¡Hola a todos! ¡Feliz año nuevo! Hacía tiempo que tenía ganas de actualizar, y ya veis, día de reyes y aquí estoy yo de nuevo. Obsesionada escuchando la Sad-OST de One Piece, totalmente inspirador.
- Nalugruviajerza4E: ¡Muchas gracias por tu comentario! (Por ambos en realidad!) Me alegra mucho que te haya gustado, y a tus amigas también. Tomo nota de tu sugerencia. Espero que el mundo que he creado siga teniendo sentido y bueno si te gusta esta clase de historias te recomiendo el anime Hiiro no kakera (el cual use como inspiración, ya verás que me dio la base de esta historia!).
- NievesJS13: ¡Aun te queda cosa por leer! Espero la sigas disfrutando, y que tus vacaciones hayan sido geniales.
- Hikari Yagami de Takaishi: Hola amiga! Aqui seguimos, quizás con otro cap de estos cortos... pero supongo que es la dinámica de este fic. Espero disfrutes.
- : Gracias por tu comentario. ¡Espero sigas disfrutando!
-anaiza18: Uh, quien sabe si Takeru la salvó, tendras que seguir leyendo para descubrir como irá todo.
-Kazanari Kirika: Sé que los caps son cortos.. empecé con esta dinámica y así se han quedado... pero bueno, así los escribo com más fluideza y tampoco se hacen tan pesados. Tendras que seguir leyendo para descubrir que pasará. Saludos.
- beluuh: gracias por tu comentario. Espero poder actualizar más pronto la próxima vez. Para Sora aún hay que esperar un poquito, pero le tengo algo reservado, te lo aseguro.
-RebecaSchmidt: Hola Rebece! Aun tengo pendiente enviarte un correo, lo siento! Lo ví ahora cuando abrí (por fin de nuevo) mi cuenta en FF... Espero disfrutes este cap y nos leemos pronto.
¡Estoy super feliz! Esta historia empezó sola, andando sin nadie que la observara, y ahora ya somos muchos que estamos aquí juntos, viéndola crecer. ¡Muchísimas gracias! Y bueno... viendo los RR me doy cuenta que debo actualizar más rápido, ¡lo intentaré!
A TRAVÉS DEL BOSQUE
Capítulo 24
Hikari oyó algo pesado cayendo al suelo y cuando giró su rostro para descubrir qué era, encontró delante suya la espalda de Takeru. Ella se llevó una mano delante de la boca, sorprendida. Entonces sus ojos rubís se desviaron hacia el cuerpo muerto del cuervo. Abrió aún más los ojos y observó que Takeru llevaba en sus manos el parche de tela que utilizaba para cubrirse su ojo maldito.
-¿Qué…-intentó decir, pero antes de poder terminar el rubio cayó de rodillas al suelo. Hikari oyó como respiraba entrecortadamente y, como pudo, se acercó hacia él. Le tomó ligeramente por la espalda y el rubio se apoyó en ella. Takeru apretaba con fuerza su mano izquierda contra su ojo. El joven soltó un quejido apretando aún más fuerte.
Hikari observó atónita aquello. Miró de nuevo al cuervo yaciendo al suelo, con los ojos abiertos desmesuradamente, perdidos en la nada. En un instante. Un solo instante había necesitado Takeru para matarlo. La chica tragó saliva. ¿Tan poderoso era aquello?
El rubio temblaba entre los brazos de ella. HIkari lo tomó con más fuerza. Entonces el siseante ruido de unas cadenas pareció nacer en la mente de Hikari, sin embargo desapareció tan rápido como había aparecido y ella lo olvidó en el siguiente instante.
-Tranquilo- le susurró. –Tranquilízate-. Y aquellas palabras parecieron tener efecto en el joven, quien poco a poco dejó de temblar. La respiración de él seguía, sin embargo, siendo entrecortada. La joven, entonces, tomó de la mano de él aquel parche de tela. Takeru pareció no darse cuenta. Aún situada detrás de él, Hikari intentó tomar la mano izquierda del joven. Él pareció no querer dejar de apretar su ojo izquierdo, pero al final Hikari lo consiguió. Cuidadosamente consiguió colocarle el parche y atarlo suavemente detrás de la cabeza de él.
Y luego, largos minutos de silencio.
