La cantidad de mensajes entre Sakura y él había disminuido desde la cita con la doctora Chiyo. Parecía que los malestares matutinos de la muchacha embarazada se habían ido gracias a los antieméticos y a unas pautas en la dieta que le habían recomendado. Él se encontraba más tranquilo gracias a eso y parecía que ninguno de los dos había encontrado ninguna razón para volver a reunirse hasta la siguiente revisión, que sería en un par de semanas y en la que conocerían por fin el sexo del bebé.

Bueno Uchiha, más que razones lo que no has encontrado son excusas para verla porque te da miedo hacer el ridículo.

Sasuke bufó irritado ante la cantidad de pensamientos intrusivos que estaba teniendo últimamente. Esa vocecilla que no le hacía olvidarse de los sueños, ni del deseo desenfrenado que había despertado Sakura en él y que le recorría los huesos las veinticuatro horas del día.

Estaba en el parque de bomberos con Rock Lee, uno de los compañeros con la mejor forma física del equipo y con Tenten, de las pocas mujeres que había en la estación, preparando las pruebas físicas para los exámenes de acceso.

- Entonces, ¿cuántos kilómetros ponemos en la prueba de resistencia y qué tempos damos? – Tenten miró a su capitán interrogante y vio como tenía la mano recargada en el mentón y la mirada penetrante fijada en un punto perdido del suelo. - ¿Capitán? – Rock Lee la miró extrañado, Sasuke seguía sin responderles nada y el aura de distracción que rodeaba al hombre estaba siendo algo habitual en las últimas semanas. - ¡SASUKE!

El susodicho pegó un leve respingo y la miró con el ceño fruncido.

- ¿Qué quieres?

- Estamos hablando de los requisitos que queremos proponer para la prueba, pero parece que estás en otra parte. – Tenten hizo una leve pausa dubitativa. - Humm, sé que no es de mi incumbencia, pero… ¿te encuentras bien? Ya sé que no somos tus confidentes ni nada, pero cualquiera del equipo estaría encantado de escucharte, ¿sabes? Últimamente andas muy distraído y, con cariño, estás de peor humor que de costumbre. – Rock Lee asintió enérgico a lo dicho por la mujer. Sasuke se pasó una mano por la nuca, la frustración no era un sentimiento que llevase demasiado bien.

La verdad era que no poder compartir todos sus problemas con Naruto al tratarse de su hermana le estaba pasando factura en el ánimo, y tampoco era gilipollas como para no darse cuenta de que el ambiente en el trabajo se volvía más pesado cuando él llegaba por culpa de su humor de perros. Miró a sus dos subordinados que lo observaban interrogante. Se perdió en sus pensamientos por unos segundos debatiendo interiormente si debía hablarles sobre su situación personal o no. Según uno de sus libros, era más recomendable decidir en pareja cuándo dar la noticia y hacerlo juntos, que era mejor hacerlo pasado el primer trimestre debido al riesgo de aborto espontáneo y un sinfín más de gilipolleces de pareja que no lograba recordar, después de todo Sakura y él no eran una pareja.

Ya te gustaría, Uchiha.

Sasuke volvió a darse un golpe mental y decidió ser sincero con sus compañeros. Total, su futura paternidad iba a ser conocida de un momento a otro y sabía que les debía algo de sinceridad.

- Voy a ser padre. - Un silencio pesado se instaló entre ellos. Tenten abrió la boca sin saber muy bien qué decir y Rock Lee agrandó, si acaso era posible, aún más los ojos. Sasuke los miró muy serio y se cruzó de brazos. – La madre de la criatura es la doctora Haruno, creo que la conocéis.

Tenten le dio un golpecito en el brazo a Rock Lee que había soltado un gritito indignado, después de todo tenía un enamoramiento tonto por esa mujer desde hacía años. La chica miró a su superior con duda intentando entrever su estado de ánimo.

- Ehhh, ¿enhorabuena? – Sasuke la miró con una ceja enarcada. – Entonces, ¿la doctora Haruno y tú estáis juntos, juntos? – El capitán Uchiha volvió a fruncir el ceño y negó con la cabeza. Tenten estaba empezando a entender la razón del mal humor de Sasuke. – Pero, ¿estás contento?

Asintió con la cabeza a la pregunta. Claro que estaba contento por su cacahuete, ¿qué mierda de pregunta era esa? Si bien era cierto que no estaba conforme con la situación entre Sakura y él, los sentimientos que tenía por la criatura que venía en camino estaban fuera de toda discusión.

