Ya que en todo el verano no he actualizado nada, o bueno, casi nada, me apetecía subir dos capítulos de este cuento que escribo con tanta ilusión. Quiero que sea una historia de fantasía, pero evidentemente no puedo dejar de incluir algo de poesía y sobretodo el gran drama que nunca consigo evitar.
Gracias por leer.
15.
Cuando Hikari y Ken llegaron a la colina del otro mundo, ella no pudo evitar llevarse una mano a la boca. La noche ya había caído en aquella tierra, y ante aquel prado se encontraba el monstruo de los tentáculos, más enorme de lo que la morena se había imaginado.
El monstruo parecía hecho de gelatina más que de agua de pantano, y seguía brillando de aquella manera entre azulada y grisácea. Sus tentáculos eran largos y tenía una veintena. Hikari no pudo encontrarle ningún tipo de rostro a aquel ser, pero si notó el olor que desprendía.
Ken la abandonó nada más divisar a sus dos compañeros. Daisuke saltaba ágilmente los tentáculos al igual que Yamato. Cuando Ken llegó a su lado rápidamente lanzó un puñetazo contra el suelo que hizo que toda la tierra se estremeciera.
Hikari notó al lobo cerca de ella, hacia un rato que le había perdido el rastro. La miraba inquietamente. Ella no supo qué hacer en aquel momento más que reseguir con la mirada a sus compañeros. Se maldijo a si misma por no ser capaz de unirse a ellos.
Levantó la mirada rubí al oír el quejido de uno de sus guerreros. Era Daisuke, quien acababa de salir volando por los aires para dar de lleno contra la casita más cercana a ella. Hikari recorrió rápidamente la distancia hasta llegar al moreno. Éste se frotaba la cabeza, sentado en el suelo.
-¿Estás bien?- le preguntó agachándose a su lado.
-Perfectamente- dijo él intentando levantarse. Hikari le ayudó tomándolo por debajo del hombro. Daisuke se enderezó en unos segundos y Hikari no pudo evitar que volviera a lanzarse al combate. Le vio llegar al lado de un tentáculo y electrocutarlo juntando ambas de sus manos contra la masa gelatinosa. Vio que los ataques de Daisuke tenían más efecto debido a la cantidad de agua que debía formar el cuerpo de aquel ser.
¿Eso era un dios?
Fue la pregunta que voló a la mente de la chica. Un dios caído, se recordó. Miró al cielo para verlo oscuro y con las dos lunas. Sintió frio a su alrededor y se abrazó a sí misma. Se mordió al labio al ver como Yamato y Ken eran también repelidos por el dios caído.
-¡Cuidado!- les gritó al ver como los tentáculos bajaban velozmente con la intención de golpearlos. Ken y Yamato consiguieron evitarlos rodando por el suelo. La joven observó que sangre caía por el rostro de Yamato y que Ken no conseguía levantarse. –Garuru- susurró, y el lobo asintió lanzándose al ataque. Yamato recibió con sorpresa a su compañero lobuno, quien lanzaba mordiscos a los rápidos tentáculos.
-¡Aparta Hikari!- oyó la voz de Joe. La chica se giró confusa hacia donde creía provenía la voz ronca del mayor. Le vio refugiado detrás una roca, él le señaló algo delante de ella. Hikari se giró lo más rápido que pudo para observar un tentáculo yendo hacía ella. Intentó moverse, pero sus piernas parecían totalmente paralizadas.
Oyó el grito de Daisuke, quien corría hacia ella, pero era imposible que llegara a tiempo.
La joven solo pudo reaccionar levantando sus dos brazos y cruzándolos delante de ella. Gritó, pero nada salió de sus labios. Sin embargo aquel golpe que había estado esperando no llegó nunca, sino que la chica empezó a sentir muchísima calor, como si algo ardiendo estuviera delante de ella.
Al abrir los ojos vio una espalda que reconoció perfectamente. El calor provenía del joven de cabellera castaña que estaba justo enfrente de ella. Cuando el joven bajó el puño Hikari pudo comprobar que éste estaba en llamas.
