12.

La capucha fue cayéndole lentamente a medida que afirmaba su posición de rodillas. El joven sostenía entre sus dos manos la vaina de aquella espada, parando aquel golpe mortal.

-Takeru- susurró Yamato al ver a su hermano delante de él.

El joven no dijo nada y simplemente empujó con fuerza la cuchilla hacia arriba. El cuervo dio un paso hacia atrás mientras que el joven rubio se levantaba lentamente y se situaba delante de su hermano.

-Vaya vaya…-empezó a oír el chico la voz de aquella horrible mujer. El cuervo de las cuchillas retrocedía hasta colocarse al lado de su compañera, que llegaba cruzándose de brazos. –Así que vuelves a estar de su lado- escupió aquella mujer de ojos grises.

-Ella prometió que no les haríais daño- el joven apretó con fuerza la empuñadura de la espada y Yamato pudo ver como temblaba.

-Eso fue a cambio de la chica- dijo la mujer ladeando la cabeza. Takeru frunció el entrecejo. –Pero por alguna razón la estás ocultando- ante aquello el joven la miró totalmente confundido.

-No es cierto, a ella aún no la he visto- sentenció el chico.

Ante aquello las miradas de Ken y Daisuke entrechocaron. El de cabellos lacios se encontraba sentado en la arena, el agudo dolor de su pierna le impedía levantarse. Daisuke estaba a su lado, con una mano apoyada en el hombro de su compañero. El joven moreno dirigió su mirada hacia la barandilla, donde debía de estar la chica, pero su corazón dio un vuelco al no encontrarla allí.

-Así que según tú ella no está, aun, en este mundo- dijo la mujer con una cantarina voz. El joven rubio empezó a negar con la cabeza, pero antes de que pudiera decir nada la mujer empezó a levantar el brazo y señaló algo detrás de él. –Entonces… puedo matar a esta chica, ¿verdad?- fue la pregunta.

Ante aquello Takeru empezó a girarse con lentitud y finalmente se encontró cara a cara con la protectora de la barrera.

Hikari finalmente había conseguido llegar hacia sus compañeros. Había reunido todo el valor del que había sido capaz y había recorrido aquellos metros rápidamente. Ahora su rostro se encontraba rojizo debido a la carrera y jadeaba ligeramente. Se había detenido cuando había visto a la mujer señalarla, y en ese momento su corazón había empezado a bombardear sangre incansablemente. Sin darse cuenta, ella temblaba.

Cuando su mirada rojiza chocó contra la azul del joven no pudo más que ver la confusión en aquel rostro. Evidentemente era el hermano de Yamato, por lo mucho que se parecían… Pero Takeru llevaba el cabello ligeramente más corto y su ojo azul era más parecido al tono del cielo que al del mar, a diferencia de los de Yamato. Hikari, además, pudo ver la tela que cubría su ojo izquierdo y como esta se ataba detrás de la cabeza, como si fuera una cinta.

-No le harás nada- fueron las palabras de Daisuke, quien se acercaba lentamente hacia la joven para terminar levantando un brazo delante de ella.

Takeru frunció el entrecejo y tras unos instantes se giró de nuevo hacia los cuervos.

-Iros- ordenó con un tono de voz furioso. El de las cuchillas se removió en su sitio mientras que la mujer simplemente observó aquel gesto del rubio. Takeru, al ver que no se movían, se llevó una de sus manos a su ojo izquierdo. –Iros- repitió con la mano encima de su ojo.

La mujer le lanzó una mirada de odio ante aquello. Si no fuera por aquel poder…

Tras unos instantes ambos cuervos se giraron y empezaron a andar por la arena sucia de la playa. Luego dos destellos morados brillaron en la lejanía y dos cuervos negros emprendieron el vuelo hacia la oscuridad.

Hikari había estado conteniendo la respiración todo el rato. No fue hasta que no vio desaparecer a los dos cuervos que soltó una gran bocanada de aire. Daisuke, sin embargo, no bajó el brazo de delante de ella. Su mirada estaba fija en Takeru.

El rubio volvió a girarse lentamente para encarar a la muchacha. La miró unos segundos, aún con una de sus manos delante de su ojo izquierdo.

-Así que ya estabas aquí…-susurró. -¿Por qué… por qué no he podido verte?- fue la pregunta que hizo.

Hikari frunció el entrecejo recordando lo que Daisuke le había comentado acerca del ojo de Takeru, aquel que lo podía ver todo en cualquier momento. Tras unos segundos su mirada se desvió hacia Yamato, que seguía sentado en el suelo con una mano delante de su pecho.

