Hola a todos, y vuelta de nuevo a Septiembre. Vuelta de nuevo al otoño... hora de empezar nuevos proyectos y nuevos planes ¿no?
Gracias a todos los lectores y en especial a los que dejan review: Kazanari Krika, mi amiga Hikari Yagami de Takaishi, lectora-fantasma y a mi primera seguidora aniza18! Supongo que solo los que escriben saben realmente lo importante que son los comentarios. ¡Lo que realmente ayudan!
Y aquí sigue esta historia, la verdad es que llevo algunas caps ya escritos, de ventaja, por si acaso me quedo sin imaginación. ¡Así que espero poder subirlos pronto!
A TRAVÉS DEL BOSQUE - 17
-¿No vas a volverme a dirigir la palabra?- fue la pregunta que repitió Taichi. Hikari no sabía cuántas veces había ignorado, ya, a su hermano mayor. Pero era que simplemente no podía perdonarle. No aún. –Vamos, princesa barra baja de los gatos- Hikari no pudo más que enrojecerse al oír aquel mote que se puso cuando tenía ocho años.
Pero ella siguió metiendo cosas en la maleta rosada sin hacerle caso. Por encima de su hombro pudo ver como Taichi se recostaba en el marco de la puerta y se llevaba ambas manos detrás de su cabeza, rascándose la desenredada melena. Hikari siguió a lo suyo.
Había decidido, bueno, habían decidido entre todos que Hikari y Taichi partirían hacia las tierras de más adentro de aquel mundo en búsqueda de algún tipo de pista sobre Takeru. A Joe se le había ocurrido que, ya que Takeru parecía ser incapaz de ver a Hikari, era el mejor método de encontrarle. Además de que Takeru debía desconocer la existencia de Taichi, y por tanto situar al nuevo guerrero del fuego a espaldas de la protectora parecía la solución más adecuada. Así mismo, Yamato y Daisuke les seguirían a una distancia prudente por si sucedía algo durante el viaje.
Hikari terminó de preparar su maleta con todo aquello que pudiera serle necesario: saco de dormir, ropa para cambiarse, cepillo de dientes y por supuesto toda aquella comida que le cupiera. Su hermano se interpuso delante de ella antes de que pudiera salir.
-Déjame pasar- le dijo serena. Taichi negó con la cabeza.
-¿Estás segura de esto?- le preguntó él cruzándose de brazos. Hikari levantó la mirada rubí y solo al tenerla clavada en los ojos achocolatados del moreno, asintió con firmeza. Taichi suspiró. –No quiero…
Pero Hikari no le dejó terminar, simplemente le empujó de delante suya. Taichi, quién no había previsto ese gesto brusco por parte de su hermano, no pudo evitar ser empujado. Así Hikari consiguió bajar hacia el piso de abajo. Se despidió de su abuela y de Miyako y se dirigió hacia el bosque.
El sol mañanero la despidió mientras se internaba en el frondoso bosque, acompañada del gran lobo perlado, su fiel escolta. Empezó a oír unos suaves cánticos que hicieron que se detuviera unos instantes… eran aquellos pequeños dioses del bosque que cantaban como si fueran campanillas suaves.
Oyó pasos detrás de ella mientras escuchaba. Supo que era Taichi, el cual prefirió seguir a su hermana que ponerse a su lado.
La joven se dio cuenta cuando hubieron cruzado la frontera porque empezó a sentir frio. Intentó recordar la primera vez que había llegado a aquel mundo, semanas atrás. En aquel entonces no había podido distinguir cuando estaba en un sitio y cuando estaba en el otro. Ahora la diferencia se le hacía más clara. No sabía si eso reflejaba lo acostumbrada que empezaba a estar en aquel mundo o si simplemente el mundo mágico empezaba a sufrir cambios.
Le estremeció pensar que lo segundo era más probable.
Cuando ambos hermanos llegaron al otro mundo se dirigieron directos hacia la pequeña casa que daba inicio a la pradera y terminaba la colina. Hikari observó de reojo como el lobo perlado desaparecía antes de entrar en la casa, silenciosamente le agradeció su compañía.
-Ya estamos…-empezó a decir, pero se vio interrumpida al descubrir a dos extraños dentro de aquella casa. Delante de ella estaba Joe sentado en una de las butacas de la sala, a su lado estaba una mujer de unos cuarenta años y un joven de unos cuantos años más que Hikari. La mujer parecía haber estado llorando mientras el joven simplemente apretaba los puños. Hikari frunció el entrecejo ante aquella escena.
-Hikari- la llamó una voz. La joven se giró hacia la voz y vio a Ken haciéndole señas. El joven estaba justo en el umbral que separaba la sala de la cocina. Hikari inclinó su cabeza en señal de saludo y caminó rápidamente hacia Ken. Taichi la seguía.
