¿A caso creían que el capítulo anterior sería el último?
Pues no mis corazones bellos, aquí les traigo el capítulo final junto con su respectivo epilogo.
Ya deberían saber cómo soy, pero bueno, los comentarios abajo.
Las dejo para que lo lean.
Capítulo 25
Final + Epilogo
Un año después…
Contemplaba como de costumbre su anillo de bodas. Lo llevaba con él durante todo este tiempo, pero lo guardaba en el bolsillo de su saco, justo a la altura del corazón. Ya había pasado un año desde que ella partió de Cornwall con su tía.
Aun podía recordar aquella última vez que la vio. Una hermosa mañana, él aguardando desde un rincón para no ser visto y ella viendo hacia amas direcciones, como si esperara ver algo o en su defecto a alguien. Notaba como un hormigueo recorría sus manos, anhelando salir de las sombras, ir a su encuentro y llevársela lejos. Pero sabía que no podía ser así, su destino ya estaba sellado. La anulación había salido tan solo hace unos días y ahora ella ya no tenía nada que ver con él.
Probablemente lo estaría odiando tras la decisión que había tomado por ambos. Pero era consiente que era lo mejor. Sanar las heridas y si, con el paso del tiempo el destino los volvía a reunir, estaba completamente seguro que no la dejaría ir.
Con una amargura en su rostro, contempló como subía al carruaje y partía lejos de él, lejos de una vida juntos.
El dolor de su ausencia no lo dejaba respirar y por las noches no podía conciliar el sueño sabiendo que ella ya no estaba más a su lado, pero se volvía a repetir que era lo mejor para ella. A menudo se preguntaba si ella experimentaba lo mismo que él, e incluso llegándose a cuestionar si ella ya lo había olvidado.
Si era así, le deseaba toda la felicidad que él nunca pudo darle.
Escuchó pasos que se aproximaban hacia la oficina, en automático guardó la sortija de matrimonio en el bolsillo de su saco y se acomodó en la silla.
A los pocos minutos entraba su socio, Bankotsu Higurashi. Así es, después de la partida de Kagome, ellos se habían hecho socios comerciales, transportaban de manera legal toda clase de mercancías y el negocio iba tomando prestigio.
—Tú – lo señaló Bankotsu – Tu buen amigo Menomaru se atrasó con el cargamento ¿Qué pasó?
Incluso Menomaru era uno de sus socios, sólo que él se encargaba de la trasportación de mercancía, pero haciendo a un lado la venta de esclavos, esa había sido la única condición para entrar al negocio.
—Un inconveniente sin importancia– comentó – Pero por lo que sé ya todo quedó solucionado.
Bankotsu asintió y tomó asiento en una silla que estaba libre, justo en frente de Inuyasha, lo miró y una sonrisa burlona se escapó de sus labios.
— ¿De qué te ríes idiota? – preguntó Inuyasha, fingiendo ver unos documentos.
—Nada – él se encogió.
— ¿Cómo se siente tu madre en su nueva casa?
—Como una duquesa.
Ante la broma, ambos terminaron por reír al mismo tiempo.
Parte de borrar todo lo malo que le había pasado a la familia Higurashi, era regresarle el mismo favor que había hecho Lady Percival. Gracias a sus influencias logró llevar a la ruina al Lord Percival, la casa que tanto fuese el gran orgullo de la duquesa había sido puesta en venta y como una reina, Lady Flora la adquirió, matando así el ego de aquella odiosa mujer.
Lo lamentaba por las hijas, pero éstas ya estaban casadas así que no les podría afectar lo que les sucediera a sus padres.
Lady Flora era ahora la nueva influencia en todo Cornwall, si antes la despreciaban, ahora buscaban su aprobación.
—Por cierto – dijo Bankotsu mientras jugueteaba con un hilo de su saco – ¿Si vas asistir mañana, verdad?
—Yo…— Inuyasha agachó la cabeza – No sé.
— ¡Somos socios! – Exclamó su ex cuñado – Debes asistir.
—No quiero incomodarla – él se encogió de hombros.
—No puedo hacerte a un lado – respondió tajante Bankotsu – Haz hecho demasiado por mi familia, no sería justo que no fueras participe de esto.
—Lo pensaré – dijo al fin.
Bankotsu se iba a casar mañana, nada más y nada menos que con la señorita Ayame, la misma que le había leído su futuro en una ocasión y no se cansaba de repetirle que su felicidad estaba tan cerca como en un parpadeo de ojos.
A menudo le decía que mantuviera la paciencia, que pronto su larga espera terminaría.
—Ella llega hoy de Londres.
Inuyasha tuvo que dejar de fingir leer unos papeles y concentró toda su atención en Bankotsu. Éste al ver que por fin había logrado su objetivo, esbozó una sonrisa.
— ¿Te gusta este tipo de juegos, verdad?
—No sabes cómo disfruto tu cara de estúpido, loco y enamorado.
—Se acabó Bankotsu, espero que entiendas esto –estaba nervioso– Nuestro matrimonio se anuló hace un año, ella es libre de volar como un ave, de hacer sus sueños realidad y yo no voy a intervenir en eso.
El hermano de la mujer que seguía amando asintió, se levantó de su lugar pero antes de irse apoyó ambas palmas de las manos sobre el escritorio y lo miró fijamente.
