Capítulo 5: La Noche Carmesí


La estancia de Kanon en el Imperio Marítimo de Poseidón fue errática en un principio, pues le costó ganarse la confianza del joven monarca recién coronado. Con el tiempo, el Teniente probó sus destrezas y astucia a favor de nuevo regente quien le encargó limpiar y asegurar ciertos territorios, especialmente isleños, que estaban tomados por criaturas sobrenaturales y cuya población le urgió al recién ascendido Emperador exterminar las amenazas contra sus vidas. La misión del heleno avanzó satisfactoriamente durante aquellos tres años.

Una mañana, el gemelo recibió una importante misiva por parte del monarca y esta estaba contenida en un elegante tubo rígido con adornos de chapa de oro.

"Poderoso Teniente Seadragon,

¡Larga vida al Imperio de Poseidón!

Me permito extenderle una invitación a la fiesta del eclipse de luna roja que se llevará a cabo en la capital de mi Imperio. Me complacería que se uniera a estas celebraciones que coinciden con su cumpleaños, pues tengo una importante oferta que hacerle al término del jubileo.

El Emperador de los Siete Mares"

— ¿Qué oferta es la que te quiere hacer llegar Julián Solo? — se preguntó Milo cuando Kanon le pasó el mensaje. — Corren rumores de que quiere hacerte General en su armada.

El maestro se hundió de brazos mientras preparaba su equipaje para el viaje.

— Más importante — respondió el heleno. — ¿Qué planeas hacer cuando toquemos tierra, Milo? Tu entrenamiento bajo mi cargo ha terminado, no tengo más que enseñarte y estoy seguro deseas volver a la Orden para que te den el nombramiento de oficial.

— Qué egoísta eres, maestro. Nunca terminaría de aprender bajo tu cargo, pero es cierto que me he aburrido de tanta arena, sol y mar. Si aceptas el cargo de General ten por seguro que volveré a casa.

El de cabellera azul sonrió abiertamente.

— Por ahora centrémonos en disfrutar la orgía bacanal que el Emperador organiza para la fiesta del eclipse rojo.

Milo negó con la cabeza.

— Un día se te va a caer la verga de tanto usarla, maestro. Eso o una súcubo se la comerá y no de la forma divertida.


La gran celebración del eclipse rojo tenía duración de tres días, teniendo como cúspide el momento cuando la luna llena se ocultaba por completo bajo un manto sangriento. La religión del aquel Imperio adoraba principalmente a Dioses y Diosas lunares, acuáticos y bélicos, por lo que el simbolismo vertido en aquel fenómeno astronómico era de proporciones colosales para la nación quien se vestía de fiesta tras acudir a las ceremonias religiosas correspondientes.

El cumpleaños de Kanon de ese año coincidía justamente con aquella noche especial, por lo que el Emperador Poseidón lo llamó a su lado y preguntó.

— Mi noble Teniente, no es coincidencia que tu natalicio se haya coordinado con esta luna tan bendita que esta noche nos colmará con sus dones. Dime entonces ¿Qué es lo que deseas esta noche como regalo de cumpleaños?

— ¿Puedo pedir lo que quiera, altísimo Emperador?

— Habla y veré si es adecuado.

— Quiero pasar esta velada en una cómoda habitación de su harem con tres o cuatro cortesanas.

— ¿Tan poca cosa, soldado? — se carcajeó el hombre de brillante melena celeste. — No me será difícil tenerte contento en mi Imperio entonces. — se aventuró el monarca. — ¡Concedido!


Seadragon fue acomodado en un ala entera del suntuoso harem del Emperador. En aquel ostentoso rincón del Palacio había fuentes, tinas, camas, alfombras, cortinas, cojines, repisas, hamacas, columpios y demás sitios donde disfrutar de placeres eróticos en compañía de las alegradoras del monarca y su corte. Además, los colores, aromas, sonidos y la tenue luz naranja de lámparas de oro hacían vibrar al ambiente a candor y goce: olía a canela, sándalo y a orquídea, matizados con colores rojos, rosas y ocres de los tapices colgantes y transparentes.