-¿Quiénes son?- le preguntó en voz baja. Pero Ken le hizo una señal negativa y le indicó que le siguiera. Ambos hermanos siguieron al de cabellera lisa, y entraron en la cocina. Allí descubrieron a Yamato y Daisuke sentados en la mesa. El rubio estaba cruzado de piernas con una taza de té justo delante de él. El moreno tenía la mirada perdida en algún punto del suelo. Cuando los vieron entrar, sólo Daisuke les saludó. Yamato se mantuvo pasivo.
Hikari les saludó a ambos y se sentó en la mesa. Taichi permaneció de pie, todavía se sentía un extraño dentro de aquel grupo.
-Quieren cruzar la barrera- explicó entonces Ken, cruzándose de brazos. Hikari le miró interrogativamente. Ken suspiró. –Parece ser que viven en el umbral de uno de los bosques que está más allá de las montañas. Desde hace unos meses los dioses de aquel bosque parecen haberse vuelto muy violento y mucha gente de su pueblo a muerto. Hace unos días el marido de esa mujer fue atacado por una especie de medio lobo medio monstruo y murió- Hikari no pudo evitar llevarse las manos a la boca ante aquello. Tragó saliva. Pensó en el joven que había visto… suponía que era el hijo de aquella mujer y, por tanto, también del hombre que había sido asesinado.
La joven se levantó de la silla y se asomó a la puerta que separaba ambas estancias. Ken prosiguió.
-Quieren irse al otro mundo… -dijo el de cabellos lacios. Ante aquello Daisuke soltó un suspiro.
-Pero eso no es posible- anunció tristemente el moreno. Hikari volteó hacia él. Recordaba que Ken ya le había comentado aquello, que los humanos de éste mundo tenían prohibido viajar al otro. –Lo que le están pidiendo a Joe es imposible- negó él.
-Pero… ¿por qué?- preguntó Hikari. Desde aquel sitio e imaginando la situación de aquella mujer no le era difícil ponerse en su sitio. Debía sentirse extremadamente aterrada si la única solución que se le había ocurrido era abandonar su hogar y huir con su hijo.
-El problema no es si una persona lo hace, el problema es si todos hicieran lo mismo- dijo, tajante, Yamato. –Cada uno debe vivir en el mundo que le pertenece, y protegerlo, y eso es todo- sentenció mientras tomaba un sorbo de café.
Hikari asintió silenciosa. Se asomó de nuevo a la puerta y pudo ver como la mujer había empezado a llorar mientras tomaba fuertemente la mano de su hijo. La chica sintió que su estómago se encogía. De verdad tenían que poder hacer algo.
Tras unos minutos, en los cuales todos se mantuvieron en silencio, Hikari pudo observar como la mujer y su hijo se levantaban de los asientos. Joe se despidió amablemente de ellos y cuando hubieron abandonado la sala, Hikari aprovechó el momento para salir de la cocina. Vio como Joe cambió la expresión de su rostro cuando ella llegó a su lado.
-¿Todo bien Hikari?- le preguntó el mayor. Ella asintió.
-¿Qué ha ocurrido?- fue la pregunta de la menor. -¿Qué les has dicho?- dijo impaciente. Joe dirigió su mirada oscura, escondida tras las gafas redondas, hacia la puerta por dónde la pareja había marchado.
-Les he dicho que se quedaran en alguna de las casas que hay aquí, todas están vacías- dijo él. Ella asintió. –Pero les he advertido que no crucen la barrera… que lo sabríamos si lo hacían- Hikari notó el cambio en el tono de voz del mayor.
-¿Puedo hacer algo para ayudarles?- preguntó ella. El mayor se giró de nuevo hacia la joven y le sonrió amablemente, negando con la cabeza.
-Sólo no rendirte- tras aquello el mayor decidió cambiar de tema bruscamente. -¿Estáis listos para partir?- les preguntó, no solo a la joven de cabellos castaños, sino a su hermano, quien parecía la sombra de la menor. Ambos asintieron, señalando las mochilas que colgaban de sus hombros. -¿Yamato, Dai?- le preguntó entonces a los dos guardianes. Hikari se giró para observar a sus dos compañeros, ambos asintieron en silencio.
-Vayamos entonces.
Tras aquello Hikari se dirigió hacia la salida de la casa, agarrando con fuerza la mochila rosada que contenía todo lo que pensaba usar para aquel largo viaje. Atravesó la puerta y nada más salir pudo observar los nubarrones grises que cubrían el cielo. Suspiró, resignada, ante aquello. Dio unos pasos hacia el exterior y entonces notó que alguien tiraba de ella del brazo.
La joven castaña se giró, sobresaltada, para descubrir a la mujer que instantes antes estaba dentro de la casa.
