¡Hola! ¡Gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí! Y gracias especialmente a Jzero, Sarah Kilensky, anaiza18 y mi amiga Hikari Yagami de Takaishi. ¡Espero sigáis aquí conmigo mucho tiempo!
33.
Hikari se intentó quitar los mechones de cabello de delante de su rostro para observar a los dos jóvenes en el centro de la sala. Su mirada rubí se perdió en el aura azulada que envolvía a ambos.
-¿Qué está ocurriendo?- preguntó por encima del estruendo que creaba aquel torbellino. Observó a su alrededor, Ken se había lanzado a detener aquello pero antes de que pudiera llegar algo lo lanzó hacia atrás. Taichi rápidamente se lanzó hacia él y consiguió detenerlo en el aire.
-¿Estás bien?- le preguntó al de cabellos lacios. Éste asintió, con su mirada azul puesta en Daisuke.
-¿El dios del rayo?- oyó Hikari que Yamato preguntaba. Entonces su mirada se desvió hacia los guardias. Nadie parecía inmutarse, ningún gesto se veía reflejado en sus rostros, ningún movimiento en su cuerpo. Hikari sintió una mala sensación recorrerle la espina. Entonces se giró hacia Yamato y se acercó hacia él, pidiéndole respuestas con la mirada. El rubio se llevó una mano a la cabeza. –Es uno de los dioses de los puntos cardinales, el Dios del oeste.
-¿Y qué relación tiene con Daisuke? ¿Qué va a pasar?- preguntó entonces Taichi, quien seguía sosteniendo a Ken. Pero Yamato no contestó. Y todos empezaron a escuchar la plegaria de ambos hermanos.
Lloro con la lluvia y mi corazón late con el trueno
mis ojos relucen con el rayo.
Luz blanca, dios del rayo, dios del oeste,
yo, el heredero de tu tierra te aclamo
acude a mi llamada.
Entonces vieron como Jun se separaba ligeramente de Daisuke y éste caía de rodillas al suelo, con sus manos aún juntas en forma de plegaria. El joven siguió con el canto mientras el aura se iba volviendo más poderosa encima de él. Su cuerpo empezó a formar pequeños rayos a su alrededor y una luz blanca empezó a formarse como una columna encima de su cuerpo.
-Mis ojos relucen con el rayo- susurraba Daisuke mientras la luz adquiría más fuerza. –Acude a mi llamada- y ante aquello Hikari pudo contemplar que la columna de luz encima de Daisuke parecía ir adquiriendo una forma corpórea. Eso le recordó a las misteriosas apariciones de Garuru.
Poco a poco la luz blanca fue dibujando la forma de un tigre del mismo color, un tigre enorme con sus garras feroces. De la espalda del tigre salían dos enormes alas blancas, que parecían abrirse y cerrarse a medida que el tigre descendía hacia Daisuke. Lentamente, humano y Dios se acercaban.
Pero entonces todo se detuvo, todo alrededor de Hikari pareció congelarse. La joven observó como Daisuke parecía haberse quedado inmóvil, como la luz blanca parecía detenerse, la sonrisa de triunfo de Jun se congeló en sus labios. Todo quedó en silencio, como si alguien le hubiera dado a un imaginario botón de stop.
Hikari frunció el entrecejo, atónita ante aquello. Se giró alrededor y, para su sorpresa, encontró a Yamato haciendo lo mismo. Ambos cruzaron una mirada al verse solos ante aquel mundo que parecía congelado.
-¿Qué está ocurriendo?- le preguntó al rubio. Éste observó todo a su alrededor y negó con la cabeza. –Todo se ha detenido… es como si… -empezó ella. Pero entonces ambos empezaron a escuchar unos pasos resonando en aquel aterrador silencio. Yamato, involuntariamente, levantó el brazo delante de la joven y ambos se giraron hacia el origen de ese ruido.
-Como si el tiempo se hubiera detenido- oyeron tanto Yamato como Hikari. Y entonces, desde las sombras de la entrada de aquella sala apareció una figura. Esa figura adelantó unos pasos, con su capucha ocre puesta y dos espadas cruzadas a su espalda. Hikari bajó el brazo de Yamato y caminó algunos pasos hacia ella.
-Estás bien- afirmó Hikari, notando una ligera calidez en su corazón. Aunque no hubiera pasado tanto tiempo desde que le viera por última vez, no podía dejar de sentir alivio al verle, de nuevo, sano y salvo.