Hikari notó entonces la sangre que bajaba lentamente de la comisura de su labio. Se llevó una mano a él y lo notó hinchado. Suspiró.
-Gracias- fueron las primeras palabras que salieron de su boca. Takeru simplemente asintió sin decir nada más.
Hikari volvió a mirar el cadáver del cuervo y se sorprendió al verlo empezar a convertirse en plumas negras. Frunció el entrecejo mientras las piernas, el torso, las cuchillas y finalmente los ojos se convertían en plumas negras. Las plumas danzaron en el aire, en un misterioso viento que hacía que se arremolinaran. Hikari las vio elevarse en el suelo, desprender reflejos negruzcos y finalmente convertirse en fino polvo negro. Polvo o cenizas que cayeron al suelo.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó ella. Pero no obtuvo respuesta. Respiró hondo y se separó ligeramente del joven, quien parecía totalmente perdido en sus pensamientos. Hikari se situó delante de él y vio que su mirada azulada estaba perdida en algún punto del suelo. -¿Estás bien?- le preguntó ella.
Takeru la miró fijamente y Hikari vio un brillo nuevo en aquel ojo del color del cielo. Él levantó lentamente uno de sus brazos y lo acercó al rostro de ella. Hikari se quedó estática y esperó sentir el contacto de su mano en su rostro. Cuando lo hizo, lo notó cálido. Él colocó la palma de su mano suavemente en el lateral izquierdo del rostro de ella, con el pulgar limpió ligeramente la sangre que caía de su labio. Ella no pudo más que sentir sus mejillas arder ante aquello.
Aunque le notase tan cálido.
Entonces él pareció darse cuenta de su gesto y retiró bruscamente la mano del rostro de ella. Su mirada se volvió una de confusión. Y se llevó la mano a la cabeza, cerrando los ojos.
-Me duele- se quejó Takeru. Hikari, quien aún seguía sonrojada, desvió su mirada. Tosió y se levantó del suelo como pudo. Notó el dolor agudo al apoyar su pie, seguramente se había hecho un esguince. Apoyando muy ligeramente el pie en el suelo consiguió llegar hacia donde estaba la espada, la tomó del suelo y la usó para apoyarse.
Y entonces notó que ahora, solo la luz escarlata restante de la espada era lo único que iluminaba aquel lugar. Su mirada se dirigió hacia el ciervo, pero ya solo encontró un caparazón hueco. Era un ciervo sin bosque dentro y sin ojos como la luna.
¿Cuándo fue que el bosque pereció?
Entonces, de las sombras de aquel lugar, pequeñas criaturas empezaron a emerger. Hikari observó como las sombras formaban lo que parecían ser diminutos humanoides con dos piernas y brazos sin manos ni sin pies y con la cabeza perfectamente redonda. Los humanoides formados de sombras empezaron a andar dando saltitos hacia el ciervo. Llegaban de todos los lados de la sala y se acercaban lentamente. Entonces apareció lo que era una boca rojiza con afilados dientes, y los humanoides empezaron a comerse la sombra del cuerpo del ciervo.
Hikari negó con la cabeza ante aquella grotesca imagen, hasta que uno de los humanoides reparó en ella. Tragó saliva y vio que empezaba a estar rodeada.
-Comesombras- susurró Takeru, y el joven se levantó rápidamente. –Debemos irnos.
Hikari asintió ante aquello y como pudo empezó a alejarse de las sombras. Takeru apareció detrás de ella y tomándola del brazo la guió hacia uno de los túneles. Y Hikari se despidió del dios del bosque antes de salir de aquel lugar.
Pero sus pasos eran inseguros y lentos, cada momento que apoyaba el pie en el suelo un agudo dolor le recorría el cuerpo. Y sólo veía pasillos y más pasillos de roca iluminados por la tenue luz de una espada moribunda.
-No puedo correr tanto- pronunció como pudo, intentando que su compañero se detuviera.
Takeru, sin embargo, no tenía la intención de hacerlo. Hikari vio como el rubio miraba hacia atrás por encima de su hombro. Ella paró entonces, apoyándose en la pared para intentar mantener su pie en el aire. Sus brazos abrazaban la espada.
-Ya... no nos siguen- dijo jadeando. Takeru apretó más su agarre alrededor del brazo de ella.
