10.

Hikari se despertó con la primera luz del amanecer. Se encontraba acurrucada en el saco de dormir que le había preparado Miyako. Se frotó ambos ojos y estiró su cuerpo para intentar quitarse el entumecimiento. Tras eso vio a Daisuke durmiendo apoyado en el árbol, negó divertida. ¡Vaya guardián! Por otra parte Ken estaba justo al lado del riachuelo lavándose el rostro. Hikari pudo contemplar, en la espalda desnuda del joven, unos cuantos moratones que parecían ya estar sanando.

Ken se giró hacia ella al oírla levantarse. Como saludo simplemente inclinó la cabeza. La chica bostezó mientras se dirigía también al riachuelo para lavarse la cara. Ken aprovechó ese momento para golpear ligeramente a Daisuke, quien cayó al suelo bruscamente y se levantó dando un salto, totalmente alterado.

Las carcajadas de Hikari y Ken no se hicieron de esperar y pareciera que todo recuerdo de aquel momento aterrador vivido la noche anterior se había esfumado.

La joven de cabellera castaña rebuscó en su mochila rosada y sacó tres bebidas de café. Eran de aquellos cafés instantáneos que se calentaban debido a una reacción química de dos componentes situados en el envoltorio. Hikari era fan de aquellos cafés que a lo último que sabían era a café.

-Tenéis que tirar de aquí- advirtió señalando la tira plateada del fondo del envase. Ambos jóvenes asintieron y Hikaru pudo ver cómo, instantes después, ambos saboreaban aquel café au lait.

-¿Sólo llevas comida en esa bolsa?- fue la pregunta de Daisuke tras observar como la joven sacaba otro paquete de galletas.

-Por supuesto, ¿qué hay más importante?

El sol estaba en la parte más alta del cielo cuando Hikari pudo empezar a oler el mar. Aún desde una de las colinas, ya se podía ver aquel pueblo portuario. A lo lejos, el mar lamía una costa de arena rodeada de casas de piedra blanca. En alta mar algunos barcos con largas velas blancas y ocres podían observarse. Pájaros que recordaban a gaviotas surcaban el cielo turbio.

-¡Estamos llegando!- gritó emocionada. Tras aquello, su entusiasmo por recorrer los últimos kilómetros pareció incrementarse. Aunque no podía evitar sentirse ligeramente preocupada. Desde su interior imploraba por la seguridad de Yamato.

-Desde este punto lo mejor será ponernos las capuchas- advirtió Ken poniéndose la de su capa morada. Daisuke hizo lo mismo con su capa marrón y a Hikari no le quedó más remedio que imitarlos.

Empezaron el descenso por un camino ya marcado en la montaña. Aquel tramo era más sencillo ya que no debían saltar rocas camufladas en la tierra o trampas de barro. Cuanto más se acercaban al pueblo más gente empezó a ver Hikari, y para su sorpresa vio que eran personas normales y corrientes. Sí que parecían vestir ropas extrañas hechas de materiales tradicionales como el algodón, pero aparte de aquello, simplemente parecían campesinos.

-Andaria es un puerto de pescadores- le dijo Ken acercándose a ella. –Pero no hay que confiarse… no sabemos qué cosas han pasado aquí-afirmó. Hikari asintió sujetándose fuertemente la capa y apretándola contra sí.

El final del camino terminaba en lo que parecía la entrada al pueblo. Dicha entrada estaba adornada con un arco de piedra sujeto en dos columnas. Las columnas, hechas en lo que parecía piedra gris, estaban decoradas con peces y conchas marinas. Sobre el arco unas extrañas letras estaban gravadas. Hikari supuso que era el nombre de la ciudad.

Aunque sí que olía a mar, la ciudad olía además a pescado. Demasiado. Además había un olor desagradable que la joven no supo identificar. Pescados de diferentes tipos era lo único que conseguía ver la chica ir de un lado a otro. Y mucha gente, aunque nadie parecía reparar en ellos.

