Capítulo 24

—Cuidado con ella.

Koga no comprendió el significado de esas tres palabras hasta que escuchó un impacto contra la ventana, haciendo que miles de fragmentos de cristales cayeran sobre el suelo.

Delante de él se alzaba orgullosa Deisy, el gran danés. Estaba en guardia sin dejar de gruñir y mostrar sus filosos dientes.

Anteponía su cuerpo para defender a su amo de aquel invitado no grato.

—También me desharé de ti – prometió Koga.

—Será mejor que no la subestimes – dijo de lo más calmado Inuyasha, sin perder de vista a Koga y mucho menos a Kagome – Deisy es más que lista y sabe la calaña que eres.

— ¿Vas a decirle que me ataque? – Preguntó irónico – No le tengo miedo.

Deisy inclinó su largo cuerpo y tal pareciera como si estuviese a punto de abalanzarse sobre él. Dispuesta a atacarlo si intentaba algo en contra de su amo.

Inuyasha no sabía por qué ella actuaba así, probablemente era cierto que percibía las malas intenciones de Koga. Los animales eran muy intuitivos y a pesar del daño que le hizo a Kagome, ella jamás había intentado atacarlo.

Koga estaba listo para disparar.

—Después de terminar con ese animal seguiré contigo y después gozare de tu esposa.

Pero si quiera Deisy dejó que disparara, porque con un ladrido se precipitó sobre él atacándolo, haciendo que cayera de espaldas y soltara el arma.

Inuyasha tomó la pistola que yacía en el piso y su principal instinto fue ir tras Kagome.

Miró por el borde de su cabeza y comprobó que la quién estaba tumbada sobre las escaleras era Sabina. Menuda traidora, era probable que esa maldita se hubiese aliado con Koga.

— ¿Estas bien?

Preguntó mientras comprobaba que todo está bien en ella. Pero hizo una mueca al ver su brazo manchado en sangre.

Su herida se había abierto.

— ¿Y tú? – logró articular.

Esta conmocionada ante la confesión que había escuchado por parte de Koga. Ese hombre era el causante de todas las desgracias que habían padecido los dos.

—Vete – él en cambio no contestó a su vez que depositaba el arma en sus manos – Vete lejos.

—Pero…

— ¡Es una orden! – su tono era áspero pero se podía distinguir su preocupación en él.

Ella asintió y cuando la vio avanzar hacia la salida regresó a la sala. Donde pudo ver cómo Koga luchaba el animal para evitar que lo mordiese.

Por otro lado, Kagome fingió abrir la puerta y cerrarla. Volvió a regresar y está vez estaría dispuesta a disparar. Aunque no sabía hacerlo, suponía que no sería difícil detonar un arma.

Koga a cómo pudo apartó a Deisy le propinó una patada en el estómago, haciendo que perdiera el equilibro.

Esto lo aprovechó muy bien Inuyasha porque ahora era él quien se precipitaba contra su primo. Por el impulso que había tomado Inuyasha ambos salieron proyectados hacia la ventana que había quebrado Deisy.

Kagome entró a la sala de estar una vez segura de que Deisy no sufrió ningún daño, salió por la ventana.

En el jardín y con una lluvia intensa cayendo sobre sus cuerpos. Ambos hombres se enfrentaban en un duelo a puño cerrado.

El primero en hacerlo fue Koga, que dio uno en la mejilla. Inuyasha movió de un lado a otro la cabeza para evitar marearse.

—Debiste quedarte en Italia imbécil.

Todos los ruidos que habían causado alertaron a los hombres de Inuyasha y al propio Bankotsu, quienes se aproximaron al jardín. Él en cuanto vio a su hermana se quitó su chaleco y se lo puso sobre los hombros.

—Debes ayudarlo – pidió ella.

—No – su hermano negó al punto de quitarle el arma que llevaba en las manos – Es una cuenta pendiente entre los dos.

—Si – asintió – Pero por su culpa te mandó prisión y padre sufrió…

—Deja que él se encargue – interrumpió – Si veo que necesita ayuda intervengo. Aunque creo que no soy el único que lo haría.

