Gracias a los que leen y más gracias a los que comentan. Poco a poco espero que os esté gustando!
8.
-Debemos ir tras él- ese era Daisuke, quien salía de la casa con una de sus mejillas totalmente roja. Pero al sentir la mirada preocupada de Hikari no pudo más que restarle importancia. –Lo bueno de cuando te golpea Yamato es que ya no necesitas ponerte hielo- le sonrió.
Pero la joven seguía intranquila. Dirigió de nuevo su mirada hacia el más allá. Ligeramente se mordió el labio.
-Jamás lo alcanzaremos…-admitió Ken. –Si va encima de Garuru será imposible- entonces el de cabellera lisa se giró hacia el resto del grupo. –Solo podemos esperar que no haga ninguna tontería- era la esperanza de todos.
-No- para la sorpresa de ambos chicos era Hikari quien hablaba. –Debemos ir tras él… esto ha sido culpa mía… si no hubiera hablado con ese gato…-la joven de cabellera castaña tenía la mirada perdida en el suelo. Ken negó con la cabeza y miró con ojos severos a Daisuke. Éste último se pasaba una de sus manos por detrás de la cabeza.
Tras unos momentos tensos fue Joe quien intervino en la conversación.
-Seguramente Yamato se dirige a Andaria… lo mejor será que mañana le sigáis- afirmó el de cabellera oscura. Luego se cruzó de brazos. –Cuando estemos más calmados decidiremos qué hacer con respecto al guardián… Por hoy será mejor que descansemos- los demás sólo pudieron asentir ante aquello. Joe levantó sus ojos oscuros y observó a Hikari, quien seguía mirando el horizonte. –Hikari, lo mejor será que vayas a casa… seguro estás cansada- pero la chica no dejó de mirar el horizonte.
-Vamos, te acompañaremos- la tomó del brazo Daisuke.
Lentamente los tres fueron caminando en dirección a la colina, pero antes de entrar en el bosque Hikari se detuvo y se giró hacia sus dos acompañantes.
-Desde aquí puedo ir yo sola- afirmó ella. Daisuke la miró confuso.
-¿Seguro?- le preguntó. Pero ella asintió rápidamente y sin esperar respuesta se metió en el bosque. No hacía falta que se girara para poder ver las caras de sorpresa de sus dos acompañantes. Pero ciertamente quería estar sola. Apretó los puños. Seguramente se había equivocado diciendo aquello, quizás aquel gato le había tendido una trampa… pero algo en su interior le hacía creer que el gato no mentía. Quizás… solamente quizás, se trataba de sus recuerdos dormidos.
Ese lado del bosque realmente estaba oscuro, Hikari miró al cielo y pudo contemplar, por entre una abertura en la copa de los árboles, dos lunas. Frunció el entrecejo, pero sí que había dos lunas en el cielo. La primera, la mayor, era parecida a la luna de su mundo… sólo que esta parecía ser más grande o estar más cercana. La segunda luna estaba acompañando la primera, y era más pequeña en tamaño y de un color rosado. Hikari parpadeó un par de veces ante aquello, pero la segunda luna no desaparecía… realmente formaba parte de aquel cielo.
Sopló una ráfaga de aire frio y la chica se ciñó la capa. Si no fuera por las dos lunas el bosque estaría en completa oscuridad. Respiró hondo y siguió andando, oyendo el crujir de las hojas debajo de sus pies. Porque aquel sonido era el único sonido de aquel oscuro bosque.
Se mordió el labio… quizás no había sido una buena idea ir sola…
Pero antes de poder terminar aquel pensamiento vio, como a su lado, aparecía una pequeña luz rojiza. Intentó acercarse, pero la luz pareció alejarse de ella. Entonces se dio cuenta de que la luz se movía a la par que ella, y que no era sólo luz sino que también era calor. Agradeció aquello ya que fue lo que la permitió seguir andando. En cierto modo, tener aquella luz cerca era como tener una vela en una casa sin electricidad un día de lluvia.
La luz, que parecía estar flotando en el aire alrededor de Hikari, la acompañó hasta que el bosque pareció ir iluminándose. Hikari pudo darse cuenta como, poco a poco, la claridad de los días de otoño empezaba a inundar los árboles y la tierra… y como volvían los sonidos. Sonrió cuando realmente se sintió en un terreno totalmente distinto.
