A TRAVÉS DEL BOSQUE - 18.
El recuerdo de las manos temblorosas de aquella mujer era algo que no parecía querer abandonar la mente de Hikari. La chica suspiró mientras ella y Taichi terminaban de descender la colina. La joven podía distinguir el comienzo de un bosque al final del camino que estaban recorriendo.
-¿Estás bien?- notó la mano de Taichi en su hombro. Ella asintió en silencio.
-Esa mujer…-empezó a decir. Luego se acordó de que había decidido no hablar más con el moreno. -¡Nada!- añadió con un tono de voz más alto. Se cruzó de brazos y luego prosiguió su marcha. Taichi ladeó el rostro ante aquello.
-Sabes que terminarás hablando conmigo- dijo él mientras golpeaba una de las tantas piedras del camino. Hikari soltó un bufido. Lo cierto era que había muchas cosas que había querido preguntarle a su hermano. Sobre sus padres, sobre su madre, sobre lo que él conocía de aquel mundo, sobre los guerreros del fuego, sobre la magia, tantas…
Pero su orgullo no se lo permitía.
Se sentía traicionada por él, por hacerla sentir frágil y débil.
Hikari levantó la mirada. Ella ya no quería ser frágil y débil. Le gustaba ser Hikari, la protectora, la que tenía una misión, la chica en la que ellos confiaban.
Siguieron caminando durante un tiempo. Hikari oía como Taichi hacia chasquear sus dedos. Curiosa por aquel ruido miró a su hermano por encima del hombro. Vio que él estaba creando pequeñas llamas entre sus dedos con aquel gesto, como si estuviera jugando con un encendedor. Se quedó perdida mirando el color anaranjado de aquellas llamas. Pensó en cuánto tiempo hacia que Taichi podía hacer aquello.
La llama se extinguió de repente.
-¿Qué es eso de allí?- escuchó la pregunta del moreno. La joven levantó la mirada, y siguió la línea invisible que dibujaba Taichi con su dedo índice. Estaba señalando el inicio de aquel bosque. Un humo negruzco se elevaba hacia el cielo.
Hikari frunció el entrecejo y saltó a la carrera hacia ese lugar. Agarró con fuerza su mochila y oyó a Taichi que la seguía.
Al llegar al umbral del bosque Hikari se dio cuenta de las llamas estaban terminando de consumir algunos árboles. Se fijó en el suelo, lleno de cenizas y en los alrededores. Entre las llamas y el humo pudo distinguir dos casas hechas de madera que habían sido totalmente consumidas por aquel fuego. Aquello sólo parecía el recuerdo de un gran incendio.
Donde fuera que mirara la chica, solo veía cenizas y árboles a medio consumir. Pero el fuego se extinguía…
-Debemos apagarlo…-susurró ella. Pero Taichi le señaló el cielo. Unos inmensos nubarrones se ceñían sobre ellos.
Entonces la joven empezó a oír unos sollozos, o más que eso, una respiración muy entrecortada. Se acordaba del ruido que hacía una de sus amigas de clase cuando estaba a punto de ponerse a llorar.
-¿Qué es eso?- preguntó ella. Taichi negó con la cabeza. Hikari observó como su hermano empezaba a buscar, curioso, de donde provenía aquel ruido.
-No te mueras…por favor…-oyó la chica, una voz dulce entrecortada por sollozos. Se giró sobre ella misma y descubrió a alguien aferrado a uno de los árboles medio consumido por las antiguas llamas. Se acercó lentamente, convirtiendo en cenizas todas aquellas hojas quemadas que pisaba a su paso.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dio cuenta de que se trataba de una chica joven. Pensó que jamás había visto una chica tan bonita. Tenía el cabello sedoso y castaño, formándole algunas ondas y bucles. Su piel era blanca pero no pálida y no tenía ninguna mancha. Se fijó que la joven tenía unos labios rosados y carnosos, una cara redondeada y dos ojos que parecían estar hechos de miel. La chica era la que sollozaba, moviéndose debido a los espasmos. Se aferraba con fuerza al tronco.
Oyó un silbido detrás de ella. Se giró rápidamente y vio como Taichi se sonrojaba ligeramente ante aquello. ¡Hombres!
-¿Estás bien?- fue la pregunta que Hikari dirigió hacia la chica. La joven saltó sorprendida, parecía que no había reparado en ellos. Tragó saliva.
-Tengo que llorar- dijo para sorpresa de ambos. Hikari ladeó el rostro y vio como la chica cerraba los puños y los ojos. Haciendo esfuerzos para que lágrimas empezaran a recorrer su blanca tez. –Llora…llora…-empezó a repetir.
Y cuando la primera lágrima salió de aquellos ojos, Hikari pudo sentir una gota de lluvia caer sobre ella.
Tras aquello, la chica empezó a llorar a lágrima suelta. Y cuanto más lloraba ella, más potente era la lluvia. Hikari se resguardó debajo de uno de los árboles que no había sido quemado, y Taichi la siguió. Empezaron a oír el llanto infantil de la chica.
Y la lluvia terminó de consumir el recuerdo de aquel fuego.
-¿Has visto eso?- le preguntó sorprendido Taichi. Ella asintió.
¿De verdad era la chica la que había hecho que lloviera?
-¿Qué crees que ha ocurrido? ¿Han sido ellos, los cuervos? –fueron las preguntas de su hermano. Hikari negó sin saber que responder. Miró de nuevo el lugar, lleno de cenizas, ahora húmedas. Pensó en el chico que había conocido el día anterior, Iori, y en lo del hombre con las dos cuchillas como brazos.
¿Ellos?
