Feliz verano a todos


27

Se encontraban todos reunidos en la mesa del comedor de aquella casa que quedaba en la frontera del bosque. Hikari tenía entre sus manos otra humeante taza de té mientras que no dejaba de lanzar miradas furtivas a Daisuke. Éste le había evitado la mirada desde el momento que la viera al salir del bosque. Hikari se había fijado, también, en que el moreno tenía estrujado, entre su puño, un pedazo de papel. Daisuke parecía tenso.

Cuando Hikari no pudo más, tuvo que preguntar.

-¿Vas a estar así todo el rato, Dai?- dijo ella levantando su mirada. El resto del grupo hizo el mismo gesto que la morena y todos observaron al joven. Por su parte, Ken, ladeo el rostro. Daisuke resopló, apretó aún más los puños y finalmente suspiró. -¿Qué es ese papel que llevas allí?- le preguntó ella, dejando la taza y señalando el misterioso documento.

Daisuke observó a Ken y tras unos instantes se decidió a hablar.

-Es una carta de mi hermana, pidiéndome que me reúna con ella en Ame- explicó él. Luego apretó los dientes. –Mi hermana es la princesa de nuestro reino- añadió él para sorpresa de la joven. Los ojos de Hikari se abrieron como platos.

-Entonces…tú…-empezó a decir, pero su abuela la interrumpió bruscamente.

-Él es tu guerrero, Hikari- soltó la mujer mirando severamente a la muchacha. –Cuando un niño nace con la marca del guerrero, debe renunciar a su nombre y su familia y cumplir con su deber- sentenció ella mirando a Daisuke fijamente. –La chica de la que hablas, fue una vez tu hermana. Pero ahora, tu deber está aquí, con la protectora de la barrera.

Daisuke apretó de nuevo los puños mientras que Yamato y Ken solo pudieron desviar su mirada hacia distintos lados. Hikari frunció el entrecejo.

-Pero…- dijo ella mirando hacia su abuela. –Es su familia… si ellos le necesitan

-¡No!- gritó de nuevo la abuela. Hikari se quedó con la boca entreabierta, observando a la mujer que siempre le había parecido tan calmada. Ahora esa mujer parecía levantarse fiera, en unas convicciones que Hikari no lograba comprender. Por suerte para ella, Taichi pareció querer apoyar la frase de su hermana.

-Abuela, yo también soy un guerrero y no por ello me he olvidado de mi familia- dijo él apoyando una mano en el hombro de su hermana. –Además, estuve mucho tiempo ausente.

-Eso fue por culpa del cobarde de tu padre- fueron las palabras bruscas de la mujer. Ante aquella Taichi no pudo más que fruncir el entrecejo. –Él fue quien os alejó a todos, incluida a vuestra madre, de vuestro destino- dijo enfurecida la mujer. La anciana se levantó lentamente de su asiento y dirigió una última mirada a Daisuke. –Más que preocuparte por esas cosas, deberías en preocuparte en cumplir tu deber, a ver si en algún momento eres capaz de proteger a Hikari como debes- tras aquello la mujer salió de la habitación.

Daisuke, quien miraba hacia el suelo, se levantó bruscamente del asiento y golpeó con ambos puños la mesa. Hikari observó como el muchacho temblaba. Miyako, quien estaba al lado de Ken, intentó acercarse hacia él, pero el de cabellos lacios se lo impidió.

-Estaré fuera- fueron las palabras que dijo el moreno antes de abandonar la habitación. Hikari se levantó cuando vio que él se marchaba. Se llevó una mano al pecho y se mordió el labio inferior.

El ambiente se había vuelto increíblemente tenso.

-¿Qué demonios le habrá picado a la abuela?- dijo entonces Taichi mientras quitaba la mano del hombro de su hermana y cogía un panecillo de los que estaban encima de la mesa. Sin embargo, antes de llevárselo a sus labios, se dio cuenta de que se le había cortado el hambre. Resopló mientras lo dejaba en su sitio.

Hikari no podía apartar la mirada de la puerta por la cual había salido Daisuke. Poco a poco su mirada empezó a volverse cristalina al empezar a comprender las palabras que había pronunciado su abuela. Aún mordiéndose el labio se giró hacia Yamato y Ken.

-¿Vosotros también tuvisteis que abandonar a vuestra familia?- les preguntó en trémula voz. Ambos pares de ojos azules se dirigieron hacia ella. Breves instantes de silencio. Tras aquello Ken negó silenciosamente.

-Yo no tengo familia- dijo él. Entonces Yamato también se levantó de su asiento.

-La única familia que me queda es Takeru- añadió él. Y tras aquello Hikari notó que le costaba respirar. Se llevó ambas manos al pecho.

-¿Estás bien Hikari?- fue la pregunta que la hizo Miyako al ver como la muchacha empezaba a palidecer. Ella asintió silenciosamente.

