¡Buen final/inicio de semana a todos! A los que seáis de España espero que hayais tenido la oportunidad de poder visitar el Salón del Manga de Barcelona, aunque haya sido cortito. ¡Yo sigo quejándome del poco caso que le han hecho a Digimon Tri, por no decir nulo!

Este capítulo lo escribí hace algun tiempo, pero tenía que hacer algunos retoques. Si soy sincera llevo esta historia algo adelantada... pero me dejo margen para poder cambiar cositas a medida que avanza.

- Fairy Scarlet: ¡Gracias por leer y comentar! Sé que por ahora va corta de romance, pero al final te vas a cansar del miel y azúcar que tendrá este fic. ¡Te lo prometo!

- nemesis: Sigo actualizando, gracias por tus palabras.

- Kazanari Kirika: ¡acertaste! Soy tan predecible... Espero que este capítulo lo encuentres igual o más hermoso.

- Anaiza18: Si Takeru es malo o o no creo que aún quedan algunos caps por descubrirlo...


·*· A TRAVÉS DEL BOSQUE ·*·

Capítulo 22:


Hikari seguía apuntando con la espada a Takeru, sin saber muy bien qué hacer.

Miró de nuevo al muchacho y vio como éste desviaba la mirada, llevándose una mano a la boca del estómago.

-Tenemos…tenemos que salir de aquí- empezó ella con voz dudosa. Negó con fuerza, no podía comportarse así. Debía mostrarse segura de sus actos. –Vamos- ordenó al muchacho. Entonces el chico se levantó, pero antes de enderezarse por completo, Hikari oyó como soltaba un quejido y se volvía a llevar su mano derecha a uno de los lados de su estómago. Takeru apretó los dientes. -¡Ey! ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?- le preguntó ella al notar aquello.

Takeru no contestó sino que desvió su mirada hacia su estómago y Hikari pudo ver, cuando él levantó su mano, una herida negruzca en la zona del estómago.

-Taichi…-susurró ella al recordar el golpe del moreno. Takeru apretó los dientes de nuevo.

-Estupendo- le oyó decir Hikari, irónicamente. Entonces ella se acercó hacia él, intentando ayudarlo. Pero antes de que llegara a tocarlo él la apartó bruscamente. Ella se cruzó de brazos, mirándolo enfurecida.

-Sólo quería ayudarte- dijo sin descruzar sus brazos. Vio como Takeru caminaba lentamente hacia una de les paredes de la cueva y se aferraba a ella. Hikari observó el rastro de agua que iba dejando el joven y como su cabello mojado le cubría parte del parche. Al tocar con la espalda en la pared, el joven se dejó caer lentamente al suelo, aún sujetándose la herida. Entonces Hikari se dio cuenta de que la herida en la mano parecía haber dejado de sangrar.

El recuerdo de las heridas de Daisuke cerrándose le vino a la mente.

-Así que también eres como ellos- añadió ella tras ver aquello. Takeru la miró curioso y Hikari vio una ligera sombra de sonrisa en su rostro.

-De alguna manera, sí- dijo él. Hikari se sorprendió, no había esperado que le respondiera. –Tu hermano no controla demasiado bien su fuerza- aseguró él. Hikari ladeó el rostro, sorprendida de que el rubio supiera que ambos eran hermano. Ella esperó entonces a que el continuara, pero Takeru no añadió nada más. En aquel momento la chica se llevó una mano a la frente.

-¡Tai!- gritó y el rubio la miró. -¡Los chicos!- dijo. Se mordió el labio… debía ir a por ellos. Casi se había olvidado de sus guerreros, que habían corrido a protegerla. Debían salir de ahí y comprobar que estuvieran bien. –Debemos ir con ellos, hay que saber si están bien… si esos cuervos los han… -empezó a temblar de rabia al pensar en qué situación podrían encontrarse. Sintió impotencia por estar ella en aquella cueva, alejada de los peligros, mientras ellos los enfrentaban.

Oyó un suspiro. Abrió los ojos y miró a Takeru.

