Capítulo 23

— ¡Inuyasha!

Era inconfundible su voz y con el cejo fruncido la vio correr hacía él y no encendía el porqué. Solo podía ver sus ojos cargados de un matiz de miedo y preocupación.

Kagome corrió todo lo rápido que pudieron dar sus piernas, su único objetivo era llegar hasta él y evitar que ese sujeto disparara en contra de Inuyasha. ¿Podría llegar justo a tiempo antes de que dispararan?

Shippo se quedó parado en la calle sin lograr comprender absolutamente nada, fue encontrones cuando lo vio. Escondido tras unos arbustos y un carruaje se encontraba un sujeto apuntando en dirección hacia Inuyasha, no le pensó dos veces y sacó su arma. Disparó justo al mismo tiempo que él, que la detonación se escuchó como un solo disparo.

—Qu…

Inuyasha fue presa del pánico, Kagome se había abalanzado sobre él, interponiendo su cuerpo y la bala. Ambos yacían en el piso y lo único que podía escuchar era. Estaban tendidos en el suelo, ella sobre de él y sólo podía escuchar su respiración acelerada y sus pequeños quejidos de dolor.

De inmediato la tumbo sobre el suelo y fue presa de un frutal pánico. Toda su ropa estaba mancha de sangre, de su sangre.

— ¿Kagome?

Pero sólo recibió como respuesta un grito de dolor. Su respiración era más pausada, todo su cuerpo ardía por dentro y le era muy difícil controlar sus respiraciones

Hizo una seña a Hoyo para que fuera en busca del doctor Johnson.

—Lo quiero aquí en menos de diez minutos.

Tomó a Kagome en brazos y la llevó hasta su habitación, mientras en el camino le iba susurrando palabras de aliento.

Shippo se acercó al hombre que disparó y antes de que él se levantara y huyera, volvió apuntar su arma, pero esta vez en la cabeza.

— ¿Quién jodidos te mandó?

—Tú sabes quién me envía – aquel hombre no mostraba ningún arrepentimiento de lo que hizo – Habría acertado mi tiro, si esa mujer y tu bala no se hubiesen interpuesto.

—Te habría matado de todas formas.

—Pero tu patrón estaría muerto.

Ante la vista de Shippo el sujeto tomó su arma y se apuntó a la cabeza.

—Dile a tu patrón que él está cada vez más cerca. Siguiendo todos sus pasos.

Y sin previo aviso jaló del gatillo acabando con su propia vida.

—Que patético.

Cada maldito minuto que pasaba se le había hecho una eternidad. De pronto, mil pensamientos se le cruzaban por la mente y sólo podía contemplar el abismo. Ese maldito cobarde lo había vuelto hacer, atacar a traición. ¿Por qué no se enfrentaba con él de una buena vez? Sería mucho mejor acabar todo esto de hombre a hombre. Batirse a un duelo al amanecer y el ganador se quedaba con el título.

Pero no era así, Koga era de los que preferían apuñalar por la espalda sin medir las consecuencias de sus actos. Si por su maldita avaricia llegaba a perder lo que era más preciado para él, se encargaría de buscarlo y acabar poco a poco con su miserable existencia.

—También estas herido – comentó Bankotsu.

Bankotsu había llegado segundos después de la tragedia y él personalmente acompañó a Shippo en busca de Johnson

Él miró su brazo herido y se encogió de hombros sin darle importancia.

—Es lo de menos – respondió – Me interesa más la vida de Kagome que la mía.

Hasta este punto había comprendido cuán importante era en su vida y si algo le llegaba a pasar él mismo acabaría con la suya para seguirla hasta el más allá. Comprendía que si la quería vivía y sana debía hacer todo lo posible, aunque sólo hubiese una solución a todo esto. Aunque esa decisión terminaría por desgarrarlo por completo.

—Lo mejor será que anule mi matrimonio con ella.

Bankotsu, que hasta hace momento estaba de pie contemplando las escaleras para ver si bajaba el doctor y abordarlo, frunció el cejo y dio media vuelta para encontrarse con los ojos perdidos y tristes de Inuyasha.

— ¿Perdón? ¿Escuché bien?

Él se recargó en el respaldo de su asiento e hizo una mueca a causa del dolor. La bala había traspasado el hombro de Kagome rozando su antebrazo.

—Koga me quiere a mí y mi título – comentó – Si Kagome dejara de ser duquesa ya no sería objeto de su interés.

