¡Hola! Sí, otra vez tarde. Merezco un ladrillazo en la cara. En fin ¿Cómo les ha ido a todos? Bueno primero en principal no me olvidé de ustedes, claro que no pero como si a mi vida le faltara más drama hace una semana he perdido a mi abuelo, de hecho tenía el capítulo ya preparado y tuve que dejarlo por la mitad por esto así que como ya estoy mejor de ánimos acabo de terminarlo.

Gracias a todos lo que me siguen a pesar de mi poco tiempo me siguen y de hecho me mandan mensajes privados pidiéndome su ayuda y estoy super agradecida y me encanta ayudar en lo que puedo (si alguien necesita ayuda en algo no duden en preguntarme o algo) no me hace sentir tan invisible en FF así que espero seguir aca y poder actualizar para el día de los enamorados ya que lo paso sola (? En fin, no voy aburrirlos, para mi es un capitulo algo extraño aunque por razones obvias no estaba de humor para hacerlo pero realmente me encantaría saber sus opiniones para subirme el ánimo y sé que algunos esperaban este capítulo. Si necesitan contactarme ya saben por dónde :D

Gracias por todo y disfruten.

PD: No me maten D:

Capítulo 6: Egoísta

Después de un arduo día de trabajo Rebecca salió del trabajo directo al supermercado que estaba a tres manzanas de su apartamento. En realidad ni siquiera tenía ánimos de ir pero ya su nevera se encontraba tristemente vacía, su único deseo era acostarse y comer chatarra mirando películas hasta dormirse.

Tomó el changuito desinteresadamente yendo a la zona de cereales llenando todo lo que se le cruzara a su vista.

Necesitaba descansar, su cabeza dolía por tantas órdenes de Chris.

A veces quería ahorcarlo por lo molesto que era pero también le tenía un profundo afecto a su compañero que casualmente estudió con ella Derecho e incluso se habían graduado juntos.

Suspirando con cierto enojo fue a la zona de los lácteos paralizándose cuando se encontró con su "Galán de cine" por un momento pensó en darse la vuelta y no hablarle. Sin embargo le pareció de no muy buena vecina evitarlo, de todas formas vivía al lado de su departamento.

A Rebecca jamás le agradó eso de socializar, siempre en su círculo íntimo era la chica tímida de hecho no entendía como tenía algunos amigos porque no conseguía entablar conversación con una persona ni mucho menos un desconocido.

Vamos, no es nada malo saludar a tu vecino.

Empujó con desgano el changuito mientras que sus ojos se enfocaban en su cabello azabache que estaba peinado hacia atrás como siempre, su camisa negra acompañado de sus Jeans que remarcaba su gran trasero. Rebecca intentó mantener la calma con una pequeña sonrisa nerviosa.

—Ho...hola— titubeó la chica con timidez cuando Billy se dio la vuelta.

—Hola, Elmo— la saludó el joven sonriente y ella notó que llevaba una caja de leche en sus manos.

—Por favor, llámame Becky—su voz fue baja, algo avergonzada ante el apodo.

—No me gusta Becky— cruzó sus cejas— ¿Qué tal Beck?—sugirió.

—Nunca nadie me ha llamado así pero supongo que me acostumbraré— ella forzó una sonrisa tomando una caja de leche guardándola en el changuito y comenzó a dar pequeños pasos luchando contra su timidez mientras guardaba cualquier tipo de lácteo para mantenerse cuerda.

—¿Tienes prisa?— preguntó al notar el nerviosismo de la muchacha.

—Eso creo.

—Y son muchas cosas que deberás cargar hasta tu apartamento— señaló con su mirada todos los productos que rebalsaba el changuito

—Estoy acostumbrada a esto— encogió sus hombros—Es que no tengo tiempo entonces ya compro por cantidad.

—El trabajo ¿verdad?

—Si ,el trabajo— dio un gran respiro cuando llegó a la gran fila de la caja, se sentía agotada por cargar las cosas.

—¿De qué trabajas?— preguntó interesado.

—Soy abogada— contestó avergonzada— ¿Y tú?

A Rebecca siempre le incomodaba decir su profesión, nunca faltaba el idiota que le decía "Genial, podrás sacarme de la cárcel" o lo que más odiaba "Entonces sabes mentir muy bien, debes ser buena en una relación amorosa" sin embargo eso no había conmovido demasiado a Billy.

—Profesor de Kick Boxing— respondió con orgullo con su hombría latente.

—Vaya... no te veía así.

—¿Como me ves?

—No lo sé ¿Un mecánico?—y cuando notó la bella sonrisa de su galán de cine comenzó a entrar en confianza, dejando su timidez de lado.

—Yo a ti te veo como enfermera o algo asi.

—Hace unos años una loca que era media bruja me dijo que en otra vida yo era doctora.

—A mi me dijeron que era un convicto, la tía de una amiga hace esas cosas.