Kanon había bebido vino en exceso y fumado opio para dejarse llevar por el frenesí de la noche. Yacía sobre una alfombra disfrutando la compañía de tres hábiles cortesanas que lo estaban haciendo delirar a su antojo y sin permitirle venirse rápidamente. Todo el espectáculo de desenfreno era reflejado por un enorme espejo que ocupaba todo el techo. Una alegradora era de piel oscura como la noche y se encargaba de complacer la espalda y las nalgas del Teniente; otra era de piel cobre y atendía sus partes bajas; mientras que la última era rubia y pálida, Kanon no podía dejar de besarla mientras su cuerpo se arqueaba al ritmo de la melodía del placer ejecutada por aquellas maravillosas expertas del disfrute.

A decir verdad el cazador se había vuelto un ninfómano durante su larga estancia en las tierras de Poseidón. No era que las mujeres de aquel Imperio le resultaran más atractivas que las chicas de otros lugares en donde gozó de una vida sexual más moderada, simplemente su sed erótica se disparó sin explicación alguna y no encontraba manera de apaciguarse o controlar aquella adicción al sexo que, de hecho, ya le había devenido en varias infecciones venéreas, peleas y situaciones incómodas debido a su incontrolable hambre carnal.

Lo que Kanon no quería admitir era que aquella adicción se originó exactamente desde que había conocido a Radamanthys Wyvern.

— ¿En serio, cazador, una rubia? — una voz espectral se escuchó al fondo de la estancia y las mujeres no detuvieron sus labores, pero Seadragon sí que lo hizo, especialmente por el sonido familiar que le dejó la sangre helada y seguramente la cortesana que le estaba atendiendo la verga notó como esta se deshinchaba considerablemente. — ¿Siempre te han gustado las rubias, soldado, o sólo les has tomado manía desde que tú y yo coincidimos?

El gemelo se removió entre el rompecabezas de pieles en donde estaba enredado, queriéndose apartar de súbito de las mujeres. Al parecer ese opio estaba adulterado, pues estaba comenzando a escuchar voces imaginarias. No obstante, las alegradoras se le adelantaron, pues se pusieron de pie repentinamente y caminaron fuera de la estancia a prisa. Parecía como si estuvieran siendo controladas con la mente, como serpientes danzando frente a un encantador.

— ¡Hey! ¿Qué mierda? — el instinto del Teniente reaccionó demasiado tarde. Su cabeza se giró para encontrarse con la mirada roja y hambrienta de cierto vampiro que estaba encapuchado con una tela ligera de color verde. El peliazul era un guerrero nato que sabía reaccionar ante situaciones de gran peligro, pero aquello lo sobrepasó y quedó helado por unos instantes. — Wyvern — susurró en voz baja sin querer creerlo. — Esto no está pasando, esto no es…

— ¿Real? — Radamanthys se abalanzó contra su presa, arriesgándose demasiado. Seguramente el cazador le enterraría un cuchillo al menos, pero el vampiro no podía resistirse más. Había esperado aquel momento por largas noches solitarias.

No hubo ataque por parte de Kanon quien increíblemente se había dejado hacer por el otro. Seadragon soñó que ese momento llegaría tarde o temprano, sólo que jamás se había atrevido a admitirlo.

El Lord oscuro besó larga y apasionadamente a Kanon estando sobre él. Sus bocas danzaron febriles la una con la otra e hilillos de saliva se escurrían entre sus labios debido a la húmeda profunda de este contacto. El largo cabello del Teniente se enredó entre sus cuerpos y este hecho fascinó a Radamanthys quien no perdió oportunidad para deslizar sus manos a lo largo de la anatomía desnuda del gemelo, disfrutando de sus piernas, sus pectorales y su cintura. Por su parte, el heleno se colgó del cuello de su asaltador para profundizar aún más el primer beso del re-encuentro.

Luego de largos momentos ensimismados en este anhelante saludo, el cazador, jadeante, paró el beso y colocó el rostro de Wyvern en el hueco de su cuello, poniendo la nariz de este a propósito sobre la palpitante piel de su yugular.

— ¿Por qué estás aquí, bastardo?

— Me volví loco — declaró sin mayor preámbulo el rubio. — La cien veces desgraciada Orden te alejó de mí porque entendieron más rápido que tú y yo lo que nuestro lazo significa. Torturé, maté y extorsioné para saber dónde estabas y cuando finalmente di con tu paradero en el Imperio de Poseidón…estabas viajando entre islas, vanagloriándote en territorios totalmente ajenos a los míos. Medité si echarme a la mar o esperarte en esta Ciudad portuaria — la lengua del Lord comenzó a lamer el cuello ajeno lascivamente y al mismo tiempo aspiraba hondamente para oler aquella aromática piel que le causaba cine explosiones de disfrute por segundo.