Se giró hacia la luz rojiza, pero ésta ya no estaba. Se encogió de hombros y mientras seguía recorriendo el bosque para llegar a su casa una voz se oyó de fondo.
-"Un placer ayudarte".
-Esto es un suplicio- jadeaba de nuevo Hikari mientras intentaba beber agua de la botella que traía consigo. De nuevo había subido a aquella maldita montaña, y ésta vez en tiempo record. Daisuke y Ken no podían más que intentar evitar reírse de ella, quien estaba sentada en el suelo sudando tras la larga subida. La chica sacó luego, de su mochila, un paquete de galletas de chocolate y empezó a devorarlas con afán.
-¿Estás bien Hikari?- le preguntó Daisuke. Ella asintió sin dejar de comer.
El día anterior habían comentado que partirían a Andaria sin perder más tiempo. Intentarían atrapar a Yamato y volver juntos, para entonces decidir un plan. Hikari había descubierto que Andaria era un pueblo portuario de aquel mundo, que ella misma había decidido bautizar como "Mundo loco". Sin embargo ella no había querido preguntar nada sobre el tema del guardián, al ver como solo la mención de aquella palabra ponía tensos a sus compañeros. Más que el guardián el tema interesante era el de la espada… aunque parecía que también la tenía el guardián…
-Y este mundo… ¿no lo gobierna nadie?- fue la pregunta que hizo mientras enroscaba el tapón de la botella y se levantaba del suelo. Miró a sus dos acompañantes.
-Bueno… están las cuatro casas- le informó Ken. –Supongo que ese es el organismo que dirige este mundo, se supone que son los herederos de los dioses supremos y cada casa es la encarga de un punto cardinal. Aunque este mundo puede crecer y encogerse a voluntad de los dioses- terminó.
-¿Cómo se entiende eso?- fue la pregunta de la chica. Vio como Daisuke bostezaba.
-Bueno… yo tampoco lo sé demasiado bien- se encogió de hombros el de cabello liso. –Pero ante tu pregunta, sí, hay gobierno y es el de las cuatro casas. Lo que ocurre es que en los últimos tiempos muchas personas han intentado dejar este mundo e irse al mundo de los humanos… como los dioses cada vez son más peligrosos, todos quieren abandonar este mundo.
Hikari asintió silenciosamente. Luego miró aquellas vistas que ofrecía la montaña y volvió a comprobar las nubes oscuras comiéndose el horizonte. Seguro tenían que ver con aquello.
-Bueno, pongámonos en marcha- dijo Daisuke. Luego empezó a caminar para descender por la otra cara de la montaña. Los demás asintieron y le siguieron.
-¿Por qué has dicho que muchos "han intentado" irse al mundo de los humanos?- preguntó ella mientras seguían bajando. Dio un salto evitando una de las tantas rocas del camino. Ken, quien iba detrás de ella, intentó no perder el equilibrio saltando la misma roca instantes después.
-Por qué nadie que sea de este mundo puede irse al otro- sentenció. Hikari le miró, sorprendida. –Estamos aquí, atrapados… por eso es importante que este mundo no caiga.
-¿Y por qué entonces los de las cuatro casas no están haciendo cosas para evitarlo?- preguntó ella. Ken entonces se encogió.
-Pues no lo sé- el muchacho se paró. –Pero… ¿a qué viene todo esto ahora?
-Supongo que es curiosidad- sonrió ligeramente la chica. Luego ambos quedaron en silencio, siguiendo el descenso. Era curiosidad, sí… pero algo más… la sensación de que algo no terminaba de andar bien en aquel mundo. La chica miró al cielo, donde lo que parecían unos pájaros blancos pero con forma de serpiente, atravesaban las nubes. El sol no se sentía, para nada, cálido.
Sin darse ella cuenta, el trío había conseguido llegar a la orilla del riachuelo que Hikari pudo contemplar desde la montaña. El agua parecía bajar fresca de los picos helados aunque el riachuelo no fuera más ancho que unos cuantos metros. La joven se sentó al lado del agua a descansar y observó su reflejo. La verdad era que no se veía demasiado bien, con el pelo pegado a la cara debido al sudor y algunas manchas de barro debido a algún que otro tropezón. Intentó ver más allá de su reflejo y pudo descubrir algunos peces de rio moverse por dentro de aquella agua. Los peces eran de tantos colores como sólo su imaginación le permitía crear, y parecía que iban cambiando según el ángulo de visión.
