28.
Hikari se asomó tímidamente a la habitación donde descansaba el hada. Se mordió lígeramente el labio al ver a la joven observar tristemente por la ventana, mientras sus cabellos ondulados le caían suavemente sobre los hombros. Llevaba uno de sus pijamas rosados y se cubría hasta las piernas con la colcha de la cama.
-Ehm…-intentó llamar su atención Hikari. Tras aquello el hada volteó a verla. La joven vio como el hada ladeaba el rostro al encontrarse con sus ojos. -¿Puedo pasar?- le preguntó. Tras aquello el hada asintió.
-Sí, claro- dijo, tras unos instantes. Hikari entonces anduvo dentro de la habitación. Tras ella cerró la puerta. –Siéntate, por favor- dijo el hada. –Yo también quería hablar contigo- fueron sus palabras. A lo que Hikari no pudo más que sorprenderse. Asintió callada mientras tomaba una silla de madera que estaba al lado de la pared. Tímidamente la acercó a la cama de la joven y se sentó en ella, paciente.
El hada desvió de nuevo su mirada hacia el cielo turbio y respiró hondo. Hikari esperó mientras entrelazaba, nerviosamente, los dedos de sus manos. El hada volteó de nuevo hacia ella.
-Te llamas Hikari, ¿verdad?- preguntó ella. Ante aquello la chica levantó el rostro y frunció el entrecejo. El hada sonrió ligeramente. –Koushiro me ha estado contando muchas cosas- explicó ella. Hikari asintió.
-Sí, soy Hikari. Supongo que también te habrá contado que soy la "protectora"- dijo ella, haciendo un gesto de comillas delante y detrás de la palabra protectora. El hada sonrió ante aquello.
-Era algo que ya había notado- soltó la muchacha. –Cualquiera que tenga un poco de magia puede verlo a simple vista, Hikari- le explicó ella. Hikari entonces notó como el ambiente de la sala se relajaba. Notó entonces que tenía hasta ganas de sonreír.
-Aún no te he preguntado tu nombre- dijo tímidamente la joven. El hada le sonrió.
-Me llamo Mimí, muchas gracias por ayudarme- agradeció la joven de cabellos ondulados. Hikari asintió ante aquello. Luego Mimí desvió de nuevo su mirada hacia la ventana, y Hikari pudo ver como sus ojos brillaban tristemente. La joven juntó ambas manos en su pecho. –Puedo preguntarte…¿cómo murió el bosque?
Aquella pregunta no tomó desprevenida a Hikari, es más, era uno de los temas que había venido a tratar con la misteriosa joven. Tragó un poco de saliva antes de contestar.
-Tenía una herida negra- dijo mientras intentaba recordar los hechos. –Y poco a poco fue perdiendo la luz que tenía dentro…-añadió. Mimí asintió en silencio. -¿Tú sabes que era esa herida? ¿Quién se la hizo? Y ¿Por qué os atacaron? – fue el bombardeo de preguntas de Hikari. Mimí apretó ambos puños y empezó a temblar ligeramente.
-No estoy muy segura… pero desde hace un tiempo algo no va bien en nuestro mundo. Los dioses empiezan a caer uno tras otro, volviéndose monstruos y atacando a los humanos. Los dioses no caen porque sí, la bondad no cae porqué sí- explicó ella. Hikari se mantuvo en silencio. –Recuerdo a una mujer viniendo al bosque, una mujer vestida con un apretado y largo vestido negro. Lleva las uñas muy largas y el cabello era también oscuro. En sus manos llevaba una caja plateada con un broche rojizo como la sangre. Cuando ella abrió aquella caja… -entonces Mimí se detuvo. Hikari siguió esperando. Mimí desvió su mirada del color de la miel hacia la protectora. –Cuando abrió aquella caja, sombras empezaron a salir de ella y empezaron a devorar nuestro bosque. Todos los árboles, las flores, los animales… todo empezó a arder sin que pudiera evitarlo. Y el dios del bosque… el dios intentó detenerla… -y antes de darse cuenta las lágrimas empezaron a aflorar a los ojos de la muchacha. –En realidad, creía que se trataba de una pesadilla. Sé que algo me golpeó y caí al suelo, cuando volví a despertar ya estaba todo en llamas- Mimí se cubrió el rostro con las manos. –Quien fuera aquella mujer, era muy poderosa…
Hikari entonces recordó las palabras de Takeru.
"Ella prometió que…"
Debía encontrar aquella mujer y enfrentarse a ella. Pero… si era tan poderosa, ¿qué podrían hacer ellos? Tan siquiera eran capaces de acabar con los cuervos… El único que lo había logrado había sido Takeru. Entonces recordó también las palabras del dios del bosque "con esperanza y convicción". Se mordió el labio inferior.
-Mimí… ¿tú sabes cómo puedo volverme más fuerte?- fue la pregunta que le hizo entonces, a la joven. El hada le dirigió su mirada del color de la miel, bañada en lágrimas. Entonces negó suavemente.
-Yo nunca había conocido a la protectora de la barrera… -expuso el hada. Hikari abajo la mirada. –Pero sí he oído historias- tras aquello Hikari volvió a levantar la mirada rubí. –De la protectora y los dioses- añadió.
-Por favor… cuéntamelo.
