29.
Garuru volvió a gruñir al gato de tres ojos y tres colas, a lo que Hikari simplemente le acarició el hocico, intentando que se calmara.
-Eres tú- resopló ella, observando como el gato se lamía las patas. –El de la otra vez- especificó ante las miradas de sus compañeros. –El maldito gato- ante aquello todos, a excepción de Taichi, fruncieron el entrecejo. Yamato mantuvo el cristal de hielo formado entre sus manos mientras que Daisuke junto ambas palmas y, al separarlas, un delgado hilo azulado había aparecido.
-Nos encargaremos de él- dijo Daisuke a la vez que separaba aún más ambas manos. Pero su intento de ataque fue detenido por Ken, quien puso una mano en su hombro.
-Espera, quizás pueda darnos algún tipo de información, recuerda que fue él quien nos avisó de lo de Takeru…-le susurró Ken al oído. Ante aquella evidencia, Daisuke bajo ambas manos y el rayo desapareció. Tras aquello el joven se cruzó de brazos.
-Tienes razón- aceptó a regañadientes. Ken asintió y observó a Hikari, pero antes de que pudiera formular alguna pregunta fue interrumpido por Taichi.
-¿Quién es él? ¿Lo conoces Hikari?- fueron las preguntas del mayor, mientras se acercaba a su hermana. Ella negó en silencio.
-Simplemente me atrapó una vez- comentó la muchacha. Luego volvió su mirada hacia alguno de los tres ojos amarillentos del gato. Resopló. -¿Qué quieres ahora?- fue su pregunta.
El gato entonces dejó de lamerse y observó a todos los presentes, dentro de aquella esfera rosada. Abrió la boca e hizo un bostezo antes de estirar ambas patas delanteras y volver a sentarse. Luego miró de nuevo a los jóvenes, parándose en cada uno de ellos.
-Fuego- dijo tras mirar a Taichi, quien estaba cerca de su hermana. Él moreno frunció el entrecejo. Tras aquello el gato dirigió sus ojos hacia Yamato, quien estaba de lado con los brazos cruzados y los ojos cerrados- Hielo- soltó, a lo que Yamato le miró por el rabillo del ojo. Luego su mirada se paró en Ken, al lado de Daisuke, y con su mano aún en el hombro del moreno. –Tierra- habló el gato, Ken entreabrió los labios pero no dijo nada. –Y finalmente…-su mirada fue a parar hacia Daisuke, con ambos brazos cruzados y una mirada curiosa dirigiéndose hacia el gato. –Rayo.
Garuru soltó de nuevo un gruñido y se tensó ante aquello. El gato volvió a ignorarle, para entonces mirar a Hikari. Entonces empezó a negar con la cabeza, silenciosamente.
-Aún no están todos, ¿dónde está tu preciado guardián?- fue su pregunta en tono burlón. Ante aquello Hikari notó como el ambiente se tensaba. El gato entonces esbozó una sonrisa sarcástica. –O vaya…parece que él sigue tentado a traicionarte. Parece que Ella tiene más fuerza de convicción que tú- fueron sus palabras, semi escupidas por aquella boca llena de dientes afilados.
-¿Ella?- fue la pregunta que salió de los labios de Yamato. Ya no era la primera vez que escuchaban sobre Ella. -¿Qué demonios sabes tú de todo esto?- preguntó amenazadoramente el rubio, mientras se adelantaba unos pasos.
-Yamato… -advirtió en voz baja Ken. Yamato se paró en seco.
-No te preocupes, no voy a hacer nada- resopló el de ojos azules, a lo que Ken asintió. –Simplemente- miró de nuevo al gato. –Dínoslo- ordenó.
Pero el gato ignoró las palabras del joven de cabellos dorados, su mirada seguía firme en la figura de la protectora. Ella entonces ladeó el rostro.
-Él no va a traicionarme- pronunció entonces Hikari, más segura de lo que nadie hubiera esperado que estuviera. Ante aquello todos se giraron hacia ella, sorprendidos por la firmeza y la convicción de sus palabras. –Pero eso tú ya lo sabías- le sonrió al gato. A lo que él no pudo evitar responder con el mismo gesto. –Si puedo llegar hasta él de nuevo…-empezó ella. A lo que el gato la interrumpió.