Kanon se colgó más del cuello de Wyvern y se arqueó mordiéndose los labios, su respiración era pesada. Seadragon quería aquello, lo anhelaba, lo ansiaba; muchas veces se había masturbado o follado imaginando que Radamanthys se alimentaba de él durante el coito, pero su orgullo era monstruoso y nunca lo pediría directamente.

— ¿Deseas tomar de mí, verdad? — ronroneó el heleno.

El rubio pellizcó una tetilla ajena sádicamente como respuesta al tono juguetón de Kanon y el pene del heleno palpitó arrancándole un suspiro involuntario.

— Lástima que estés envenenado.

— Mi sangre está limpia — soltó sin más Seadragon, con los ojos entrecerrados seductoramente.

De inmediato el cazador recibió un segundo pellizco en el otro pezón El tercer latigazo de dolor provino de su cuello, pues los colmillos del Lord perforaron la carne morena con sabor a mar y la lengua de Radamanthys comenzó a beber de aquella fuente de néctar glorioso. Seadragon apretó su rostro y dejó de respirar por unos segundos, resistiéndose a sucumbir ante aquel rito que su yo de tres años atrás hubiera considerado denigrante y repulsivo. Pero el día de hoy aquella descarga de placer y dolor que corría como una helada electricidad desde su cuello lo rebasó e inevitablemente terminó gimiendo, mientras se arqueaba y apuraba al rubio a seguir tomando de él a base de pujidos y movimientos gatunos.

Wyvern se detuvo tras uno o dos minutos, sus irises rojas brillaron como la luna en el cénit. Miró detenidamente a su rubí y este respiraba entrecortadamente. Radamanthys sonrió como no lo había hecho en años y se volcó sobre los labios de Seadragon. El beso sanguinolento fue más pausado que el primero y el Lord deslizó su mano izquierda hacia la verga de su amante la cual palpó y percibió exquisitamente dura y caliente. Con sus garras recorrió con sutileza los testículos del heleno, siguió avanzando hasta que hundió su dedo en el orificio lleno de lubricante del peliazul, pues la cortesana que momentos atrás complacía a Kanon, se estaba encargando de rasgar la próstata del cazador lentamente. Esas mujeres le habían ahorrado el trabajo previo y por ello les perdonaría la vida.

— ¡Oye! — lo empujó el orgulloso cazador al sentir al intruso en su recto.

— Sólo detenme si en verdad no lo quieres, soldado, pero sé que es poco probable. El lazo que compartimos está forjado de sangre y de sexo. — se relamió los colmillos el Lord.

Radamanthys se arrodilló sobre la mullida alfombra, se arrancó la capa y mostró su desnudez: su cuerpo era inmaculado y de tono blanco sobrenatural que incluso brillaba como halo de luna. Los músculos impíos de aquel epítome masculino se alzaban tan duros como el metal a lo largo de su firme anatomía. Su erección estaba lista: dura y apuntando al cielo, la punta hinchada del glande se alzaba brillante y goteante sobre el prepucio.

— Tienes mano y estómago otra vez — Kanon rio entre dientes y se acercó con el pretexto de inspeccionar la sanación.

— No gracias a ti — Wyvern lo atrapó por la muñeca y lo hizo girarse. Luego, jaló al heleno para que se sentara sobre él.

Seadragon suspiró y se resignó a sus propios deseos reprimidos por largo tiempo. Se separó los glúteos y se dejó guiar por el vampiro quien lo penetró lentamente, conteniéndose de ser abrupto y permitiendo al peliazul adaptarse a su tamaño. El cazado, al principio, entró y salió varias veces hasta que finalmente se sentó sobre el regazo de Wyvern quien lo tenía tomado por la cintura. Entonces, el coito comenzó a tomar un ritmo veloz y lascivo. Los dos amantes no se contuvieron de exclamar obscenidades, gritos y gemidos mientras sus voces hipaban debido a la fuerza repetida del acto.

La mano del vampiro recorría la cintura y el abdomen de Kanon mientras dirigía continuamente el trasero del heleno a sus testículos. Palpó la piel morena, que pese a la capa de músculos y cicatrices, era suave y agradable para sus dedos. Radamanthys alzó la vista y el espejo de la estancia le devolvió la seductora escena de la pareja haciendo el amor con frenesí.