La calle principal, por la que ellos andaban, era la más ancha de todas. Las demás calles eran más bien callejones entre las casas, por los que escasa luz se colaba y eran completamente oscuros. Hikari vio gente sentada con las espaldas apoyadas en las paredes en más de un callejón. Tragó saliva al ver miradas perdidas hacia el infinito. Entonces se fijó que esa gente, la de las miradas perdidas, eran las únicas que no tenían sombra.

Las casas de toda la ciudad eran de piedra blanca y solo tenían un piso. Las puertas eran de madera y las ventanas estaban cubiertas de barrotes. De los tejados colgaban distintas plantas que Hikari no supo identificar, algunas de las ramas ya estaban secas. Además de que algunas casas estaban adornadas con redes de pescador.

Los ojos de Hikari se iluminaron cuando vio que el final de la calle mayor daba de lleno a un puerto. El suelo del puerto era de gigantes bloques de hormigón y en los amarres había una docena de barcos anclados. Algunos eran enormes navíos de madera mientras que otros eran simplemente barcazas. Lejos del muelle Hikari pudo adivinar una playa, la que había visto desde la montaña. Las olas parecían en paz pero el agua…

El agua fue lo que más sorprendió a la joven.

Aquello que desde la distancia le había parecido cristalino y puro, ahora podía ver que en realidad era una agua sucia y podrida. Era aquello lo que olía tan mal y, si se acercaba más, hasta podían verse algunos peces muertos sobre aquel líquido viscoso.

Las miradas de Ken y Daisuke entrechocaron.

-Esto no era así- comentó Daisuke. Hikari le miró con la nariz arrugada. –Parece ser cierto… que este mundo se está consumiendo- dijo con la mirada en el agua. Hikari se estremeció, y en aquel momento recordó el graznido de un cuervo.

-Vayamos, debemos encontrar a Yamato- dijo Ken quien volteó sobre sus pies y empezó a andar de nuevo hacia la ciudad. –Supongo que no debe andar lejos.

Pasado el mediodía Hikari pudo comprobar que el Sol ya estaba desapareciendo. Levantó una ceja ante aquello, y se anotó mentalmente que eso era algo que debía de comentar a sus compañeros. ¿Era ella o en aquel mundo cada vez anochecía más pronto?

Observó, apoyada en la pared de una de las casas, como Daisuke le preguntaba a otra mujer por un joven rubio de ojos azules. La respuesta fue la misma que la de las anteriores personas "no". Hikari empezaba a dudar que fueran a conseguir algo.

-Nada tampoco- le dijo Daisuke al llegar junto a ella. Después apareció Ken con el mismo resultado.

-Parece que no está aquí, quizás deberíamos…-pero Hikari interrumpió su discurso al ver la misteriosa mirada que Ken y Daisuke compartieron. -¿Qué ocurre?- preguntó alterándose. Pero Daisuke la tomó rápidamente del brazo y la arrastró dentro de uno de aquellos oscuros callejones. Ken iba detrás de ambos. Dieron un par de tumbos dentro de los callejones hasta llegar a uno muy estrecho.

-Ponte esto Hikari- le dijo Daisuke tomando la capucha de la joven y ciñéndosela. –Quédate aquí y no hagas ruido- susurró el joven mientras su mirada chocaba de nuevo con la azulada de su compañero. Tras eso ambos asintieron y salieron del callejón a una calle un poco más ancha pero igualmente oscura. Hikari se asomó ligeramente para descubrir a sus dos compañeros parados en medio de aquel lugar.

Entonces empezó a oír unos pasos, lentos y acompasados. La chica se agarró con más fuerza en la esquina y vio como sus dos compañeros se ponían en guardia. Cerró los ojos deseando que no fuera ningún cuervo. Inconscientemente se estaba mordiendo el labio. Los pasos se detuvieron y Hikari pudo ver, entre las figuras de Daisuke y a Ken, a alguien más detrás de ambos. Alguien que llevaba una capa de color oscuro cubriéndole el cuerpo y la cabeza.

-Dai…Ken…-oyó que decía aquel misterioso personaje. Era una voz de chico joven. Hikari frunció el entrecejo. Vio como Daisuke apretaba los puños.

