Y aquí va el segundo capítulo que he prometido subir, espero que os guste.
16.
Hikari sentía que iba a empezar a llorar en cualquier momento. Nada más salir por la puerta apoyó su espalda en la fría pared blanca de la casita y se quedó allí en silencio. Su cuerpo temblaba y aunque evitaba que las lágrimas salieran de sus ojos, no podía evitar los espasmos de su cuerpo al reprimir los sollozos.
¿Cómo podía haberle mentido tanto tiempo?
Aunque ocultarle la verdad no podía considerarse mentir… ¿Qué era lo que le dolía de aquello? ¿Qué Taichi se lo hubiera ocultado? ¿Quién más lo sabía? Sus padres. ¿Era acaso que sus padres también habían decidido ocultarlo por algún motivo? Quizás porque la creían débil… era ella tan débil para que nadie le contara la verdad… ¿Por qué entonces en aquel momento su abuela se lo dijo?
Se mordió el labio… al recordar que ella había llegado allí tras la muerte de su padre. Frunció el entrecejo y se entristeció en pensar en su progenitor. Quizás su abuela había decidido tomar las riendas cuando ya no había nadie para impedírselo… Su abuela, entonces, fue la única que confió en ella.
Una lágrima solitaria cayó por uno de los ojos de la chica, rodando lentamente por su piel más clara que morena.
Entonces oyó un golpe. Se sobresaltó y pego con más fuerza su espalda a la pared. Si se concentraba y dejaba de sollozar podía oír las voces de sus compañeros dentro de la casa. Se giró hacia los lados buscando una ventana y tras descubrir una se arrastró hacia allí. Entonces empezó a oír más claramente las voces. Se abrazó las piernas mientras se sentaba en el suelo y escuchaba.
Si Hikari hubiera estado mirando, hubiera visto como era Yamato quien tenía ahora cogido por el cuello a Taichi. El golpe había sido causado por el empuje del moreno contra la pared. Taichi simplemente desviaba la mirada.
-¡Me estás diciendo que todo este tiempo tú lo sabías todo!- le gritó el rubio. No pudo evitar pensar en todos los malos momentos que habían pasado por no tener ni al cuarto guerrero ni a la protectora. La desesperanza que casi les había consumido al creer que ella nunca iría… que nunca iba a ayudarles y que sólo podían rendirse. Yamato golpeó con dureza el rostro de Taichi quien cayó al suelo. Tragó saliva. Esa se la debía… esa era por su hermano.
-Para ya Yamato- dijo Ken mientras intentaba tomar el brazo del rubio. Pero este se deshizo de él con fuerza y negó con la cabeza.
-¡Sabes la de veces que hemos estado a punto de morder el polvo!- le recriminó al moreno. Taichi seguía sentado en el suelo, con una de sus manos encima de su mejilla. -¡Si ella hubiera llegado antes, nada de esto estaría pasando!- le gritó.
Daisuke tragó saliva ante aquello, no podía evitar pensar que Yamato tenía razón. Pero… miró a su nuevo compañero y pensó que no toda la culpa la tenían ambos hermanos… ellos tampoco fueron los mejores guerreros en todos los momentos.
-Yamato…-empezó Daisuke.
-¿Qué?- preguntó a gritos el rubio girándose hacia el menor. -¿QUÉ?- le volvió a preguntar. Pero Daisuke no pudo decir nada. –Dímelo, ¿qué demonios quieres? – el rubio se cruzó de brazos y miró de nuevo a Taichi.
-Yo solo hice lo que creí mejor para Hikari…-empezó a decir Taichi. Todos le observaron de nuevo. El moreno seguía sentado en el suelo. –Ella siempre fue muy enfermiza… desde pequeña que todo parecía afectarla. El resfriado más estúpido la tenía a ella una semana entera en cama.
Hikari tragó saliva e intentó recordar aquello. ¿Por qué no lo recordaba?
-Pero mi madre siempre quiso creer en ella… hasta la trajo a este mundo cuando era pequeña- confesó Taichi. –Pero tras la muerte de mi madre, mi padre decidió que Hikari no iba a volver. Que este mundo era demasiado peligroso para ella- Taichi entonces levantó ligeramente su camisa y tomó el cuaderno que había estado escondiendo atrapado con su cinturón. –Yo simplemente continué con la decisión de mi padre, de proteger a Hikari a toda costa –el moreno entonces abrió el cuaderno y giró las páginas contemplándolo. Entonces levantó la mirada chocolate y la clavó en los ojos azules de Yamato. –Cuando descubrí que yo era el guerrero del fuego quise venir- admitió.
Ante aquello Yamato frunció el entrecejo.