-¿Tai?- preguntó dubitativamente.
Le oyó respirar de manera alterada, intentando controlar su propia ira.
Y como si la llegada del moreno hubiera sido una señal, Hikari observó como los guerreros se lanzaban al ataque. La manera en que lo hicieron la sorprendió de buen grado, pues parecían sincronizarse mejor que nunca. Ken aprovechó su distancia para golpear de nuevo el suelo. Yamato creó hielo que congeló las patas del ser y Daisuke aprovechó para electrocutarlo. El tentáculo que Taichi había golpeado con el puño en llamas yacía en el suelo totalmente carbonizado.
Hikari vio como el dios del pantano temblaba ante la sacudida eléctrica que le propino Daisuke y tras aquello todo el ser empezó a convertirse en una gelatina derretida. Los guerreros se apartaron de aquel líquido viscoso que empezaba a arrastrarse por el suelo, de nuevo hacia las montañas. La joven desvió su mirada hacia la dirección donde aquella masa se movía, sobre las montañas pudo distinguir aquellos nubarrones grisáceos que había visto las veces anteriores, lo que esta vez ya estaban más cerca.
Cuando la cosa se hubo calmado observó de nuevo la espalda de su hermano. Le oyó respirar agitadamente. Varias preguntas viajaron a su mente.
-¿Taichi?- le llamó. Le oyó suspirar y tras aquello él volteó a verla. La mirada del mayor era triste.
-¿Estás bien, Hikari?- le preguntó con voz ronca. Ella asintió en silencio. Ambos hermanos se quedaron mirando, y Taichi rascó su cabeza frustradamente. Abrió la boca para decir algo pero no pudo hacerlo cuando vio llegar a los cuatro jóvenes restantes.
-¿Quién eres tú?- fue la pregunta de Daisuke con una enorme sonrisa en sus labios. -¡Eso ha sido genial!- dijo y Hikari pudo notar una ligera admiración en su tono de voz. Ken, por su parte, fue más gentil.
-Muchas gracias por ayudarnos- dijo el de cabello lacio inclinando levemente la cabeza. Taichi recorrió con su mirada los presentes y se detuvo especialmente en Yamato, frunciendo el entrecejo. Hikari vio como se acercaba peligrosamente al rubio y lo tomaba por la camisa.
-Seguro que tú la has metido en todo esto- dijo empujándolo con fuerza contra la pared de la casa.
-¿Qué crees que haces imbécil?- fue la pregunta brusca de Yamato mientras empujaba al moreno. Taichi retrocedió unos pasos pero levantó los puños en señal de pelea. Yamato no se quedó atrás y se puso frente a él, dispuesto a golpearlo si hacía falta.
-Ya basta- dijo la única chica del grupo interponiéndose entre ambos.
-No, no, si quieres pelear, pelearemos- fueron las palabras de Yamato. Ken fue quien puso una mano en el hombro del rubio, el cual ya fulminaba con su mirada al recién llegado.
-Vámonos, Hikari- dijo Taichi tras unos instantes. La chica negó con la cabeza. –Vamos- repitió él intentando ser sereno. Pero ella volvió a negar. Taichi entonces se llevó las manos a la cabeza, totalmente frustrado. Hikari tragó saliva.
-Lo mejor será que entremos…- fueron las palabras de Joe Kido. Hikari le agradeció con una mirada aquel gesto. Todos necesitaban sentarse, serenarse. La morena pudo observar heridas en los brazos y las piernas de sus amigos. Pero el que más la preocupaba era su hermano, quien bajó los brazos derrotado.
Hikari se mordió al labio viendo como su hermano entraba de mala gana dentro de aquella casa. Todos se sentaron de nuevo en aquel lugar repleto de libros, con las butacas y la mesa en el centro. Como ya era costumbre Yamato optó por su lugar predilecto, en el alfeice de la ventana. Mientras ella se sentaba observó de reojo como su hermano se quedaba de pie y prefería apoyar su espalda en una de las paredes, curiosamente al lado del cuadro que tanto fascinaba a la joven.