- ¿Y ya lo tenéis todo preparado para la llegada del bebé mi florecilla de cerezo y tú? – Sasuke miró amenazante a Rock Lee ante el estúpido apodo que le había puesto a Sakura y se encogió de hombros como si la cosa no fuese con él. – Pero capitán, la llegada de un bebé es una cosa seria. Hay que comprar ropa para bebé, el carrito, la cuna, comida, pañales, un cambiador. ¿Vivís juntos? Supongo que no, osea que todo eso tendrá que ser doble. ¡Oh! Y la silla del coche para el bebé que, por cierto, tu Audi es increíble, pero no creo que te quepa un niño dentro con todo lo que se necesita cada vez que sales de casa. Y en la moto queda por descontado que no puedes llevar a una personita de solo unos meses de vida.

A Sasuke le entró un escalofrío por la nuca y se tensó visiblemente. Volvió a negar con la cabeza con los dientes fuertemente apretados. ¿Qué tenía de malo su coche?

- Oh, Sasuke me parece que vas a tener que hacerle una visita al concesionario. ¿Cuándo te viene bien que vayamos? – Rock Lee le preguntó de una forma entusiasta mientras Tenten daba saltitos de emoción. Suspiró por millonésima vez en el día y sonrió levemente. Se alegraba de no estar solo.

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Sasuke apretó con fuerza el cambio de marcha del monovolumen que apenas dos días antes había recogido en el concesionario. Se sentía ridículo yendo a buscar a Sakura en el coche nuevo, pero necesitaba darle rodaje al vehículo. Esa mañana volvían a tener revisión y por fin sabrían el sexo del bebé.

Rock Lee y Tenten lo habían acompañado a comprarlo dando consejos sobre lo que estaba buscando al vendedor. Hace un mes se habría pegado un tiro en el pie antes de conducir un coche tan ridículamente grande y de líneas tan… bastas. Daba gracias a Kakashi, su padre adoptivo, de haberle inculcado desde pequeño que tenía que ahorrar para imprevistos. También se debía al sueldo alto que tenía por peligrosidad en el trabajo, que le había ayudado a tener un buen colchón ante cualquier imprevisto. Y vaya si había salido caro el puto imprevisto. Bueno, tampoco iba a negar que se rehusaba a usar cualquier coche de mierda, y más si iba a tener que dejar a su Audi y su moto aparcados la mayor parte del tiempo.

Además, se tenía que dar un aplauso mental por haberse aguantado las ganas de ametrallar con mensajes a Sakura desde que Lee instalara todo ese mar de dudas en su cabeza. ¿Habría pensado ya lo de los muebles del bebé? ¿Tendría ahorros? ¿Tenía espacio en el piso para hacerle un cuarto? ¿Su coche estaba adaptado? ¿Necesitaría ayuda para pagar ropa de premamá? ¿Esperaba que él participase en todo eso o prefería hacerlo por su cuenta? Gruñó una maldición en voz baja al ver que estaba a dos calles del piso de Sakura.

Volvió a conseguir aparcar cerca de su calle y se peinó con los dedos mirándose en el espejo retrovisor antes de bajarse del coche. Si era sincero consigo mismo, no sabía si estaba nervioso por verla o porque saber si iban a tener un niño o una niña lo hacía todo más real. Se bajó del coche y consiguió serenarse lo suficiente como para mantener la fachada de estoica frialdad que lo caracterizaba. Quizás, si no hacía ningún comentario, la mujer dejaría pasar el evidente cambio de vehículo sin hacer demasiadas preguntas.

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Sakura se peinaba con tranquilidad esa mañana de principios de octubre. Septiembre había pasado en un suspiro y ese día volvía a tener cita con Chiyo-sama. No tenía agradecimiento suficiente a la anciana por las recetas que le había dado, que le habían permitido volver al trabajo con normalidad y que Sasuke dejara de atosigarla a mensajes. Realmente necesitaba lo último para poner en orden sus sentimientos respecto al hombre que sería el padre de su hijo y con el cual no sabía bien qué tipo de relación quería tener.

Sigue diciéndote a ti misma que no sabes lo que quieres con él. De él. A él. A ver si así te lo crees.