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Aunque brillara el Sol en lo alto de aquel cielo, ya no era un Sol cálido. Era más bien un Sol triste. Hikari podía hasta mirarlo directamente, sin tener que cubrir sus ojos. El aire también estaba enrarecido. Y el suelo que pisaban era todo roca y arena, pocos árboles se veían en los alrededores.
-¿Hikari? ¿Me escuchas?- fue la pregunta de su hermano. A lo que ella volteó a mirarlo, frunciendo el entrecejo. -¿Estás bien? Desde que salimos ayer parece que estás en otro mundo- fue la broma que hizo él. A lo que el único que rio fue Daisuke. Hikari simplemente siguió andando. Volteó su maleta rosada y abrió, de dentro de una bolsa de plástico sacó su paquete de galletas de chocolate.
-¿Por qué lo llevas dentro de bolsas de plástico?- fue la pregunta curiosa de Ken, al observar a la muchacha. Ella se limitó a sonreír.
-Por si acaso- dijo simplemente, recordando aquel momento vivido en la cueva. Eso le llevó a pensar en Takeru, y Takeru le llevó a pensar en las palabras del hada. Suspiró.
Hacía dos días que habían salido hacia la ciudad de Daisuke, Ame. La cual se encontraba a unos cuantos días de camino. Habían salido durante la noche, para que la abuela y Joe fueran capaces de impedírselo. Miyako sería la que se encargaría de explicárselo a ambos.
Hikari miró de nuevo al cielo, recordó las palabras de Mimí.
"Puedes hablar con ellos… tú puedes entenderlos… tú puedes ayudarlos"
Miró entonces de reojo a Garuru, que acompañaba a Yamato. Garuru caminaba con la lengua fuera, el lobo perlado inmenso. Se fijo en lo grande que era realmente, en lo fuerte que parecía. En su capacidad para desaparecer y volver a aparecer en el sitio adecuado. En sus fauces.
¿Era capaz el lobo de comunicarse con ella?
Y tras pensar aquello el lobo pareció desviar su mirada perlada hacia ella. Hikari contuvo el aliento, por un momento pareció que el tiempo se detuviera. Ella dejó de andar, sólo miraba al lobo.
¿Era ella capaz de entenderse con él?
Y el lobo también se detuvo, sentándose. Garuru ladeó el rostro y esperó paciente. Hikari se acercó hacia él y cuando llegó a su lado el lobo acercó su hocico hacia ella. Los ojos de él quedaron a la altura de los rubís de ella.
Los demás simplemente observaban la escena con el ceño fruncido. Yamato se había detenido al sentir a Garuru abandonar su caminata a su lado. Vio como Hikari se acercaba hacia su compañero. Y no pudo evitar poner una mueca de sorpresa cuando el lobo lamió la cara de la joven y esta sólo pudo sonreír ligeramente.
Entonces Hikari se mordió el labio inferior suavemente mientras se frotaba ambas manos. Miró de nuevo al lobo.
-Si fuera cierto…-empezó ella, ante la atenta mirada del resto. –Si fuera cierto que pudieras entenderme, que pudieras contarme tantas cosas… entonces… -no sabía exactamente qué era lo que quería decirle. Su mirada se desvió hacia el suelo y el lobo lamió de nuevo sus manos, como si insistiera a que ella prosiguiera. –Si fuera cierto… ¿me lo contarías?
-Él te respondería, sólo si haces las preguntas adecuadas- al oír aquello Hikari se sobresaltó y observó rápidamente a su alrededor. Garuru por su parte gruñó con fuerza y observó a algún punto perdido en uno de los laterales.
Y entonces Hikari pudo notar que estaban envueltos en una niebla blanquecina que le era extrañamente familiar. El corazón de la joven dio un vuelco al ver como las sombras de sus compañeros parecían desaparecer dentro de la niebla, que cada vez se volvía más espesa.
-Esta vez no- dijo con toda la seguridad que fue capaz de reunir. Entonces cerró los puños y, como hiciera ya una vez en el pasado, una esfera de color rosado empezó a crecer desde algún punto perdido en su pecho. Al ir aumentando la esfera, toda la niebla que quedaba contenida a su alrededor desaparecía, y las siluetas volvían a ser más claras.
-¿Qué está ocurriendo?- preguntó alterado Daisuke, el primero en aparecer en una de aquellas esferas. El de cabellos castaños observó sorprendido a su alrededor, hasta que su mirada oscura se fijo en la joven de cabellos castaños que mantenía ambos puños cerrados. -¿Hikari?- le preguntó. Ella apretó los dientes, haciendo que la esfera creciera cada vez más.
Y finalmente las tres siluetas de sus restantes compañeros aparecieron dentro de la esfera, y volvieron a estar reunidos.
-Vaya, vaya…-volvió a oír aquella voz aterciopelada.
-¿Quién está ahí?- preguntó Yamato, formando un cristal de hielo entre sus manos. Rápidamente lo levantó y apuntó con él hacia el punto de donde venía la voz.
-Veo que has avanzado mucho, protectora- y lentamente, andando sobre sus cuatro blanquecinas patas, apareció de nuevo el gato de las tres colas. El gato se sentó justo enfrente de ellos, antes de pisar la esfera, envuelto en su densa niebla. –Y dime, ¿ya sabes alguna pregunta que quisieras hacerme?- dijo arrogantemente, mientras lamía una de sus patas y sus tres ojos amarillentos se clavaban en ella.
Continuará...