—Creo que tienes miedo – dijo seguro de esas palabras – Miedo a que si la vuelves a ver te darás cuenta de lo irremediablemente enamorado que estas de ella. Y el miedo es bueno.
Inuyasha desvió su mirada y la concentró en las manos de Bankotsu y después en los papeles que debía firmar.
—Así que no faltes a mi boda o de lo contrario Ayame te maldecirá – concluyó.
El viaje había sido agitado, en cuanto bajaron del coche ella y su tía habían recibidas por su madre. Kagome se sorprendió ante la nueva casa, por cartas su madre le había informado como fue que habían adquirido la casa de Lord Percival y aunque se empeñaba en no saber nada de Inuyasha, lo cierto era que le sorprendía que ahora él y su hermano fueran socios comerciales.
Pero ¿Estaba preparada para verlo? Temía que si eso pasara descubriera cuan profundamente lo había necesitado durante este año. ¿Él albergaba los mismos sentimientos hacía ella? Aun así, la gran lucha que debatía con su corazón y mente eran si él tenía alguien más a su lado. Eso no se atrevía a preguntárselo a su madre, ya que no tenía el valor suficiente como para hacerlo, además debía fingir indiferencia y no importarle en absoluto la vida que él llevara. Después de todo, había sido él quien pusiera fin a su matrimonio, no ella, él.
Su madre no paraba de abrazarla y repetirle lo hermosa que se había puesto durante su viaje, mientras que su tía Kaede conversaba con su hermano.
—No paraba de decirme en todo el viaje que debía estar aquí para la boda de su hermano. Creo que está más emocionada ella que el propio Bankotsu.
Lady Flora tomó a su hija del brazo y la guio a una sala de estar muy amplía. Kagome recorrió el elegante inmobiliario, recordaba que en la anterior casa la sala era demasiado pequeña comparada con esta.
—Es cierto – comentaba su madre – Bankotsu está muy atrasado y Ayame también. Debemos ir a las tres por unos centros de mesa. – miró a su hija — ¿Deseas acompañarnos o prefieres descansar un poco?
—Si en algún puedo ayudar…
—Por supuesto – Lady Flora la interrumpió – No dudes que tu ayuda será muy necesaria.
Llegó a casa como cada tarde, una casa en la cual se sentía en teoría, completamente solo. A pesar de tener la compañía de Totosai, su ama de llaves y, la inesperada compañía de Deisy, se sentiría prácticamente solo. Aun no podía creer que Kagome no se la hubiese llevado con ella el día en que se separaron. Ni mucho menos cuando ya estaba instalada en casa de sus padres, probablemente porque tenía planes de viaje y no la iba a cuidar como ella deseaba.
El enorme animal se acercó a él y apoyó se cabeza en una de sus rodillas, Inuyasha esbozó una sonrisa y acarició su lomo.
— ¿Qué hiciste hoy, Deisy? – preguntó.
La respuesta que obtuvo fue una lambida en los dedos. En ese año ambos se habían hecho inseparables, a veces daban un largo paseo por el campo o incluso lo acompañaba a la oficina que compartía con Bankotsu. Varias veces había tenido que discutir con él sobre el tema, pero siempre ganaba alegando que era el jefe.
—Te tengo buenas noticias – le dijo – Hoy ella llega.
Como si Deisy le hubiese entendiendo, ella alzó su gran cabeza y la arqueó hacía un lado.
—Tal vez quieras verla e irte con ella.
Pero justo en aquel momento llamaron a la puerta, Totosai fue abrir y en pocos segundos aparecía Sesshomaru con Rin y unas bebés entre sus brazos.
Sesshomaru y Rin se casaron a los pocos días de la partida de Kagome y en tan solo unos meses ella había quedado embarazada dando a luz a unas hermosas gemelas.
Inuyasha se puso de pie para saludar a sus primos y acto seguido le dio un beso en la frente a cada una de las pequeñas. Pero Rin le entregó una a lo que él con mucho cuidado la tomó entre sus brazos.
—Necesitamos tu ayuda – comentó Rin.
Él abrió los ojos preocupado, Rin se veía angustiada.
— ¿Qué pasó?
—La nana de las niñas tuvo que hacer un viaje familiar de manera urgente – explicó Sesshomaru – Rin y yo habíamos quedado de ir hoy al teatro.
— ¿Podrías hacerte cargo de ellas por una noche? – concluyó Rin.
—Pero…
Pero en ese momento Sesshomaru le pasó a la otra bebé y no tuvo más remedio que cargar a las dos.
—Pero…
—Ya comieron así que solo duérmelas temprano.
—Pero…
—Lo harás bien – Sesshomaru apoyó una mano en el hombro de su primo – Venimos por ellas en dos horas.
—No sé nada de bebés – logró decir al fin.
Pero no lograron escucharlo porque ellos ya habían desaparecido dejándolo a él con las bebés y una Deisy que lo miraba extrañado.
— ¿Me ayudas con ellas?
Deisy dio un paso hacia atrás y salió huyendo por donde habían salido hace poco Sesshomaru y Rin.
¿Qué carajo iba a ser con dos bebes?
Si él muy apenas podía cuidarse a sí mismo y de Deisy.