Miró con disgusto los pantalones que ya no le cabían. Con casi cuatro meses de embarazo encima, la mayoría de su ropa había empezado a no entrarle o resultarle incómoda. Suspiró pesadamente pensando en hacerle una visita a una tienda premamá. Dentro de poco también era el cumpleaños de su hermano y le gustaría sentirse guapa por una vez en semanas. Buscó un vestido de entretiempo suelto y una chaquetilla ligera, puesto que todavía el tiempo no había refrescado mucho. Era temprano por la mañana, pero Sasuke solía ser muy puntual y le gustaba llegar a los sitios con tiempo. Estaba acabando de preparar el bolso cuando sonó el telefonillo. Se apresuró a coger las llaves del piso y contestó rápido diciendo que ya bajaba. No sabía porque, pero no quería dejar que Sasuke viera su casa todavía. Ese era su espacio y de momento quería que siguiera así.

Salió y lo vio apoyado de forma despreocupada al lado del portón de su casa. Le saludó sonriente y fue correspondida por un escueto movimiento de cabeza. Rio divertida mientras lo seguía dando saltitos, ese día se encontraba especialmente feliz puesto que por fin descubriría el sexo de su bebé. De repente se chocó con la espalda del hombre que había parado en seco. Sakura buscó a su alrededor para ver si localizaba el coche de Sasuke y, al no encontrarlo, lo miró con las cejas enarcadas, extrañada. Vio como sacaba las llaves de su chaqueta y le daba al botón que desbloqueaba las puertas. Grande fue su sorpresa cuando parpadearon las luces de un monovolumen negro. El coche era grande, negro, elegante, ideal para una familia. Sakura miró sorprendida a su acompañante que no había cambiado su expresión facial.

- ¿Dónde está tu Audi?

- Hmp, en el garaje.

- ¡¿Te has cambiado de coche?! – Vale, ese gritito le había sonado más agudo y alterado de lo que pretendía. – No me lo puedo creer. – Murmuró para sí misma. Sasuke no volvió a decir nada más hasta pasados unos minutos, parados en un semáforo.

- En el Audi no cabía una sillita. – Sakura inclinó la cabeza sin comprender lo que quería decir. – De seguridad, para el bebé. En el Audi no cabía, por eso he comprado también este. Lo necesitaré dentro de poco tiempo y Lee conocía a un tío de un concesionario que tenía buenas ofertas.

- Espera, ¿Lee? ¿El mismo Lee de tu equipo que me regala flores cada vez que va al hospital? – Sasuke asintió con el ceño fruncido, puto cejotas. - ¿Se lo has dicho? ¿Por qué no me has preguntado antes?

- Hmp, tarde o temprano se iban a enterar, además, en cierta forma se lo debía. Soy su capitán. ¿Hay algún problema con ello?

Sakura reflexionó unos segundos y se encogió de hombros negando con la cabeza. Él tenía razón, además ella tampoco tenía mucha relación con ninguno de los compañeros de trabajo de Sasuke, así que no tenía mucho sentido que le consultase nada. Después de todo ella se lo había contado a Ino sin preguntarle a nadie. Se quedaron los dos en silencio el resto del camino.

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No tuvieron muchos problemas para aparcar y tampoco tuvieron que esperar casi nada para entrar en la consulta, cosa que Sasuke le agradecía de sobremanera al destino. No sabía si sus nervios iban a aguantar le presión de ver familias felices sin saber ni siquiera cómo iba a ser la suya.

La anciana Chiyo los recibió de buen humor y, según lo que pudo entender durante la entrevista clínica, Sakura había subido de peso lo suficiente y las analíticas no mostraban signos de alarma. Siguió a las mujeres por la consulta hasta la camilla en la que harían la ecografía.

Se le empezó a asomar una sonrisilla por la cara al percatarse de que Sakura llevaba vestido. ¿Con qué le sorprendería hoy? ¿Conejitos? ¿Florecillas? ¿Corazoncitos? Sakura lo miró de vuelta con una sonrisa desafiante y eso lo descolocó un poco. Cuando se acomodó en la camilla Sasuke sintió que se le calentaba algo más que las orejas. El vientre de Sakura empezaba a estar ligeramente redondeado, pero eso no lo distrajo lo suficiente como para no percatarse de las impresionantes bragas de encaje rojas que llevaba puestas. Bragas, que le quedaban más bajas de la cuenta debido a la barriguita que estaba empezando a tener y que hacía que se quedasen en el límite de su pubis.

Maldita molestia. Enhorabuena, Uchiha ya tienes material para hacerte pajas durante, al menos, dos semanas.

La voz de Chiyo los trajo a los dos de vuelta a la realidad.