—Pero la utilizaría como carnada para atraerte ¡No seas estúpido!

Inuyasha volvió a negar y se levantó de su asiento.

—Escucha, soy el único causante de las desgracias que ha padecido tu hermana. Lo mejor para ella es que este matrimonio se termine. Una vez que Kagome se recupere por completo podrá regresar a casa de sus padres y tendrá una vida plena y sin dolor.

Tal y como se lo había dicho Bankotsu, Kagome era capaz de dar la vida incluso por él, quien tanto daño le hizo. No estaba preparado para perderla de un día para otro. La primera vez no pudo consolarla por la pérdida de su hijo y está segunda vez hizo que las cosas se aclararan en su mente.

— ¿Estas completamente seguro de lo que dices?

—Muy seguro – asintió – Incluso la dejaré bien acomodada antes de la separación.

Bankotsu no sabía si reír o golpear a ese idiota. Tal parece que no había entendido muy bien el riesgo que tomó su hermana al salvarlo y esto era porque a pesar de todo el daño que le hizo aún le importaba e incluso se atrevía a pensar que lo amaba.

—Pues yo creo que te va a mandar al diablo si haces eso.

—No me interesa a dónde me quiera enviar – él negó –si con eso la mantengo a salvo para mi esas que suficiente.

Entonces comenzaba a comprenderlo un poco. El sacrificio que era capaz de hacer con tal de ver a su hermana feliz y con vida pero sin él, era una profunda muerta de amor hacia Kagome.

—Tú – lo señaló – La amas.

Inuyasha agachó la mirada y contempló sus ropas manchadas por la sangre de Kagome. Si, la amaba y era por eso que quería evitarle más sufrimiento.

—Si – asintió – Y por ella soy capaz de todo.

—Entonces demuéstraselo– lo retó Bankotsu – No dejes que Koga gane. Busquemos a ese infeliz y acabemos con él pero sin que dejes a Kagome.

—No – él negó – Esto es algo que voy hacer yo, me concierne solo a mí.

—Te equivocas. Tu maldito primo casi acaba con mi hermana, me mandó a prisión y por su culpa mi padre casi pierde la vida. Así que esto ya es personal para los dos. Sin olvidar que también encerró por cinco años a Sesshomaru. Ese hijo de puta tiene cuenta pendiente con los tres no sólo contigo.

Tenía razón en una cosa, Koga tenía que rendir cuentas ante los tres. Pero aún así su determinación era clara. Él también había sido un hijo de pura con Kagome por creer que intentó matarlo junto a su hermano, no se merecía el sacrificio que hizo de salvarle la vida. Esa bala debió matarlo a él y no herirla a ella.

Se escucharon pasos en las escaleras y de un solo salto se puso de pie, pero antes de que Bankotsu preguntara por el estado de su hermana, él se anticipo a preguntar.

— ¿Cómo está?

No sabía descifrar la expresión en el rostro del doctor Johnson, era una mezcla de preocupación con algo presido a la ira.

—Afortunadamente la bala traspaso su hombro sin dejar secuelas.

Ante esto Inuyasha soltó el aliento que había estado conteniendo desde que bajó el doctor.

—Por lo que debe tener reposo, le he puesto un sedante que le permitirá dormir parte de la noche.

—Gracias — Hizo una inclinación Inuyasha.

Pero el doctor Johnson tenía el cejo fruncido, estaba molesto porque por segunda vez esa mujer pudo perder la vida. Se preguntaba cómo un hombre descuidado como él, podría llevar al borde así a su esposa. Si él estuviese casado con una mujer tan bella como la duquesa, se esforzaría cada maldito día por mantenerla a salvo, feliz y a cada minuto le dictaría el tiempo en amarla.

—Puede agradecerme con cuidar bien de ella.

Bankotsu arqueo una ceja ante su insolencia e Inuyasha apretó los dedos.

—Es la segunda vez que asisto a la duquesa – señaló las escaleras que conducían hacia la habitación – Debería cuidar bien sus posesiones más preciadas milord. Porque en un descuido no vaya ser que otro se las robe.

Al ver que Inuyasha lo fulminaba con la mirada y no decía nada, estaba dispuesto a intervenir Bankotsu. Pero de nuevo lo interrumpió el doctor.

—Está herido – dijo al ver su camisa blanca manchada en sangre – Le curarse esa herida.

—No hace falta doctor Johnson – respondió él, haciéndose hacía atrás – Mi herida es superficial, por lo que yo personalmente la curare.

