Se ve que el verano me anima! Estoy escribiendo como una loca cualquier cosa que viaja en mi mente, y esto empieza a ser raro.

Hoy subo dos capítulos, ¡ya que son tan cortitos!


13.

Hikari adoraba a su hermano mayor, siempre le había admirado. Desde que eran pequeños Taichi, de carácter alocado y temerario, había protegido a su hermana delante de cualquier cosa. El aficionado al fútbol era un gran cocinero cuando se trataba de sacarle una sonrisa a la pequeña. Además, otra cosa que admiraba de su hermano, era aquella extraña habilidad de peinarse el cabello castaño para que le quedara de aquella manera tan curiosa.

Pero en aquellos momentos, la voz de sermón de su hermano solo hacía que su cabeza le doliera. Hikari estaba cansada después de más de cinco días en aquel mundo persiguiendo cuervos. No tenía ni fuerzas ni ganas para soportar aquella charla.

-¡Seguro que ni has pensado en el instituto!- oyó decir a Taichi mientras ella apoyaba su cabeza en una de sus manos. Miró enfrente suyo y vio a una muy apenada Miyako, intentando calmar al torbellino que era Taichi. A su lado estaba la abuela de Hikari, tomando té como era su costumbre, sin decir nada. Pero la persona que más sorprendió a Hikari fue la presencia de Koushiro Izumi.

Éste último era un amigo de su hermano, un genio en la informática. Era bajito, un poquito más que ella, y su cabello era pelirrojo, muy poco frecuente en Tokio. Sus ojos eran profundos y de color negro. Hikari no entendía que hacía aquel chico en ese pueblo perdido de la mano de dios y suponía que él mismo tampoco lo sabía. Seguiramente había sido arrastrado por un muy convincente Taichi, en su aventura hacia el pequeño pueblo de su abuela. El joven informático se removía incómodo en su asiento.

-Hikari, ¿me estás escuchando?- le pregunto Taichi. Hikari le miró cansadamente. Por supuesto que no le estaba escuchando.

-Claro Tai- dijo ella. Taichi golpeó la mesa frustradamente y luego tomó asiento.

-Entiéndeme Kari- dijo entonces él. –Estaba preocupado… llevas más de dos semanas aquí y no me has llamado- el joven se llevó las manos a la cabeza. –¡Y yo en aquella casa que parece que se me va a caer encima!

Hikari ladeó el rostro. Tenía razón, ¡que descuidada había sido! Entre todo aquel lio del otro mundo no se había acordado de llamar ni una sola vez a Taichi… le había dejado solo, ante la muerte de su padre y los recuerdos de él en el piso que compartían en Tokio. La chica se levantó y abrazó a su hermano.

-Lo siento Tai- le dijo. Él le pasó un brazo por encima. –He estado muy ocupada con…- pero no terminó la frase al notar el error que estuvo a punto de cometer.

-¿Con?- preguntó Taichi levantando una ceja. Pero Hikari negó rápidamente. Miyako entonces intervino preguntando si alguien tenía hambre. La intervención de la chica fue muy oportuna, tanto que Hikari vio la oportunidad de escabullirse reclamando un baño, el cual llevaba horas conquistándole la mente.

Pero antes de conseguir marcharse de aquella sala Taichi la detuvo.

-¿Y? ¿De dónde venías a estas horas?- le preguntó el moreno mirándola, sentado cómodamente al lado de la mesa. La chica se giró hacia él soltándole una de sus más radiantes sonrisas.

-Del bosque… ya sabes lo mucho que me ha gustado siempre- ante aquello Taichi no pudo más que suspirar y asentir.

Hikari abandonó la sala tras aquello y finalmente consiguió aquello que tanto deseaba.

Con Taichi merodeando por la casa, le fue imposible a Hikari regresar al "mundo de los locos" por unos cuantos días. La chica se mordía las uñas contemplando por la ventana como Taichi hacía diversas tareas del campo y descansaba junto a los árboles del bosque leyendo un libro que parecía llevar siempre con él.

-¡Demonios!- comentó al cuarto día de tener a Taichi por allí. Hikari le observaba desde la barrera de la casa de su abuela.

-¿Ocurre algo Hikari?- oyó la pregunta detrás de ella. Al girarse se encontró con Koushiro, quien cargaba una bolsa llena de tierra.

-Eres tú Izzy- le llamó por el apodo con el cual Taichi le había bautizado. El joven asintió, tímido como siempre. –Me sorprendió verte por aquí… no esperaba que dejaras Tokio- le confió Hikari. Izzy asintió.

