14.

Hikari pudo contar hasta cuatro tentáculos distintos sobresaliendo de entre los árboles. Éstos eran enormes, parecía que tenían diámetros de más o menos un metro, y eran de una textura gelatinosa. La joven pudo observar como esos tentáculos brillaban grisáceos y azulados, y se removían velozmente. Cada golpe que daban contra los árboles provocaban que las hojas rojizas y amarillentas cayeran al suelo.

Yamato apretó los puños y pensó qué demonios estarían haciendo sus compañeros y como aquella cosa había podido llegar hasta allí. El rubio cubrió con su brazo a la chica y buscó a su fiel compañero lobuno.

Pero el más sorprendido era Taichi, quien no podía ver los tentáculos pero si el temblar de los árboles y las hojas cayendo.

-¿Qué está ocurriendo?- preguntó el moreno mirando con los ojos muy abiertos la escena. Hikari respiró hondo y miró interrogativamente a Yamato.

-Podremos con ello- afirmó el rubio en un susurro, con un desdén de arrogancia en su voz. Hikari suplicó que así fuera y miró a su hermano. Tenía que llevárselo de allí.

-Me llevaré a Tai- dijo ella también en un susurro. El rubio asintió y tras aquello se separó bruscamente de ella y se lanzó contra los tentáculos. Hikari aprovechó aquel momento para tomar con fuerza la mano de su hermano.

-Entremos Tai- dijo ella. Pero el moreno parecía no querer moverse del sitio. Hikari se detuvo al notar que su hermano no la seguía. Intentó tirar del brazo de él, pero no obtuvo ningún resultado.

Para aquel entonces Yamato ya había creado la primera barrera sólida de hielo. Dos de los tentáculos se dirigieron velozmente a la barrera y chocaron contra ella, rebotando bruscamente y arrancando de cuajo uno de los árboles. Hikari negó con la cabeza al ver como su hermano abría aún más los ojos. Taichi no podía meterse en todo aquello… Taichi no.

Se giró asustada, buscando algo que pudiera ayudarla a atraer la atención de su hermano. Vio a Miyako corriendo hacia ellos. La joven de cabellos violáceos llegó rápidamente a su lado y tomó también el brazo de Taichi. Las dos intentaron tirar del joven moreno quien parecía estar totalmente paralizado.

Garuru soltó un aullido al lanzarse contra otro tentáculo, sus fauces envolvieron aquella cosa viscosa segundos después. Hikari se estremeció ante aquello y pudo notar que el vello de Taichi se erizaba. ¿Acaso lo habría oído? Se mordió el labio y dejó de tirar de su hermano para contemplarlo. La morena vio como su hermano apretaba con fuerza el libro.

-¿Qué…qué está ocurriendo?- oyó ella como él susurraba. Hikari negó rápidamente pero sus ojos se desviaron hacia Yamato. El rubio estaba saltando uno de los tentáculos ágilmente. De su mano sobresalía un hielo similar al de una cuchilla, el cual usó para cortar el tentáculo.

-Vamos… Tai… - dijo ella suavemente desviando la mirada de su guerrero. Tragó saliva. Taichi se giró hacia ella, clavando sus ojos castaños en el rostro de su hermana menor. Le lanzó una mirada de confusión de tal magnitud que Hikari no supo responder.

-¡Yamato!- oyó como gritaba Miyako. Hikari se separó de su hermano y buscó al rubio, pero no pudo encontrarlo en su campo de visión. Y, antes de que Taichi pudiera siquiera moverse, la morena ya se había lanzado dentro del bosque.

Nada más Hikari puso un pie entre los árboles pudo ver aquellos destellos amarillentos y rojizos temblar entre los árboles. Los dioses del bosque parecían estar muy asustados. Miró de frente, sin dejar de correr, y observó como poco a poco todo parecía volverse más oscuro. Garuru llegó minutos después a su lado, jadeando.

-¿Dónde está Yamato?- le preguntó al lobo parándose. El animal pareció entenderla y simplemente negó. Hikari podía observar a su alrededor los tentáculos, largos y viscosos, que recorrían ciegamente el bosque. Golpeaban los árboles, se arrastraban por el suelo. Garuru la empujó bruscamente y Hikari cayó al suelo, instantes después un tentáculo pasó sobrevolando por encima de su cabeza.

Oyó entonces el sonido característico del hielo de Yamato formándose. Levantó la cabeza de entre sus brazos y buscó a su alrededor, todavía sentada en el suelo. Se había ensuciado del barro húmedo del suelo.

Suspiró al divisar al rubio entre los árboles, algo alejado de ella. Yamato había conseguido cortar otro de los tentáculos, el cual cayó inerte en el suelo. La joven se levantó, apoyando ambas manos en la tierra. Garuru había regresado a su lado.

Cuando el tentáculo hubo caído al suelo, Yamato giró sobre sí mismo y descubrió a la castaña, Hikari vio como tenía un rasguño en una de sus mejillas. Ella le miró interrogativamente y él simplemente asintió sin decir nada.

