Queridas Hikari Yagami de Takaishi, anaiza18 y NievesJS13, muchas gracias por vuestros comentarios. Me alegra que disfrutéis esta historia como yo lo estoy haciendo. Sólo os pido un poco de paciencia. ¡Todo llegara!


11.

La joven de cabellos castaños corría detrás de su compañero intentando no tropezar y no entorpecer la marcha acelerada de los dos jóvenes. Daisuke tiraba de ella con suavidad, pero Hikari podía notar la tensión que recorría al moreno.

-¿Ése era el hermano de Yamato?- preguntó, aunque la respuesta fuera evidente.

-Sí, ése era Takeru- le contestó Ken mientras giraban por una esquina. Luego otra pregunta voló a la mente de Hikari.

-¿Y cómo supo dónde estaba Yamato?- preguntó. Ante aquello vio como sus dos amigos reducían la marcha hasta pararse. El callejón en el que se encontraban era un poco más ancho que el anterior, ellos dos cabían justo uno al lado del otro. Ken se giró para asomarse por la esquina mientras Hikari se mordía el labio esperando la respuesta de Daisuke. El joven tragó saliva.

-Takeru…-empezó, aunque parecía que no sabía encontrar las palabras. –Él tiene el "Ojo de diamante"- dijo mientras miraba fijamente a Hikari. –Su ojo izquierdo le permite ver a cualquiera en cualquier momento y lugar además de poder ver el futuro inmediato.

-¡Eso es increíble!- soltó Hikari. Era increíble que un poder como aquel fuera real y que encima fuera uno de sus aliados quien lo poseyera. Aunque luego recordó las palabras de "entregádsela" y su ánimo se vino un poco abajo.

-No hay nadie, sigamos- dijo Ken mientras volvía a ponerse en marcha. Los otros dos asintieron y le siguieron.

-Sí, es increíble- comentó Daisuke. –Pero el "ojo de diamante" es a la vez una maldición, Hikari- la chica frunció el entrecejo. –El ojo de Takeru mata con solo verlo, cualquier persona que haya visto ese ojo muere al instante. Por eso nadie sabe cómo es… ni siquiera Takeru lo ha visto nunca- terminó. Hikari se había parado ante aquello.

-¿Sólo con verlo?- preguntó en un susurro. Daisuke asintió ante aquello.

-Takeru lleva un cobertor en el ojo, una especie de parche hecho de tela. Es muy importante, Hikari, que si Takeru llegara a quitárselo, no le mires nunca a los ojos. ¿Lo entiendes?- fue la pregunta que le hizo Daisuke mientras la tomaba por los hombros. Hikari asintió lentamente. Daisuke sonrió tras aquello.

-Llegamos- oyeron decir a Ken. Hikari desvió la mirada del rostro de Daisuke para ver que en verdad habían llegado al paseo que había al lado de la playa. El cielo ya se había teñido de negro para entonces y las dos lunas se encontraban en cuarto creciente. El mar estaba embravecido, y las olas arrastraban furiosas arena hacia dentro de sus entrañas. Ni un alma parecía estar cerca de aquella zona. –No pueden estar lejos…-susurró Ken.

-A no ser que Takeru nos haya mentido- comentó Daisuke llevándose una mano bajo la barbilla. Hikari vio como Ken negaba en silencio.

Y efectivamente, Takeru no les había mentido. Eso lo comprobaron segundos más tarde cuando, a lo lejos, vieron aparecer una luz azulada seguida de un cristal de hielo.

-¡Vamos!- corrieron los tres por el paseo para acercarse más. Una decena de metros más tarde Hikari se detuvo al lado de la barandilla blanca que separaba el paseo de la arena. La chica se aferró al metal y observó cómo, justo al lado del mar, se encontraban tres figuras. Una de ellas era indiscutiblemente Yamato mientras que las otras dos estaban envueltas en un aura negra. Hikari entrecerró los ojos y pudo descubrir a los dos cuervos que les habían atacado el día anterior.

-Son ellos- le confirmó la duda Daisuke. –Hikari escóndete detrás de esos arbustos y si las cosas se ponen feas solamente huye- fueron las claras instrucciones del joven. La chica tragó saliva e intentó negar con la cabeza. –Vamos, no seas testaruda. ¡A nadie le gustan las chicas testarudas!- tras decir eso el chico se giró y Hikari vio como saltaba la barandilla blanca e iba directo hacia la arena.

-Estaremos bien- fue lo único que dijo Ken, el cual también saltó la barandilla y se dirigió al lado de sus compañeros.

Hikari se quedó allí, aferrada al frio metal, observando cómo ambos intentaban llegar al lado del rubio.