—Si así lo desea. No dude en ir a buscarme si algo pasa – hizo una reverencia a ambos caballeros.

Pero Inuyasha ya lo estaba mirando con el ceño fruncido.

—Eso haremos. Buenas noches doctor Johnson.

Ambos contemplaron el trayecto del doctor hasta perderse en la sombras de la noche.

—Y pensar que es el mejor en el pueblo – comentó Bankotsu.

—Le salvó la vida a tu padre y a Kagome la ha asistido dos veces. Juzgarlo tú.

—Prácticamente dejo entrever que está interesado en mi hermana...

Este comentario a Inuyasha le incómodo mucho y Bankotsu no dejó pasar la oportunidad.

—Además, siendo honesto es gallardo.

Cielos, ya parecía a Lady Flora y sus métodos casamenteros.

— ¿A dónde quieres llegar con todo esto, Bankotsu?

—Piénsalo por un momento. Si anulas el matrimonio con Kagome, ese doctor podría intentar cortejar la una vez que ella esté soltera. – dijo con astucia.

La idea lo hizo arder de pies a cabeza, el simple hecho que él se le acercara le producían unos celos terribles. Pero ya había tomado una decisión y no existía forma alguna de que pudiera cambiar de parecer. Si, le dolería mucho si ese doctor se le acercara.

—Mejor iré ver cómo está tu hermana.

—Si – Bankotsu asintió – Yo…— señaló la puerta – Estaré afuera.

Inuyasha abrió la puerta de su habitación, tal y como se lo había dicho el doctor Johnson. Kagome está sumergida en un sueño muy profundo, Melissa estaba sentada al otro extremo de la habitación custodiando el sueño de la joven.

—Vaya a descansar. Cuidaré de ella toda la noche, si necesito algo se lo hago saber.

—Lo que debería hacer es atenderse esa herida, hubiera aprovechado que el doctor Johnson estuvo aquí.

—No es nada – se encogió de hombros – Solo es una rozadura. Estoy bien.

—Disculpe que difiera en eso milord – insistió Melissa – Le voy a curar esa herida.

Aquella mujer insistió tanto que Inuyasha accedió a que ella le curara esa herida así que fue su material de curación a su habitación. Él aprovechó ese momento que tuvo a solas con Kagome para contemplarla dormir. Se acercó a la cama y con un dedo acarició sus su sedoso cabello y la piel suave.

¿Cómo proteger a la mujer que amaba?

Ella en lugar de haberle salvado la vida habría dejado que se muriera por todo el daño que le hizo. En cambio, Kagome le dio una lección, que a pesar de las heridas y el dolor causado, nunca se debía guardar rencor.

Su determinación era clara y nadie lo iba a poder sacar de ello. La dejaría en libertad no sólo para protegerla sino para no ser egoísta. No quería forzarla a estar al lado del hombre que le había causado tantas lágrimas en el pasado. Al contrario, la quería volver a sonreír como cuando la conoció la primera vez. Como cuando la vio por primera vez jugar con Deisy. Desde que había regresado en ningún momento la había visto sonreír, siempre se mostraba tensa y esperaba cualquier reacción de su parte.

Una mueca de dolor se dibujó en su rostro, tal vez la medicina que le había suministrado el doctor Johnson no era tan efectiva después de todo.

El doctor Johnson.

No sólo tenía que lidiar con un primo fugitivo que intentaba matarlo en la menor oportunidad que tuviera, sino también estaba ese doctor y sus intenciones, que si bien no fueron claras, hizo saber de un modo indirecto que estaba interesado en su esposa.

¿Soportaría verla con él una vez que Kagome fuese libre?

Se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente.

—Tú sabes que es lo mejor para ti – susurró – Espero que me perdones y seas feliz.

La puerta se abrió y entró la doncella con todo el neceser para curar la herida de Inuyasha. Lo hizo tomar asiento en una silla y le quitó la camisa de lino blanca, que más bien estaba roja debido a la sangre de Kagome y de él.

— ¿Me dirá lo que está sucediendo, milord? –preguntó la mujer mientras tomaba un paño de agua caliente y limpiaba la herida.

—No sé a qué se refiere – fingió no oír la pregunta.

Pero Melissa no era una mujer tonta y no por algo su abuela la había criado con mucho esmero, así que ligeramente apretó la herida para hacerlo hablar.

—Si sabe a lo que me refiero – comentó – Dudo mucho que esa bala hubiese salido así porque sí. Y ella – señaló con los ojos a Kagome – Vio a la persona que intentó matarlo y se anticipó.

