Feliz mitad de Noviembre, así porqué sí.
Gracias por los RR, estoy muy contenta de que la historia os guste y agradecida de que os toméis un momento para decirlo. ¡Siempre anima!
- j: poco a poco vendrá la acción, no desesperes!
- Hikari Yagami de Takaishi: Gracias amiga! Espero que poco a poco vayas teniendo más tiempo para echarle un vistazo a la historia, de tanto en tanto!
- RebecaSchmidt: Hola! Para nada suenas mal. Pues la verdad es que es la primera vez que oigo hablar de Wattpad... Y tampoco me lo había planteado mucho, no sé si la gente lo leería sino fuera porque salen estos personajes que tanto nos gustan. Aunque bueno, quizás podamos hablar de ello. ¡Saludos!
- Kazanari Kirika: el odio es a veces muy complicado... Ya veremos si logramos cambiarlo.
- anaiza18: Gracias por ser una lectora tan fiel, espero sigas disfrutando.
Y sin más...
*A TRAVÉS DEL BOSQUE
Capitulo 23
Takeru abrió con fuerza sus ojos, aún sentía su corazón salirse de su pecho. Respiró hondo intentando recordar donde estaba. Parecía que las pesadillas jamás le abandonarían. Que los rostros asustados de las gentes jamás desaparecerían de su mente. Que la última mirada con lágrimas de su madre jamás se borraría. Que jamás podría huir de aquello. Que cada vez que cerraba los ojos, las pesadillas acudían a él, raudas y fuertes. Si eran solo malos sueños o realidades, eso él no lo sabía.
Negó con la cabeza, intentando apartar aquellas imágenes. Respiró de nuevo, tranquilizándose y observó a su alrededor. Empezó a escuchar el respirar tranquilo de la joven de cabellos castaños. Se giró hacia ella y la vio apoyada encima de su maleta, aún abrazando la misteriosa espada. Recordó como ella había confiado en él y había abierto los ojos incluso sintiéndose amenazada de muerte. Volvió a sentir aquello que no quería sentir: ganas de protegerla.
Pero rápidamente negó. No. Aquello era solo el deseo de la maldita sangre de guardián que recorría sus venas, no sus deseos. No era él, era el destino quien quería tomar las decisiones por él. Pero no iba a permitírselo.
Desvió la mirada hacia la herida en su estómago, la notó mejor. No sabía cuánto tiempo había estado durmiendo, suponía que no demasiado. Observó entonces la herida en su mano izquierda, la que parecía que tardaría más en curar. Recordó como se había lanzado a por la mano de la chica, ¡demonios!
Se levantó lentamente, aún ayudándose de la pared. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Debía volver a la mansión con los cuervos? ¿Debía seguir buscando al dios del bosque? Miró hacia la cascada, pensando en qué parte del rio debía encontrarse. Pero entonces algo visto a través de su ojo maldito le desvió los pensamientos.
Se giró lentamente hacia uno de los caminos de dentro de la cueva. Su ojo parecía querer mostrarle algo, intentó concentrarse. A través del párpado cerrado, el ojo de diamante vio un reflejo verdoso brillante salir de aquel camino. Takeru tragó saliva y se dirigió hacia aquel lugar. Andando lentamente.
Empezó a adentrarse por aquel estrecho camino cavado en la roca. Debía ir ligeramente agachado y sólo el resplandor verdoso iluminaba sus pasos. El contacto de algo a su espalda le hizo dar un ligero salto.
-No puedes irte sin mí- oyó entonces. Se giró lentamente para encontrarse con los ojos rubís de Hikari, quien sujetaba con su mano su capa marrón y con su otra mano la espada. La chica frunció el entrecejo. –Debes venir conmigo- sentenció ella.
-Esto de no poder verte me pone nervioso- admitió entonces él para sorpresa de la chica. Ella abrió la boca para decir algo, pero entonces la volvió a cerrar. Desvió su mirada rojiza hacia el suelo y luego simplemente se encogió de hombros.
-¿Has encontrado una salida?- le preguntó sin mirarlo. Él negó.
-Pero hay algo por aquí… -comentó él levantando un brazo y señalando el reflejo verdoso que podía ver. Ella levantó la cabeza y asintió.
-Lo veo- admitió. Entonces fue ella la que tomó la delantera. Tras unos instantes de sorpresa, el rubio asintió y siguió a la muchacha a través del estrecho pasillo de roca. La mochila rosada bailaba en la espalda de la joven y lo único que se oía eran los pasos de ambos y el tintineo de los llaveros decorativos de la mochila.