- Ya sabes como va esto, jovencita. – Sasuke observaba atento como se repetía el mismo proceso que en la cita anterior. – Que yo vea por aquí parece que está todo en orden. – Sakura asentía ante las palabras dicha por la anciana estando muy atenta a la pantalla. Él miraba como aquella señora movía el transductor por la barriga de Sakura y no entendía como esas difusas manchas grises podían darle cualquier tipo de información. Pegó un respingo cuando notó algo cálido apoyarse en su mano. Sakura había entrelazado los dedos con los suyos. El corazón le empezó a latir un poco más rápido y intentó que no se exteriorizara su nerviosismo. – Bueno, ¿estáis preparados para saber el sexo de vuestro bebé? – Sakura asintió con emoción. Sasuke apretó la mano de Sakura entre las suyas, expectante. – A ver qué tenemos por aquí. Parece que lo que viene en camino es una niña. Enhorabuena, papá y mamá.

Sakura río contenta mirando a la doctora Chiyo que se encontraba sonriendo feliz. Sasuke la miró fijamente, tenía las mejillas sonrosadas y los ojos vidriosos. Sintió un tirón en el corazón. Estaba preciosa. Antes de poder arrepentirse decidió seguir un impulso que no supo de donde salió, pero que le picaba en las manos. Soltó la mano de Sakura y pasó una de las suyas por el vientre ligeramente abultado ignorando la viscosidad del gel que todavía tenía impregnado en la piel. Era la primera vez que la tocaba tan íntimamente desde que se había quedado embarazada. Le pasó una mano por la nuca y recargó la cabeza en el hueco de su cuello en un abrazo poco apretado. Notó como Sakura le pasaba los dedos entre el pelo y suspiraba tranquila.

- Sakura, gracias.

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Se sentía abrumada ante la cantidad de artículos que tenía delante. Era jueves por la tarde y necesitaba salir para despejarse de todo lo que había pasado el día anterior, bueno y también empezar a comprarse ropa que le estuviese bien. El sábado era el cumpleaños de Naruto y su armario cada vez era más limitado, salvando algunos vestidos. Recorrió las perchas de ropa ojeando lentamente la ropa que podría ajustarse más a su estilo recordando levemente lo que había pasado ayer en la consulta y cuando salieron de ella. Mariposas empezaron a recorrer su estómago y se recordó a si misma llamar a Ino esa noche para que le ayudase a ver las cosas en perspectiva y no hacer ninguna tontería.

Sakura, gracias.

Todavía podía sentir las cosquillas en su cuello debidas a la respiración de Sasuke mientras su mano acariciaba su abdomen con ternura. Cuando el momento íntimo se acabó entre ellos, no se separó mucho de ella y la había acompañado todo el camino hasta el coche con la mano apoyada en su espalda baja. El camino había sido en silencio, lazándose miradas de reojo y con un aura de tranquilidad que la hacía sentirse sumamente relajada. La felicidad de ambos era casi tangible, aun Sasuke no siendo muy demostrativo, parecían casi… una familia de verdad.

Realmente no sabía de donde había sacado la valentía para ponerse de puntillas y darle un beso en la mejilla para despedirse. Sasuke la había mirado con intensidad, le acarició la mejilla con parsimonia y luego se fue. Ella entró en su casa y tuvo que recurrir a todas las técnicas de relajación que conocía para poder serenarse e intentar conciliar el sueño. No lo había conseguido.

Esa mañana el turno en el hospital había sido un suplicio y esta tarde, cuando llegó a casa y se dio cuenta frustrada de que no era capaz de echar una simple siesta, se había arreglado y había decidido irse de compras para despejarse. Y ahí se encontraba ahora.

Descolgó de la percha algunos pares de petos y pantalones, camisetas cómodas y algunos vestidos. Fue a buscar a una dependienta para que le aclarase un par de dudas respecto a las tallas hasta que algo que vio por el rabillo del ojo le llamó la atención. Pegó un brinco y se escondió detrás de un maniquí.

Sasuke estaba en la tienda con una sonriente dependienta que hablaba por los codos y guiándole hacia alguna sección en particular de la tienda. No podía estar más asombrada. En un arrebato tiró las perchas de la ropa que llevaba en cualquier sitio y empezó a seguirlos. Antes de salir de la sección de ropa premamá vio un gorro de lana que no dudó en ponerse para ocultar su escandaloso pelo rosa.

