¡Hola a todos! Debemos la Bienvenida al frío que empieza a llegar, o al menos donde yo vivo. Gracias por leer hasta aquí, espero que este capítulo os guste!
19.
Taichi se colocó delante de ambas muchachas nada más salieron del bosque. Hikari notó como su hermano se tensaba y como apretaba uno de sus puños. Notó calor desprenderse del cuerpo del mayor, como ya lo había sentido la vez que la había salvado.
-¡Deteneos!- gritó la misteriosa chica. Hikari volteó hacia ella y la encontró con una mirada suplicante, observando a los cuervos y sobre todo a aquella misteriosa criatura. Hikari la observó también, y se quedó perdida en esos ojos que tanto le recordaban a la luna llena.
Luego desvió la mirada hacia aquél que había ido a buscar. Encontró a Takeru en uno de los lados, con el parche cubriéndole el ojo izquierdo. Se fijó que él la observaba, sorprendido. Era cierto que de verdad no podía verla. Pero Takeru rápidamente desvió la mirada hacia el moreno y Hikari vio como fruncía el entrecejo. Ella observó, además, que el joven ya no solo llevaba la tan ansiada espada robada, sino que además llevaba otra cruzando ambas a su espalda.
-Vaya, vaya…-empezó a oír la estridente voz de aquella mujer de los ojos grises. Ella se adelantó a su grupo. Hikari se fijo que el tipo de las cuchillas era el más cercano al misterioso ciervo. El otro tipo, también vistiendo una capa negra, era el único que parecía realmente humano. Hikari se fijó que llevaba el cabello largo y castaño, con algunas canas, atado en una cola. Su barba era espesa y sobresalía un abultado bigote. El hombre era fuerte y en su ciño colgaba una espada que seguro sabía usar. –Aquí tenemos de nuevo a nuestra querida protectora y acompañada de nuevos amigos- sonrió la mujer. Taichi levantó su brazo delante de su hermana. -¡Oh!- soltó sorprendida. -¿Y tú quién eres?- preguntó. Entonces Hikari se fijó que la mujer se giraba hacia Takeru.
El rubio observó de arriba abajo al moreno y asintió.
-Es el guerrero del fuego- informó el del ojo azul.
-Y tú eres Takeru- oyó Hikari la voz de su hermano. El rubio se limitó a desviar su mirada de nuevo hacia la protectora.
-Gamma, acabemos lo que hemos venido a hacer- pronunció aquel hombre. Hikari se anotó mentalmente el nombre de aquella mujer. Gamma pareció fastidiada ante ese comentario.
-De paso podemos matar a la chica- sonrió ella, cruelmente. Hikari sintió que su cuerpo se tensaba ante aquello. Pero inmediatamente una esfera de fuego apareció en el puño cerrado de su hermano.
-Sólo inténtalo.
Y tras aquello Taichi se lanzó contra la mujer con el puño en alto. La mujer lo esquivó echándose a un lado y tras aquello levantó la pierna lateralmente. Hikari vio, casi a cámara lenta, como la mujer soltaba la patada desde su rodilla levantada y como la planta de su pie daba de lleno en el costado de Taichi, lanzándolo unos metros hacia atrás.
Pero la testarudez del mayor de los hermanos era famosa, rápidamente Hikari le vio levantarse del suelo y volver a atacar.
Mientras, ella intentaba pensar. Pensar cómo salir de allí pero sobretodo como irse llevándose aquello que había ido a buscar. Su mirada rubí chocó de nuevo con la azulada. Pero luego algo la distrajo, y fue el reflejo de las cuchillas de aquel cuervo. Hikari le vio acercarse peligrosamente hacia la criatura similar a un ciervo.
Oyó el grito de la misteriosa chica, la cual se lanzó rápidamente hacia aquel ser. Hikari vio, con sorpresa, como la chica formaba una esfera dorada entre sus manos y la lanzaba contra el ser de las cuchillas. Éste se giró justo a tiempo para partir por la mitad la esfera con un movimiento cortante. Nada más ser cortada la esfera, ésta se desvaneció en el aire.
La misteriosa chica afirmó más su posición y Hikari se sorprendió al ver la determinación en la mirada de ojos miel que antes le había parecido tan inocente.
-¡Vete!- la oyó decir, aunque no supo bien a quien, habría jurado que se lo decía al ciervo. La morena desvió la mirada hacia el majestuoso animal y vio como el bosque que se veía a través de él parecía cobrar vida.
Y Hikari no supo porqué pero empezó a correr hacia la criatura. Vio como la misteriosa chica seguía lanzando aquellas esferas doradas hacia el ser de las cuchillas, el cual empezó a avanzar con paso firme hacia la de cabellos ondulados. Su hermano, a lo lejos, brillante con el fulgor rojizo de sus llamas, seguía luchando con aquella mujer, Gamma, de la cual seguía oyendo aquellas horribles carcajadas.