Kagome estaba preocupada, jamás había visto tal cosa y temía lo peor.

Inuyasha aprovecho el descuido Koga le asestó un gancho al hígado que lo dobló de dolor para después rematar con uno por debajo del mentón.

Koga dobló las rodilla de dolor y antes de que pudiera reaccionar, Inuyasha se había colocado de tras de él y prensó su cuello con un brazo, mientras que con el otro sujetaba su cabeza.

—Sería muy fácil romperte el cuello y así acabaría con tu maldita vida.

—Vamos – susurró Koga, con el labio partió y salpicando sangre – No serias capaz. Eres un cobarde.

—No me pongas a prueba. Estoy a un paso de hacerlo.

Pero una mano delicada se posó en su hombro. No tenía que voltear para saber a quien pertenecía. Su piel y todo su maldito cuerpo reaccionaban al mil cuando ella estaba cerca de él.

—No lo hagas – dijo con voz suave.

Inuyasha suspiró, que más bien parecía una risa irónica.

—Merece morir por todo lo que nos hizo – una lagrima rodó su mejilla – Por su culpa perdimos cinco malditos años. Tu padre no habría sufrido en un infarto y tú…—señaló con la vista su vientre, ese lugar donde sería el hogar de un hijo que jamás llegaría a conocer.

Pero más bien, esa culpa de la adjudicada él mismo. Koga no había tenido nada que ver con ello.

—Es un asesino.

—Si – ella asintió – Pero tú no eres como él.

Inuyasha inhaló profundamente y soltó el aire. Hasta en esos Momentos ella daba prueba de su gran bondad.

Cuánto la amaba y al mismo tiempo le dolía. Le dolía todo lo injusto que fue con ella y todo a causa de su primo.

—Deberías agradecerle – arrastró las palabras.

Y para asombro de muchos lo soltó, dejándolo caer al suelo. En cuanto lo soltó, Koga comenzó toser y recuperaba el aliento que había perdido a causa de su primo.

Sin mirar a los demás lo único hizo fue tomar a Kagome entre sus brazos, ella se dejó ser en ese momento, calando un brazo alrededor de su cuello.

Llamó a sus hombres y aguardó a que estuvieran a lado de él.

– Ya saben que hacer con él. – giro media vuelta y añadió – También a Sabina, ella está adentro. Ya saben que hacer con ellos.

—A la orden – asintió Shippo.

Hoyo levantó a Koga del brazo.

—Levántate, tú y yo daremos un paseo nocturno junto a tu puta.

Kagome miró por el borde del hombro de Inuyasha.

— ¿Qué se supone que saben lo que tienen que hacer con ellos? – le preguntó, mientras se encontraba con sus ojos dorados.

—Mejor no saberlo. – respondió.

Al pasar a lado de Bankotsu, Inuyasha se detuvo con Kagome aún entre sus brazos.

—Menomaru llega esta noche. – Informó — Entrégale la mercancía. Él ya sabe lo que tiene que hacer con ellos.

Bankotsu asintió, estaba exhortó, había quedado como un imbécil ante Inuyasha.

— ¿Qué hay de lo otro que está en el cobertizo?

Se referían al hombre que intentó matarlo.

—Los dos ya tiene instrucciones. Acompañaras a Hoyo mientras que Shippo se encarga de lo otro.

Kagome frunció el cejo ¿De que estaban hablando?

Bankotsu asintió y fue en ayuda de Hoyo y juntos amordazaron a Koga.

— ¿Ahora si ya no eres tan valiente, verdad? – Se burló Hoyo – Hubiera preferido la muerte en tu lugar. A donde vas, no habrá paz.

Shippo llegó con Sabina, quien comenzaba a recuperar la cordura.

— ¿A dónde me llevas?

—Menomaru vendrá por los dos.

Al escuchar eso, la mujer anclo sus talones en el pavimento.

—Por favor, no – suplicó – Desapareceré, no sabrán de mí.

—Demasiado tarde mujer. Elegiste mal.

Una vez que los subieron al carruaje, Bankotsu no pudo dejar pasar el preguntar sobre el destino que ambos tendrían.