Pero entonces ella oyó un sonido que le recordó al batir de alas. Levantó la mirada al frente, lentamente, para descubrir, al otro lado del riachuelo, un cuervo negro que la observaba. Si los cuervos tuvieran boca, Hikari habría jurado que estaba sonriendo macabramente. Antes de que ella pudiera abrir la boca, el pájaro levantó el vuelo, feroz hacia ella.
-¡Ni se te ocurra!- fueron las palabras que oyó de Daisuke. De repente el joven se encontraba delante de ella, con los brazos en cruz deteniendo algo. Hikari pudo ver que delante del chico había lo que parecía ser otra persona, pero de cabello largo negro y brazos en forma de cuchilla. Daisuke, entonces, descruzó bruscamente sus brazos empujando a aquella persona. El misterioso ser aterrizó al otro lado del riachuelo y Hikari pudo ver la macabra sonrisa del cuervo reflejada en la boca de aquella persona.
Efectivamente, su cabello era largo y negro. Sus ojos eran dos esferas plateadas y profundas, sin pupilas, aunque su rostro parecía humano. Llevaba lo que parecía una capa del mismo tono de su cabello y, como Hikari había visto, sus brazos parecían dos afiladas cuchillas.
-¡Daisuke!- gritó Hikari al ver como el ser volvía a lanzarse contra el joven. Daisuke volvió a cruzar los brazos y chispas azuladas nacieron de nuevo de su cuerpo. El choque fue brutal, pero el joven no se movió en ningún momento. Hikari entonces sintió como un brazo la arrastraba hacia atrás y luego Ken se puso delante de ella. Daisuke volvió a lanzar a su contrincante hacia delante.
-Quédate detrás de mí- oyó la voz de Ken. Hikari asintió. Pero cuando Daisuke se giró hacia ambos no pudo más que llevarse la mano a la boca, debido a las dos profundas heridas que tenía el joven en sus brazos.
Pero la tregua duró pocos instantes. Esta vez, cuando el enemigo se lanzó hacia Daisuke, este no lo detuvo con sus brazos sino que creó una esfera entre sus manos que llevó directamente contra el ser. La bola impactó de lleno en las cuchillas y el ser rebotó contra el suelo, sufriendo a la vez la descarga. Tras un primer grito, el ser pareció recuperarse y lanzo una cuchillada a las piernas de Daisuke. El improvisado movimiento hizo que el joven recibiera de lleno el impacto y soltara un quejido. Tras eso cayó al suelo. El ser se levantó de nuevo y se preparó para propinar una patada. Pero en aquel instante dos fuertes y gruesas raíces aparecieron entre Daisuke y el misterioso ser.
Era Ken, quien acababa de golpear el suelo creando aquel ataque. Cuando las miradas del ser y la del joven de cabellos azulados entrechocaron, este último se lanzó al combate. Este momento fue aprovechado por el ser, quien con sus cuchillas cortó las dos raíces que acababan de crecer. Daisuke, por su parte, aprovechó el momento para retroceder hacia atrás y levantarse. Aunque Hikari pudo ver que cojeaba de una pierna al hacerlo.
-¿Te encuentras bien?- fue la pregunta de Ken cuando llegó al lado de su compañero.
-Perfectamente- mintió el de cabellos castaños. -¡Mierda!- gritó al ver como el ser intentaba atacarlos de nuevo. Ken golpeó con su pie el suelo y una fisura empezó a crearse en el terreno. Daisuke aprovechó aquel terremoto causado por su amigo para atacar de nuevo con una de sus esferas. Pero el ser había saltado en el aire a una altura increíble y sorprendió a Daisuke golpeándolo desde el cielo. Daisuke fue a parar al suelo. El ser entonces lanzó una cuchillada al aire y Hikari pudo ver cómo Ken salía volando y chocaba de lleno contra el tronco de un árbol.
Hikari soltó un grito que no llegó a salir de sus labios al ver a sus dos compañeros en el suelo. Y entonces empezó a oír una horrible y femenina carcajada.
Continuará…
Sé que los capítulos son cortitos, pero mi intención es hacer de esto un cuento. Para los fans de los personajes que aún no han salido solo decirles que tengo papeles importantes reservados y que quedan muchos, muchos capítulos. ¡Aníamos a comentar!
Grácias.
Nos leemos,
Kyo.4*