Cuando la lluvia empezó a amainar, Hikari observó como la misteriosa chica se levantaba del suelo y se llevaba un brazo delante del rostro. Se secó el rastro de lágrimas y las últimas gotas cayeron del suelo.
Ya no había incendio.
Al quitar, la chica, el brazo de delante su rostro, Hikari vio la mirada triste en ella. La joven miró a su alrededor, con un gesto desolador. Acarició el árbol al que había estado aferrada y Hikari la vio tambalearse.
Para su sorpresa fue Taichi quien se acercó raudo hacia la joven, la tomó de un brazo y la ayudó a mantenerse en pie.
Aún sin lluvia, el cielo siguió gris.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el moreno, intentando mirar el rostro de ella. La chica asintió.
Hikari aprovechó el momento para acercarse a ambos. La misteriosa chica se separó un poco del moreno y los miró. Luego volvió la vista su alrededor, de aquella manera que a Hikari le partió el corazón, y luego fijó su mirada del color de la miel más adentro del bosque. Hikari vio como su mirada se perdía.
Entonces la morena observó a su hermano, ambos cruzaron una mirada. ¡Qué chica más misteriosa!
-Siguen allí... –susurró. Taichi levantó una ceja.
-¿Quiénes? ¿Los que han hecho esto?- preguntó el moreno. La chica asintió en silencio. Hikari entonces notó que, debajo de los pies descalzos de la joven, una hierba verde empezaba a crecer. Evidentemente, esa chica no era nadie corriente.
-Debo ir- volvió a susurrar ella, mientras una leve brisa removía sus ondulados cabellos. La brisa levantó las cenizas del suelo, que arroparon a la muchacha. Hikari inmortalizó aquella imagen tan bella y a la vez tan triste.
Luego empezó a correr. La chica se giró, sin que Hikari se lo hubiera esperado, y se lanzó a la carrera hacia el bosque. La morena vio que dónde pisaba, nueva hierba y nuevas flores aparecían.
-Vamos- ordenó Taichi. Hikari asintió a las palabras de su hermano y ambos se lanzaron detrás de la joven.
La chica era ágil pero tampoco corría demasiado deprisa. Taichi la había alcanzado en unos instantes, y aunque Hikari iba un poco más rezagada, ya podía observar de nuevo aquella cabellera ondulada moverse al viento. Se fijó entonces en la espalda de la chica y reparó que, por encima del vestido aquel color crema que vestía, una ligera brisa tomaba forma a su espalda. Intentó concentrarse más, pero no pudo distinguir que era aquello que llevaba en la espalda.
Saltó y Hikari vio aquella brisa moverse como si fuera un batir de alas.
Un batir de alas.
Hikari empezó a jadear cuando llevaban un rato adentrándose en el bosque. Se fijo que empezaban a subir, como si estuvieran volviendo a escalar una colina. Se agachó para esquivar una de las ramas de los árboles y recordó aquel primer viaje a través del bosque a lomos de Garuru. Ojalá el lobo perlado estuviera ahora con ella…
Al menos tenía a Taichi.
El moreno seguía corriendo detrás de la chica misteriosa. Hubiera podido superarla en cualquier momento, para algo le habrían servido tantos años entrenando al fútbol. Pero si pasaba a la muchacha, quizás se detendría. Y tenían que llegar hasta ellos.
La culpabilidad invadió, de nuevo, al mayor de los hermanos al recordar las palabras del rubio de ojos azules. Taichi apretó los puños. Tenía que enmendar sus errores, y si ayudar a esa chica iba a servir para algo, lo haría. Juraba que lo haría.
Seguían subiendo, y las primeras gotas de sudor empezaban a bajar lentamente por su frente. ¡De verdad que tenía mucho calor! Desde que era pequeño, desde que la primera llama se había formado al chasquear sus dedos, había sentido fuego dentro de él. ¡Pero en aquel mundo aquello era totalmente inhumano! Aunque hiciera frio, helara, él seguía teniendo calor.
Con un brazo se quitó las gotas de sudor y al levantar su mirada achocolatada descubrió la salida del bosque. Vio como la misteriosa chica empezaba a detenerse. Él llegó a su lado y minutos después llegó Hikari. Taichi sonrió burlonamente al ver el rostro totalmente sonrosado de la menor y como el cabello se pegaba a su rostro debido al sudor.
-Deteneos- susurró de nuevo la chica. ¡¿Por qué demonios siempre hablaba susurrando?!
Los tres terminaron la subida andando. Hikari observó el cielo nublado al final del bosque. Frunció el entrecejo al descubrir unas sombras negras a la salida. Vio como la chica a su lado se tensaba.
Y cuando los árboles dejaron de cubrirles, Hikari descubrió finalmente que "ellos" realmente eran ellos.
La mujer del cabello largo, el hombre de las cuchillas y otro, que Hikari no reconoció, estaban en lo que parecía el filo de un acantilado. Y al borde del acantilado estaba un ser que Hikari no supo describir. La forma era similar a un ciervo, con grandes astas apuntando al cielo. Parcialmente se podía ver a través de él. Y lo que se veía a través de él no era el cielo nublado, sino un bosque, otro mundo. Los ojos de aquel ser le recordaron dos lunas llenas.
Pero había alguien más y Hikari lo notó al sentir su mirada clavarse en ella.
Esa mirada tan azul como el cielo del verano.
Continuará...
¡Oh! ¿De quién son esos ojos? ¿Para quién esa sonrisa?
¿Alguien ha leído hasta aquí? ¡Comentarios, dudas, quejas, RR!
Nos leemos pronto,
Kyo.4*