—Tu amigo Menomaru no sólo se dedica a traficar con whisky – comentó Shippo, cerrando la puerta del carruaje.

—Vende esclavos – concluyó Hoyo – Y a buen precio. Imagina cuánto pagará por ese lord y la mujer.

—Probablemente se quede un tiempo con Sabina antes de que la venda a un burdel. —Explicó Shippo — Siempre prueba primero la mercancía.

Se preguntaba que destino habría tenido Kagome si la verdad no hubiese salido a flote.

No hacía falta que despertará a Melissa, pues la mujer lo había hecho en cuanto escuchó todo.

Acompañado de ella subió hasta la habitación de Kagome y la depositó con mucho cuidado sobre la cama.

—Me iré para que le pueda curar esa herida.

—Si milord – asintió ella.

Sus ojos se encontraron por última vez antes de que él saliera de la habitación para darles intimidad.

Inuyasha entró a su estudio y lo primero que hizo fue tomar una botella de Whisky que estaba sobre una pequeña cantina y se dejó caer sobre el sillón, mientras contemplaba la chimenea apagada.

Se llevó la botella a los labios y bebió un poco de aquel líquido.

Nunca había experimentado tal miedo como el de está noche. Había vuelto a ponerla en peligro y Koga se había adelantado a sus movimientos. De no haber sido por Deisy seguramente las cosas habrían sido diferentes. Pero el hecho de que Sabrina se hubiese aliado con su primo, era algo que si bien se lo esperaba, jamás entendería sus razones, tal vez había guardado resentimiento por la forma en que la había echado de la casa, aunque ciertamente no existía ninguna razón para que ella permaneciera más aquí.

Seguramente Koga le había prometido ser duquesa y ella se dejó envolver por él.

Que estúpida había sido.

Pero no podía dejar de pensar en el hecho de que a Kagome le llegase a pasar algo, eso nunca se lo iba a perdonar él mismo y aunque el peligro hubiese pasado, el daño que le hizo permanecería ahí, como fuego marcado.

Kagome había demostrado tener un corazón bondadoso al evitar que él acabara con la patética vida de su primo. Aun sentía entre sus brazos la respiración agitada de su primo.

Se llevó de nueva cuenta la botella a los labios y esta vez le dio un trago generoso. Todo su cuerpo temblaba y no era porque estuviese empapado, no, era a causa del terror que sentía de haber experimentado perderla por segunda vez. Si eso llegara a pasar, él buscaría la forma de seguirla al más allá.

La decisión que había tomado horas antes, ahora era mucho más clara que nunca y tal vez lo odiaría más, pero era mejor su odio a perderla para siempre.

Pero mientras sus pensamientos lo mantenían en una batalla entre el deber y sus sentimientos, no pudo advertir cuando la puerta se abrió muy lentamente.

Unos pies delicados se asomaron por el marco de la puerta, entrando y cerrando a sus espaldas.

Kagome lo vio ahí, sentado y con los ojos perdidos en algún punto existente, mientras bebía alcohol directamente de la botella. Era la primera vez que contemplaba ese rostro tan desencajado. Quería saber en lo que estaba pensando, quería que fuera ella y no con la botella de whisky con quien hablara. Pero lo que más deseaba era aclarar las cosas de una vez entre los dos.

Pero ¿Podrían dejar atrás el pasado, el daño y los rencores atrás, para comenzar de nuevo y juntos?

La respuesta solo se encontraba hablando y perdonar todo lo que había ocurrido en el pasado. Tal vez se podría comenzar de nuevo, escribir una historia diferente con un final feliz.

Y ella estaba determinada en que así sería.

Caminó en su dirección y tomó asiento a su lado. Pero él no hizo ni el mínimo gesto en mirarla tal y como ella habría querido.

—No deberías beber – fue lo único capaz de pronunciar.

Pero Inuyasha no respondía.

—Deberías curarte ese corte en la cara.

Seguía sin recibir respuesta y esto le estaba afectando. Le asfixiaba no poder recibir aunque fuese una respuesta de su parte.

Ella quería que le hablara, que la mirara.

No hacía falta mirarla para saber que estaba hermosa, se había cambiado el camisón por uno más limpio.