Una de las niñas enredó sus pequeños y delicados dedos en la melena de su tío y lo estiró con profunda violencia. La otra, le quito una sonaja a su hermana y esta comenzó a llorar.
—No llores por favor – rogó él – De lo contrario el tío Inuyasha no sabrá cómo solucionarlo.
Las llevó a la habitación que era de Kagome y se tumbó con ellas en la cama y comenzó a leerles un libro a los pocos minutos ambas hermanas se habían dormido entre sus brazos.
Esbozó una sonrisa al verlas dormir tan plácidamente y un dolor se hizo presente en su pecho. Si hubiese cuidado de Kagome un poco más, en estos momentos a quien estaría contando un cuento o incluso dormirlo sería al hijo que nunca tuvieron.
Al día siguiente…
Todo era un caos, Lady Flora se encontraba supervisando el orden de cómo deberían ir las mesas, mientras que Angus se ocupaba de recibir los barriles de Whisky. Ese día la celebración se haría en su lujosa mansión y habían sido selectivos en cuanto a los invitados se trataba. Solo los más allegados a la familia y aquellos que jamás le habían dado la espalda a la familia.
—Deja de beber Whisky y ayúdame con esto – dijo su esposa mientras tomaba el brazo de Angus y lo arrastraba con ella.
—No todos los días se casa un hijo, debemos celebrarlo – comentó.
—Recuerda tu salud – exclamó su esposa, arqueando una ceja – Nada de licor.
—Hoy se casa Bankotsu ¿Cómo te hace sentir eso? Por fin has logrado casar a ese muchacho.
Lady Flora roló los ojos, si, estaba feliz por la unión de su hijo con Ayame. Pero por otro, sentía una profunda tristeza al saber que su hija no era del todo feliz.
—Mejor ayúdame – cambió de tema – Luego se hará más tarde.
Mientras ellos se alistaban todo, habían dejado a Kagome hacerse cargo del arreglo de Ayame.
Kagome le explicaba cómo eran las temporadas en Londres y como era Francia. Su tía Kaede en ningún momento la había dejado sola, cosa que agradecía profundamente y a pesar de haber conocido caballeros elegantes y que pretendían algo más que una simple amistad, ella los frenaba para hacerles entender que no estaba interesada. La verdad a pesar de haber logrado sanar sus heridas, no había logrado sacar al causante de que su corazón latiera con fuerza. Que cada vez que recordaba su nombre, sus ojos, sus labios lograban que toda ella flotara.
—¿Piensas regresar con tu tía?
Esa posibilidad no la había pensado, pero la realidad era que nada la ataba en Cornwall.
—Supongo que si – asintió, mientras colocaba una horquilla en el cabello cobrizo de su futura cuñada – Nada me retiene aquí, sólo mis padres.
Ayame giró sobre el taburete y quedó justamente en frente de Kagome, quien se sorprendió ante el acto de su futura cuñada.
—Dame tu mano.
Kagome dio un paso hacia atrás y negó, sabía el don que tenía Ayame, pues en una ocasión le predijo la pérdida de su bebé.
—No – negó – La última vez que viste mi mano me dijiste que iba a perder un ser querido que jamás iba a conocer y perdí a un hijo.
Pero Ayame no le hizo ni el menor caso, se puso de pie, avanzó el mismo paso que la mantenía apartadas y sin darle tiempo a reaccionar tomó su mano. Kagome la miraba impaciente, aguardando a lo que ella pudiera.
—Interesante— Comentó Kagome con una sonrisa – Es muy interesante.
—¿Q…Que es interesante? – preguntó Kagome curiosa.
—Nada – ella esbozó una media sonrisa, giró sobre sus talones y tomó asiento – Creo que vamos contra reloj y si llegó tarde a la iglesia Bankotsu se impacientara.
Kagome nuevamente le cepillaba el cabello, pero las palabras de Ayame la habían dejado demasiado confundida, bueno, no es que no le hubiese revelado nada, pero su sonrisa y ese porte la habían dejado mucho en que pensar.
Oh vamos, era curiosidad y francamente se moría por saber.
—¿Qué viste?
Pero la pelirroja se encogió de hombros y esbozó una sonrisa enigmática.
—Si te digo lo que vi…no va pasar. – le guiñó un ojo – Así que no me pidas que te lo diga. Tú sola te darás cuenta.
Bajó del carruaje mientras se arreglaba los botones de la camisa y se pasaba los dedos por su cabello. Estaba completamente loco, si, loco. Por haber asistido a la boda, tal vez hubiera planeado un viaje y regresar dentro de un mes. Pero sabía que Bankotsu y Ayame no se lo iban a perdonar nunca. Además, lo había amenazado con usar a Ayame de arma y esa mujer era más peligrosa que él.
En cuanto llegó a la iglesia esta comenzaba a llenarse y entro al recinto, pero no pudo encontrar ni a su primo ni mucho menos a Miroku. Alguien lo empujaba desde atrás obligando a avanzar hasta casi la segunda fila de asientos. Ocupó un lugar vacío y esperó.
Bankotsu había llegado a tiempo y de vez en cuando consultaba su reloj de bolsillo. Podía notar su nerviosismo cada vez que golpeaba el piso con un pie o simplemente respiraba profundo y exhalaba.