—Puras patrañas , una doctora y un convicto,ridículo—rió Rebecca con su inigualable sonrisa.

—Siento que nos conocemos desde hace mucho tiempo— confesó el chico, sus marrones ojos se fijaban en los blancos dientes de la chica, estaba fascinado.

—Pues no sé , quizá en nuestra vida pasada cuando yo era una novata y me salvaste la vida en un tren lleno de zombis?

Billy la observó por escasos segundos y al igual que Rebecca estallaron de risas tanto que toda la gente del supermercado los miraba raramente.


No entendía porqué se encontraba en su escritorio, la extrañaba a pesar de llegar unos minutos con antelación aun sabiendo de que ella en algún momento llegaría.

Cuando al fin llegó Chris permaneció inmóvil algunos segundos, perdido en su sonrisa y en un cabello suelto.

—Buenos días— mantuvo su deslumbrante sonrisa—¿Qué haces en mi escritorio?.

—Bueno, además de abogado soy muy bueno cuidando escritorios ajenos— intentó ser chistoso y luego se odio internamente, a Jill le había causado gracia su chiste sin sentido.

Al menos ya no parecía un idiota.

—Gracias por cuidar de mi escritorio— dejó su bolso sobre su escritorio— ¿Necesitas algo?

—Lo mismo de siempre— salio del asiento para darle lugar a la joven que aceptó con gusto.

Jill creyó que todo se trataba de un sueño del que jamás quería despertar ¿Chris Redfield amable y bromista? debía pedir un deseo.

—Gracias—asintió complacida— Por cierto disculpa pero hoy saldré un poco temprano porque he quedado en salir por unas copas con Carlos.

Y el castillo de Chris se derrumbó por completo, aun no entendía como unas simples palabras podrían destruir su humor en tan solo segundos. Se imaginó en cómo el idiota de Carlos utilizará su encanto barato para llevarla a la cama y aquello provocó que su rostro se tensara.

—No creo que sea posible , tienes mucho trabajo.

—Ay Chris por fas— ella hizo un puchero sacudiendo su brazo haciendo que este la fulmine con la mirada, Jill aterrorizada lo soltó de inmediato.

—Veremos si nos queda mucho trabajo, pero si terminamos sales cuando quieras.

—Gracias—susurró con tranquilidad, con terror de alterarlo.

Chris se dio la vuelta, miles de imágenes cruzaban su cabeza.

Imaginó estando en la ceremonia del casamiento de Jill y Carlos mientras que él ingresaba a la iglesia al estilo Terminator asesinando a cualquiera que esté a su paso. Se imaginó el rostro indignado de Emily, las risas de Leon, Claire animando a matar a cualquiera a su paso y a los demás corriendo a resguardarse mientras Carlos moría desangrado. De alguna manera eso lo tranquilizó.

Jill en cambio frunció el ceño porque sabia que no saldría por unas buenas horas.

—Maldito tacaño— murmuró a regañadientes— ¡Si no haces nada!

Chris se detuvo al oír la queja y en medio del pasillo gritó: —¡Te oí!

Y dicho esto Chris llego a su despacho cerrando su puerta con tal fuerza que las paredes retumbaron.

Jill se acomodó en su escritorio apoyando sus codos en el mismo preguntándose cómo podía aguantar a Chris. Ni siquiera el señor Bloom era tan persistente y estricto con ella pero era su trabajo y él su jefe así que no le quedaba otra que aceptar la derrota.

—Ay creo que no aguantaré— su frente se pegó al escritorio mientras fingía un sollozo.

—¿Qué pasa nena? ¿Llegaste a tu limite con Chris?

Aquella voz hizo que alzara su vista para encontrarse con Leon que la observaba divertidamente.

—Chris quiere explotarme desde que se ha enterado que tengo una cita con Carlos.

—Porque está celoso— concluyó con seguridad.

—¿Por qué tendría que estar celoso de mi? Soy su simple secretaria.

—Una simple secretaria con muchos dotes—asintió el chico señalando los pechos de la chica que se los cubría —Vamos Jill eres hermosa, inteligente y con mucho carácter y eso enloquece al idiota y a cualquiera.

—Se te olvida que no estoy "a su altura".

—Tal vez... pero con el tiempo él mejorará, Chris es mucho mas complicado que Claire.

—Ay Leon, esto es complicado.

—No es complicado, tú lo eres porque eres un desastre pero tranquila al final te acostumbras ya hace dos meses que estás aquí.

—Supongo que sólo debo agachar la cabeza y decir sí a todo lo que me ordene.

—Si, mientras usen condones y no te de por el trasero todo estará bien— bromeó admirando la mueca de asco de la joven.

—¡Eres un asqueroso!

—Te apuesto una cerveza a que está celoso, el sábado ¿Vale?

—Vale, pero que no se entere a ver si también se enoja contigo.

