Buena primavera a todos! Hoy subo dos capítulos porqué empiezo a tener mucho material en proceso.
9.
Hikari giró sobre si misma intentando descubrir de donde venía aquella maldita carcajada que no podía dejar de escuchar. El misterioso ser seguía con un pie encima de la espalda de Daisuke, pero no decía nada.
-¿Me buscas?- oyó la morena. Y tras aquello vio como algo negro descendía del cielo. Instantes después una mujer aterrizó al lado de su compañero. Hikari pudo ver que los ojos de esta eran también dos orbes completamente grises, pero su cabello era lacio y negro. Su rostro era jovial y Hikari podía decir, a regañadientes, que era hasta bonito. La horrible carcajada era lo que salía de los labios de esa misteriosa mujer.
-¿Quién…quién eres tú…?-intentó preguntar, aunque no pudo evitar que le temblara la voz. Miró a sus dos compañeros, implorando para que alguno de ellos se levantara. Pero no hacían ningún movimiento.
Hikari pudo ver como la mujer miraba también a los dos jóvenes. Vio como se agachaba junto a Daisuke y le tomaba del cabello, para luego levantar bruscamente su cabeza.
-Parece que realmente son unos inútiles- sonrió macabramente. Hikari apretó los puños. "¡Suéltalos!" quiso decir. Pero ninguna palabra salió de su boca, la cual parecía haberse quedado totalmente seca. La mujer soltó bruscamente a Daisuke y empezó a caminar hacia Hikari. La chica retrocedió unos pasos, pero su espalda dio de lleno contra la copa de un árbol. Empezó a temblar sin quererlo. –Y tú tampoco pareces la gran cosa- fue lo que dijo la mujer tras situarse justo delante de ella. Hikari vio como ésta levantaba un brazo y con una de sus manos tocaba su rostro. La chica notó el contacto pero no le parecieron unos dedos humanos, era más como estar tocando plumas.
-No…la…toques- oyó la voz entrecortada de Daisuke.
-Dai…-intentó decir ella, pero en ese momento se dio cuenta de que estaba llorando. No sabía por qué, si era por miedo o por verdadera impotencia, pero lágrimas habían empezado a colmar sus ojos. Lágrimas que ahora empezaban a recorrerle la cara.
La mujer se giró hacia su compañero y simplemente dijo:
-Mátalos.
El corazón de Hikari bombeó sangre bruscamente ante aquellas palabras. "No, no, no", repetía su cabeza. Eso no podía ir así, no podía terminar así… debía de haber algo que ella pudiera hacer. Vio como el ser misterioso levantaba sus manos-cuchilla, y las iba a hundir en la espalda de Daisuke si ella no hacía nada. ¡No podía permitirlo!
Entonces, y reuniendo todo el valor de que fue capaz, Hikari juntó sus dos mano al frente e imploró para que algo o alguien la ayudara a salvarlos.
El ser empezó a bajar velozmente la cuchilla.
-¡No!- gritó Hikari. Y lanzó sus dos manos cerradas al frente. El golpe dio de lleno en el pecho de la mujer que a primera instancia pareció no reaccionar. Hikari tenía los ojos fuertemente cerrados. Tras unos segundos, algo pareció explotar desde el punto de contacto entre las manos de Hikari y el pecho de la misteriosa mujer. A partir de ese punto central una onda expansiva pareció empezar a crecer.
La mujer salió volando hacia atrás con mucha fuerza.
Hikari se giró, furiosa, hacia el otro ser, quien se había quedado totalmente parado. Las manos de la chica seguían cerradas y entonces una burbuja empezó a crecer de entre ellas. La burbuja se hizo enorme, tanto que todo el cuerpo de la joven estaba dentro de esa esfera rosada. La esfera fue creciendo hasta llegar al árbol donde estaba inconsciente Ken y llegar hasta Daisuke. Hikari vio como el cuerpo de Daisuke era suavemente absorbido por la esfera, pero el cuerpo del ser era empujado bruscamente. Como si cien manos invisibles empujaran su cuerpo, poco a poco sacándolo de la esfera. Ésta dejó de crecer cuando ambos chicos estuvieron dentro de ella.
Hikari siguió con las manos apretadas y lágrimas cayendo de sus ojos. Toda ella temblaba. Algo estaba haciendo, y era algo que parecía estar saliendo bien.
La mujer, quien llevaba una de sus manos cubriéndose el pecho, se acercó hacia aquella esfera pero la golpeó de lleno. Entonces sufrió un contragolpe y retrocedió unos pasos.
-Una barrera- leyó en sus labios, Hikari. La misteriosa mujer golpeó con su puño la barrera, la cual tembló entera.
Las cuchillas de aquel ser también golpearon el orbe rosado, solo consiguiendo que Hikari temblara aun más. La chica se mordió el labio.
Y de nuevo aquella asquerosa carcajada.
-Esto parece ponerse interesante- fue lo que dijo aquella mujer. –Le gustará saberlo- continuó. Y, para la sorpresa de Hikari, la mujer se acercó a su compañero y le susurró algo al oído. Tras aquello Hikari vio como se alejaban del orbe rosado y como, luego, desaparecían entre la maleza, alejándose. –Nos volveremos a ver.
