Cada vez me cuesta un poco más escribir los capítulos, porque la trama se va complicando... y yo no quería llegar a este punto donde fuera complicada, por eso siempre he llamado a ésto un cuento. Sin embargo no puedo evitarlo, poco a poco ir enredándolo todo.

- Hikari Yagami de Takaishi: creo que aún falta un poco para la superHikari, pero ya aparecerá. ¡Gracias amiga!

- Kazanari Kirika: mmm, lee este capítulo, soy algo predecible.

- Anaiza: gracias por tus breves pero constantes mensajes!

Quizás este capítulo es algo típico, pero me apetecía escribir una escena así. ¡Disfrutad!


A TRAVES DEL BOSQUE

CAPITULO 21


La barrera formaba una perfecta semiesfera que justo envolvía el cuerpo de Hikari. La joven, con el brazo levantado, parecía sujetar aquella estructura de transparencia rosada.

El cuervo, furioso, dio otra estocada contra aquella misteriosa superficie que había aparecido mágicamente. Hikari sintió el golpe y pensó que una de sus rodillas iba a flaquear. Pero debía mantenerse firme. Debía mantener aquella barrera.

El tercer golpe hizo temblar toda la estructura y Hikari sintió las rocas de debajo de ella temblar. Entonces se dio cuenta de lo cerca del precipicio que se encontraba. Miró de nuevo hacia el cuervo y luego hacia la burbuja que la envolvía. Notó una pequeña grieta aparecer en la parte superior.

Y el cuervo siguió golpeando con sus cuchillas la esfera.

Cada golpe era, para Hikari, un poco más duro que el anterior. Notaba que sus rodillas temblaban y que no iba a resistir mucho tiempo más. Pensó en moverse, pero no tenía sitio a donde ir si no era atravesando al cuervo. Y eso era imposible.

La estructura crujió y Hikari cayó de rodillas al suelo, tragó saliva. Se dio cuenta de que dentro de aquella esfera era incapaz de escuchar nada. Todo era silencio aparte de su respiración, entrecortada y acelerada. Las rocas de debajo de sus pies temblaron de manera muy brusca. Perdió el equilibrio.

Y el siguiente golpe destruyó la barrera de Hikari, que se desvaneció en el aire al perder su forma. Dejando solo un brillo rosado al final.

En aquel momento, Hikari notó algo tomando su muñeca.

El suelo de debajo de sus pies tembló por última vez y se rompió también en pedazos. Hikari sintió como empezaba a caer en la nada. La punta de aquel precipicio había cedido debido a aquellos golpes. La joven solo pudo ver, por encima de su rostro, como la imagen del cuervo parecía alejarse de ella.

Sintió caer.

Pero muy bruscamente se detuvo en el aire. Sintió que algo tiraba de ella, desde aquel punto en su muñeca. Miró hacia abajo, ¡de verdad estaba colgando! Observó como algunas de las rocas que se acababan de romper golpeaban bruscamente el acantilado. Miró hacia el suelo, a muchísimos metros de distancia, se dibujaba un rio de agua turbia y más bosque. Vio una espada caer y terminar hundiéndose dentro del agua del rio. Quiso gritar, pero nada salió de sus labios.

Si caía…

Sintió fuerza apretándole la muñeca y dirigió su mirada rubí hacia arriba.

-Tú- dijo totalmente sorprendida.

La mano que se aferraba a su muñeca, que la separaba de la mortal caída, era la de Takeru. Pero él también estaba colgando, su mano izquierda era la que se sujetaba de borde del precipicio. El rubio estaba intentando hacer un esfuerzo sobrehumano para levantarse usando solo aquel brazo.

-¿Por…por qué?- intentó preguntar ella. El rubio soltó un quejido y sintió que ambos bajaban unos centímetros.

-Suéltala- oyó una voz Hikari, una voz profunda. Levantó la mirada y allí, en la seguridad del precipicio, descubrió al cuervo de las cuchillas hablando. Era la primera vez que lo oía y su voz sonó rasgada, como si hubiera pasado un tiempo desde la última vez que la usó.

Hikari supo que realmente él iba a hacerlo, a soltarla.

Pero el rubio dirigió su mirada azulada hacia la chica que estaba sosteniendo y luego de nuevo hacia el cuervo.

Sin embargo no hizo nada, no la soltó sino que la sujetó aún con más fuerza.

Entonces el cuervo levantó una de sus cuchillas y la clavó con fuerza en la mano del rubio. Éste soltó un quejido al sentir el arma atravesar su carne. Hikari se estremeció ante aquel quejido. Pero él siguió aguantando su mano. El cuervo sacó la espada limpiamente y Takeru apretó los dientes.

Cuando el cuervo levantó sus cuchillas por segunda vez y las bajó rápidamente, Takeru se soltó. Y él mismo se sorprendió del gesto que acababa de hacer.

Hikari sintió de nuevo que caía, y esta vez nadie iba a agarrarlos. Ambos jóvenes empezaron a caer de aquel precipicio, aún él tomando la muñeca de ella. Hikari cerró los ojos con fuerza y no supo en qué momento dejó de caer.