-Y tú, parece que has decido no hacerme caso- anunció él y tras eso bajó su capucha. La mirada azulada fiera de Takeru se clavó en la protectora de la barrera.
-Parece que no hacer caso es algo que tenéis en común- fueron las primeras palabras que soltó Yamato tras un breve silencio. Seguidamente el rubio caminó en dirección a su hermano y se puso enfrente de Hikari. La mirada que le lanzó el mayor a Takeru hizo que éste se congelara. La mirada de Yamato reflejaba tanta determinación como enfado. –Estoy harto de tus juegos Takeru- sentenció el mayor con un tono frio en su voz. –Soy tu hermano mayor y juré protegerte, pero no podré hacerlo si sigues con esto- terminó él mientras se cruzaba de brazos.
Takeru entonces desvió la mirada hacia el suelo. Hikari vio como el joven apretaba ligeramente los labios un instante. Y entonces pudo observarlo, el brillo suave y tenue que hicieron dos esferas de cristal en los colgantes gemelos que llevaban ambos hermanos.
-Ahora no hay tiempo para esto- pronunció Takeru levantando de nuevo su mirada. Azul chocó contra azul. Yamato se mantuvo inmóvil.
Hikari notó la tensión del ambiente, de un lado notaba, de nuevo, la confusión del menor de los rubios y del otro lado notaba la desesperación de su hermano por intentar hacerle reaccionar de una vez. Pero si Yamato pretendía hacerle reaccionar con tan solo esas palabras, entonces eso parecía una misión condenada al fracaso.
-¿Tú has hecho esto?- fue la pregunta que hizo Hikari, interviniendo en aquella guerra de miradas azules, señalando todo alrededor. -¿Cómo lo has hecho?- le preguntó, sin esperar que éste respondiera.
Takeru miró entonces la escena, a Daisuke de rodillas con una luz blanca cegadora encima de su cabeza agachada.
-Es una trampa- advirtió el rubio. Entonces Takeru caminó unos pasos hacia Yamato y Hikari, con su capa ondeando detrás de él. –Todo esto es un trampa de ella- sentenció mientras señalaba a Jun, quien sonreía triunfalmente.
Takeru desvió, de repente, la mirada. Hikari, quien estaba más cerca de él, se acercó hacia el joven solo para ver como éste colocaba una de sus manos encima de su misterioso ojo y apretaba con fuerza.
-No puedo aguantarlo mucho tiempo…-admitió él mientras quitaba la mano de encima del parche. El joven tragó saliva. –Ella quiere liberar al Dios a través de Daisuke, por sí sola no puede hacerlo. Pero entonces, si Dai lo hace, ella tomará al Dios y se lo entregará a… -pero el rubio no continuó la frase.
Hikari asintió, no era necesario que Takeru terminara aquello, ya que parecía lógico a quien iba a entregárselo.
-Entiendo- asintió la chica. Su mirada rubí se volvió hacia Daisuke.
-Hay que detenerlo, entonces debéis salir de aquí- él señaló rápidamente la entrada de la sala. –Todos ellos están muertos, son solo marionetas, aquí ya no hay nada que salvar- Takeru señaló a todos los guardias, incluso a las dos misteriosas personas. Hikari se llevó una mano delante de la boca. Entonces la joven se fijó que el mayor de los hermanos tenía ambos puños apretados, con su mirada baja.
Yamato se acercó hacia su hermano. Entonces le tomó bruscamente de los hombros y le encaró.
-¿Has matado al padre de Daisuke?- le preguntó directamente. Takeru no respondió ante aquello. Yamato apretó con más fuerza su agarre en el hombro del menor. -¿Nos has traicionado?- fue su siguiente pregunta, la cual también quedó sin respuesta. –De verdad…¿te has rendido?
-Yamato…-susurró Hikari, pero la mirada fría del rubio la paralizó.
-Respóndeme- ordenó el mayor de los rubios, aunque sus manos temblaban agarradas al hombro del menor, quien no parecía capaz de levantar su mirada. Entonces Takeru soltó un quejido, encogiéndose ligeramente. –Takeru- le llamó Yamato. Pero el rubio menor se separó de su hermano bruscamente, alejándose dos pasos. Entonces levantó su mirada, y Hikari vio como una gota de un líquido rojizo parecía bajar desde el ojo cubierto por el parche. La mirada de Takeru se convirtió en una de confusión antes de desviarla hacia donde se encontraba Jun.