Cuando salieron del pasillo ella se detuvo, y él también lo hizo. Takeru apartó ligeramente a la joven de delante de él y tragó saliva.
Allí, delante de ambos, estaba el imponente ciervo, dios del bosque. El ciervo que parecía hecho de cristal relleno de bosque, yacía en medio de aquella sala cavada en la piedra. Cuatro distintos caminos parecían conducir hacia aquel mismo lugar. Los ojos como la luna se clavaron en la recién llegada pareja.
-Es el dios…-dijo él. Imaginó que, tras saltar, el ser había conseguido llegar al mismo lugar. La criatura no se movió del sitio, sino que clavó con más firmeza sus ojos en ambos. Entonces Takeru se fijo en la mancha negruzca que tenía en una de sus patas, una mancha que se estaba comiendo el mundo del interior del dios. Takeru recordó cuando Gamma había herido al Dios.
Hikari, por su lado, parecía perderse en la mirada de aquel ser. Hacía que algo en su interior reaccionara, como le había pasado con Garuru la primera vez, y con aquel misterioso gato. Lo mismo que había sentido al verlo arriba en la montaña. Quiso sonreír al creer que el Dios estaba bien.
-Va a morir- oyó el susurro de Takeru. Ella se giró hacia él, sorprendida. El rubio la miró fijamente largo rato.
Entonces Hikari oyó una voz que no supo describir. Era como mil pájaros cantando y como miles de hojas bailando al viento. Era el susurro del viento en las copas de los árboles, pero también similar a rocas cayendo por la montaña. Eran animales cavando la tierra y batir de alas.
-Él tiene razón, el bosque se muere- afirmó aquella voz. Hikari se llevó una mano a la boca. Desvió la mirada hacia el ciervo, quien parecía decirle que se acercara hacia él. –Acércate, protectora- la llamó. Hikari anduvo unos pasos temerosos hasta ponerse a su lado. Ella tragó saliva y esperó. –Siento muchas cosas dentro de ti, pero también las siento dormidas. –expuso él. Hikari asintió con fuerza. Ella también lo sabía, que desde que había pisado aquel mundo muchas cosas dentro de ella parecían ir despertando muy lentamente. Demasiado.
-¿Cómo puedo despertarlas?- preguntó intentando que su voz no temblara. El ciervo desvió la mirada y esperó antes de contestar. Luego desvió su mirada como la luna hacia el joven.
-Con esperanza y convicción- susurró, de forma que solo Hikari pudo ser capaz de oírlo. Y antes de que ella pudiera preguntarle nada más, los ojos como la luna del Dios parecieron encontrar el amanecer.
La joven se giró confundida hacia su acompañante y lo encontró muy serio mirando hacia uno de los túneles que conectaban con aquella zona. Su expresión alteró a la chica.
-¿Qué ocurre?- le preguntó. Takeru apretó los dientes y sin mirarla contestó:
-Delta está viniendo.
Hikari no supo exactamente cuál de los cuervos era Delta, pero le fue totalmente igual. Cualquiera de ellos representaba un serio peligro.
-¡Debemos irnos!- Dijo ella acercándose hacia el Dios, mirándolo fijamente. –Tienes que venir con nosotros- le dijo ella, a lo que el ciervo negó. Y la voz del batir de alas simplemente susurró que "ya era demasiado tarde".
Takeru notó su sangre hervir mientras fijaba su mirada azulada en la entrada del túnel por el cual sabía que el cuervo estaba llegando. Miró a la castaña, que negaba tristemente delante del ciervo. Apretó los dientes, ¿qué debía hacer? ¡¿Qué demonios debía hacer en aquel momento?!
Hikari giró sobre sus talones para mirar a Takeru, totalmente aterrada. El Dios no iba a moverse, de eso estaba claro y si el cuervo llegaba ella no sabía cómo podría defenderse. Observó al rubio, quien no podía ocultar su mirada de confusión. Una gota de sudor caía por el rostro del joven.
-Mierda…-dijo él entre dientes. Y antes de que ella hiciera ningún gesto, unos pasos empezaron a oírse.
Y los pasos se sincronizaron con los ruidosos latidos de su corazón.
Se giró aterrada hacia la entrada del túnel por la cual se acercaba el cuervo. Intentó correr para alejarse de aquel lugar y apretó los puños. Esa vez sería capaz de hacerlo. En menos de un día se había enfrentado a aquellos monstruos dos veces. Parecía que su destino quería que su vida acabara en aquel instante. Pero no lo haría. Su mirada rubí se desvió hacia el ciervo quien pareció entender lo que decía. Sus ojos cada vez más del anaranjado del amanecer y su cuerpo cada vez más oscuro.