— ¿Inuyasha? – lo volvió a llamar, esta vez empleando un tono más serio –Creo…

—Creo que lo mejor es anular nuestro matrimonio.

Ella abrió los ojos, sorprendida ante su declaración. Si bien en un principio tenía ese deseo, ahora las cosas eran distintas al salir la luz toda la verdad. Ella no sabía que decir, mucho menos que pensar.

Estaba segura que había aprovechado que su hermano estaba en la cárcel para chantajearla y hacerla volver. Más bien tenía el ligero presentimiento que ambos estaban aliados por la forma en que se hablaban, podría incluso suponer que había salido de prisión mucho antes de que ella regresara. Pero eso no lo cuestionaría, incluso lo dejaría en el olvido.

—Juré protegerte y creo que rompí esa promesa…— su voz se cortó y tuvo que tomar aliento – Si no hubiera estado tan ciego por mi venganza…

Esta vez sus ojos dorados se encontraron con los de ella y estaba segura que pudo ver una lágrima rodar su mejilla antes de que {él se pasara el brazo por la cara, para limpiarla muy disimuladamente.

Sintió como su mirada se detenía en su vientre.

—Él o ella aun estaría allí.

Involuntariamente ella se llevó sus manos a su vientre vacío. Sentía un nudo en la garganta, pero no iba a llorar.

—Te amo y soy claramente consiente del daño que te he hecho. Mereces algo mejor que todo esto. No quiero ser egoísta y retenerte contra tu voluntad, deberías aprovechar e irte a casa de tus padres. Te daré aviso cuando la anulación se haya hecho.

Inuyasha se levantó del sofá y dejó la botella sobre la mesa, caminó en sentido contrario a Kagome y se dirigía al escritorio.

¿Cómo se atrevía a decirle todo eso? ¿Decirle que la amaba y después que se marchara?

Con el cejo fruncido, ella se levantó del sillón y lo alcanzó en tan solo tres pasos.

— ¿De modo que esto es lo que quieres?

No, quiso decirle. Quería tomarla entre sus brazos, besarla y llevarla a su habitación y no salir durante una semana. Pero la herida en su hombro lo frenaba, incluso este maldito despacho lo frenaba, porque a pesar de que hubiese cambiado los muebles, la sombra de su traición estaba marcada en esas cuatro paredes.

— ¿Francamente? Si – asintió – La verdad es que si lo deseo.

— ¡Eres un cobarde!

—Probablemente– afirmó.

—Tal vez te arrepientas.

—No dudes de que así será.

—Entonces ¿Por qué haces todo esto?

Colocó sus manos con delicadeza en los hombros de Kagome y en lugar de que ella se apartara, permaneció ahí, de pie y con la mirada fija ante él.

¿Por qué se lo estaba haciendo tan condenadamente difícil? La Kagome que había regresado no tenía nada que ver con la que tenía en frente de ella. Podía ver sus ojos cristalinos y esto le estaba afectando más a él que a ella misma.

¿Es que no lo entendía?

Él deseaba que tuviera una vida feliz, alejada de tantos problemas y que se olvidara de todo ese dolor. Deseaba volver a ver esas mejillas rosadas, las mismas que había visto por primera vez y que lo habían vuelto loco.

—Solo quiero que seas feliz – dijo, mientras deslizaba la punta de su dedo índice por su mejilla – Cosa que yo no supe hacerlo.

Ella dio un paso hacia atrás para evitar que la tocara. Le quemaba, le dolía. El hombre que aún seguía amando, le decía amarla pero que a la vez tenía que dejarla. ¿Qué clase de amor era ese?

Inuyasha se quedó con el brazo suspendido en el aire y un frio helado corrió por todo su cuerpo al no sentirla junto a él.

— ¿Quieres dejar de repetir eso? – Comenzaba a enfadarse – Decir que me amas y después que debemos separarnos.

Él suspiró y se llevó las manos a la cabeza.

—Estuve a punto de perderte esta noche dos veces – sus ojos atraparon los de ella – Y no estoy preparado para verlo de nuevo. Sin contar la vez que saliste de casa en una noche de tormenta. No me siento digno de ti en estos momentos.