-¿Qué ocurre?- preguntó Hikari alterada. Ante aquello los tres observaron a la hermana de Daisuke, y ésta movió la cabeza hacia ellos y abrió sus ojos, en una mirada aterradora.
Y todo pareció romperse. Hikari observó que la imagen que estaba viendo pareció estallar como si la hubieran estado viendo a través de un ventana. Todos los ruidos regresaron de nuevo a la sala y todos empezaron a moverse de nuevo.
-¿Cómo…cómo has…-empezó a susurrar Takeru, llevándose una mano encima de su ojo izquierdo.
Hikari miró entonces a su hermano y a Ken, ambos giraron su rostro hacia donde habían escuchado la voz de Takeru, sin evitar sorprenderse de encontrarle en aquel lugar. Los guardias, en cambio, parecieron no inmutarse por la presencia del rubio. Sin embargo Jun sí, Jun se acercó con media sonrisa en sus labios. Detrás de ella, Daisuke seguía concentrado en su plegaria, ajeno a todo aquello.
-Vaya, el asesino ha llegado- medio sonrió ella. Pero antes de que pudiera añadir nada más Takeru ya había desenvainado una de las espadas que llevaba en su espalda y se había lanzado hacia ella. Formando una extraña energía negra alrededor de su antebrazo, Jun fue capaz de detener al joven, quien se giró hacia su hermano y clavó la mirada en el mayor.
-¡Detén a Dai! Yo me encargo de ella- le gritó a Yamato mientras señalaba a Daisuke. No pudo decir nada más ya que se defendió rápidamente de un golpe de Jun.
-¿Qué está ocurriendo?- demandó saber entonces Tai, sin saber cómo actuar. El de cabellos castaños observó cómo, tras unos instantes de duda, el mayor de los rubios se lanzaba contra Daisuke. Rápidamente vio como Ken seguía al mayor de sus compañeros y se lanzaba junto al rubio hacia la columna de luz. Taichi desvió su mirada achocolatada de los jóvenes hacia su hermana para terminar poniéndola encima de Takeru. -¿Qué hace él aquí? ¿Cuándo demonios ha llegado?- preguntó a nadie en particular.
-Debes ayudarle, Tai- fueron las palabras que le gritó Hikari al mayor. Éste la miró totalmente sorprendido, sin entender bien a quién se refería. Vio como ella resoplaba y señalaba a Takeru, quien intentaba golpear con su espada a Jun.
-Pero, pero…-empezó a repetir rápidamente. -¿Qué no es nuestro enemigo?- le preguntó con incredulidad. Ella se golpeó con las manos la cabeza.
-Sólo hazlo- le dijo. Pero antes de que Taichi pudiera hacer ningún movimiento oyó la voz de Jun gritar.
-¡No dejéis que se acerquen!- y los guardias que parecían inmóviles empezaron a moverse con ferocidad. Atacando tanto a Yamato como a Ken. Taichi justo llegó para golpear a una de las figuras que iba en contra del de cabellos lacios. Yamato rápidamente congeló la lanza que había lanzado otro de ellos.
-¡Te cubrimos!- le gritó Yamato a Ken. Éste asintió y siguió su carrera.
Hikari entonces juntó sus manos y rogó para que llegara a tiempo.
Ken empezó a correr lo más rápido que pudo, con su mano levantada hacia su mejor amigo. El cual parecía ya casi envuelto en la totalidad de la luz blanca, el rugido de un tigre resonó fuertemente en la sala. ¡No podía tardar ni unos segundos más! Una silueta negra se cruzó en su camino, pero rápidamente desapareció dentro de unas llamas. Ken agradeció la ayuda de sus compañeros y ahora, ya con el camino libre, saltó lo más lejos que pudo. Sintió que atravesaba la luz blanca y finalmente golpeó el cuerpo de Daisuke. Ambos salieron de dentro de aquella luz blanca.
Ken se encontraba encima de Daisuke y vio como éste parecía totalmente inconsciente. Rápidamente la luz blanca empezó a temblar y finalmente estalló con una luz cegadora. Y Ken no tuvo más opción que cubrir sus ojos con su brazo, igual que el resto de compañeros.
Continuará...
Él ha vuelto y ahora están todos juntos... ¿podrán hacer algo para salvar a Dai?
Comentarios, sugerencias, quejas, cualquier cosa... ¡RR!
Nos leemos,
Kyo.4*