-Cierra los ojos- dijo él. Hikari frunció el entrecejo, no entendiendo a que venía aquello. Luego su mirada rubí se desvió hacia el parche del joven. –Veo que ya sabes muchas cosas- oyó la voz del muchacho. Ella tragó saliva.

-¿Podrás encontrarlos?- le preguntó dudosa, juntando ambas manos delante de su pecho.

-Es una de las caras de mi maldición- comentó él, a lo que ella no pudo más que asentir. Cerró los ojos pero los abrió de repente.

-¿¡Y si cuando los abra ya no estás!?- preguntó alterada. No había pensado en aquello. Pero como respuesta solo obtuvo la sonrisa irónica y ligera del rubio.

-Casi no puedo moverme, si empiezo a irme creo que te darías cuenta- especificó él. Hikari entonces pensó en lo tonta que podía resultar a veces. ¡Por supuesto! Si casi ni había conseguido llegar a la pared. Tras aquello asintió y cerró los ojos. –No los abras hasta que yo te lo diga- oyó su voz. La chica asintió y cerró con fuerza los párpados.

Y tras unos segundos con los ojos cerrados pensó en lo estúpida que acababa de ser. Estúpida y confiada. Ahora mismo había caído completamente a la merced del joven. Apretó los puños al darse cuenta que ahora, quizás, al abrir los ojos, se encontrara de lleno con el ojo de diamante mirándola fijamente. Él podía matarla sólo con la mirada, si se quitaba el parche y la miraba. Si ella se perdía en aquel ojo que nadie jamás había podido describir… ¿Por qué le había creído de esa manera? ¡Porqué no había desconfiado? Quizás era porqué aún podía sentir calidez en su muñeca, aún después de haber estado dentro del agua fría y turbia. Apretó con más fuerza la espada que, aunque ya no brillara, aún se notaba cálida. Y tragó saliva.

-Por favor…-empezó a susurrar. Empezaba a tener miedo aunque una parte de ella parecía no querer sucumbir ante ese sentimiento, como si una parte de ella quisiera confiar ciegamente en aquel joven. Aunque Hikari le había visto enfrentarse a su propio hermano… aunque no le hubiera atacado… Respiró hondo. -¿Vas a matarme?- preguntó entonces, con toda la serenidad de la que fue capaz.

Takeru, quien justo acababa de cubrir su ojo y había estado a punto de avisarla, se quedó completamente callado. ¿Cómo no había caído en aquella oportunidad? Simplemente había hecho aquello que había dicho, sin pensar tan siquiera que tenía la oportunidad de deshacerse de ella. El rubio la miró con el ojo de diamante ya cubierto por aquel parche. Se lo terminó de atar con fuerza detrás de la cabeza. Y esperó.

¿Por qué no la mataba él mismo?

Desvió la mirada hacia la espada desenvainada de la chica, aquella espada que había sido su objetivo todo ese tiempo. Que ella, tan tranquilamente, había conseguido separar de su funda. Negó mientras una enigmática sonrisa aparecía en su rostro.

¿Por qué, si por su culpa estaba él envuelto en todo aquello?

-Ya puedes abrir los ojos- dijo él. Pero ella se mantuvo estática. Takeru vio como la joven de cabellos castaños contenía el aire y como se aferraba a la espada.

-Respóndeme- le pidió ella con toda la firmeza de la que fue capaz. La joven tragó saliva. -¿Me salvaste la vida y ahora vas a matarme?- le preguntó.

Aunque aquella pregunta fuera totalmente irónica.

Entonces él se recostó en la pared.

-No lo sé, decídelo tú- le respondió y la observó curioso. ¿Sería ella capaz de abrir los ojos y mirarlo? ¿Se giraría y huiría dejándolo allí? ¿Qué haría ella? La misteriosa protectora por la que tanto tiempo estuvo esperando.

Pero para Hikari aquello no tenía sentido. Sabía seguro que él la había agarrado instantes antes de que cayera, que él fue consciente de lo que iba a pasar ya que su ojo, de algún modo, se lo había mostrado y que él la había salvado. De aquello estaba casi segura. Y aún más lo estuvo al recordar la mirada de confusión del joven la primera vez que la vio.