Lo siguiente que notó fue agua a su alrededor. La chica abrió bruscamente sus ojos al notar que su respiración se cortaba. El agua estaba helada y turbia. Intentó nadar hacia arriba, hacia la superficie, pero la corriente era muy fuerte y el peso de su mochila tiraba de ella, hundiéndola. Notó que seguía sintiendo la mano de Takeru aferrada a su brazo. Aún dentro del agua se giró hacia el rubio. Pero él no parecía estar consciente, Hikari vio como la corriente parecía querer arrastrarlo.

En ese momento fue ella la que le tomó a él de la muñeca.

Y no supo cómo pero entonces observó un reflejo rojizo en la espada que Takeru aún llevaba atada a su espalda. La espada empezó a brillar e iluminó el rostro de Hikari. Y entonces la espada empezó a tirar del cuerpo inconsciente del rubio hacia arriba, hacia la superficie y, por ende, también del cuerpo de Hikari.

Cuando salió a la superficie finalmente pudo respirar y vio que la corriente del rio les estaba arrastrando a ambos dios sabía hacia donde. La espada había empezado a flotar. Hikari, quien no había sido nunca una mala nadadora, aprovechó aquello para tomar a Takeru del brazo y hacer que el rubio sacara la cabeza fuera del agua.

No sabía si respiraba, pero no le quedaba otra que arrastrarlo con ella.

La espada seguía brillando y, para suerte de Hikari, también parecía flotar. La chica miró hacia el frente del rio, intentando descubrir algún punto al que poderse agarrar. Pero lo que encontró solo la aterró más. Una cascada parecía asomarse a unos metros más adelante. Agarró con fuerza la muñeca del rubio y la espada cuando llegaron a la cascada.

Saltaron con el agua. Y Hikari no pudo evitar soltar a Takeru. Entonces le perdió mientras volvía a sentir aire y de nuevo una caída. Cayó al agua del rio y notó que el caudal había disminuido. Fue en aquel momento que la joven pudo empezar a nadar.

Con esfuerzo consiguió llegar a alguna zona del rio en la cual ella podía tocar con los pies en el suelo. Se enderezó.

Hikari entonces levantó el rostro y descubrió que se encontraba en lo que parecía una cueva. Junto a ella y con una luz rojiza, que poco a poco se iba extinguiendo, se encontraba la espada. Hikari se levantó y se acercó hacia ella. Cuando la tocó la espada dejó de brillar y Hikari sintió una paz que no supo de donde le vino.

Descubrió la cascada detrás suyo, con el agua cayendo sonoramente. El brillo rojizo se había ido y ahora solo la luz que se transmitía por entre el agua era la que iluminaba la zona.

Hikari salió a la fría orilla de roca todavía aferrándose con fuerza a la espada. Todo estaba en una extraña calma, protagonizada por el agua de la cascada cayendo rítmicamente. Toda su ropa estaba completamente mojada, de su mochila caían chorros de agua y sus cabellos, largos hasta los hombros, chorreaban de igual modo.

En aquel momento sintió algo rompiendo la tranquilidad de aquel lugar. Divisó la cabeza de Takeru atravesar el agua a unos metros de ella. Vio como el chico respiraba una gran bocanada de aire y empezaba a nadar hacia ella, quizás sin haberse dado cuenta de la presencia de la castaña.

La joven se mordió el labio y como pudo desenvainó la espada.

Lo primero que encontró Takeru cuando pudo llegar a la orilla y levantar el rostro fue el filo de la espada. El joven levantó el rostro sorprendido y se encontró con la morena quien, temblando, sujetaba la espada con ambas manos. La funda rojiza de la mítica arma estaba tirada a unos metros detrás de la chica.

Takeru se quedó arrodillado siendo apuntado.

-Hazlo- dijo él entonces, levantando de nuevo su mirada hacia la chica. Ella no dijo nada. –Yo lo hubiera hecho…-susurró él.

Pero Hikari supo entonces que mentía, ¿por qué entonces la había tomado de la mano?

-No puedo- dijo ella. Takeru frunció el entrecejo. Hikari aferró con más fuerza aquella arma. Ella tenía una promesa que cumplir. Observó de arriba abajo al chico que tenía enfrente, debía tener su misma edad. Vio el parche delante de su ojo izquierdo y deseó poder saber qué se ocultaba detrás de aquella tela. Entonces observó la mano del rubio, la izquierda, la cual sangraba profundamente. –Estás herido…- dijo ella. Él desvió su mirada hacia su mano y no añadió nada más.

-¿Por qué no lo haces? Has desenvainado la espada- preguntó él. Hikari frunció el entrecejo, cualquiera podía desenvainar una espada. ¿No?

-Lo siento- dijo ella. –Pero tengo una promesa que cumplir.

Y Takeru solo pudo ver determinación y algo que le recordó al triunfo en los ojos rubís de aquella chica, atada a él debido al destino.

Continuará...


¡Ya los tenemos juntos! ¿Qué ocurrirá ahora?

Quejas, comentarios, sugerencias, RR!

Nos leemos,

Kyo.*4