Esbozó una sonrisa al recordar esa sensación, él mismo la había experimentado hace varios años y era una cosa terrible. Analizar en las posibilidades de que la novia se fugara justo en aquel momento o que nunca llegara.
Su ex cuñado pareció darse cuenta de sus pensamientos y lo apunto con un dedo. Ambos intercambiaron unas miradas y terminaron riendo.
Las campanas sonaron y una silueta apareció en la puerta de la iglesia. Era de la novia, que estaba lista para caminar hacia el altar e iniciar una nueva vida. Iba tomada del brazo de Angus Higurashi, el padre del novio. Estaba echa un manojo de nervios, la sangre le bombeaba con fuerza y temía cometer un error.
—¿Lista hija? – le preguntó Angus a Ayame.
—Si – ella asintió con una amplia sonrisa – Muy lista.
—Aún no – dijo Kagome deteniéndose a un lado de ella para entregarle el ramo – Se te olvidó.
—Gracias – le susurró Ayame dándole un beso en la mejilla.
Kagome se fue por un pasillo, pasando la hilera de bancas para ir en busca de su madre y tomar asiento junto a ella. Pero a medida que avanzaba, tuvo que obligarse a detener su andar y se llevó las manos al corazón. En frente de ella, a diez pasos estaba él, de pie. Y a pesar de ver solo su espalda lo reconocía perfectamente.
Caminó lento para contemplarlo, llevaba el cabello un poco alto y de vez en cuando lo veía levantar la cabeza para contemplar el techo.
¿Por qué sentía la necesidad de correr hacía él?
¿De lanzarse a sus brazos?
¿La había extrañado tanto como ella a él?
Cerró los ojos al pasar junto él y ocupó su lugar a lado de sus padres.
Estaba de tras de ella y su esencia llegaba hasta donde se encontraba, arrastrándola a un abismo en donde deseaba que él estuviese al final para tomarla entre sus brazos. Se removió incomoda en su lugar, podía sentir sus ojos dorados atravesarla. Nerviosa, jugueteaba con su abanico o golpeaba el piso con un pie sin hacer el menor ruido.
Su padre al darse cuenta frunció el cejo y se inclinó un poco a ella.
—¿Te encuentras bien?
—Si – ella asintió – Feliz porque por fin se casa Bankotsu.
No, no estaba bien, atrás de ella estaba Inuyasha, el hombre que amaba al que siempre amara. Debía odiarlo, él había sido quien anulara el matrimonio en lugar de arreglar las cosas.
A pesar de que estaba de espaldas a él, podía sentir sus ojos atravesar su armadura.
¿Por qué no la tomaba del brazo y la sacaba de aquí para arreglar todo de una maldita vez?
¿Qué esperaba para hacer eso?
Maldito y mil veces Bankotsu, se repetía Inuyasha en la cabeza, no había sido necesario girar la cabeza como para darse cuenta de quién era ese aroma jazmín y no era por las flores, era de ella. Lo podía reconocer a una distancia demasiado considerada.
No escuchaba absolutamente nada de la ceremonia ya que toda su atención estaba puesta en ella, quien estaba en frente de él. Solo hacia basta estirar el brazo para tocar su hermoso cabello ondulado. La veía más esbelta, más delgada y esas mejillas habían recuperado el color rosado que lo habían hechizado desde un principio.
Se moría de deseos de levantarse de ahí, tomarla del brazo y llevársela lejos para besarla como tantas noches había imaginado. Pero como él lo había dicho, quería que ella tomara la decisión y que nadie lo hiciera por ella.
—Los declaro marido y mujer – dijo el sacerdote – Puedes besar a la novia hija.
De inmediato Inuyasha se levantó de su asiento, estar cerca de ella le causaba un profundo dolor en su pecho, le dolía estar tan cerca de ella y no tenerla nunca más a su lado.
Al salir de la iglesia fue interceptado por Sesshomaru.
—¿Vas al banquete? – preguntó.
—No – él negó – Me voy a casa, adiós.
Pero Sesshomaru apoyó la palma de su mano en el hombro de Inuyasha y negó, mientras una sonrisa burlona aprecia en sus labios.
—Debes ir. Lady Flora se esmeró tanto. No puedes quedarle mal.
—Pero…
—Nada – él negó – Te veo allá y si no vas soy capaz de ir por ti y llevarte arrastrando.
Frunció el cejo ¿Por qué todo el mundo lo amenazaba últimamente?
Sesshomaru lo vio alejarse y subir a su carruaje, automáticamente buscó a Miroku con la mirada y asintió, éste a su vez hizo lo mismo pero ahora a Bankotsu y al final éste sonrió.
Al levantarse de su asiento, Kagome sintió una profunda decepción al no ver a Inuyasha ahí, seguramente había sido el primero en salir y probablemente estaría esperando a los novios a fuera de la iglesia, pero tampoco estaba ahí, por más que lo buscaba no podía dar con él.
—¿A quién buscas? – preguntó su tía Kaede.
—A Sango – mintió.
—Sango está en frente de ti querida. – Respondió su tía con una sonrisa.
—Oh si – exclamó fingiendo sorpresa – Que tonta soy.
– Creo que Paris te dejó desorientada.