Ken fue el primero en actuar ya que levantó un brazo y lo movió horizontalmente. Enseguida una ráfaga de aire potente levantó arena del suelo creando una pequeña tormenta. Eso les dio espacio a los dos jóvenes de llegar junto a su compañero.

-¿Qué estáis haciendo aquí?- fue la pregunta del rubio, quien cubría sus ojos con uno de sus brazos. Enseguida los jóvenes vieron aparecer a la sombra del lobo perlado al lado de su amigo.

-¿Tú qué crees?- fue la burla de Daisuke.

-¿Estás bien Yamato?- le preguntó Ken al llegar a su lado. El rubio asintió y luego dirigió su mirada hacia el punto donde suponía debían estar los dos cuervos. Sus compañeros le vieron apretar los puños.

-No van a decirme nada…-admitió el rubio. Daisuke apretó los dientes.

-Yama- le miró directamente a los ojos. –No hay nada más que debas saber, hemos hablado con Takeru…-pero su discurso se vio interrumpido por el grito de Ken.

-¡Cuidado!

Por entre la arena el cuervo de afiladas cuchillas había aparecido, lanzándose al ataque. Las cuchillas chocaron con un cristal de hielo que salió de la mano de Yamato, el sonido fue realmente estridente. Tras el golpe, el hielo se rompió en mil pedazos y Yamato tuvo que saltar hacia atrás para evitar la segunda estocada de su enemigo.
Daisuke intentó acercarse a ambos creando una de sus mallas de electricidad pero antes de poder lanzarla recibió una fuerte patada en uno de sus lados. El joven moreno chocó contra el suelo, cuando pudo levantar la cabeza vio que era la mujer cuervo la que lo había golpeado. Ahora ella se encontraba intentando parar los golpes de Ken, la mujer los esquivaba con facilidad y Daisuke vio como su amigo recibía un golpe seco en la barriga que lo enviaba unos metros hacia atrás. El de cabellos lacios fue reemplazado por el lobo perlado, quien se situó delante de su enemigo enseñando sus colmillos.

-Así que el perrito también quiere jugar- soltó la mujer sin tan siquiera moverse un milímetro.

Daisuke aprovechó aquel momento para levantarse y lanzarse al ataque. El lobo le acompañó en su intento, pero no pudieron ni llegar a la mujer, la cual parecía haber creado una barrera negra que los expulsó violentamente hacia atrás.

Hikari se estremeció al oír el quejido del lobo proveniente de aquella nube de arena y polvo. La chica tragó saliva, ¡no quería quedarse ahí sin hacer nada! Pero intervenir tampoco parecía una opción… ¿qué podría hacer ella? Sin darse cuenta apretó sus dos manos llevándoselas al pecho.

Ken buscó con la mirada a Daisuke y sólo tras recibir un asentimiento por parte del moreno pudo tranquilizarse. Juntos, ellos dos y el lobo, formaban un triángulo alrededor de la mujer, la cual simplemente seguía sonriendo. Intentaron atacarla los tres a la vez, pero ella fue capaz de esquivar la esfera eléctrica de Daisuke y golpear a Ken en el rostro. El lobo perlado tampoco consiguió demasiado, solo recibir un golpe en la boca del estómago.

Tras aquel golpe la barrera de arena que Ken intentaba mantener empezó a desvanecerse. La arena, que antes volaba alrededor del grupo, ahora empezaba a caer sin fuerza y la playa volvía a aparecer en el campo de batalla. Ken intentó levantarse, pero un dolor agudo en una de sus piernas se lo impedía. Levantó su mirada, buscando a sus dos amigos y descubrió a Daisuke, a unos metros de él, también en el suelo.

Por su parte Yamato seguía peleando con el de las cuchillas. El joven rubio golpeó el suelo y una barrera de hielo pareció elevarse. Pero la barrera fuer rápidamente destruida por su enemigo, que además consiguió rasgarle la camisa provocándole una herida en el pecho. La herida empezó a sangrar lentamente y Yamato se llevó una mano a ella. Aquello le provocó perder el equilibrio, y el rubio cayó al suelo.

-¡Cuidado Yamato!- fue el grito de Daisuke.

Garuru, el lobo perlado, empezó a recorrer la distancia que le separaba del joven rubio con la lengua fuera.

Mientras, aquel cuervo levantaba sus cuchillas en el aire y las descendía a gran velocidad, dispuesta a terminar la vida del rubio de ojos azules.

Hikari intentó gritar el nombre de Yamato y se descubrió a ella misma saltando la barandilla y empezar a recorrer el terreno arenoso. Sin embargo una sombra pasó fugazmente a su lado, lo que la dejó paralizada.

Cuando la cuchilla afilada del cuervo terminó de descender chocó de lleno con la vaina rojiza de una espada.

Continuará...


Y hoy traigo otro capítulo!

Seguid leyendo!