-Yo tampoco, pero tu hermano me ha arrastrado hasta aquí- señaló el de cabellera rojiza. Luego suspiró. –Aunque yo no soy muy de campo- admitió su acompañante. HIkari sonrió ante aquello.

-¿Hasta cuándo tiene pensado quedarse Taichi?- le preguntó entonces, desviando la mirada de nuevo hacia el moreno. Koushiro se encogió de hombros.

-No tengo ni idea- comentó. Hikari frunció el entrecejo. Volvió a maldecir por lo bajo y luego su mirada se centró de nuevo en el libro que su hermano llevaba leyendo desde que había llegado. Más que un libro era un cuaderno de tapa marrón, que parecía estar escrito a mano.

-¿Y ese cuaderno?- preguntó Hikari a Izzy. Éste volvió a encogerse de hombros.

-No lo sé- admitió. –El día que vino a por mí ya lo llevaba, he intentado ojearlo pero no hay manera de que lo suelte- se quejó el joven. Hikari sonrió, si algo le venía a la cabeza al pensar en aquel joven pelirrojo era la palabra "curiosidad". Tras aquello el joven agarró con más fuerza el saco lleno de tierra y empezó a andar. –Voy a dejar esto en el cobertizo- dijo mientras se alejaba. La joven asintió y tras verlo marchar suspiró.

Así sería imposible regresar. Hikari miró al cielo, azulado como de costumbre, tan similar a la mirada de aquel chico. En ese momento la joven se descubrió pensando en el menor de los rubios. Suspiró. Ojalá estuviera bien…

La morena notó algo que le rozaba el brazo. Se giró sobresaltada hacia su derecha y dos brillantes ojos azules la sorprendieron. A punto estuvo de gritar al descubrir al lobo perlado a su lado. El lobo era quien, con el hocico, le había acariciado el brazo.

-Garuru- susurró por lo bajo. Empezó a ponerse nerviosa. –Espero que hayas venido solo…-susurró, pero su plegaria fue en vano. Al levantar la mirada vio aparecer a Yamato, cruzado de brazos, de entre los árboles. –Mierda- se golpeó ligeramente la cabeza con una mano.

Yamato anduvo hacia ella, aun con los brazos cruzados. Ella corrió a su encuentro y antes de que él pudiera decirle nada ella puso un dedo delante de sus labios.

-Vete, vete, vete- empezó a decirle empujándole ligeramente. Pero Yamato la miró totalmente confuso.

-¿Qué pasa?- preguntó él intentando comprender la extraña actitud de la muchacha. Hikari, sin embargo, solo negaba con la cabeza.

Pero entonces Hikari oyó un carraspeo detrás de ambos y, soltando una maldición por lo bajo, se giró lentamente. Yamato se mantuvo a su lado, mirando totalmente confundido la escena.

-¿No eres un poco mayor para ella?- fue la primera pregunta que hizo Taichi Yagami al joven de cabellos rubios. Yamato levantó ambas cejas y Hikari enrojeció rápidamente.

-¡No digas tonterías, Tai!- dijo ella negando rápidamente. Taichi ladeó la cabeza, mirando de arriba abajo al joven.

-¿Y tú eres?- preguntó indirectamente el moreno. Yamato sonrió enigmáticamente.

-Soy Yamato Ishida- dijo mirando desafiante al moreno. Taichi sonrió de igual modo.

-Taichi Yagami, soy el hermano mayor de Hikari- amenazó él, sutilmente.

-Así que tú eres la razón por la cual Hikari ha dejado de visitarnos- comentó haciendo que Taichi levantara una ceja y mirara a su hermana menor.

-¿Visitaros?- preguntó.

Pero Hikari rápidamente negó con la cabeza y se interpuso entre ambos.

-Yamato es el nieto de una compañera de la abuela, he estado ayudando con los campos- mintió ella. Yamato no pudo evitar sonreír ante aquello, la situación era francamente cómica. Por su lado Taichi soltó un suspiro.

-Entiendo- se giró el moreno poniendo sus dos manos detrás de la cabeza. Hikari notó entonces el parecido de su hermano con Daisuke y no pudo evitar ladear la cabeza, curiosa. Tras eso miró de reojo a Yamato y vio como el de ojos azules tenía la mirada fija en el bosque.

-¿Ocurre algo?- le preguntó por lo bajo. Yamato entonces se tensó en el sitio.

-Parece que algo viene.

Y ante aquello Hikari solo pudo girarse violentamente para descubrir cómo, del bosque, salían unos enormes tentáculos que brillaban entre grises y azulados y se movían velozmente.

Continuará...


Pero seguid leyendo!