Y llegamos al Cap.20! La verdad es que tengo algunas cositas más escritas, pero todo a su tiempo. Aunque suene cruel, me encanta ver las escenas de Yamato vs Takeru, siendo el hermano mayor quien intenta rescatar al pequeño de su maldición.


20.

-Takeru, no juegues conmigo- sentenció Yamato. Hikari se estremeció ante el tono que usó. –Apártate- dijo el mayor. Pero el menor de los rubios puso su cuerpo de lado, con la pierna izquierda más adelantada que la derecha, y levantó la espada, desafiante.

Hikari tragó saliva. Aquello estaba mal, ellos no debían pelear. Ella debía rescatar al menor y devolvérselo al joven del hielo. Y arreglar aquello. ¡Todo estaba siendo un desastre! Intentó decir algo, pero recordó al cuervo que tenía enfrente suya. El hombre que, girando lentamente, dejando su capa ondear al viento, volvió su mirada hacia ella.

La chica miró atrás suyo, hacia el precipicio que había allí. Ella no podía saltar, no como lo había hecho el ciervo. El hombre levantó la espada de nuevo, dio una estocada, y Hikari se agachó siendo capaz de esquivarla. Soltó un chillido ante aquello.

-¡Mierda!- oyó el grito de Yamato. El rubio intentó moverse del lugar, pero la espada de su hermano le cortó el paso. El menor no le dirigió la mirada, sino que la tenía perdida en algún punto del suelo.

-¡Hikari!- oyó de nuevo a Taichi.

El moreno, quien había estado peleando con la mujer de largos cabellos, consiguió, al fin, golpearla en toda la barriga con su puño de fuego. Vio a la mujer salir volando unos metros y perderse dentro del bosque. Vio plumas negras caer de ella hacia el suelo. Pero no les prestó atención, se lanzó rápido hacia su hermana.

Pero la espada de Takeru también le cortó el paso. El joven moreno se paró en seco al lado del rubio.

-¿Qué demonios estás haciendo?- le gritó el moreno, totalmente nervioso. Desvió su mirada castaña hacia Yamato, el cual no se movía ni un milímetro. -¡Quítate ahora mismo!- ordenó Taichi.

-No puedo hacerlo- le oyó decir. Pero aquello solo enfureció más a Taichi, que apretó ambos puños. Inmediatamente llamas aparecieron envolviendo aquella parte del cuerpo. El mayor se lanzó contra el rubio que solo pudo levantar la espada para defenderse.

El puño de Taichi chocó de lleno con aquella arma de filo afilado y fue empujado hacia atrás. Takeru también recorrió unos metros hacia atrás debido al golpe. Pero el moreno se recuperó rápidamente, se lanzó de nuevo con el puño en alto. El cual chocó contra una barrera de hielo que acababa de aparecer. Cuando desvió su mirada, vio de reojo a Yamato agachado con su mano tocando al suelo.

-¿Qué demonios es esto?- gritó el moreno golpeando de nuevo la pared de hielo. Detrás de ella se encontraba Takeru, quien evitó mirar a su hermano.

Yamato desvió sus ojos hacia el suelo. ¿Qué podía hacer él? ¡No podía enfrentarse a su hermano menor! Pero tampoco podía dejar que Taichi le hiciera daño.

Entonces los tres oyeron de nuevo el grito de Hikari. Taichi apretó los puños al ver como su hermana menor a duras penas conseguía evitar la segunda estocada de aquel cuervo. Apretó su puño y rompió la barrera de Yamato, que se deshizo en pequeños fragmentos de hielo.

Takeru también se había girado ante aquel grito y Taichi aprovechó la oportunidad para intentar golpearlo. A duras penas el rubio pudo impedir la patada que le propinó el moreno. Para ello tuvo que sujetar la espada con ambas manos y soltar un quejido.

Taichi se giró, furioso, hacia Yamato.

-¡Ishida!- le llamó por el apellido. -¡Despierta y salva a mi hermana!

Y ante aquello Yamato pareció despertar. Se levantó del suelo con un movimiento ágil y se lanzó hacia donde se encontraba la chica. Vio al tercer cuervo justo delante de ella levantando de nuevo la espada. Y, como lo hiciera la vez anterior, lanzó un trozo de hielo directo contra el afilado objeto. El hombre, sin embargo, logró esquivarlo y se giró justo para afrontar la llegada del guerrero.

-Yamato- le llamó Hikari. El rubio la vio, sentada en el suelo, con miedo en sus ojos. Rápidamente se colocó delante de ella.

-¿Estás bien?- le preguntó. La oyó asentir. Por ahora, aquello era suficiente.

Yamato se posicionó delante de la chica e intentó analizar la escena. Tenían que darse prisa. Vio a Daisuke, quien seguía luchando contra el de las cuchillas, cada vez más arrinconado. Pero para su sorpresa vio a una joven de cabellos ondulados que parecía intentar apoyar a su compañero lanzando esferas doradas. Luego se fijó en Taichi quien volvía a golpear a Takeru, el cual lograba defenderse con su espada. Delante de él estaba aquel tercer cuervo, el que parecía humano.