-Te equivocas, viven en las sombras- susurró mientras señalaba hacia atrás. Hikari, como pudo, se giró y abrió los ojos desmesuradamente. Allí, en el umbral de la luz, dos brazos negros parecían empezar a tomar forma. Dos brazos que parecían estirarse y convertirse en cuatro dedos redondos. El humanoide parecía querer ir saliendo de la luz y poco a poco intentar devorarla.
Y detrás de él, más comesombras.
Hikari tragó saliva. Debía continuar. Sin querer desvió la mirada hacia su pie e intentó olvidar aquel dolor agudo. Empezó a correr como pudo, pero nada más unos pasos notó que necesitaba volver a detenerse. Empezó a negar con la cabeza, frustrada.
-No puedo, de verdad, no puedo- admitió ella. Quería echarse a llorar ante aquello, la frustración parecía agruparse en su pecho. Takeru había vuelto a girar hacia ella, la miraba confuso. Ella quiso abrir la boca, decirle que la ayudara, pero no era capaz de hacerlo.
Y sin embargo, esa vez, no fue necesario.
Takeru tiró con fuerza del brazo de la joven y luego se agachó delante de ella, dándole la espalda. Hikari lo agradeció en silencio, y tras aquello subió a la espalda del rubio. Rodeó el cuello del joven con sus brazos y notó como el agarraba sus piernas. Tras aquello el rubio se levantó, más ágilmente de lo que la chica hubiera esperado. Hikari agarró con fuerza la espada y ambos se pusieron en marcha.
Se giró justo para ver acercándose más comesombras.
Takeru empezó a correr lo más rápidamente que pudo. Y HIkari pudo divisar como a sus espaldas, aquellos misteriosos seres, parecían seguirles pegados a las sombras de las rocas. Aferrándose a las sombras, dispuestos a devorarlos si hacían algún paso en falso. La joven cerró los ojos con fuerza y respiró hondo.
Y para cuando volvió a abrirlos, ya era otra luz la que parecía iluminarles. Era la luz de la salida, que poco a poco se asomaba a lo lejos del pasillo. La chica se agarró con fuerza al joven.
-Al fin…- dijo ella tras unos instantes. El joven asintió sin decir nada más.
La joven observó entonces por encima de su hombro. Vio como los comesombras empezaban a quedarse atrasados, como se quedaban en las sombras sin ser tocados por la luz. Y los vio decepcionados, como si hubieran estado esperando algo que jamás llegara. Se quedaron estáticos y, tras unos instantes, desaparecieron del mismo modo en que habían aparecido.
Para entonces Takeru ya había puesto un pie fuera de aquella cueva, de aquellas paredes rocosas. Y Hikari, al girar el rostro al frente, descubrió que la luz venía de un cielo totalmente encapotado.
Del bosque, ya no quedaba nada.
Ambos jóvenes habían salido a un bosque muerto, podrido, donde los árboles se caían a pedazos, donde la tierra olía a lodo y donde, hasta las rocas, parecían convertirse en polvo. No había rastro de hojas verdes ni de animales. Ya no era un bosque. El bosque había muerto.
El rubio se agachó lentamente y la chica se soltó de su espalda y terminó sentada en el suelo. Su mirada seguía perdida en todo aquello de su alrededor. Sus oídos solo eran testigos del viento que mecía el polvo. Nada se oía, nada se veía. Nada quedaba.
Se llevó una mano a la boca.
-¿Qué… qué ha ocurrido?- le preguntó a su acompañante.
Takeru estaba frente a ella observando, a su vez, alrededor. Apretó los puños y luego se giró hacia la joven.
-El bosque ha muerto- simplemente dijo, respirando hondo. –Tú misma le viste morir- añadió.
La imagen del ciervo viajó a la mente de la joven. Y luego una rabia, que no supo de dónde vino, empezó a invadirla. Plumas negras veía en su mente, negras como la noche. Plumas que descendían al ritmo de un reloj de arena contando hacia atrás. Plumas negras alrededor de una caja de oro y rubíes. Apretó los puños.
-Los cuervos… -susurró entre dientes. Si sólo los hubieran detenido antes… nada de esto habría ocurrido. Cuántas vidas, cuantos respirares y cuantos futuros se habrían perdido en aquello. ¿Seguía sin ser suficiente?
¿Realmente, seguía sin serlo?
Continuará...
¿Y qué creéis que ha ocurrido? ¡RR!
Nos leemos pronto,
Kyo.4*