-Me alegro que no hayan destruido esta casa- fueron las palabras de Joe para intentar romper la tensión del ambiente. Y era cierto, el silencio que invadía a todos los presentes era realmente incómodo. Hikari se removía nerviosa en su asiento. Intentó buscar fuerzas para preguntarle a su hermano cómo demonios había llegado allí, pero la mirada pérdida en los ojos chocolate parecía impedírselo.
Por su suerte fue Daisuke quien empezó una conversación.
-Supongo que eres amigo de Hikari, ¿no?- fue la pregunta del joven, a lo que Hikari no pudo evitar golpearse la frente. Taichi levantó la mirada y, para sorpresa de la joven, pareció sonreír divertido ante aquello.
-Soy su hermano, Taichi- se presentó él. Hikari asintió. Daisuke abrió, sorprendido, la boca.
Tras aquello el mayor puso sus dos manos detrás de su cabeza. Hikari observó la serenidad de su hermano sin poder evitar sorprenderse. Normalmente Taichi sonreía, se movía sin parar, era nervioso. En aquel momento parecía otra persona.
-Y supongo…-empezó a decir el mayor de los hermanos. –Que soy el guerrero del fuego.
Los ojos de Hikari se abrieron como platos ante aquello. Sin ser consciente la joven se levantó de su asiento y apuntó con un dedo a su hermano mayor.
-¡Tú lo sabías!- le gritó. El mayor asintió en silencio. -¿Por qué no me lo dijiste?- le recriminó la menor. Se mordió el labio. ¿Cómo era posible que él le hubiera estado escondiendo algo como aquello? ¡Algo tan importante! Se sintió extraña, como si algo se hubiera roto entre su hermano y ella… la confianza.
Daisuke también se había quedado con la boca abierta ante aquello, aunque fue el único. El resto de jóvenes habían deducido aquello nada más habían visto el puño de Taichi en llamas. Sin embargo, al oírlo de los propios labios de Taichi, Yamato no pudo evitar resoplar. Ahora tendría que aguantar aquel idiota a la fuerza.
-¡Dímelo!- gritó de nuevo Hikari al ver como Taichi parecía negarse a responderle. Ante su silencio Hikari empezó a temblar de la impotencia. Desvió su mirada hacia al suelo.
Ken esperó unos instantes para hacer la pregunta que llevaba rondando en su cabeza por varios minutos.
-Si eres el guerrero del fuego y sabías todo esto… ¿por qué no viniste antes a ayudarnos?- fue la pregunta del de cabellos lacios. Yamato levantó la mirada azulada y la dirigió hacia su nuevo compañero. Daisuke asintió varias veces seguido. Joe se subió los lentes redondeados, que curiosamente siempre parecían estar deslizándose sobre su nariz.
Al notar tantas miradas sobre él Taichi empezó a sentirse nervioso. Miró a su hermana, quien había dejado de observarle. Ladeó el rostro y con la cabeza señaló a su hermana menor.
-No quería meter a Hikari en todo esto- dijo él. Hikari levantó el rostro, totalmente sorprendida. Su hermano clavó su mirada castaña en ella. –Sólo quería protegerte- se sinceró.
Pero aquello fue suficiente para que algo dentro de ella estallara. Estaba harta, harta de que él la protegiera, de ser la niña débil y frágil, de ser una carga para todo el mundo. Y las palabras de su hermano solo hicieron que chocara de lleno contra ello.
-Pues estoy harta de que me protejas…-susurró la chica. Taichi frunció el entrecejo y levantó un brazo para detenerla. Pero fue demasiado tarde, Hikari, tras decir aquello, había salido corriendo en dirección al exterior.
Taichi golpeó con la cabeza la pared al oír la puerta cerrándose con un portazo.
Continuará…
Sé que más de uno ya lo había adividinado, era evidente que Taichi sería parte de esta historia. ¡Tan evidente!