Hikari se mantuvo todo el tiempo que pudo en aquella posición. No sabía como lo había hecho, pero tampoco quería estropearlo. Aunque temblara y algunas gotas de sudor empezaran a recorrerle el rostro, la chica seguía completamente quieta apretando las manos y los dientes. Aquel tiempo le pareció eterno.
-Hika...déjalo ya- oyó una voz, la de Daisuke. La chica le miró, vio como el joven finalmente ponía las manos en el suelo y empezaba a incorporarse. De la cabeza del joven bajaba un hilo de sangre. Ella se mantuvo inmóvil. –Hikari…-le repitió él. –Por favor, déjalo ya- y como si aquello la hubiera desactivado, la joven no pudo aguantar más.
Soltó de golpe toda la tensión que había acumulado y cayó de rodillas al suelo. Al momento de deshacer sus manos la esfera rosada se rompió en mil pedazos que brillaron en el aire. La chica puso sus manos en el suelo mientras intentaba recuperar el aliento.
Daisuke consiguió levantarse del suelo, aún cojeando y se acercó a Ken. Tocó ligeramente el brazo de su compañero, quien empezó a moverse ligeramente.
-¿Estás bien?- fue la pregunta del moreno. El de cabellera lisa también se incorporó, llevándose una mano a la cabeza.
-Hemos mordido el polvo- dijo tras unos instantes. Daisuke asintió y, como pudo, se acercó a Hikari. La chica había empezado a sollozar ruidosamente. Daisuke se arrodilló a su lado.
-¿Y tú? ¿Estás bien?- fue la pregunta. A lo que la joven solo pudo negar con la cabeza, con los puños apretados tocando el suelo. Daisuke tragó saliva pero no pudo decir nada más.
Hikari tardó en dejar de sollozar lo que a Daisuke le parecieron años. Finalmente la chica pareció recuperar la compostura y se dirigió hacia el riachuelo. Hikari se sentó en la orilla y pudo ver, reflejadas en el agua, las dos lunas. Tomó un poco de aquel líquido transparente entre las palmas de sus manos y se limpió el rostro. Notaba los ojos enrojecidos.
Verdaderamente había tenido miedo.
Se quedó ahí inmóvil, contemplando su reflejo y las lunas. Todo aquello que había empezado como un sueño ahora parecía una pesadilla. Aquellos dos misteriosos seres de capa negra les habrían matado sin dudarlo.
Se giró para contemplar a sus dos acompañantes y no pudo más que sentirse culpable. Ken había sentado a Daisuke en el suelo, apoyando su espalda contra el tronco de un árbol, y ahora intentaba limpiarle las heridas con el alcohol que llevaba en su mochila. Hikari entonces reparó en que el joven también llevaba vendas y otros utensilios de medicina… El quejido de Daisuke la hizo estremecerse.
-No te quejes tanto- le comentó Ken mientras frotaba el algodón. Daisuke apretó los dientes.
-Escuece- se quejó. Luego la mirada cobriza del joven se dirigió a la chica, quien se había puesto en pie y les miraba desde la distancia. –Ven aquí Kari- le pidió. Ken también observó a la chica y le sonrió de manera tranquilizadora.
-No te preocupes- la animó cuando la vio llegar delante de ambos. –La verdad es que no somos del todo humanos, mira- ante aquello Hikari observó atentamente el brazo de Daisuke y para su sorpresa vio como las heridas empezaban a cerrarse, aunque fuera lentamente. Luego se fijó en la herida de la cabeza, la cual también parecía ir cicatrizando. Se giró, confusa, hacia Ken y éste simplemente asintió. –Nos recuperamos deprisa… unas horas y podremos seguir- sonrió triunfal.
La chica soltó un largo suspiro tras oír aquello.
-Menos mal- dijo.
-¡Al fin! Ya pensábamos que no íbamos a volver a oír tu chillona voz- fue la burla que soltó Daisuke pero antes de molestarse Hikari solo pudo alegrarse de que el joven estuviera de suficiente humor como para reírse.
La morena se apoyó junto a Daisuke en el tronco del árbol y Ken lo hizo minutos después, tras recoger todas las cosas que había sacado de su maleta. La joven aprovechó el momento y sacó tres paquetes de galletas, que repartió entre ambos jóvenes, los cuales agradecieron aquello. El primer mordisco de chocolate en su boca le supo a gloria.
-¿Esos eran los cuervos?- preguntó cuando ya se había comido la primera de las tres galletas.
-Eso parece- afirmó Daisuke con la boca llena.
-En verdad nos han dado una paliza- fue lo que comentó Ken con su mirada azulada perdida en el suelo. –Es increíble… era muy fuerte- admitió a regañadientes.
-Tenemos que encontrar a Yamato- dijo seriamente Hikari tragando la segunda galleta. –Si estamos todos…-empezó a decir. Daisuke asintió con entusiasmo.
-¡Sí! Entre todos podremos machacarlos- animó. –Estoy seguro.
Pero Ken, quien miraba ambas lunas, no podía estar tan seguro de aquello…
Continuará…