— Levanta la cara, Kanon.

Sudoroso y con una mueca abochornada de goce, el heleno giro su cabeza hacia arriba y el espejo reflejó los sentones que le metía al firme Lord y la visión de sus cuerpos imbuidos en aquel ritual era contundentemente placentero.

Wyvern hizo a un lado el cabello de Kanon, dejando libre el espacio en su cuello donde acababa de morder.

— Mira bien como nos entregamos mutuamente esta noche porque no quiero que vuelvas a alejarte de mí, desgraciado — siseó el rubio amenazante mientras jalaba a Kanon hacia atrás tomándolo de las muñecas con la intención de inclinar la espalda de este contra su pecho y sin dejar de embestir, Radmanthys volvió a beber de la sangre bendita del heleno.

Kanon sintió los contundentes y adictivos cosquilleos culminantes extenderse desde su próstata hasta su cuello, dio sentones con mayor impulso, su cuerpo se contrajo y finalmente expulsó su orgasmo como un volcán en erupción mientras exhalaba un gemido agudo. Su semen salpicó su propio abdomen y sus piernas temblorosas buscaron apoyo en el suelo, pues Wyvern no lo soltó ni le dejó romper aquella postura sexual. Los ojos esmeraldas de pupilas dilatadas tardaron en recuperar claridad. El vampiro tomó una espesa y blanquecina gota de semilla caliente para lamerla y a continuación se clavó un colmillo en el pulgar de su propia mano, luego llevó este dedo a la boca del cazador para que bebiera y continuó embistiendo sádicamente.

— Ni creas que esto termina aquí, soldado, tengo la verga parada aún y no tendré suficiente solo con una o dos rondas — le susurró mientras lamía el lóbulo de su oreja.


Kanon despertó envuelto en agradables y suavísimas sábanas con olor a lavanda. El Teniente se hizo un ovillo y siguió disfrutando del descanso, aunque entre más se alejaba de la inconsciencia, el dolor físico de su cuerpo comenzó a hacer mella en él: especialmente una irritación en su zona anal. Cuando la molestia fue tanta, el gemelo se incorporó y, con la melena hecha un nido, comenzó a verificar donde se encontraba: una habitación suntuosa y fresca ubicada en la zona exclusiva de Atlantis. Unas vaporosas cortinas blancas se mecían al compás de la brisa marina dejando entrever un balcón.

Definitivamente aquel sitio no era el Palacio de Poseidón, ni un burdel, ni la casa de alguna de sus amantes. Una quemazón en el cuello le llegó oportunamente para recordar nítida y vívidamente lo que había ocurrido la noche anterior. Kanon entonces regresó a hundirse en las sábanas, avergonzado y arrepentido. Volvió a amodorrarse de nuevo y a dormitar, pero el sonido de una campanilla y un carrito de servicio entrando a su habitación lo arrancaron finalmente de la pereza.

— Buen despertar, señor Kanon —un sirviente que vestía un fresco uniforme de algodón y listones azules se apareció jalando el vehículo que alojaba charolas que exhalaban vapor, una vajilla de brillante plata, y jarras y copas de vidrio inmaculado. — Traigo a su cama un desayuno completo y delicioso. Por favor, si hay algo aquí que desee y no encuentre en las bandejas, hágamelo saber y se lo traeré de inmediato. Le suplico beba mucha agua y zumos de fruta, se encuentra debilitado por la fatiga y por la pérdida de sangre. Debe cuidar de su salud.

Aunque Seadragon torció el labio con furia porque bajo su criterio aquello parecía un festín para un cerdo en engorda que después sería consumido, el delicioso zumo de naranja y zanahoria le hizo sentir la garganta seca y corrió a apurarse un vaso helado.

— ¿Dónde está Radamanthys? — cuestionó tomando un plato extendió para comenzar a servirse fruta fresca tropical que estaba cortada en una bella presentación.

— Lord Wyvern obviamente está descansando en un refugio confidencial, pero en cuanto caiga el atardecer vendrá a verlo, Teniente.

Kanon tardó en contestar porque tenía un gran y jugoso trozo de mango en la boca.

— Quiero chocolate caliente para acompañar mis bizcochos y no lo veo por aquí — fue su única observación.

— ¡A la orden Teniente! — y el sirviente salió en busca de la bebida.