Debían huir de allí, si la mujer aparecía sería imposible que pudieran enfrentarlos. Ellos eran más fuertes.

Pero no podía dejarse vencer por aquello. Pensó en la chica que estaba protegiendo, la que debía proteger desde siempre, porqué era su destino. No iba a dejarse vencer tan fácilmente.

Y mientras pensaba aquello, Garuru, o la sombra del dios, volvió a aparecer a su lado. El dios fue materializándose lentamente y cuando Yamato empezó a sentir el calor del animal éste soltó un aullido.

-¡Cuidado!- fue el grito de Hikari. Yamato junto las palmas de sus manos y las separó rápidamente. Con una barrera de hielo había defendido la primera estocada. Sin pensarlo más, se vio envuelto en aquel combate. Garuru también se lanzó al ataque, soltando un mordisco que el cuervo consiguió esquivar saltando hacia atrás. Yamato se agachó a tiempo para evitar otro ataque de aquella espada, al levantarse su puño, convertido en hielo, intentó golpear la cara de aquel misterioso humano. Pero éste fue más rápido y consiguió darle un rodillazo en plena boca del estómago. El rubio cayó al suelo escupiendo un poco de sangre.

Hikari oyó otro quejido, era Daisuke. Se levantó como pudo y observó al moreno con la espalda golpeando a uno de los árboles, haciendo que las hojas cayeran.

Por su parte Taichi había logrado propinarle una patada a Takeru, quien fue lanzado hacia atrás, aterrizando de rodillas muy cerca de Hikari. La joven vio como el rubio intentaba incorporarse llevándose una mano al estómago.

Taichi entonces bajó su puño, Hikari vio que gotas de sudor recorrían el rostro de su hermano. Se notaba cansado, realmente agotado. Quien sabía cuanta energía le costaba crear aquellas esferas de fuego.

El mayor de los Yagami empezó a andar en dirección hacia el rubio. Pero el cuervo de las cuchillas apareció detrás de él y con un rápido movimiento atacó la espalda del mayor. Este soltó un quejido al sentir la afilada arma recorrerle la espalda. Hikari se llevó una mano delante de los labios, ahogando un grito.

Taichi se giró lo más rápido que pudo, pero la sangre ya empezaba a recorrerle la espalda.

-¡Taichi!- gritó entonces ella. El mayor levantó su puño envuelto en llamas, pero antes de golpear al cuervo, las llamas se habían extinguido y el mayor cayó de rodillas. Pero para su suerte, Daisuke apareció a un lado e intentó empujar al cuervo con sus rayos.

Pero el cuervo saltó alto, esquivando el ataque del moreno.

-¿Te encuentras bien? ¿Puedes levantarte?- preguntó rápidamente Daisuke mirando a Taichi. El moreno asintió apretando fuerte la mandíbula. Daisuke le ayudó a levantarse, teniendo cuidado en no tocar la herida abierta del moreno.

El cuervo volvió al suelo a enfrentar a ambos jóvenes. Y entonces la mujer cuervo apareció en el umbral del bosque. Hikari vio como sangre negra descendía por su rostro, y aquella burlona sonrisa había desaparecido. La mujer se lanzó también al ataque. Y en menos de unos instantes, Daisuke y Taichi estaban rodeados por los dos cuervos.

Ellos se defendían como podían, pero inmediatamente se vieron superados por la agilidad de aquellos seres sobrehumanos. Hikari negaba en silencio ante aquello. Buscó con la mirada a la chica misteriosa, la única que podría ayudarlos. Pero la encontró aún rodeada por raíces de árboles, perdida en la inconsciencia.

Hikari miró a su lado y se encontró con el más joven de los rubios. Takeru seguía con las rodillas en el suelo, sujetándose el estómago. La chica vio dolor reflejado en su rostro y cuando él giro su mirada, ella no pudo hacer más que quedarse estática.

Quiso pedirle que la ayudara.

Y estaba tan perdida en aquel cielo que era su ojo, que no se dio cuenta cuando el cuervo de las cuchillas se dirigió hacia ella. Gamma seguía luchando contra los dos guerreros. Pero el de las cuchillas había sido empujado hacia atrás y ahora iba hacia ella con aquel rostro impenetrable.

-¡Mátala!- oyó gritar a la mujer, en un tono de voz que la congeló. La vio de frente, con sangre negra cayéndole del rostro, con más odio del que jamás se podría describir.

Hikari la odió en aquel momento y su mirada se volvió firme. ¿Matarla?

¿Acaso iba a ser tan sencillo?

El cuervo levantó su cuchilla y Hikari levantó su brazo para protegerse. Y cuando la cuchilla descendió por el aire Hikari apretó fuerte los dientes.

Y la cuchilla chocó contra la barrera rosada que Hikari supo crear.

Continuará...


Super Hikari apareció!

Gracias a Kazanari Kirika, anaiza18 y mi amiga Hikari Yagami de Takaishi por seguir leyendo y comentando. ¡Ya sabeis que vuestra opinión cuenta y alegra el día!

Dudas, quejas, comentarios, RR!

Nos leemos pronto,

Kyo.4**