-¡Yamato!- gritó la chica y, moviendo el brazo de Daisuke, se acercó al rubio. Llegó a su lado y le tomó dubitativamente del hombro, luego se arrodilló junto a él.

El rubio la miró desconcertado pero tras la mirada de preocupación sincera de la chica no pudo decir nada.

-No te preocupes- le dijo tras unos instantes. La herida no era tan profunda como lo hubiera podido parecer en sus inicios y además ya casi había dejado de sangrar. Unos segundos después el lobo perlado apareció al lado del rubio, acercando su hocico al hombro de su compañero. Hikari vio como el animal cojeaba ligeramente.

-¿Te encuentras bien Matt?- fue la pregunta que oyó Hikari. Levantó la mirada para ver, en la misma posición, al más joven de los rubios. Yamato miró también a su hermano menor.

-Sobreviviré- dijo.

-Por supuesto- Hikari vio como el rubio se giraba lentamente y empezaba a andar, alejándose.

-Takeru…-le llamó Yamato. El joven se detuvo sin girarse. Pero para sorpresa de la chica fue Daisuke el que le habló.

-¿¡Qué demonios estás haciendo Takeru?!- fue la pregunta a grito del moreno. La joven vio como andaba unos pasos hacia su interlocutor. El rubio no respondió, lo que crispó aun más al moreno, el cual se cruzó de brazos. –Al menos devuélvenos la espada- dijo señalando el arma que el joven se había ceñido a la cintura.

Ante aquello Takeru se giró lentamente.

-No puedo, la necesito- dijo mirando a Daisuke. El moreno le devolvió la mirada confusa.

-¿Para qué? – fue la pregunta que susurró.

Hikari, quien aún tenía una mano en el hombro de Yamato, notó como éste intentaba levantarse bruscamente.

-Takeru, no lo hagas- le oyó decir con una voz parecida a la súplica. Hikari frunció el entrecejo ante aquello. Luego vio como Daisuke parecía haber captado el mensaje oculto de Yamato. El moreno de giró de nuevo hacia el menor de los hermanos, quien parecía dispuesta a volver a alejarse.

-Escúchame Takeru- pidió el moreno. –Deja de auto compadecerte de una maldita vez.

La joven oyó entonces un suspiro, era Ken, quien estaba un poco más alejado, todavía sentado en el suelo.

-Dejadle ir…-susurró el de cabello lacios, el que parecía el más calmado de todos. Takeru empezó a andar de nuevo tras oír aquello. –Él sabrá lo que hace…

Y tras aquello todas las miradas se fijaron en la espalda del joven quien se alejaba lentamente de ellos, con su capa ondeando con la brisa fría del mar.

Hikari echó la última mirada al mar mientras se ceñía la capucha. Aquella aventura solo le dejaba un sabor amargo… no habían conseguido ni la espada ni hacer entrar en razón a Takeru. Aún tenía la imagen de la espalda del joven alejándose… Y aunque él hubiera dicho que debían entregarla, cuando vio su mirada no tuvo ningún miedo de él. Y eso era algo que todavía no comprendía.

-¿Hikari?- oyó que Ken la llamaba. Se giró hacia sus compañeros y suspiró.

La pierna de Ken se encontraba envuelta en vendas, al igual que el pecho de Yamato. Aunque las heridas no estaban tan mal como el día anterior… la capacidad de recuperación de aquellos chicos era increíble. Eso era algo que debía admitirlo.

La joven siguió andando, ojalá ella hubiera podido hacer algo más.

Mientras seguían subiendo aquellas colinas Hikari miraba de reojo a Yamato, intentando pensar las cosas que recorrerían la mente del rubio. Se mordió el labio al ver la mirada perdida del mayor. ¿A qué se refería con "no lo hagas"? ¿Qué no se pusiera en su contra? ¿Y para qué la espada?

En ese momento la joven se dio cuenta de la cantidad de preguntas que tenía que hacer, de la cantidad de cosas que se escapaban de su mente. Pensó en el maldito gato blanco y en aquello de ir en dirección recta sin preguntarse por qué. La verdad es que el maldito gato blanco tenía razón.

Tardaron un día entero en llegar de nuevo a la frontera de ambos mundos. Joe les esperaba en la entrada y su cara reflejó alivio cuando les vio llegar acompañados de Yamato. Aún así todos ellos llevaban cara de haber sido derrotados.

-Nos encontramos con los cuervos- comentó Daisuke una vez estuvieron sentados en la sala. Hikari agradeció a Joe el té caliente que en ese momento le estaba sirviendo. –Sólo eran dos… pero nos metieron una paliza impresionante- admitió el moreno mirando al suelo.