Inuyasha arrugó la frente de solo recordar ese momento. Como ella corría preocupada, con toda la velocidad que le pudieran dar sus pies para llegar hasta él y salvarlo.

—Lo que debió hacer es dejar que esa bala llegara a su destino.

— ¿Está diciendo que el intento de mi niña por salvarlo fue en vano?

—Lo que quiero dar a entender es que para ella hubiese sido mejor que yo estuviera muerto – miró a Kagome – Mira a donde la he arrastrado. Casi pierde la vida dos veces por mi culpa –agachó la cabeza –No me la merezco y moriría si algo le pasara. La amo tanto que soy capaz de dejarla libre.

—Entonces cuídela, protéjala y hágale ver lo que realmente siente – aconsejó ella – Si realmente la ama como dice, debe demostrárselo a ella.

Cortó los últimos trozos de venda para atarla muy bien a su antebrazo. Después se llevó todo el material de curación y lo dejó a solas con Kagome.

Inuyasha permaneció unos momentos más hasta que salió de la habitación, debía redactar una carta para solicitar la disolución de matrimonio. Pero antes quería saber qué fin tuvo el hombre que había matado Shippo.

Al pasar por la sala le pareció ver una sombra y frunciendo el cejo se adentró en ella. No había nadie, solo afuera los relámpagos que avecinaban una tormenta.

Estaba en un campo, el día era soleado y podía escucharse los pajarillo cantar y a lo lejos el sonido del mar. Era el día perfecto para salir de paseo. Pero el cielo soleado comenzaba a ser remplazado por unas nubes negras que oscurecían a su paso todo. Fue cuando sintió una extraña sensación de ser observada por algo.

Algo le decía que miraba hacia atrás y cuando lo hizo, solo fue testigo de cómo una sombra se devoraba todo a su alrededor e iba por ella. Sin nada más que hacer y muerta de miedo fue cuando comenzó a correr. El cielo nublado amenazaba con dejar soltar una torrencial y violenta lluvia y al escuchar el sonido de los truenos fue ahí donde se despertó.

Era solo un sueño.

¿Dónde estaba?

Se sentía mareada y un dolor que le quemo hasta las entrañas se hizo presente en el hombro. Entonces fue capaz de recordar todo, recordaba cómo fue corriendo hacía Inuyasha, para evitar que fuera alcanzado por esa bala y como el impacto había dado en su antebrazo.

¿Se encontraba él bien?

Sólo podía escuchar su voz diciéndole que todo estaría bien y que pronto llegaría el doctor Johnson para revisarla.

El aliento de otra persona acarició su frente haciendo que los bellos de su piel se erizaran por completo. Este aliento no tenía nada que ver con cálido, era frío y podía percibir la maldad en él. Si al menos la habitación estuviera iluminada podría distinguir con facilidad si se trataba de un fantasma o de una persona.

Un relámpago azotó afuera e iluminó la habitación por completo, revelando la identidad de la persona que estaba a su lado.

Ella inclinó la cabeza y esbozó una media sonrisa, llevaba en las manos una daga filosa y la tenía sujeta por arriba de su cabeza, pero apuntando en el pecho de Kagome.

—Voy a matarte – su voz era áspera – Y una vez que lo haga me quedaré con todo lo que te pertenece.

Kagome sintió el verdadero terror. Sabina parecía un fantasma viviente, tenía la ropa desarreglada, el cabello desaliñado y su rostro completamente demacrado.

—Baja eso Sabina – dijo con toda tranquilidad, no deseaba alterarla y que esa daga terminara clavada en su pecho – No quieres hacer esto de verdad.

Sabina esbozó una sonrisa y estalló en risa.

—La verdad es que si quiero hacerlo. Incluso debí hacerlo desde el primer día que llegue. Supe que serías una molestia para mí.

No les informarían nada a las autoridades hasta el día siguiente. Mientras tanto comprobó que Shippo y Hoyo guardaban muy bien el cadáver del sujeto que habían matado. Ordenó que soltaran a Deisy ya que el animal no dejaba de ladrar y probablemente estaba cansada de estar encerrada en el cobertizo.

Regresó de nuevo al interior de la casa, su principal interés era salvaguardar la vida de Kagome. Pero al pasar de otra vez por la sala de estar algo le llamó la atención. Entró y de nuevo todo estaba oscuro. Pero podía ver como Deisy se detenía en la ventana y en una posición a la defensiva y sobre todo sin dejar de ladrar.