Y la luz de aquel lugar también iba atenuándose.
El ruido de dos cuchillas al afilarse mutuamente erizó su piel. Los pasos eran cada vez más fuertes. Su respiración se volvió entrecortada. Tomó con más fuerza la espada de su madre y asintió firmemente.
Y Delta apareció en el umbral del túnel, el cuervo de las cuchillas.
-Te encontré- dijo con aquella voz grave que Hikari había oído encima del precipicio. EL cuervo desvió su mirada grisácea hacia Takeru pero simplemente ladeó el rostro. Entonces pasó su mirada hacia el ciervo que yacía en medio de la sala. Una mueca parecida a sonrisa apareció en aquel rostro.
Hikari entonces decidió situarse entre el ciervo y el cuervo. Tomó aire y, temblando de pies a cabeza, desenvainó lentamente la espada. A medida que el filo abandonaba la funda, una luz rojiza se iba desprendiendo. La luz escarlata del tono de la sangre, que antes les había guiado fuera del rio. La luz dio confianza a Hikari quien levantó el filo hacia el cuervo.
Delta se relamió los labios en un deje que no intimidó a Hikari. Tras aquello saltó directo hacia la chica. Ella, soltando un chillido, fue capaz de parar el ataque de las cuchillas. La luz escarlata brilló con más fuerza cuando las cuchillas chocaron contra ellas. Hikari retrocedió unos pasos y notó el pelaje sedoso del Dios del bosque. Sintió calidez en ese lugar.
El cuervo estaba justo enfrente de ella, podía sentir su olor, similar al de la mujer cuervo. Apretó los dientes y empujó con todas sus fuerzas. El cuervo retrocedió al igual que ella al ver como la luz escarlata incrementaba. Delta se llevó uno de los brazos delante de sus ojos, cubriéndose. La chica aprovechó aquel momento para dar una estocada torpe con la espada. Pero Delta consiguió pararla incluso cegado por aquella luz. Hikari notó que el cuervo la empujaba a través de sus cuchillas. Intentó resistir en su posición, pero perdió el equilibrio y fue enviada un metro hacia atrás. La chica se sujetó de rodillas apoyándose en la espada.
Se mordió el labio mirando enfrente.
¿De verdad creía poder ganar?
Apretó la empuñadura de la espada y se levantó como pudo. Delta se acercaba hacia ella lentamente. Al estar justo delante de ella el cuervo hizo un movimiento que Hikari no se esperaba y agachándose le golpeó los tobillos. La chica cayó al suelo bruscamente y sintió un dolor agudo en su tobillo derecho. Levantó la mirada y vio la cuchilla del cuervo acercarse a ella desde uno de los lados. Levantó al brazo y creó una de aquellas barreras, que más pareció un escudo. El golpe chocó contra la barrera y el cuervo fue enviado hacia atrás. Hikari aprovechó el momento para levantarse y entonces notó que se había torcido el tobillo. Soltó un quejido.
Desvió su mirada rubí para encontrar de nuevo al cuervo y la mirada grisácea la aterró. El cuervo parecía enfurecido. El demonio saltó hacia ella. Hikari levantó de nuevo una mano y creo otra barrera. El cuervo empezó a dar patadas con furia. Al último golpe la barrera se rompió y Hikari notó el golpe en su mejilla izquierda. El golpe la tumbo al suelo. La espada cayó de sus manos alejándose unos centímetros lejos de ella. Hikari se giró y se apoyó sobre sus manos.
Justo delante de ella, aquella mirada gris. Apretó los dientes. Notó sangre cayendo lentamente de su labio.
Pero su mirada era firme.
El cuervo se quedó quieto unos instantes, su mirada fija en aquellos ojos color rubí. Algo dentro del cuervo pareció despertar ante aquella mirada fiera de la chica. Algo similar al pánico. Presa de desconcierto, el demonio levantó una de sus cuchillas.
Pero entonces la espada empezó a brillar de nuevo. El cuervo cubrió sus ojos ante aquello. Hikari tragó saliva. El cuervo desvió la mirada. La joven también cubrió sus ojos al incrementarse la luz.
Y cuando la luz escarlata pareció atenuarse, el cuervo volvió lentamente su mirada hacia la chica, dispuesto a terminar el golpe. Pero entonces, lo que encontró, fue la muerte.
Lo último que vio, fue un brillo tan especial que jamás pudo ser descrito.
Continuará...
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Nos leemos,
con cariño
Kyo.4*