-Ne… necesito estar sola- simplemente dijo antes de abandonar, casi corriendo, la habitación. Oyó como Taichi intentaba detenerla, pero ella no le escuchó. Simplemente salió corriendo de la habitación y de la casa. Cuando hubo salido se apoyó unos instantes en la valla de madera que separaba el jardín del exterior. Sintió el aire frio de otoño, las hojas secas que caían de los árboles rojizos colindantes al bosque.

Se sintió mal. La verdad es que nunca les había preguntado a los chicos porqué estaban allí. Recordó entonces la frase de Takeru, aquellas palabras refiriéndose a los sentimientos de su sangre, que no eran los suyos propios. Se preguntó si el resto pensaban igual, si solo la protegían porque su sangre así se lo decía… o si realmente lo hacían por creer en ella.

Tuvo inmensas ganas de llorar.

Pero al levantar su mirada, se encontró a Daisuke justo apoyado en uno de los árboles. Releía aquel papel que antes había estado estrujando. La joven apretó los puños y entonces decidió dirigirse hacia él.

A cada paso que daba, Hikari notaba el aire más enrarecido, el are moviéndose bruscamente, agitado. La joven siguió, sin embargo, sin detenerse. Y al ir acercándose a Daisuke, descubrió que era él quien causaba aquellos remolinos de aire. Del cuerpo del joven salían chispas azuladas. Estaba realmente alterado.

-Dai…-susurró ella al llegar junto a él. Él levantó el rostro, la miró. Ella esperó paciente hasta que él se recargó aún más en el árbol, y el aire dejó de agitarse. El joven volvió a arrugar aquel papel y lo guardó en su bolsillo.

-Lo siento, Hikari- dijo él. Ella empezó a negar con la cabeza.

-No, tienes todo el derecho a estar así. Es tu hermana, es tu hogar… -empezó ella mordiéndose el labio. Daisuke frunció el entrecejo. Ella miró al suelo. –Estáis aquí por obligación, y yo no quiero eso, no quiero que tengáis el deber de protegerme y por ello perdáis vuestra libertad… ¡no quiero sentir que sois mis esclavos!- casi gritó ella. A lo que Daisuke la miró totalmente confuso.

-No digas esas cosas, tonta- le sonrió él. –Somos tus guerreros, y te protegeremos, es nuestro destino- afirmó. A lo que Hikari negó con la cabeza.

-Es totalmente injusto- sentenció ella. Daisuke ladeó el rostro.

-Bueno…me alegro al menos que la protectora seas tú, Hikari. Aunque seas un poco tonta y que hagas las cosas sin pensar, eres buena chica- le sonrió burlonamente él. Ante aquello ella levantó el rostro. Intentó sonreírle de vuelta, pero no pudo hacerlo.

Tras unos instantes la chica tomó una decisión.

-Daisuke, quiero que vayas con tu hermana, es más… quiero ir contigo y que por el camino me cuentes sobre tu familia, ¿de acuerdo?- sentenció ella. A lo que Daisuke no pudo más que abrir los ojos, sorprendido.

-¿Estás loca? Si hacemos eso la abuela nos matará- expuso él. Hikari asintió.

-Me da igual, es algo que debemos hacer- dijo ella. Daisuke entonces desvió su mirada hacia el papel que tenía entre sus manos.

-Si mi hermana va, yo también voy- oyeron las palabras detrás de ambos. Hikari se giró, para encontrarse con la mirada achocolatada de su hermano. Él sonrió burlonamente y luego se acercó a Daisuke. –Además, creo que necesitarás refuerzos- le dijo mientras le golpeaba suavemente el hombro.

Pero Taichi no había venido solo, detrás de él se encontraban los otros dos guardianes seguidos por Miyako.

-Yo soy el que tendría que decir que no es nuestro deber, y que Daisuke debe olvidarse de su familia- fueron las palabras frías de Yamato. Tras decir aquello el rubio se llevó una mano al rostro. –Sin embargo fui el primero en echar a correr para ir en busca de mi hermano, así que no soy quién para decir nada- resopló desviando la mirada. Hikari sonrió al notar un ligero sonrojo en las mejillas del mayor.

-¿Y tú qué dices, Ken?- fue la pregunta de Taichi mirando al de cabellos lacios.

Éste levantó su mirada azulada y la dirigió hacia Daisuke. Su mejor amigo le devolvió la mirada.

-No voy a pedirte que incumplas las reglas por mí, Ken- fueron las palabras del moreno. Ken desvió la mirada hacia la muchacha.

-Si Hikari me lo pide, no las estaré incumpliendo- medio sonrió él a lo que Hikari no pudo más que ensanchar su sonrisa.

-Por favor, Ken, acompáñanos- pidió ella. Ken asintió. –Y por favor, quiero que me contéis todo de vuestras vidas.

Continuará...