-¿Serás capaz de convencerle de que se una a tu bando? ¿De qué vosotros sois más fuertes que ellos? ¿Estás convencida tú de eso?- fueron las tres preguntas que le lanzó el gato. Hikari entonces empezó a pensarlas con cuidado.
¿Su bando? ¿Eran más fuertes? ¿Estaba segura?
Su mirada de confusión la delató, al recordar con escalofríos como el cuervo había estado a punto de matarla. A punto de matarlos a ellos también. Recordaba algunas palabras de Takeru, recordaba que él había dicho que no eran rivales.
Pero…
-Si aún no puedes responder a esas preguntas, todavía no hay manera de que ganes- negó con la cabeza el gato. –Muchas cosas van a pasar, pequeña Hikari, ¿segura que no tienes ninguna pregunta?- volvió a decir el gato, mirándola fijamente.
Ella abajó la mirada, buscó alguna pregunta en sus manos vacías, muchas se arremolinaban en su cabeza, muchas de ellas confusas y ninguna clara. Pero nada salió de sus labios, y mientras el gato seguía negando con la cabeza. Y la bruma se apoderaba de él, la niebla empezaba a desaparecerlo.
-¡Espera!- le llamó ella, levantando el rostro. El gato desaparecía en la nada. -¿Qué son la esperanza y la convicción? ¡Dímelo!- le rogó ella, recordando las palabras del ciervo. El gato la observó, tardó en responder.
-A la esperanza has de regresar…-dijo mientras desaparecía, mientras las tres colas golpeaban arrítmicamente el suelo que se volvía piedra y polvo. –para allí la convicción encontrar.
Y se perdió, el gato en la niebla, y las palabras flotando en el aire.
-¿Sabrás hacerlo, pequeña Hikari?
Fue la última noche antes de que llegaran al territorio de las tierra de la lluvia, de las tierras de Ame, las tierras de Daisuke. Hikari apenas había conseguido dormir, envuelta en su saco rosado, con la mirada perdida en las estrellas. Maldiciendo por dentro la poca determinación que había mostrado ante aquel gato, maldiciendo no creer tanto en sí misma como debería.
Pero eso, ahora, era lo de menos. Debían llegar cuanto antes a Ame, para así poder ayudar a la hermana de Daisuke y cumplir, de algún modo, alguna promesa que ella hubiera hecho.
Acurrucada en su saco, sintiendo el calor de la pequeña fogata que habían hecho antes de dormir, Hikari empezó a oír unas voces discutiendo. Primero habían empezado como murmullos, pero ahora cada vez se hacían más claros.
-¡Te he entendido la primera vez!- oyó que gritaba la voz de Yamato. -¡Apártate de mi vista, Yagami!
Hikari al escuchar aquello se incorporó en su saco de dormir. Un poco alejada de ella, discutiendo a unos metros se encontraban Yamato y Taichi. El primero estaba de brazos cruzados con cara de fastidio, mientras el otro se golpeaba ambas manos.
-La anterior vez me di cuenta de que no había sido suficiente, y no quiero que Hikari vuelva a estar en tanto peligro- expuso el moreno, apretando los dientes. –Si tu hermano llega a atacarla, ¡acabaré con él! ¡Acabaré con cualquiera que se interponga ante Hikari!- gritó él serio. Ante aquello la joven frunció el entrecejo mientras se levantaba.
-¡Eso si yo dejo que toques a mi hermano!- correspondió entonces Yamato, quien dirigió una mirada fulminante al moreno. Tras unos instantes el rubio levantó ambas manos hacia el moreno y un vapor plateado apareció entre ellas.
-Con que esas tenemos…- dijo entre dientes el moreno, el cual ladeó su posición y empezó a formar una bola de fuego entre sus manos. Hikari apretó ambos puños empezando a sentir furia, viendo a sus dos compañeros pelear. Esa no era la solución, discutirse entre ellos, entre los de su bando. Eran demasiado pocos para ser aún menos.