Su actitud no puso en alerta, probablemente había un extraño en el interior de la casa.

— ¿Sabes que desde esta posición donde estoy puedo matarte?

Era la voz inconfundible de Koga, Inuyasha intentó sacar su arma, pero éste de lo impidió.

—Si la sacas te mato. Tengo ventaja – dijo mientras salía de las sombras – Levanta las manos donde pueda verte.

Lo hizo pero sintió deseos de abalanzarse sobre él y acabar de una buena vez con todo esto. En frente de él estaba el causante de todas sus desgracias. Si tan solo hubiese advertido quien era en realidad, estaría completamente seguro que acabaría primero con él, antes de que pudiera hacer más daños.

Koga salió de las sombras con una pistola en mano.

—Al fin das la cara imbécil.

Su primo esbozó una sonrisa.

—Como dice el dicho "Si quieres que las cosas salgan como uno quiere, debes hacerlo tú mismo"

—Y supongo que te refieres a matarme.

—Supones bien querido primo – él le guiñó un ojo — ¿Sabes? Para ser un duque y presumir de tu seguridad, dejan mucho que desear. Tienes unos hombres muy incompetentes o yo soy el hábil.

—Eres idiota, eso es lo que eres – cada palabra lo decía sin medir las consecuencias — ¿Por qué no acabamos de una vez con esto? ¿Qué te parece un duelo? El ganador se queda con todo. Creo que es una forma muy civilizada de acabar con todo esto.

—Como si fuera tan fácil Inuyasha. – Suspiró – Pero no, primero gozare haciéndote pedazos y después tendré una larga sesión privada con tu bella esposa y al final todo esto será mío como debió haber sido desde un principio.

Inuyasha frunció el cejo y dio un paso en dirección hacia él pero Koga lo detuvo.

—Antes te mato si intentas hacerle algo.

Pero Koga, quien aún no borraba la sonrisa de sus labios negó y estalló en risa.

—Inuyasha, para ese momento tú ya habrás estado muerto. Además, no puedo creer que a estas alturas del partido sigas subestimándome. Si yo hubiese sido tú, tendría vigilada la puerta de Kagome – entonces asintió al ver un matiz de preocupación en sus ojos dorados –Así es, ella en estos momentos tiene una grata compañía.

Kagome rodó sobre la cama antes de que Sabina clavara la filosa daga sobre el colchón. Rodó hasta la orilla y cayó de costado al piso, pero no pudo evitarlo sobre el brazo herido, que al sentir el impacto siento un fuerte dolor.

Se incorporó rápidamente solo para ver como la mujer sacaba la daga del colchón y avanzaba muy lentamente hacia ella, con una media sonrisa en los labios. Ella también lo hizo, hasta topar de espaldas con la mesa de centro que había en la habitación, y ahí permanecía de pie, vigilando cada movimiento de Sabina. Debía llegar hacía la salida y pedir ayuda, advertir a Inuyasha de su presencia, pero antes tendría que mover a esa mujer que se interponía en el camino.

Sabina pareció leer sus pensamientos y negó.

—No cariño – chasqueó la lengua entre los dientes – Tú no saldrás viva de esta habitación.

—Será mejor que te quites, de lo contrario pienso gritar y todos vendrán en mi búsqueda.

Ese comentario hizo arrancar una sonrisa en Sabina.

—Yo en tu lugar no haría eso – avanzó un paso hacia Kagome – Veras, él tiene una grata visita haya abajo – comenzó a explicar – Y si alarmas a todos en la casa, bueno…— ella se encogió de hombros – Esa visita tendrá que matar a tu amado esposo. Piensa un poco o eres tú, o es tu esposo.

No se iba a quedar de brazos cruzados viendo como esa mujer se acercaba con ella mientras amenazaba con matarla. Estaba entre la espada y la pared. Aunque en esta ocasión era entre la mesa y la daga. Sus manos buscaban a tientas algo sobre la mesa que le sirviera como arma de defensa en contra de esa mujer. Fue hasta que sus dedos palparon el enrome florero que había tras de ella. Solo tenía que esperar para reaccionar.

—Te mataré – volvió a decir – Y seré la próxima duquesa.

—No si yo lo permito.