La muchacha iba más cerca de Sasuke de lo que se podría considerar profesionalmente correcto, éste miraba indiferente al frente con las manos metidas en sus bolsillos. No parecía muy interesado en el incesante parloteo de la chica, pero tampoco estaba haciendo nada para apartarse. Sakura frunció el ceño, molesta mientras la pareja giraba en una esquina y se perdía de su vista. Lo siguió a hurtadillas, levente encorvada y con un montón de clientes que la miraban como si le faltase un tornillo.

Ya, como si ella ahora mismo le importase lo que pudiesen pensar de ella.

Se escondió detrás de una columna lo suficientemente cerca como para poder escuchar de lo que estaban hablando. Cuando se fijó en el pasillo en el que se encontraba sintió que le faltaba el aire. Miles de ropas de tamaño diminuto y de diferentes colores llenaban las perchas que la rodeaban.

- ¿Cuándo nacería su bebé, entonces? – La chica parecía encantada con el hombre que tenía delante. La mirada coqueta no pasó desapercibida para ella, que se mordió el nudillo de su dedo índice para no bufar de frustración y revelar su posición.

- Hmp, en marzo. Es una niña.

- ¿Y tenía algo en mente?

Sasuke parecía absorto mirando alrededor la ropa que había allí. Parecía en paz consigo mismo cuando se volvió a girar a la dependienta.

- Flores de cerezo.

Y Sakura maldijo estar embarazada y no poder tomarse una copa de vino esa noche. Ino y ella tenían mucho trabajo que hacer para recuperar las defensas que Sasuke estaba derribando a una velocidad de vértigo.

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Se encontraba de camino a la comida que el dobe de su amigo había organizado para celebrar su cumpleaños. Tenía libre ese sábado puesto que al día siguiente tenía turno en la estación de bomberos que duraba las 24 horas. Aparcó cerca del local que habían alquilado para la fiesta y cogió una bolsa pequeña con el regalo que había comprado antes de salir del coche.

Cuando abrió la puerta se encontró con una sala elegantemente decorada y varias mesas con comida. No había tanta gente como se había esperado, solo algunos amigos cercanos y parte de la familia. Buscó a Naruto con la mirada para saludar y darle el regalo que había comprado en un impulso. Tenía a Hinata tomada de la cintura y estaba hablando con sus padres adoptivos, Mebuki y Kizashi, su suegro Hiashi y su propio padre adoptivo, Kakashi. Se sorprendió de verlo allí, puesto que al perezoso hombre le costaba salir del pueblo.

Maldito, viejo. Ni siquiera eres capaz de salir de Konoha para venir a visitarme y vienes al cumpleaños del usuratonkachi sin avisar.

Fue hacia el grupo que hablaba relajado saludando levemente con la cabeza a la gente que se iba encontrando de camino. Le hizo un gesto con la mano a Kiba, que todavía estaba en silla de ruedas con una escayola en la pierna, y a Shino que estaba a su lado. Luego pasaría a saludarlo. Miró con detenimiento la habitación y no vio a ninguna mota rosada por ningún lado.

Hinata fue el primer en reparar en su presencia.

- Me alegro de que hayas podido venir, Sasuke-kun.

- ¡TEME! – Naruto lo saludó gritando como siempre. – Trae tu culo de amargado aquí y saluda a tu padre, que por lo menos parezca que se te ha quedado algo de la educación que ha intentado darte, teme desagradecido.

Sasuke le sacó el dedo medio de la mano y se acercó al grupo. Le dio una palmada amistosa en el hombro a su padre a modo de saludo y se puso a su lado. La madre de Sakura se acercó a darle un pequeño abrazo y Kizashi lo palmeó en el hombro. Hacía tiempo que no se veían.

- Te veo bien, Sasuke-chan. – Asintió ante lo dicho por la mujer y empezó a ponerse algo nervioso al notar la mirada burlona de Naruto. Hinata le dio un pequeño pellizco en el abdomen a su marido para que no fuese tan descarado.

- ¡Oh, dios mío! Estás guapísima. – Todos se giraron ante el grito dado por Ino que se acercaba a Sakura que acabada de llegar. Maldita rubia escandalosa. La mujer saludó a su amiga con un abrazo y ambas se dirigieron hacia ellos. Sakura había sido muy lista y llevaba un coqueto vestido corto que caía suelto justo debajo del pecho. ¿Se lo habría contado ya a sus padres? Sasuke miró a Kakashi de reojo anotándose mentalmente la conversación pendiente que tenía con él. – Hombre, Sasuke ¡cuánto tiempo sin verte!

Miró a Ino extrañado ante ese saludo. Sakura venía detrás suya y parecía algo nerviosa, tenía una sonrisa forzada en la cara y un pequeño tic en una de sus cejas.