Hikari llegó al lado de la criatura y se perdió en su mirada del color de la luna. Acercó su mano temerosa y vio como el animal, que parecía entenderla, agachaba ligeramente su cabeza. Entonces, en aquel gesto, Hikari pudo reconocer una reverencia. Tragó saliva, la imponente mirada de aquel ser la hacía ponerse nerviosa.
-Escapa- dijo ella. Y el ser pareció entenderla. Pero la mirada plateada del ser se dirigió hacia los cuervos. La joven castaña entonces pensó que el ser no podía abandonar aquel lugar. Que debía protegerlo. Hikari se fijó más en la piel de aquel ser, que parecía rojiza, pero solo en la parte más externa. Lo demás, era el bosque. Pudo ver una mancha en un costado del ciervo, que parecía una herida. Quiso mirarlo más de cerca pero la interrumpió una voz.
-Apártate, protectora- oyó ella. Se giró y sorprendida vio al tercero de los cuervos, el hombre de unos cincuenta años. El corazón de Hikari empezó a latir al ver como el cuervo se llevaba una mano a la cintura y tomaba la empuñadura de la espada. Iba a matarlo.
-¡Vete, vamos!- volvió a repetir ella al ciervo y entonces lo empujó. Pero el ciervo sólo se movió unos centímetros. -¡Vamos!- repitió ella reuniendo todo el valor del que fue capaz. Fijó su mirada rubí en aquel ser, en los ojos plateados. Y entonces, para alivio de ella, el ciervo asintió y se giró hacia el precipicio.
-¡Maldita sea!- oyó el grito del hombre. Y antes de darse cuenta, el ciervo había saltado. El salto fue hacia el nublado cielo, y Hikari pudo entrever, gracias a la luz que lo atravesó, más que un simple bosque dentro de su cuerpo. Lo vio desaparecer al empezar a descender.
Se giró, triunfante, hacia el cuervo.
-Están viniendo- oyó la voz de Takeru. Hikari observó enfrente suya, el hombre de la cola desvió sus ojos oscuros hacia el rubio y luego levantó la afilada espada y apuntó hacia ella.
Al menos, había podido ayudar a alguien.
Pero ahora, el miedo empezó a invadirla. Se quedó quieta, estática, a centímetros de aquella espada empuñada por aquel hombre fuerte y alto. Desvió su mirada, buscando ayuda.
-Tai…-susurró como pudo. Intentó buscar a su hermano y le vio a lo lejos, golpeando con su puño en llamas el suelo mientras la mujer saltaba hacia atrás. La misteriosa chica estaba en el suelo justo al lado de un árbol y Hikari vio, con sorpresa, como las raíces del árbol parecían envolverla y protegerla de las cuchillas del otro cuervo, que daba golpes contra ellas.
Y a su derecha vio la mirada azul. Takeru no se había movido de su sitio desde que todo aquello empezara. Le vio totalmente quieto, observando la escena. Él podría salvarla, solo si quisiera… estaba lo suficientemente cerca.
Pero él no iba a moverse, no por ella. Por aquella protectora que tantos problemas le habían causado, la que había sido la promotora de aquel destino cruel, la causa de la maldición de su ojo, si ella moría…
Y la espada seguía apuntando hacia ella.
Hikari clavó su mirada aterrada en los ojos de aquel hombre. Aquellos profundos ojos negros que la miraban fríamente. Descubrió que si él quería, que si movía el brazo al frente, podía matarla. Y acabar con todo aquello. ¿Cómo se había lanzado tan imprudentemente hacia ese abismo? ¿Por qué lo había hecho? ¡Si ella no podía luchar! Vio al hombre moverse, sin decir nada y cerró los ojos.
-¡Hikari!- oyó el grito de su hermano.
Y la espada cortó el aire.
Pero entonces el sonido agudo del frio metal contra algo más hizo que abriera sus ojos sorprendida. ¿Era posible que Takeru la hubiera salvado?
Pero descubrió que no era así, la espada había chocado contra un trozo de hielo que había salido volando. Y su corazón sintió un alivio al ver, en el umbral del bosque, a sus dos fieles guerreros.
-¡Chicos!- dijo rápidamente. Vio como Daisuke y Yamato se movilizaban. El primero se acercó hacia el tipo de las cuchillas e intentó detenerlo con unos de sus rayos. Yamato empezó a andar hacia ellos.
-Apártate de ella- sentenció el mayor mirando furioso hacia el hombre. Hikari observó como la sombra del lobo perlado empezaba a delinearse al lado del rubio.
Pero para sorpresa de Yamato, fue Takeru quien abandonó su posición y anduvo hacia su hermano, para terminar situándose enfrente suyo.
Y sin decir nada, el menor de los rubios desenvainó una de las espadas que llevaba atada atrás a su espalda y levantó el filo.
-Takeru…-susurró Yamato parándose en seco al ver como su hermano levantaba el arma delante de él.
-Ni un movimiento más, Matt.
Continuará...
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