Radamanthys acudió a la casa que había comprado en Atlantis mientras buscaba a Kanon y cuando se apareció en su hogar, apenas se estaban prendiendo las luces de las lámparas y candelabros. Estaba sumamente ansioso por encontrarse con el heleno y no esperó ni un segundo más en el momento en el que el disco solar desapareció del horizonte.

Seadragon cenaba un delicioso filete de cordero acompañado de dulce vino tinto. Aquel día había devorado y bebido demasiado, lo cual le causaba extrañeza pues ya había perdido sangre anteriormente a causa de heridas de batalla, pero los síntomas eran diferentes a la pérdida de sangre debido a fines lúdicos y amatorios.

— Qué saludable apetito, Kanon — se apareció el rubio detrás suyo vistiendo una túnica de lino teñido de púrpura. Los ojos del vampiro eran ámbar y calmos, tan diferentes a la noche anterior.

— ¿Dónde está Saga? — soltó sin una pizca de romance el cazador.

— Cuánta elocuencia — gruñó Wyvern mientras señalaba al sirviente que deseaba beber lo mismo que el peliazul.

— Si vino contigo lo encontraré y lo mataré.

— Imagino que no lo harás por celos, sino por tu juramento de venganza. — la copa llegó al rubio y este bebió el dulce licor que le supo a agua con colorante. Honestamente preferiría beberlo de los labios y sangre de su rubí, pero este no parecía de humor. Anoche había sido muy fácil ¿Quizás el opio había ayudado? — Saga y yo nos separamos hace tiempo. Cuando Valentine logró curarnos yo me torné errático y él un suspicaz desconfiado. Peleábamos hasta el hartazgo.

— ¿Valentine no murió? Desdichado con suerte, tiré a matar.

— Lo sé, Kanon, lo sé muy bien, no fue fácil traerlo de vuelta — replicó severo y gélido el Lord.

Una muralla de tensión se levantó entre ambos y reinó un silencio incómodo. Seadragon fingía orgullo y desinterés, mientras que Wyvern no deseaba perder la paciencia rápidamente. Los minutos corrieron y el heleno terminó sus alimentos y se limpió los labios con una servilleta de tela.

— No tengo idea de qué hacer con todo esto. — El gemelo plantó su codo sobre la mesa y recargó su mejilla sobre su palma abierta —. Lo admito, estoy atado a ti de modo sobrenatural, nunca me había satisfecho el sexo de mis últimos tres años de vida como lo hizo la sesión de anoche. Hoy me siento menos errático e irritable, incluso mi pulso es suave y calmo ¡Pero esto no tiene ningún maldito sentido! Odio a los chupa sangre, soy de los mejores calificados para matarlos, chupa sangres mataron a mis padres, convirtieron a mi gemelo y él me quiso matar cuando era un converso no mucho después. ¡Y sobre todo odio la maldita necesidad de sentarme ahora mismo en tu regazo para comenzar a besarte y luego rogarte que me tomes sobre esta mesa! — Kanon se estrelló la frente contra la madera y quedó en esta postura.

— ¿Y es fácil para mí? ¿Crees que yo lo elegí voluntariamente? ¿Crees que te elegí en un catálogo el futuro y dije: ¡Ah, será divertido ir a seguir un gilipollas cazador que mató a 10 de mis sirvientes cuando se escapó de mi casa, hallarlo en Atlantis, una Ciudad de sol y mar, quemarme múltiples veces por errores estúpidos mientras lo buscaba y luego toparme con su personalidad de mierda orgullosa que no puede admitir que está loco por mí y simplemente no quiere dejarse llevar! —resopló Wyvern quejoso.

Aquellas confesiones sólo empeoraron el ambiente que incluso parecía rasposo. El rubio repasó los argumentos de Kanon y a continuación soltó un carraspeo.

— ¿Kanon, es en serio lo de tomarte sobre la mesa? —

— No lo es.

Radamanthys caminó hasta el heleno y lo obligó a ponerse de pie, luego comenzó a besarlo lentamente y sonrió cuando el sabor del vino dulce vino al fin llegó de modo delicioso a sus propios labios. Momentos más tarde recostó al cazador sobre la superficie mencionada para comenzar a servírselo como plato fuerte.


Continuará

Agradezco su lectura si lograron llegar hasta este punto climático de la historia. Me gustaría poder leer sus impresiones, puntos de vista y reacciones a este fanfic. El siguiente capítulo será el último de este relato.