- Ya te digo, Ino. Sasuke-teme ha estado últimamente demasiado ocupado en sus cosas como para interesarse por nadie. – Naruto sonreía pícaro mientras seguía hablando. – Últimamente parece que ha decidido que le gusta otro integrante de nuestra familia más que yo.

A Sasuke le entró un escalofrío por la nuca sintiendo como la mirada extrañada de los mayores del grupo se centraba en su persona. Miraba a Sakura que parecía espantada. Oh, oh.

- Ya te digo, Naruto. Que casualidad que a Sakura tampoco haya quien la vea, ¿no te parece? – Naruto asintió cruzado de brazos mientras él sentía como aumentaban sus ganas de ahorcar a alguno de los dos estúpidos rubios. – Por cierto, ¿qué llevas allí?

Sasuke miró con pánico la bolsa que llevaba en la mano y lo que había comprado por impulso le estaba empezando a parecer una gilipollez.

- Hmp, nada.

- ¡No seas amargado Sasuke-teme! ¿Es mi regalo? Si yo sé que en el fondo me quieres. – Notó como Naruto le pegó un tirón a la bolsa y él la agarró con más fuerza. Naruto lo miró ceñudo y volvió a tirar. Él crispó los dedos aún más alrededor del asa. - ¡Dame mi regalo, mal mejor amigo!

- ¡NO!

El resto de adultos miraba con resignación y vergüenza como se enfrascaban en una mini pelea de tirones como su fueran niños de cinco años. Pelea que terminó cuando la bolsa se rompió y Sasuke se quedó con el asa en la mano. Miró con espanto como Naruto sonreía victorioso y sacaba el regalo. Un pequeño pijama de bebé de cuerpo entero con dibujitos de ramen sorprendió a todos los presentes.

- ¡ME ENCANTA! – Lo miró sonriente para, en un milisegundo después, girar la cabeza hacia sus padres y su suegro que lo miraban con la boca abierta. - ¿PERO SERÁS GILIPOLLAS? ¡TODAVÍA NO LO HABÍAMOS DICHO! – Sasuke miró frenético a Sakura que estaba prácticamente azul de los nervios. No supo qué responder.

- ¿Hinata? ¿Naruto, tienes algo que contarme respecto a mi hija? – El muchacho rubio se estremeció ante la pregunta cortante de su suegro. Se rascó la cabeza, nervioso y empezó a balbucear. Vio como Hinata le tomaba de la mano para tranquilizarlo.

- Pues verá Hiashi-sama, resulta que su hija y yo… ¿vamos a tener un bebé?

- ¿Me lo estás preguntando, mocoso?

Naruto empezó a boquear como pez fuera del agua y su mirada se cruzó con la del otro hombre joven del grupo. Sasuke supo exactamente el momento en la que a Naruto se le pasó por la cabeza la idea más estúpida que había tenido en su vida.

- ¡SAKURA-CHAN Y EL TEME TAMBIÉN VAN A TENER UN HIJO JUNTOS SIN NISIQUIERA SER PAREJA Y AQUÍ NO VEO A NADIE DICIENDO NADA RESPECTO A ESTE TEMA!

Puto, usuratonkachi. Date por muerto.

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¡Hola, hola! ¿Cómo van esos ánimos? Espero que bien, a mi cada día me está empezando a pesar más el confinamiento en el ánimo, pero bueno se lleva como buenamente se puede y con días mejores que otros. La verdad es que este capítulo me ha salido muy fluido y me he lo he pasado bastante bien al escribir la última parte, así que espero que os resulte tan simpática como a mi.

Muchísimas gracias a las personas que le estáis dando una oportunidad a esto y os habéis tomado tiempo de leerme, por descontado quedan las gracias a los favs y follows nuevos y viejos y doble de gracias a las personas que se han tomado un poquito más de tiempo para dejarme un review; que me motivan muchísimo y la verdad que agradezco dentro de este ambiente pseudo-deprimente pandémico. Estoy segurísima de que me suben hasta las endorfinas.

Mucho ánimo a todo el mundo, cuidaros y espero de corazón que todas las personas a las que queráis (y a las que no) estén bien. Croquetillas y amor para todas.

PD: Un fun fact del capítulo anterior ha sido el review de MK-Love18, que me puso cute en el comentario y yo leí cutre. Así que me rompió el corazón y me lo volvió a pegar en dos segundos cuando me di cuenta de que había leído yo mal.