¡Sorpresa, sorpresa! Traigo dos capítulos! Por si el anterior os había parecido demasiado corto, intento compensarlo.

Y como pequeño regalo, estoy componiendo una serie de sencillas piezas para acompañar esta historia, así que me gustaría que les echarais un vistazo :)! Os dejo aqui el link de youtube:

A traves - 1. Two Moons World - watch?v=OdkMiIO-6hk&feature=


26.

Hikari intentó abrir sus ojos, aunque los párpados le pesaran como mil demonios. Intentó enderezarse, aún notando sus sentidos embotados.

-¿Kari? ¿Me oyes?- oyó una voz. La joven de cabellos castaños parpadeo un par de veces, intentando que sus ojos rubís se adaptaran a la luz del sol que entraba por la ventana. Se sentía confusa, no sabía de dónde venía aquella voz ni tampoco dónde estaba. –Toma, bébete esto- oyó de nuevo la voz. Sin saber cómo notó algo cálido depositarse en sus manos. Aferró lo que creyó era una taza y dio unos sorbos a la bebida.

El calor la reconfortó. De fondo seguía oyendo aquella voz hablarle, pero no le prestaba atención. Aún estaba confundida. Se bebió el contenido de la taza de un trago y luego volvió a acomodarse en la cama. Cerró los ojos.

Volvió a quedarse dormida.

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No supo cuánto tiempo había pasado cuando volvió a intentar abrir los ojos. Esta vez, la luz que entraba por la ventana era rojiza, era la luz del atardecer. Esta vez si fue más consciente de donde se encontraba. Estaba en la cama de su habitación, vistiendo aquel pijama suyo de color rosa. Levantó el rostro de la cama y observó a alguien justo delante de la ventana, dándole la espalda. Su corazón latió al reconocer una cabellera rubia.

-¿Takeru?- susurró. Pero aquel nombre provocó que la persona se girara al oírla. La mirada que vio reflejada en aquellos ojos la sacó de su confusión. –Yamato- corrigió ella parpadeando un par de veces. Entonces apoyó ambas manos en el colchón y se enderezó.

Yamato, quien había fruncido el entrecejo al oír el nombre de su hermano, se acercó hacia la joven. Al estar junto a ella la encontró perdida en sus pensamientos. El rubio tocó ligeramente el hombro de la menor.

-¿Estás bien Hikari? Has dormido mucho- le informó él. Ella asintió, el haber dormido mucho debía ser la razón por la cual se sentía tan confusa y adormilada. -¿Seguro?- le preguntó el sentándose al borde de la cama de ella. –Mírame Hikari- le pidió él.

Entonces ella desvió su mirada rubí hacia el rubio. Poco a poco fue reconociendo las facciones del mayor y fue separando la distancia de su aspecto con la de su hermano menor. Con la imagen del joven que no había podido dejar de ver en los sueños. Parpadeó un par de veces.

-Eres Yamato, ¿verdad?- le preguntó. Aquello hizo que Yamato se alterara. Rápidamente el mayor pensó en todas las posibles cosas que habían podido pasarle a la joven desde que cayera del precipicio. Apretó los puños. Pero unos instantes después el rostro de la joven lo alivió. La vio volver en sí. -¡Claro que eres Yamato!- dijo ella en aquel tono de voz al cual el rubio estaba más acostumbrado.

Y tras aquello una sonrisa.

-Me alegro que ya estés mejor- afirmó él. La chica asintió y miró al mayor de nuevo, pero no pudo aguantar por demasiado tiempo la mirada azulada de Yamato. Tras unos instantes ella desvió el rostro, apenada.

-Lo siento- murmuró. Yamato levantó una ceja ante aquello. Vio como ella apretaba los puños. La vio morderse el labio de aquella manera tan característica. Ya sabía que ella hacía aquellos gestos cuando algo la molestaba, cuando algo la hacía sentirse culpable. El rubio intentó adivinar porqué podía estar disculpándose con él.

Recordó el nombre de su hermano siendo pronunciado por sus labios. Sin embargo esperó.

-No pude traerle de vuelta- dijo ella. Lo había adivinado. Yamato esperó paciente, ladeando el rostro. Ella agarró con fuerza las sábanas de su cama. –Pensaba que iba a conseguirlo, porque él me había salvado. Creía que iba a venir conmigo. Que iba a ser sencillo. Pero… estaba equivocada. Él me odia… -ante aquello ella levantó el rostro. Yamato descubrió la mirada cristalina en los ojos de ella.

-No te culpes tú también, Hikari- dijo con firmeza el mayor. –No cometas el mismo error de Takeru- ante aquello la de cabellos castaños no pudo más que fruncir el entrecejo y mirar confusa a su interlocutor. Yamato suspiró y se desenredó la cabellera rubia. –Takeru sólo está confuso… su poder o la maldición, me da igual como quieras llamarlo, es una carga demasiado pesada para un crio de 15 años- soltó él.

-Pero… ¿por qué? ¿Por qué quiere que le maten? – entonces la joven recordó aquella cicatriz en el cuello del chico. Yamato volvió a suspirar, resignado.

-No quiero hablar de eso, Hikari… simplemente Takeru cree que hizo cosas terribles y no puede perdonárselas. Supongo que al creer que todo es culpa de ese poder, indirectamente tú eres la causa de que lo tenga, al ser él tu guardián. O focaliza su odio contra sí mismo, o intenta focalizarlo hacia alguien más- explicó el mayor. –Sin darse cuenta que está cometiendo un error de todos modos.

Ella asintió ante aquello. Yamato desvió la mirada y Hikari se sintió apenada al haber causado aquel sentimiento en el mayor de los hermanos.