Kagome fingió una sonrisa ante el comentario de su tía. Se sintió decepcionada al no verlo ahí. Quería darle las gracias por todo lo que él había hecho por su familia, no sólo de ayudar a Bankotsu a montar su propia compañía, sino por darle a su madre un hogar estable – aunque fuera a costa de Lady Percival—.
El banquete estaba siendo todo un éxito, Lady Flora era una excelente anfitriona y estaba al pendiente de todo detalle. La orquesta tocaba una pieza, los novios estaban en el centro de la pista bailando, mientras que varios allegados a ellos se les unían al baile, entre ellos Miroku y Sango, Rin y Sesshomaru.
Estaba apartado de la vista de cualquier invitado, no le apetecía hablar de negocios, de caballos o de cualquier otro tipo de conversación estúpida a la cual no podría llegarle a prestar atención. Para su infortunio ella había desaparecido de su vista y por más que la buscara con la mirada, no podía encontrarla en ningún lugar.
Un mesero se acercó a él y le ofreció una copa de whisky a lo cual aceptó, cuando estuvo a punto de darle el primer trago escuchó una melodiosa voz a un lado de él. Una voz tan amada para él, que incluso llegó a pensar que jamás la escucharía de nuevo.
—Hola.
Inuyasha se mordió el labio inferior y se vio obligado a verla, la luna llena se reflejaba en sus hermosos ojos color chocolate, con los que soñaba a diario mientras le hacia el amor.
—Hola – respondió en un voz áspero.
—¿Cómo estás?
—Bien, gracias – asintió él — ¿ Y tú?
—Bien.
Un viento helado sopló en ese instante y Kagome tuvo que cubrirse con su chal. El silencio entre los dos se hizo presente, ella no sabía que era más frio, si el silencio o la noche. Lo veía moverse inquieto desde la posición donde estaba, el whisky estaba a medio vaso y sus ojos dorados se concentraban en el líquido.
Estaba impaciente, luchando ante el impulso de cargarla como un costal de harina y llevársela lejos de ahí, pero sabía que si hacía eso la asustaría e incluso lo odiaría más. Si, se moría por robarle un beso, no uno sino muchos. Sus manos temblaban bajo la copa y tuvo que meter una al bolsillo de su pantalón para evitar que ella se diese cuenta.
—Deisy te extraña.
Kagome sonrió al recordar a su vieja amiga, le había dolido dejarla con Inuyasha, pero deseaba salir huyendo de ahí que la había olvidado por completo. Además, de todos modos no iba a poder hacerse cargo de ella mientras andaba de viaje. Que Inuyasha la cuidara durante su ausencia le parecía sorprendente, pensaba que tal vez se cansaría de ella y terminaría por dejarla al cuidado de su madre.
—También yo.
Ella no le quitaba los ojos de encima, sus facciones eran más maduras y sus ojos dorados expresaban miles de emociones que ella no podía descifrar. Se veía un poco más delgado de lo que recordaba, pero la que no había cambiado en nada era la cicatriz en su mejilla.
—…
—Disculpa, debo irme – interrumpió él – Descansa.
Dejó su copa medio llana sobre una mesa, giró sobre sus talones y comenzó a andar. Kagome frunció el cejo, no podía creer que se diera por vencido tan fácilmente, ella imaginaba una conversación distinta como la que tuvieron hace unos minutos. Hablando de cosas que hicieron durante este año, ella diciéndole lo mucho que lo extrañaba.
No iba a rendirse tan fácilmente, así que fue tras él y lo alcanzó en medio del camino de grava.
—¿Eso es todo?
Inuyasha al escuchar su voz a sus espaldas, dio media vuelta y la encontró con los brazos cruzados.
Se encogió de hombros.
—No sé a qué te refieres. – contestó, fingiendo indiferencia.
—Sin un ¿Cómo te ha ido este año? ¿Me has extrañado?
Él suspiró al escuchar eso de sus labios ¿Cómo le hacías entender a la mujer que amabas que no sólo querías conversar con ella, sino que querías hacer mucho más que eso? Antes de que ella pudiera reaccionar, Inuyasha había avanzado dos pasos para estar a su altura.
—¿Qué quieres que te diga? – Su voz era ronca debido a las emociones que florecían – ¿Quieres oír que muero de ganas por robarte un beso? O ¿Que muero de deseo por tomarte en mis brazos y sacarte de aquí? ¿Llevarte lejos, hacerte mía todas las noches?– Acarició con la punta de la nariz su mejilla.
Kagome cerró los ojos ante su cercanía, su aroma la embriagaba y lo único que podía pensar era en cuanto lo había extrañado.
– Pero no lo haré Kagome, hace mucho que até mis manos. No te obligaré a nada que no quieras hacer – acarició su cabello e inhaló su dulce aroma – La decisión será tuya, no mía – dio un paso hacia atrás y comenzó alejarse – Adiós Kagome.
Sin añadir más giró de nuevo sobre sus talones y apresuró sus pasos. Kagome se quedó ahí, contemplando como él subía a un carruaje y se alejaba de ahí, en ningún momento había volteado a verla. Le resultaba difícil de respirar, ella también deseaba todo lo que él había dicho en una cálida promesa.
Una mano se posó sobre su hombre y al mirar a la dueña de ésta, no pudo evitar mostrar una sonrisa triste.
—La decisión es tuya.