-Así que te has dignado a venir a vernos- dijo el moreno, Hikari pudo notar el desdén de rabia en su voz. –Takeru.

¿Takeru? Aquel nombre resonó fuertemente dentro de la cabeza de Hikari, la cual apoyó toda la espalda contra la pared y se deslizó hacia el suelo en completo silencio.

-¿Qué estáis haciendo aquí?- preguntó el recién llegado. Daisuke se cruzó de brazos en señal de no querer decir nada, pero Ken decidió responder.

-Hemos venido a buscar a Yamato- informó el de cabellera azulada. La respuesta sorprendió al recién llegado que no pudo más que fruncir el entrecejo.

-¿Cómo?- preguntó. -¿Está aquí?

Daisuke ante aquello golpeó el suelo fuertemente. Su irritación empezaba a sobreponérsele. ¡Si Yamato había ido a buscar a ese maldito que ahora tenían delante!

-A por ti, ¡Yamato vino a por ti!- le gritó señalándole con el dedo. –Vas a traicionarnos, ¿verdad?- le encaró.

Lo que vino después de aquello fue solo silencio. Un largo y extenso silencio en el cual Hikari contuvo la respiración.

-No somos rivales para ellos- admitió el recién llegado, y la memoria de la batalla golpeó la mente de la chica. Podía notar la tensión del ambiente en ese lugar. El joven suspiró. –Llevaros a Matt antes de que cometa una locura.

Ante aquello Daisuke estuvo a punto de lanzarse contra el recién llegado, pero Ken lo detuvo tomándolo por la espalda.

-Dinos dónde está, Takeru- le pidió Ken. El joven asintió.

-Cerrad los ojos- les pidió. Hikari volvió a asomarse ligeramente y para su sorpresa vio como ambos jóvenes cerraban los ojos. El otro ahora les estaba dando la espalda y lo único que la chica pudo ver es que se había quitado la capucha dejando su cabello rubio al descubierto. En verdad debía ser el hermano de Yamato… el guardián. La chica se fijó también que llevaba una espada atada al ciño. Su corazón latió bruscamente ante la presencia de aquella espada. Tras unos segundos de completo silencio aquello se vio interrumpido por las palabras del rubio.

-Mierda…-se le oyó susurrar. Tras unos instantes se giró de nuevo y Daisuke y Ken abrieron sus ojos. Hikari, antes de que se girara, volvió a esconderse detrás de la pared.

-¿Qué ocurre?- le preguntó Ken.

-Está en la playa…-dijo el recién llegado. –Pero no está solo.

-Debemos ir con él- fueron las palabras de Daisuke.

-Jamás podréis contra ellos- oyó Hikari decir al muchacho. Pero lo que vino después la dejó helada. –Si encontráis a la protectora y la entregáis os perdonarán.

Hikari apretó aún más la espalda contra la pared. Aquella frase la sobrecogió de exagerada forma. "Si la entregáis" Era ella a quien estaba refiriéndose.

-¿Si la encontramos?- preguntó dudoso Daisuke compartiendo la misma mirada con Ken. -¿Cómo que si la encontramos?- no entendía aquello. Si Hikari estaba ahí, escondida tras la esquina.

-Entregadla- soltó serenamente. Daisuke empezó a negar con la cabeza.

-Jamás lo haríamos, somos sus guerreros y lucharemos por ella. Por este mundo. –dijo con una confianza ciega. Ken asintió ante aquello y Hikari intentó evitar que las lágrimas salieran de sus ojos. –Y ahora rescataremos a tu hermano, Takeru.

Y tras aquello empezó a correr en dirección al callejón. Pasando velozmente tomó la mano de Hikari y, con Ken siguiéndoles, los tres abandonaron los callejones dirigiéndose hacia el lugar donde las olas comían arena.

Continuará...


Aparecerán todos los personajes pero a su debido tiempo... quiero desarrollar el cuento poco a poco.

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Nos leemos,

Kyo.4*