Arrojó el florero, pero su mala puntería sirvió para desestabilizar a Sabina pero aun así aprovechó para poder salir de la habitación. Sabina fue más rápida y antes de que ella pudiera bajar las escaleras la sujeto del brazo y la estrelló contra la pared. El impacto hizo que Kagome se golpeara fuerte en la cabeza.

Ahora la sujetaba con una mano el cuello pero sin llegar a ahorcarla. Kagome tuvo que intentaba quitársela con ambas manos pero le resultaba completamente inútil.

—Desde el momento en que te vi supe que serías una amenaza para mí – comenzó a decir la rubia – Gozaré matarte, he soñado con cortar esa linda cara de ingenua que tienes. – Pasó la daga filosa sobre su mejilla – No entiendo como un hombre como Inuyasha pueda estar enamorado de ti. Me lo quitaste y pagaras por ello.

Sabina volvió a sacar la daga y estaba vez tenía intenciones de no fallar, de dar justo en su objetivo. Kagome vio de reojo como alzaba el puñal para tomar fuerza y podérsela clavar en el pecho y de un movimiento repentino, pescó en el aire el brazo de la mujer.

—Eres un maldito dolor de cabeza ¿Lo sabes? – logró articular con dificultad.

Una descarga de adrenalina comenzó a recorrer todo su cuerpo dándole la suficiente fuerza necesaria como para quitarse de encima a aquella molesta mujer. La que debía tener intenciones de odiarla más era precisamente ella, quien por su culpa había perdido a su bebé.

Fue doblándole poco la muñeca hasta lograr que tirara la daga y poco a poco pudo quitarse su brazo del cuello. Ahora era ella quien la sujetaba de ambas muñecas y fue empujándola hacia atrás.

—La que debería matarte soy yo maldita…

Pero no tuvo tiempo de decirle todo lo que sentía cuando el cuerpo de Sabina se precipitó de espaldas, cayendo escaleras abajo. La hubiera arrastrado con ella, pero Kagome se agarró fuerte de la base de las escaleras y lo único que vio fue como el cuerpo de aquella rubia rodaba por las escaleras, golpeándose la cabeza contra un muro de madrea.

Inuyasha y Koga se miraban fijamente sin hacer el menor movimiento.

— ¿Y qué harás cuando me mates?

—Mataré a Sesshomaru – comenzó a explicar – Él es una amenaza para mis planes. Después a Bankotsu, que sin deberla ni temerla se metió en todo esto.

—Lo involucraste tú al mandarlo a la cárcel.

—No – Koga negó con la cabeza – Los dos.

Entonces un fuerte impacto se escuchó en las escaleras y vio a alguien tendido sobre ellas. Temió lo peor, pensando que ese cuerpo era el de Kagome. Pero la vio de rojo asomarse por la sala, sin ser vista por Koga.

Tenía intenciones de entrar a lo que él hizo un gesto simulado de negación.

—Fue un error que solucionare. Debo admitir que lo de Sesshomaru no lo tenía contemplado, quería matarlo pero no lo hice. Así como no pude hacerlo contigo el díe de tu boda.

Kagome que permanecía oculta, escuchando cada parte de la conversación, se llevó la mano a los labios ante la confesión de Koga.

—En cambio solo te dejé esa maldita cicatriz. Todos mis problemas se habrían solucionado si te hubiese metido un plomazo en el corazón y así conseguiría lo que deseaba.

—Solo es un título que esta maldito.

—No – él negó – Es un título que me daría poder y cumpliría todos mis caprichos.

—Terminarías por acabártelo en meses, incluso en años.

—Lo hubiera tenido, si la frígida de tu esposa me hubiese aceptado como esposo.

¿Qué estaba diciendo? ¿Koga fue el que intentó matar a Inuyasha solo para quedarse con su título? ¿Y casarse con ella para acceder a él? Eran toda la clase de preguntas que bombardeaban los pensamientos de Kagome y de pronto se sintió asqueada por todas aquellas veces que lo había invitado a cenar, por aquellas salidas, en las que si bien, fueron forzadas no dejaron de ser eso.

—A lo mejor muy en el fondo supo la clase de calaña que eras.

—Tal vez, pero bueno, basta de charla – avanzó un ligero paso — ¿Hay algo que quieras decir antes de morir?

Inuyasha asintió.

—Cuidado con ella.


Hola chicas, el próximo capítulo es el final.

Espero les haya gustado y nos vemos… ¿Qué pasara? ¿Anulara su matrimonio? ¿Se perdonaran? ¿Quién entrara en acción?

No sé, nos vemos y cuídense mucho.

BPB