-De acuerdo- dijo ella intentando reunir todo el valor del que fue capaz. Respiró hondo. –Tres, dos, ¡uno!- y tras gritar el último número Hikari abrió los ojos.

Y al ver al rubio apoyado cómodamente en la pared, con su ojo totalmente cubierto, no pudo más que sentirse totalmente estúpida. Tanto que no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de rojo. Aunque tras unos instantes consiguió sonreír.

-Lo sabía- dijo ella y el rubio ladeó el rostro y no añadió nada. -¿Están bien?- su tono de voz cambió totalmente al recordar porqué habían hecho aquello. La expresión de Takeru también cambió. El joven asintió en silencio.

-Sí, pudieron huir a tiempo. Tu hermano tiene una herida en su espalda, pero parece que aún le queda energía para enfrentarse a Matt- soltó el rubio. Hikari asintió.

-Típico de Tai- añadió ella. -¿Y la chica?- preguntó entonces recordando a la de cabellos ondulados.

-Parece que el hada está con ellos- expuso Takeru. Hikari frunció el entrecejo. ¿Hada?

-¿El hada?- preguntó ella. Takeru la miró curioso y asintió. Así que la misteriosa chica era una hada. -Era demasiado guapa- comentó Hikari. Takeru desvió la mirada y Hikari volvió a ver aquel amago de sonrisa del joven. Ella ladeó el rostro y observó mejor al misterioso joven. De verdad que se parecía a su hermano, a ella le pareció igual de guapo que él. Sin quererlo, volvió a notar sus mejillas sonrosadas. Negó con fuerza, ¡no debía pensar en aquello!

Entonces notó lo cansada que estaba en realidad, ahora que sabía que sus amigos estaban bien, podía tomarse un descanso. La morena decidió acercarse también a la pared de aquella cuerva, a una distancia prudente del rubio. Pegó la espalda y, como hubiera hecho él, empezó a deslizarse hacia el suelo. Al sentarse se desató la mochila rosada que llevaba a su espalda. Una mueca apareció en su rostro al ver la mochila totalmente empapada. La abrió para dejar caer un chorro de agua de su interior. Suspiró resignada. Tantos preparativos para nada. Empezó a sacar cosas de la bolsa: la ropa de recambio, el chubasquero, el cuaderno que llevaba para apuntar cosas importantes… Todo destrozado. Pero tras hurgar un poco consiguió encontrar aquello que estaba buscando. Aún si la caja estaba totalmente destrozada, ya que era de cartón, el delicioso contenido envuelto en bolsas individuales de plástico parecía intacto.

Agradeció al cielo aquel detalle de envolver las galletas en bolsas individuales, aunque después lo maldijo por toda la contaminación que aquello causaba.

Se abrazó a si misma mientras observaba con tristeza su destrozada mochila, agradeció entonces que el aire de la cueva se sintiera cálido, si no fuera así probablemente cogería un resfriado al estar tanto tiempo con la ropa mojada. Unos segundos después, miró a su lado y vio al rubio mirando perdidamente el techo de la cueva. Notó como seguía sujetándose su herida con su mano sana. Suspiró y se levantó de su sitio. Anduvo hacia él y cuando este la miró solo pudo encontrar la mano de ella ofreciéndole uno de sus tan amados paquetes de galletes.

-Come, no quiero tener que llevarte a rastras- dijo ella entregándole aquello. Antes de que él respondiera ella soltó algunos paquetes de galletas delante de él y volvió a sentarse apartada unos metros del joven.

Cuando volvió a sentarse abrió uno de los paquetes que le quedaba y le dio un mordisco a una de las galletas. El chocolate le supo a gloria.

Y poco a poco fue terminándose las galletas. Entonces no supo en qué momento se había quedado dormida y ni si el gracias que oyó fue real o parte de sus sueños.

Continuará...


Y hasta aquí la actualización de hoy. Por fin empezamos a conocer un poco más al Takeru de este AU... quizás un poco más reservado y serio al que estamos acostumbrados... Ya me direis.

¡Opiniones, quejas, sugerencias, RR!

Nos leemos,

Kyo.4*