—¿Esto fue lo que viste? – le preguntó.
—Si te decía que esto pasaría, tú lo evitarías – respondió – ¿Qué pasa cuando hay un incendio?
Kagome frunció el cejo confundida ante la pregunta y sin saber que responder negó.
—Un incendio arrasa con todo a su pasa – se respondió Ayame así misma – Pero todo comienza a florecer de nuevo cuando las primeras gotas de lluvia caen, sanan la tierra y enverdece el paisaje de nuevo.
De pronto entendió lo que ella quería decirle, debían pasar por todo esto para que el amor que había entre los dos se hiciera más fuerte. Porque ella misma lo sentía, él también lo sentía y estaba completamente segura de eso, lo vio en sus ojos.
—Dile a mis padres y a Bankotsu que tuve que irme – dijo sin perder de vista el camino por donde se había ido Inuyasha.
—No hace falta, ya lo saben – Ayame sonreía en cada momento – Puedes usar mi carruaje.
Kagome la miró y le dio un beso en la mejilla.
—Gracias.
—¡Qué esperas! – La empujó por el camino — ¡Ve por él!
Tras ver la fachada de la casa, no espero a que el carruaje se detuviera y en cambio abrió la puerta del carruaje, y aun en marcha decidió saltar. El cochero al darse cuenta freno de inmediato y bajó de éste para supervisar que la dama no hubiese sufrido algún daño.
—¿Se encuentra bien, milady?
Pero ella en lugar de responder simplemente asintió. Ante ella se alzaba la imponente casa donde había vivido durante varios años. Había sufrido, pero ahora estaba dispuesta a dejar todo ese sufrimiento y comenzar una nueva historia, a lado de él.
—¿Quiere que la espere?
—No – ella respondió y por primera vez miró al cochero – Regrese a casa de mis padres. No se preocupe por mí – volvió su vista a la casa – Estaré bien.
Aquel hombre asintió y tras una reverencia volvió a subir al carruaje y emprendió la partida.
Kagome se llevó las manos al corazón, no sabía que decir o más bien que le diría, pero de lo que estaba completamente segura era que está vez no permitiría que él se escapara y que mucho menos tomará una decisión por los dos.
Así que abrió la reja y camino por el sendero que conducía hacia la puerta principal y llamó. A pesar de que la casa estuviese en completa penumbra, sabía de antemano que él se encontraba ahí y no se iría de ahí hasta que abriera la puerta.
Podía escuchar los latidos de su corazón, las manos le hormigueaban por debajo de sus guantes ante el nerviosismo del momento. Esperaba impaciente a que él abriera.
Inuyasha salió de su estudio con una botella en mano cuando escuchó unos golpes en la puerta. Sus empleados no estaban ya que les había dado todo el fin de semana libre y dudaba que fuera cualquiera de ellos, ya que tenían una copia de la llave.
Observó a Deisy acostada sobre un enorme cojín, normalmente ella comenzaba a ladrar cuando un extraño llamaba a la puerta, pero en esta ocasión ella hacía caso omiso al llamado.
—Y te dices ser guardiana eh – bromeó él al ver el poco interés que mostraba su compañera.
Recorrió el cerrojo y cuando abrió la puerta nada ni nadie lo había preparado para ese momento.
Cuando él abrió la puerta Kagome no esperó a que le diera entrada, sino más bien se arrojó a sus brazos lo besó, un beso que llevaba un año entero deseándolo. El impulso que había tomado hizo que Inuyasha soltara la botella y esta se hiciera añicos contra el suelo y todo el líquido comenzó a esparcirse por toda la casa.
Kagome enredó sus piernas alrededor de su cintura, ambos no dejaban de explorar sus bocas, sintió el sabor del whisky en sus labios.
—Ni creas que te libraras de mi tan fácilmente esta vez – susurró contra su boca – Me debes un par de años Inuyasha Taisho. –antes de volver a devorar sus labios
Inuyasha la recargó sutilmente contra la puerta, mientras se perdía en el sabor de sus labio. Sus manos no podían estar quietas y exploraba ese cuerpo tan amado que había extrañado infinitamente.
Entonces, él se apartó un poco, ambos respiraban con demasiada dificultad.
—Si te quedas esta noche… — dijo entre cortadamente debido a la respiración agitada – Te quedas para siempre.
Debía advertirle eso, ya que una vez que cruzara por completo el lumbral de la casa no la volvería a dejar nunca más, quería que ella tuviera el poder de decir, de que analizara la locura que estaba por competer y que los amenazaba con arrojarlos a un abismo de placer.
El corazón de Kagome latió con fuerza debido a su amenaza. Pero que más daba, a estas alturas lo único que le importaba era estar ahí con él, entre sus brazos.
Con una sonrisa descarada tomó ambos lados de sus mejillas y dijo:
—¿Qué esperas para llevarme a tu cama?
Inuyasha negó, no quería que después se arrepintiera o simplemente hubiese sido un encuentro fortuito.
—Vete ahora que te estoy dando la opción de hacerlo – la miró con sus intensos ojos dorados que podrían hacerla derretir – No quiero que te arrepientas después.
—¿Y si te digo que no quiero? – ella también lo miraba — ¿Qué hay si te digo que me lleves a tu cama y no me dejes ir nunca? – preguntó susurrándole en su oído.
