardián…- dijo él ante la atenta mirada de la chica. –Es el hermano pequeño de Yamato.
Continuará...
¡Y aquí está! ¡Al fin! El hermano pequeño de Yamato. No sabéis cuantas cosas os tengo deparadas para el futuro de esta historia.
¿Comentarios? ¿Opiniones? ¿Quejas?
¡Review!
Nos leemos,
Kyo.4*