-¡Hikari!- oyó la morena el grito de su hermano. Se giró bruscamente hacia donde provenía la voz y negó. Tras aquello empezó a correr en la dirección de Yamato.

-Vayámonos- le dijo al rubio. Él la miró sin decir nada, con el rostro totalmente serio. Ella empezó a ponerse nerviosa ante la serenidad del mayor. -¡No puedo decírselo!- le gritó, sin saber bien porqué. Pero el rubio no se inmutó. Ella desvió la mirada al suelo. ¿Por qué no podía decírselo? ¿Qué era lo que se lo impedía? Durante aquellos días había estado pensando en aquello, en cuál era la barrera qué impedía contarle las cosas a su hermano. Siempre habían estado juntos, siempre la había protegido. Desde que era niña, desde que era una niña enferma siempre al cuidado de su hermano mayor.

Desde que era frágil.

Pero aquello, aquella aventura descabellada la estaba descubriendo algo de ella misma que jamás pensó tener, el valor. Estaba descubriendo que detrás de la frágil y tímida Hikari podía encontrarse una chica decidida y valiente, que podía solucionar sus problemas por ella misma. No quería que Taichi se viera envuelto, no quería que lo dañaran. Por una vez… por primera vez… sería ella quién le protegería. Ella tomaría decisiones… por primera vez, su vida sería de ella.

-Yo…-intentó decir, tragó saliva. –Yo quiero protegerle.

Y Yamato, aunque intentó no demostrar ningún sentimiento ante aquello, no pudo evitar que algo dentro de él se removiera. La imagen de otro joven rubio le vino a la mente.

Pero aquella escena se vio interrumpida por la llegada brusca de dos tentáculos más. Yamato apartó a Hikari y tras aquello levantó una barrera. Pero el impulso de los tentáculos fue demasiado fuerte, la barrera estalló en cristales que se fundieron al tocar el suelo. Yamato cayó apoyado en una de sus rodillas. El rubio miró enfrente suyo, parecía que los tentáculos venían de un punto muy oscuro al final del bosque.

-Vamos- dijo él, se levantó inmediatamente y empezó a correr. Hikari asintió y le siguió, notó al lobo junto a ella.

-¡Espera, Hikari!- volvió a oír la voz de su hermano. Pero ella no quiso detenerse, saltó y esquivó todas las ramas de los árboles y raíces como si conociera aquel bosque a la perfección. Yamato iba delante de ella.

Pero Taichi siempre había sido muy rápido, Hikari lo atribuía a la práctica diaria de fútbol que realizaba el moreno. Antes de que pudiera darse cuenta tenía al mayor de los Yagami detrás de ella.

Intentó observarlo por encima de su hombro, se giró de nuevo al frente para descubrir que habían sido casi engullidos por una terrible oscuridad. Miró arriba, hacia las ramas de los árboles, por las que sólo se colaba una tenue luz grisácea.

Entonces oyó como Taichi se detenía. No podía ser. Miró al frente, había perdido de vista a Yamato. Se mordió el labio y se giró sobre sí misma. Vio a su hermano, metros detrás de ella completamente parado. En su mano seguía aquel libro o cuaderno marrón.

-¿Hikari?- oyó que la llamaba. Ella negó lentamente.

-Lo siento…Tai…-empezó. Pero se vio interrumpida por la voz de su hermano.

-¿HIkari, dónde estás?- oyó que preguntaba. Ella le miró frunciendo el entrecejo, pero no se movió de su sitio. Su hermano dio unos pasos hacia delante, pero Hikari vio como luego giraba hacia la derecha al parecer sin que él fuera consciente.

-¿Tai?- preguntó. Vio como su hermano no respondía sino que se paraba en seco. Le vio apretar los puños con rabia y luego observar aquel cuaderno. Tras aquello el moreno se llevó ambas manos alrededor de su boca y gritó el nombre de ella. Lo gritó una y otra vez mientras Hikari le observaba paralizada.

-No puede verte…-oyó una voz detrás de ella. Se giró, era Ken. Le miró confundida y él puso una de sus manos encima de su hombro. –Es por la barrera, nadie que no sea de éste mundo o no crea en él puede atravesarla- le explicó. Ella asintió ante aquello. Luego vio como su hermano dejaba de gritar y negaba frustradamente con la cabeza.

Y entonces él giró sobre sí mismo y empezó a correr en otra dirección, buscando por la hermana menor que estaba más cerca de lo que él creía.

Ella tragó saliva, evitó que las lágrimas asomaran a sus ojos. Quería gritarle y decirle que no se preocupara, que estaría bien. Pero no fue capaz de moverse. Y eso que creía ser tan valiente.

-Vamos- dijo el de cabellos lacios. –Aún tenemos que encargarnos del dios del pantano…-le oyó decir. La chica respiró hondo y asintió.

-Espero me perdones, Tai- susurró cuando ya empezaban a recorrer el bosque en el mundo de las dos lunas.


¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Ese sentimiento agridulce...

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Nos leemos,

Kyo.4*

Pd. Volvemos a vernos, amiga ;)! Es bonito reencontrarse donde nos conocimos!