-Pero me salvó- ante aquellas palabras Yamato levantó el rostro. –Takeru me ha salvado la vida dos veces, si me odiara tanto como dice no lo hubiera hecho. ¿No?

Yamato hizo una mueca de una sonrisa.

-Supongo que hay muchas cosas que tienes que contarnos, ¿no? – Hikari se giró sobresaltada, y en el umbral de la puerta descubrió a su hermano, apoyado allí con el hombro. Ella sonrió al verlo sano y salvo. Y él correspondió a su sonrisa.

-Muchas.

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El viento azotó el rostro de Hikari cuando hubo puesto un pie fuera de la casa. Miyako se encontraba detrás de ella, intentando recordarle que el frio ya había empezado a llegar. Aunque a Hikari aquello no le importó. Después de haber estado a punto de morir unas cuantas veces, aquella brisa fresca la reconfortaba.

Según lo que le habían contado había estado durmiendo un día entero, desde que Garurumon la arropara en medio de un bosque muerto. Desde entonces ellos la habían llevado de regreso a casa, al mundo real.

Taichi se había recuperado, ya, de la herida en su espalda. Yamato le había comentado como habían conseguido huir de los cuervos una vez que Takeru y ella habían caído del precipicio. Desde ese momento Garuru intentó localizarla, pero no fue capaz hasta que en un momento determinado el lobo empezó a sentir el olor de ella. Hikari asoció aquello al momento en el cual ella y Takeru habían salido de la cueva.

También les había preguntado por el hada. Y entonces había descubierto que el hada dormía inconsciente en una de las habitaciones de la casa. Cuando Hikari fue a visitarla encontró a la muchacha totalmente pálida y con más aspecto humano del que recordaba. Ya no era aquella tez blanca y perfecta, sino que ahora tenía ligeras manchas como la piel de cualquier joven. Su cabello, antes brillante y sedoso, era ahora el normal cabello castaño. Aún así el hada era bonita, sin embargo ya no era aquella belleza de aquel mundo.

Koushiro era quien se había encargado del hada cuando ellos llegaron. Se encontraba en la habitación de este, pendiente del momento en que despertara para hacerle millones de preguntas. Hikari se extrañó de lo fácilmente que Koushiro había aceptado la existencia de ese mundo. Frunció el entrecejo al recordarlo y supuso que su hermano le había hecho cómplice de alguna información a lo largo de los años.

La joven levantó el rostro al cielo, ya nada quedaba de aquel sol del atardecer que vieron sus ojos al despertar. Ahora la luna redonda iluminaba el cielo y las nubes que se acercaban con lentitud. Suspiró. En realidad, ya no quedaba nada de verano.

Se encontró a si misma pérdida en el cielo, pensando si quizás él también lo estaría observando. Y entonces se ruborizó al darse cuenta de lo que estaba pensando.

Entonces dos figuras aparecieron en el umbral del bosque. Hikari no pudo evitar que una sonrisa aflorara a sus labios al ver a sus dos guerreros acercándose hacia ella. Sin dudarlo, empezó a correr hacia ellos, saltando la barrera del jardín.

Les sonrió nada más llegar junto a ellos.

-Al fin has despertado- le sonrió Ken. Ella asintió y desvió la mirada hacia el moreno. Pero no pudo encontrar sus ojos. Daisuke tenía la mirada desviada hacia un lado, Hikari frunció el entrecejo. Ken, al darse cuenta de aquello, le dio un leve codazo a su compañero, regañándole con la mirada. –Dai…- le llamó.

Finalmente el moreno levantó su mirada achocolatada y la dirigió hacia la joven.

-¿Qué ocurre Dai?- le preguntó ella, confusa. Daisuke apretó los puños y no dijo nada. Tras aquello Hikari desvió su mirada interrogatoria hacia Ken. El de cabellos lacios simplemente negó en silencio. Tras aquello ella vio como Ken levantaba su mirada azulada para mirar por encima del hombro de Hikari.

-Iré a saludar a Miyako- dijo el de cabellera lisa. Hikari asintió y vio como el joven se marchaba. Vio, a lo lejos, a Miyako acercarse hacia Ken. Sonrió para sus adentros. En algún momento debería preguntarle algunas cosas a la de cabellos violáceos.

Pero no en aquel momento.

Cruzó sus brazos y dirigió de nuevo su mirada al moreno.

-¿Qué quieres decirme, Dai?- le preguntó directamente. Daisuke levantó la mirada.

-Lo siento Hikari, siento que no fuéramos capaces de protegerte- empezó él. ¡Así que eso era! Hikari se golpeó graciosamente la cabeza.

-No te preocupes Dai, estoy bien- dijo ella. Pero él negó.

-Podría no ser así- él levantó la mirada, clavándola en ella. –No fuimos capaces de protegerte… podría haberte ocurrido cualquier cosa. ¡Podrías haber muerto!- le gritó. Ella tragó saliva. Quiso decir algo, pero Daisuke se lo impidió. –No, no digas que no ocurre nada… sí que ocurre, lo siento Hika- y tras decir aquello el joven pasó por el lado de ella, rozando ligeramente su piel morena con la blanca de Hikari.

Ella volteó a verlo, pero él ya caminaba con la cabeza baja mirando hacia el suelo.

Y Hikari notó que había algo más en la actitud de Daisuke. Algo más que no le había comentado.

Continuará


¿Qué está escondiendo Dai? ¿Hacia dónde va todo esto?

Comentarios, quejas, sugerencias, RR!

Nos leemos,

Kyo.