-Pero no podía… no podía dejar a Hikari sola- Taichi se llevó una mano y se desordenó la, ya por si enredada, cabellera castaña. –Pero el destino siempre nos alcanza a todos… Hikari llegó a este mundo y por lo que veo no es el mismo mundo del cual yo he leído tanto- su mirada se volvió triste al regresarla al cuaderno.
Daisuke se acercó al moreno y le tendió una mano. Taichi sonrió de lado ante aquel gesto y tomó la mano del menor para levantarse. Agradeció su ayuda cuando se enderezó sobre sus piernas.
-Me gustaría preguntarte de dónde has sacado ese cuaderno- dijo Joe, aún sentado en su asiento. Taichi asintió.
-Era de mi padre… el anterior guerrero del fuego- sonrió tristemente el moreno.
Hikari escondió su rostro entre sus piernas, volviendo a sentir aquel frio que había sentido nada más llegar a aquel mundo.
-Sólo quería protegerla- intentó disculparse el moreno. Pero aquella frase fue demasiado para Yamato, quien volvió a estallar.
-¡Yo también quería proteger a mi hermano!- casi gritó. Ante aquello el resto del grupo se giró hacia el rubio. Éste desvió su mirada hacia el suelo y apretó los puños. –Por culpa de toda esta historia Takeru quiere que alguien le mate.
La joven levantó bruscamente su rostro tras oír aquello. Su respiración pareció volverse agitada bruscamente. Tragó saliva, que a duras penas pasó por su garganta. En su mente vio la imagen de aquel joven rubio, con su ojo azul del tono del cielo, mirándola confundido. Era aquello a lo que se había estado refiriendo con el "no lo hagas". Se mordió el labio…
Y era su culpa… por llegar tarde…
Taichi se había quedado completamente parado. Se llevó una mano a su mejilla dolorida y entonces cayó en la cuenta de su error, del error que quizás habían cometido él y su padre al querer interponerse ante el destino.
-Por eso se llevó la espada… porque esa espada es la única capaz de acabar con el poder del "ojo de diamante"… -susurró entonces Joe. Ahora todo parecía más claro.
-Yo… yo nunca quise… -intentó empezar a hablar Taichi pero la mirada furiosa que le regaló Yamato fue suficiente para detenerle. El moreno golpeó con fuerza su frente. –Yo sólo…
-Ese es el problema- le cortó Yamato. –Que en este juego no estás tú solo- tras decir aquello el rubio le dio la espalda al resto de compañeros. No quería que nadie le viera en aquel estado, demostrando la frustración que le había estado recorriendo desde que su hermano se marchó. Desde que la maldición de aquel ojo le había convertido en un niño triste y desesperanzado. Mientras él, simplemente y alegremente, controlaba el agua y el hielo y tenía a un dios lobo siguiéndole a todos lados.
Hikari se levantó del suelo, decidida. Se frotó con el brazo las dos lágrimas que le habían recorrido el rostro y tomó una decisión.
Ella, a partir de ese momento, arreglaría eso.
Se dirigió hacia la puerta y la abrió con decisión. Pudo notar las miradas de sorpresa que pusieron sus compañeros cuando la vieron regresar de aquella manera tan serena. Respiró hondo.
-Yamato- llamó al rubio. Este se giró hacia ella, con el ceño fruncido. –Yo traeré de vuelta a Takeru, lo prometo.
La decisión estaba tomada. Ella apretó con fuerza sus puños. Era culpa suya, ¿no era cierto? Por haber llegado tarde, por haber sido una chica débil durante tanto tiempo. Entonces, ahora, en aquel momento que se sentía fuerte, lo arreglaría. Traería de vuelta al menor de los rubios y salvaría ese mundo de lo que fuera que lo hubiera de salvar.
Hikari miró a su hermano quien la observaba con la boca abierta. Tras unos segundos algo cruzó por la mente de su hermano, quien casi parecía incapaz de reconocer a la menor. Solo unas semanas en aquel mundo parecían haber cambiado a la tímida y desprotegida Hikari, para llegar hacia la joven decidida que tenía ahora delante de él.
Hikari entonces inclinó ligeramente la cabeza.
-Pero… sé que no podré hacerlo sola- admitió ella. Ken sonrió suavemente ante aquello pero fue Daisuke quien se acercó burlonamente a la morena.
-Vamos, dilo- la animó sonriendo ampliamente. La chica levantó el rostro con una tímida sonrisa.
-Ayudadme, ¡por favor!
Continuará…
¿Será Hikari capaz de salvar a Takeru? ¿Podrá hacerle volver?
Grácias Alanna, anaiza y Hikari Yagami de Takaishi por vuestro apoyo! Y gracias también a los que siguen la historia.
Dudas, quejas, sugerencias, RR!
Nos seguimos leyendo,
Kyo.4*