Pero antes de que pudiera intervenir, empezó a oír las pisadas de Ken y Daisuke.
-¡Eh! ¡Deteneos!- gritó entonces el de cabellos morenos. Rápidamente se colocó delante de Taichi, mientras que Ken se colocó al lado del rubio. Taichi intentó deshacerse de él con un brusco movimiento, al igual que hizo Yamato. Debido al empujón Ken fue lanzado unos metros hacia uno de los costados. -¡Basta!- gritó de nuevo Daisuke empujando a Taichi hacia atrás.
-¡Apártate Dai!- gritó entonces Taichi, empujando a Daisuke.
-¡Esto lo resolveremos entre nosotros!- gritó entonces Yamato, formando de nuevo aquella niebla plateada helada.
-¡Aparta Dai!- ante la sorpresa de Hikari, fue Ken quien dijo esta última frase. Daisuke se apartó de Taichi mirando interrogativamente a Ken. Éste entonces se arrodilló rápidamente al suelo y golpeó con su puño la vasta tierra.
-¿Qué demonios…-ni Taichi ni Yamato pudieron evitar que las raíces que salieron del suelo les atraparan ambos pies y ambas manos. Las raíces eran de color verdoso y con unas pequeñas hojas, estas se retorcieron alrededor de las extremidades de ambos guerreros de manera que les impidieron el movimiento. -¡Suéltame!- fue el grito de Tai. Ante aquello Ken negó con la cabeza y se levantó lentamente.
Hikari observó desde su sitio como Taichi no dejaba de moverse, intentando soltarse de aquella atadura. Por su parte Yamato miró con desprecio a Ken, para después mantenerse completamente quieto. Finalmente su mirada azulada se perdió en el suelo.
Para que Taichi se calmara hicieron falta largos minutos, finalmente el moreno se dio cuenta de que era incapaz de soltarse de aquella atadura. Tras aquello dio un largo resoplido.
-¡Esta bien! Ya lo he entendido- se quejó el moreno.
-¿Qué ocurre aquí?- preguntó entonces Ken, desviando su mirada de uno al otro. Yamato tragó saliva mientras Taichi miraba fulminante al rubio.
-Simplemente intentaba explicarle que debe estar centrado, sino no podremos proteger a Hikari como toca –expuso el moreno. Yamato levantó la mirada, se notaba como la ira intentaba volver a él. Tras unos instantes volvió a desviar la mirada.
-Creo que Yamato ya sabe eso…-intervino Ken mirando al rubio. Éste asintió en silencio. Tras aquello el de cabellos lacios soltó la atadura alrededor del muchacho de ojos azules. Yamato sintió como las ramas dejaban de aprisionarle y lentamente se dirigió hacia el otro extremo de la fogata. Hikari entonces volvió a recostarse, fingiendo estar dormida, ya que nadie parecía haber notado que ella lo había visto y escuchado todo.
Aún así la joven siguió escuchando todo lo que ocurría a su alrededor, teniendo en mente al rubio, sentado en el suelo abrazándose las rodillas.
-¿Vas a calmarte, Taichi?- fue la pregunta que hizo Ken al observar al moreno. Éste asintió en silencio, sin poder evitar mirar al rubio sentado en el suelo. Tras ser soltado por el de cabellos lacios se llevó una de las manos detrás de la cabeza rascándose la desordenada cabellera.
-Quizás… me he pasado un poco- admitió entonces, ladeando el rostro. Su mirada achocolatada pasó entonces del rubio a la, supuestamente dormida, Hikari. –Sólo quiero que entienda que no voy a dejar que dañen a Hikari… eso es todo.
Y tras aquello Hikari no pudo más que apretar ambos ojos con fuerza.
Hoy tenía poco que decir, solo dejar esto por aquí. Mi imaginación sigue viva, y mis ganas también. Por si alguien lo quiere leer, por si a alguien le gusta.
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Kyo_4*