Avanzó a ella y le dio un beso en la frente.

—Deseo que tengas una vida plena, salgas a viajar, conozcas el mundo – enumeraba las cosas que deseaba para ella – Y si, al final de eso, descubres que me necesitas…— le volvió a besar la frente, pero sin tocarla – No dudes que aquí estaré.

Ella no podía hablar, sentirlo cerca le hacía perder la razón.

—En estos momentos no puedes tomar una decisión con claridad.

— ¿Estás seguro completamente, completamente seguro?

Cuando él se apartó de ella, ese mismo frío que había recorrido a Inuyasha, ahora lo sentía ella.

—Puedes esperar a recuperarte para regresar con tus…

—Regresaré mañana a primera ahora.

Inuyasha se mordió la mejilla ante la decisión tan rápida de Kagome, pero no le quedaba más remedio que aceptarla. Él la había empujado hasta este punto.

—Te dejaré una cuantiosa cantidad para que…

—No quiero tu dinero Inuyasha – lo miró a los ojos – Nunca lo he deseado y jamás lo querré.

Kagome comenzó a avanzar hacia atrás, en dirección a la salida.

—Espero seas feliz, Kagome.

—Adiós, Inuyasha.

Tres semanas después…

—¿Qué tal si tú y yo nos vamos a Francia? – sugirió la tía Kaede, para animar a su sobrina.

Desde su regreso hace dos semanas no había querido salir de casa. Muy a duras penas la habían animado a ir a la boda de Miroku con su mejor amiga, Sango. Los rumores de la anulación con el duque se habían hecho oficiales hace un día, empeorando aún más el ánimo de la joven.

No había vuelto a saber nada de él, lo único que escuchó por accidente, fue una conversación del Lord Stone con Bankotsu, que él había regresado a Italia y que no sabía si regresaría, pues la casa no la había puesto en venta, razones para suponer que tenía pensado volver.

¿Si él ya se había olvidado de ella, porque no comenzar por hacerlo ella misma?

—Permanecer un tiempo ahí, regresar para la temporada en Londres – comenzaba animarla – Podríamos tomar un año entero viajando.

—Tía…— esbozó una media sonrisa – La verdad no sé qué decir.

—Vamos querida, acepta – estaba segura que terminaría por convencerla – Que tu matrimonio fuese un fracaso no hay razón para amargarse. Además, aun te visita ese doctor.

Y si, el doctor Henry había sido un gran apoyo durante esas tres semanas, pero ella había mantenido clara su postura de que no pensaba casarse nuevamente. Desde luego, tras esta confesión ella esperaba que Henry se apartara de ella, pero en cambio su relación de amistad se fortaleció.

—¿Entonces?

—Yo sugiero que tomes el consejo de tu tía, Kagome – interrumpió su padre – Nunca has salido Cornwall.

—No creo que sea correcto.

—La única que piensa eso eres tú misma – ahora era el turno de su madre – Le guardaste luto por cinco años a un hombre que regresó con una idea absurda de venganza. Claro que lo comprendo, pero lo que jamás entenderé es el haber anulado su matrimonio. Por lo tanto, ahora es tiempo que pienses en ti. No te preocupes por nosotros, Koga y Ayame estarán aquí siempre.

Ayame había entrado a la vida de Bankotsu hace un par de semanas, aunque más bien ella creía que ya se conocían desde hace tiempo. Ella jamás trataba de volver a leerle su futuro, lo que le agradecía enormemente.

—¿Entonces? – preguntaron las tres personas en frente de ella.

Kagome esbozó una sonrisa, como decirles que no, cuando lo único que trataban de hacer era verla sonreír.

—Está bien – ella asintió – Acepto ir contigo de viaje tía.

—Perfecto – la mujer aplaudió ante la decisión de su sobrina – Mañana comenzaremos a planearlo todo.

Y así, varios días después, Kagome se embarcaba junto a su tía Kaede en una aventura nueva. Donde esperaba encontrarse con ella misma y sanar las heridas del pasado. Comenzaría desde cero, pero sobre todo, sería feliz consigo misma.

F

Gracias!

Besos!