-Takeru nos dijo que no éramos rivales. Supongo que tenía razón- siguió Ken. Luego miró a Hikari. –Pero no pensamos entregarte Hikari, no te preocupes- comentó el de cabellera lacia. Hikari asintió y tras eso dirigió la mirada a Yamato, sentado en su lugar de costumbre, acariciando despistadamente el hocico de Garuru. –Hubo dos cosas en Takeru que me llamaron la atención- les dijo Ken. Ante aquello Joe, quien se acababa de sentar, le miró curioso. El joven levantó un dedo y prosiguió. –La primera es que no fuera capaz de ver a Hikari, cosa que admitió, que no la había visto.

-Cuando me vio estaba realmente confuso- admitió Hikari. Yamato la observó de reojo. –Lo pude notar en su mirada- dijo ella mirando al suelo. Daisuke asintió ante aquello.

-La segunda- dijo Ken levantando otro dedo. –Fue que dijo algo como "ella prometió que no les harías daño", o algo así- parafraseó Ken. -¿Ella?- dejó al aire.

-Así que hay alguien detrás de todo esto… -susurró Joe llevándose una mano a la barbilla. –Deberíamos averiguar más sobre eso- confirmó.

-¿Pero cómo?- fue la pregunta de Daisuke. –Sólo Takeru parece saber algo sobre eso.

-Busquémosle- dijo bajito Hikari. Pero Yamato rápidamente negó ante aquello.

-Mi hermano puede ver todo lo que hacemos- Hikari vio como el rubio se apoyaba más cómodamente en el marco de la ventana. Era la primera vez que se refería al guardián como su hermano–Si nos acercamos a él lo verá- admitió.

-Pero a mí no puede verme- soltó ella tras unos instantes. Ante aquello los cuatro jóvenes se giraron hacia ella.

-No dejaremos que vayas sola, Hikari- dijo Daisuke. –Esa no es una opción.

Ante aquello la chica suspiró, se esperaba aquella respuesta. Además que era imposible que ella pudiera recorrer sola aquel mundo, sin ellos estaba totalmente perdida. Su mirada volvió a posarse en aquel cuadro que cada vez parecía cobrar más sentido. Ahora solo quedaba encontrar al otro guardián… ¿por qué no había cuarto guardián?

-¿Quién es el guerrero del fuego?- preguntó a nadie en concreto. Joe fue el primero en seguir la mirada de Hikari hacia el cuadro.

-No lo sabemos… simplemente jamás vino aquí- comentó el de cabellos azulados. Hikari suspiró… reunir al cuarto guerrero y hacer volver al guardián eran las únicas opciones que tenían si querían lograr algo.

-Hikari será mejor que vuelvas a casa- le informó Ken, quien se había levantado sin que la chica se diera cuenta, y ahora miraba por la ventana. La noche volvía a cubrir el cielo y además estaba llena de nubes. –Parece que lloverá…-susurró el guerrero.

La chica asintió y se levantó de aquel asiento de terciopelo. Tomó la bolsa rojiza del suelo y se dirigió a la salida. Los jóvenes hicieron un amago de acompañarla pero ella se negó, como la última vez, y subió la colina sola. Antes de meterse de nuevo en el bosque echó una mirada a aquel mundo. Era cierto que fuera a llover, las primeras gotas empezaban a caer del cielo.

Se metió rápidamente entre los árboles y mientras recorría el camino de vuelta a casa deseó saber más cosas de aquel mundo. Deseó saber cosas de su madre, de qué había hecho ella, de si había salvado en algún momento aquel mundo. De cómo poder hacer algo. Deseó que alguien se lo dijera.

Las gotas empezaron a mojar su ropa y su cabello, enunciándolo. La joven empezó a correr, manchándose de barro los zapatos al chapotear en los charcos.

Cuando finalmente consiguió llegar al sendero vio que en su mundo también estaba lloviendo. Aunque el agua se sentía ligeramente distinta. Anduvo con paso apresurado hasta llegar al portal de la casa de su abuela. Ahora lo único que quería era tomarse un largo baño, relajada y serenamente, sin ninguna charla de nadie y sin ningún dios tocándole las narices.

-Ya estoy…-intentó decir la chica tras entrar en la casa, pero no pudo terminar la frase al encontrarse a un joven de cabellos castaños cruzado de brazos mirándola fieramente.

-¿¡Dónde diablos te habías metido Hikari Yagami?!- le gritó su hermano mayor, Taichi Yagami.

Continuará...


Apareció alguien que yo tenía mucho en mente y espero que nadie hubiera olvidado.

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Nos leemos,

Kyo.*4