-Eres la protectora, ¿verdad?- le preguntó la mujer. Hikari pudo fijarse en lo enrojecidos que tenía los ojos y como le temblaban las manos. Asintió temerosa. –Por favor, te lo ruego… déjanos ir al otro mundo… no tenemos nada… no nos queda nada… -la mujer habló en un tono de súplica que no pudo más que estremecer a Hikari. El temblor de las frías manos de la mujer de más de cuarenta años hizo que la piel de Hikari se pusiera de gallina. –Te lo ruego- suplicó de nuevo.
Hikari se mordió el labio.
-Yo…yo no…- no supo que decir. ¿Qué autoridad tenía ella para decidir algo así? Era la protectora de la barrera, sí… pero aún era incapaz de asimilar en qué consistía aquello.
-Suéltala- oyó la voz tajante de Yamato detrás de ella. Pero la mujer, quien se había girado hacia el rubio, volvió de nuevo su mirada hacia la joven de ojos rubís.
-Ayúdanos- y aquellas palabras resonaron fuertemente en el interior de la joven muchacha de quince años.
El hijo de la mujer fue quien la separó de Hikari. Él tomó las manos de su madre e hizo que suavemente soltara a la chica. La mujer empezó a sollozar en el hombro del joven mientras este le decía palabras consoladoras en voz muy baja. Hikari se mordió el labio, sin dejar de mirarlos a ambos.
-Le mostraré alguna de las casas…-oyó entonces Hikari la voz de Ken. Sin decir nada más el de cabellos lacios anduvo hacia la pareja y le anunció a la mujer que iba a hacerles de guía. La mujer asintió sin dejar de llorar y empezó a andar al lado del guerrero de la tierra.
El resto de los guerreros se reunió alrededor de Hikari y vieron, con sorpresa, que el hijo de la mujer andaba hacia ellos. Hikari se estremeció al pensar que quizás el joven fuera a pedirle lo mismo que su madre. ¡Sin que ella fuera capaz de concedérselo! Rezó internamente para que aquello no ocurriera.
Sintió a Taichi pegarse a ella mientras el desconocido joven se iba acercando hacia ellos. Agradeció entonces la compañía de su hermano mayor, aunque no fuera a reconocérselo.
Pero para alivio de Hikari, el joven solo quería disculparse.
-Disculpa a mi madre- dijo entonces el silencioso joven. Hikari pudo observar lo bajito que era en realidad aquel chico y que su primera imagen le había engañado completamente. Ahora que lo tenía más delante podía decir que tenía menos años que ella, ¡que era todo un crio! No parecía tener más de doce o trece años. Y lo que más impactaba en él eran esos dos inmensos ojos verdosos. –Me llamo Iori Hida- se presentó con una reverencia. Luego el joven miró a Hikari. –Lo siento, simplemente mi madre está muy asustada. Vivíamos en el pueblo colindante al bosque del Lirio… -Hikari vio como el joven apretaba los puños en aquel instante.
-¿Qué ocurrió?- fue la pregunta curiosa de Daisuke. Iori levantó la mirada y la clavó en el moreno.
-No sé exactamente qué ocurrió…. Sólo que empezaron a llegar muchos dioses caídos y atacar al pueblo. Mi padre intentó defendernos… pero un ser vestido de negro con cuchillas en sus manos lo asesinó.
-¡¿Con cuchillas?!- preguntó sorprendido Daisuke, interrumpiendo a Iori. El joven asintió, sorprendido por la reacción del moreno. Éste se llevó, entonces, un puño debajo de la barbilla… pensativo. Evidentemente debía tratarse de aquel cuervo.
-¿Viste a alguien más? ¿A alguna otra persona que pudiera serte sospechosa?- preguntó Yamato. Iori se quedó pensativo unos instantes.
-Había unos cuantos… todos vestidos de negro…-recordó el joven. Entonces ladeó el rostro. –Excepto uno, el que se quedó al margen. Había uno con ellos con una capa marrón larga. Me acuerdo de él porque llevaba un parche en su ojo.
Ante aquello Hikari se giró sobresaltada hacia Iori. Hasta aquel momento la joven no había podido apartar la mirada de la mujer, que seguía andando casi sin vida detrás de Ken. Pero al oír lo del joven del parche Hikari pareció volver en sí. Su misión viajó rápidamente hacia su mente.
-Takeru…-susurró la joven.
-¿Quién?- preguntó Iori. Pero Hikari movió arduamente sus manos, restándole importancia. Iori entendió entonces que esa información no iban a dársela.
-¿Nos podrías decir cuánto hace de eso?- preguntó Hikari. Iori asintió.
-Unos cuatro días… tardamos tres en llegar hasta aquí- afirmó él. Hikari asintió. Y entonces dirigió su mirada rubí hacia encima de las montañas.
Y en silencio pensó que ellos tardarían sólo dos en ir hacia allí.
Continuará...