Él se apartó un poco y recargó su frente en la de ella.
—Bien – asintió – Después no digas porque no te lo advertí.
No dijo nada más y simplemente la tomó entre sus brazos y la llevó escaleras arribas. Todo ante la mirada de Deisy, quien se había despertado debido al ruido.
La dejó sobre el suelo y sintió como su cuerpo se deslizaba por sus brazos. Cerró la puerta con llave, a pesar de que le había dado el fin de semana libre a sus empleados, era mejor prevenir.
No podía apartar su mirada de esos ojos dorados, estaba ahí, con él y en su habitación. Con la esperanza de algo más, con la esperanza de amanecer en sus brazos y la probabilidad de que él no la dejara marchar.
—¿Por qué quieres estar conmigo?
No esperaba que él hiciera esa pregunta.
—¿Tú porque quieres?
Inuyasha esbozó una media sonrisa y avanzó muy lentamente en su dirección y sin previo aviso, sus manos se anclaron en sus caderas para atraerla hacía él. En ningún momento apartó sus ojos de los de ella.
Recargó su frente en el hombro delicado de Kagome.
—Porque durante todo este tiempo no he podido olvidarte – explicó, trazando un camino con sus labios hasta el cuello – Porque en lo único que pensaba era en tu regreso, para tenerte aquí conmigo – sus manos expertas comenzaron a desatar los nudos de su vestido – Porque soy demasiado egoísta como para volver a dejarte ir. No puedo vivir sin ti y deseo que las cosas esta vez sean diferentes.
Ambos se perdieron en la mirada puesta en el otro.
—No podré borrar lo que hice en el pasado. – desnudo su hombro derecho, el cual no pudo resistir el impulso de besar su piel cremosa —Pero te puedo prometer un futuro diferente, me dicaré a venerarte en cuerpo y alma todos los días de mi vida.
Sus palabras estaban cargadas de una promesa que esta vez se dedicaría a cumplir y eso la hacían soñar con ese provenir.
—Ahora – se detuvo — ¿Por qué quieres tú esto?
Le tocaba a ella ahora responder y en lo único que podía pensar era en no volver estar separada nunca más de él.
—No he dejado de pensar en ti en todo este año y si – acarició su mejilla con una mano – Me cuesta tanto respirar cuando no estas a mi lado. En todo este tiempo lo único que esperaba era regresar, buscarte y obligarte a estar conmigo aunque no lo desearas.
Él apoyó la frente en la de ella y suspiró.
—Pero eso es justo lo que más deseo.
Kagome arqueó la espalda y se desvanecía entre los brazos de Inuyasha, era la tercera vez que llegaba al clímax y ambos habían perdido la noción del tiempo. Aunque francamente muy poco les importaba.
—Cásate conmigo nuevamente.
Ella esbozó una sonrisa al escuchar esas palabras de su boca.
—No lo conozco milord como para aceptar ese tipo de propuesta.
Inuyasha no pudo contener una risa ante su broma.
—Lo podemos solucionar en este momento – dijo mientras arqueaba una ceja – Soy Inuyasha Taisho y soy un duque.
Ella hizo una mueca y negó con la cabeza.
—No sé milord, no me agradan los duques. Son arrogantes y piensan que están por encima de todo.
Inuyasha entornó los ojos sobre ella y rodó en la cama para tenerla justo donde quería. Debajo de él y tan anhelante.
—Empecemos de nuevo – sugirió – Larguémonos a vivir a Toscana. Solo tú y yo, no más.
Dibujó un sendero desde sus labios al cuello y del cuello al hombro. Mientras que sus manos recorrían cada centímetro de su piel desnuda registrándola en su memoria.
—¿Empezar…— la voz se le quebró debido al deseo – … de nuevo?
—Solos tú y yo.
—Solos tú y yo – repitió.
—Así es – él asintió, entrando una vez más en su interior – Porque si se te ha olvidado, recuerda que te dije que si te quedabas esta noche….
—Te quedabas para siempre – dijeron los dos al mismo tiempo.
Ella acarició la cicatriz que tenía en la milla y esta vez él no se apartó, al contrarió recargó su cabeza en la palma de su delicada mano. Entonces sonrió y asintió.
—Si – volvió asentir – Si a todo lo que has dicho. Siempre y cuando estemos juntos.
—Para siempre – Inuyasha finalizó mientras apoyaba su frente en ella y se volvía a perder en sus ojos.
No hubo tiempo para más palabras y sus labios se encontraron nuevamente, pero esta vez se sellaron para siempre. Con la promesa de nunca más volverse a separar y confiar siempre el uno del otro.
Epilogo
Toscana, Italia.
(10 meses después)
Estiró su brazo para tocar a la mujer que dormía como cada noche junto a él. Pero su sorpresa fue mayúscula, ella no estaba ahí. Preocupado se levantó de la cama y vio la ventana abierta, el aire que se filtraba hacia elevar las cortinas blancas.
Salió de la cama y se puso una camisa de lino para salir por donde ella lo había hecho. Y fue justo en ese momento cuando todo parecía alinearse.
Ella estaba ahí, en medio de un campo de lavandas, llevaba su camisón pero con una bata que no podía protegerla de la fresca brisa del amanecer. El cielo comenzaba a tornarse de un matiz de color naranja, azul y morado, mientras que el astro rey empezaba a despertar para iniciar un nuevo día.
De nueva cuenta, el viento hizo bailar sus cabellos color azabache. Una sonrisa se escapó de sus labios. Una Deisy muy atenta estaba junto a ella y pasó lo impensable, el animal alzó una enorme pata y la apoyó contra su vientre abultado. Era como si ella misma le hiciera la promesa al nuevo ser que venía en camino, que siempre estaría a su lado y lo protegería en todo momento.
Avanzó lentamente hacía ella solo para abrazarla por la espalda y cubrirla de la brisa de la mañana con su cuerpo.
—Deberías estar adentro – dijo – No quiero que tomes un resfriado.
—Oh pero es agradable estar aquí.
—Si pero no quiero que les pase nada – la tomó entre sus brazos y la condujo nuevamente hacia la casa – Recuerda que hice una promesa y pienso cumplirla cada día de mi vida.
Kagome sonrió, era verdad. Diez meses atrás se habían vuelto a casar y no esperaron mucho para mudarse a toscana y tan solo dos meses después había descubierto que estaba embarazada. En un principio tenía miedo de perderlo nuevamente, pero esta vez lo tenía a su lado y en todo momento se mostraba protector con ella.
Llegaron hasta la habitación y se sentó en ella, con Kagome aun entre sus brazos.
—Creo que eres muy exagerado – comentó ella – Solo estaba tomando aire fresco.
Pero Inuyasha alzó una ceja.
—Seré siempre exagerado en cuanto a tu seguridad y la de este bebé se refiere.
Kagome esbozó una sonrisa y observó su enorme vientre. Últimamente se movía mucho cuando escuchaba la voz de su padre y esta vez no era la excepción.
—¿Qué quieres que sea? – preguntó ella.
Inuyasha apoyó una mano en su vientre y sintió una pequeña patadita del bebé.
—Lo que sea está bien para mí – la miró a los ojos – No te negaré que si es niña deseo que tenga tu cabello – pasó sus dedos por el largo cabello de Kagome – He incluso tus ojos. Sin duda sería una niña preciosa.
Ella se sonrojó ante sus palabras.
—Yo en cambio si es niño, deseo que tenga tu ojos y tu sonrisa.
Le dio un beso en la coronilla y le arrancó una risa.
—Bueno, falta poco para conocerla – dijo él.
—O conocerlo.
—O conocerlo – aclaró – Lo que me da a recordar que hoy, Lady Flora, ama y señora de Cornwall llega esta tarde para estar contigo.
Kagome hizo una mueca, no era que no deseaba la compañía de su madre. Al contrario, lo deseaba, pero estos meses en los cuales había estado sola con él la habían acostumbrado a eso, a ser solos ellos dos y claro, en un mes más serían tres.
—¿Le he dicho que la amo, Lady Taisho?
Ella roló los ojos y negó.
—No, creo que no me lo has dicho.
La tomó del mentón para tenerla justo frente a él y se perdió una vez más en el color de sus bellos ojos. Los cuales sin duda, siempre habían sido sus favoritos.
—La amo Lady Taisho – decía mientras comenzaba acercar sus labios a los de ella – Pienso seguir cumpliendo cada día mi promesa de amarla y cuidarla hasta mi último aliento. — volvió a sellar nuevamente esa promesa con un beso.
Así, Inuyasha Taisho cumplió toda su vida esa promesa.
Agradecimientos:
Bueno, pues hemos llegado al final de esta historia. Lastimosamente, tuvimos que esperar más cinco años para culminarla todas juntas. Creo que si esta historia la hubiese escrito en aquel tiempo que la estaba pasando mal, no iba a salir como yo quería. A veces es mejor hacer una pausa, sanar heridas y seguir.
Quiero que juntas le agradezcamos a Rey0109, porque si ella no me hubiese preguntado si algún día subiría de nuevo los fics, yo jamás me hubiese animado hacerlo. Digamos que estaba entre sí y no.
Posteriormente pensé en culminarlo de una vez, sentía que tenía una deuda con él, con ustedes. Y aunque no crean esta historia se construyó a base de sobras, no tenía completo todos los archivos pero aun así no lo dude y le entré.
Gracias por sus lindos comentarios:
July, FantasyFeelings, candy01234, .186, Kagome Taisho Shiba, Lin Lu Lo Li, rfdm, yosijin , Victoria Sandoval , CONEJA, chiito-nacha , Unknown1335 , Nena Taisho…
A todas ustedes muchas gracias, si alguien me falto una enorme disculpa. Quiero que sepan que ustedes son el motor clave de esta historia.
Pues no me queda más que agradecerles una vez más su gran muestra de cariño y ese apoyo incondicional hacia mí.
Las quiero y las llevaré siempre aquí, en el corazón.
Cuídense mucho en estos tiempos de pandemia, si pude por lo menos robarte una sonrisa, sacarte de la monotonía de la cuarentena, me doy por feliz.
Ahora si qué... que vengan los plagios (no, es broma, pide la historia antes de robarla plis)
Ya hablando en serio, está historia estará siendo publicada en Wattpad, estoy como Black_Pearb, así que si pensabas llevarla allá, no te preocupes ya lo hice por ti!
Besos.
BPB