Jill captó con sus oídos como la puerta del despacho de Chris se abrió, luego comenzó a tener escalofríos cuando escucho que poco a poco se aproximaba hacia ellos. Y cuando al fin llego Jill quiso correr y estar a salvo cuando una gran pila de carpetas había llego su escritorio.

—Quiero que me los selles , solo las hojas 22 a 56—ordenó Redfield y luego chocó la palma de su mano con la de Leon —Nos vemos en el almuerzo— y dicho esto se retiró.

—Es un maldito—murmuró por lo bajo enojada acomodando las carpetas —¿Quieres ayudarme con los papeles?— pestañeo varias veces con el fin de persuadir al rubio.

—Vale, pero entonces me debes la cerveza— sonrió y ella asintió.

—El sábado.

El chico tomó algunas de las carpetas y con su sonrisa se dirigió a su oficina.

Jill aprovechó para verificar su casilla de mails desde su computadora, como siempre Molly dando las ultimas novedades de su trabajo anterior, puros chismes que leyo por encima y optó por leerlo con tranquilidad en casa.

—Qué cara amiga.

Jill dejó de lado su computadora al ver a una Rebecca radiante, ella sonrió como de costumbre y la castaña ofreció un bolígrafo.

—Hazme un favor de clavármela justo en la yugular.

—¿Qué pasa Jilly?— recibió el bolígrafo en sus manos.

—¿No lo ves?—señaló a la gran pila de carpetas —Es un desgraciado que quiere que selle cosas y lo hace para que no salga temprano de aquí y eran mas carpetas pero Leon se llevó algunas para ayudarme.

—¿Quieres que te ayude? Amo sellar cosas.

—Gracias—festejó dando pequeños saltitos entregando algunas carpetas —Pero que no se entere Chris.

—No te preocupes.

—¿Tú cómo andas con el galán de cine?.

—Es muy simpático, es profesor de Kick Boxing.

A Jill le pareció gracioso cuando los ojos re Rebecca se iluminaron, fue como activar un botón para que la chica comenzara a suspirar en cada frase.

—Lo he visto en el super ayer y me ha acompañado a casa a llevar las bolsas— mordió su labio inferior— ¡Es tan sexy!

—Exijo conocerlo.

—Cuando tenga mas confianza le tomare una foto, lo prometo— tomó las carpetas en mano acomodando su bolso frunciendo el ceño— Dios, lo único que faltaba.

Ambas miraron hacia la puerta de entrada cuando Abigail entró saludando con un ademán mientras caminaba con tanto estilo como solo ella tenía con su falda tiro alto, su largo y dorado cabello hacia un lado en su hombro izquierdo.

—Buenos días— abrazó fuertemente a Rebecca que se mantuvo seria, Abby podría ser irritante a veces— ¿Han visto a Piers? Se ha olvidado las llaves en mi casa y ya veo que se quedara a dormir en la calle hoy.

—¿Se puede saber qué fue lo que le dijiste a mi hermano como para que este insoportable?—Claire apareció desde el pasillo con sus manos en sus caderas.

—Pues no sé— negó con su cabeza mientas que llevaba sus manos hacia esta— Mi cabeza explotará por tanta gente. Abby, Piers está en su despacho supongo no lo sé y Claire no sé que le pasa a tu hermano que está loco.

—Siento molestar— Abby llevo un mecho de su cabello detrás de su oreja avergonzada.

—Es tu trabajo ¿No? Nosotros hacemos cosas peores que tú y yo he tenido que soportar a mi hermano veintiocho años de mi vida. No te quejes— guiñó el ojo la pelirroja.

—Pues me voy a trabajar— Rebecca aprovecho el momento mientras que con dificultad trataba de no perder el equilibrio con las carpetas y su bolso.

—Tienes razón— Jill soltó un bufido y miro hacia Claire— ¿Necesitas algo?

—Simplemente quiero saber que le pasa a Chris.

—Dios mio, ya no quiero ver a más gente— Jill señaló con su mirada hacia la muchacha desconocida que llegaba al lugar.

Y Claire al verla sintió como su ira despertaba instantáneamente, aquella mujer lucía igual que siempre, con su blusa roja, sus jeans negros y sus botas de tacón.

Ambas mujeres cruzaron miradas desafiantes pero ninguna había dicho nada, Jill al notarlo supo que algo malo había entre ellas pero prefirió callar porque sabia que podría ser para desatar la tercera guerra mundial.

—Buenos días— dijo amablemente la chica ignorando a Claire completamente— Busco a el Dr. Kennedy ¿esta aquí?.

—Usted es...

—Dile que soy una vieja amiga— sonrió la mujer de unos bellos rasgos asiáticos y por primera vez miró hacia Claire que rió sarcásticamente.

—Deme un momento.

Y Jill salió de su asiento en busca de Leon.

—El clásico truco de "la vieja amiga"—Hizo comillas la pelirroja enfrentando a la mujer que le sonrió incredulamente.

—Si me follo a Kennedy es cosa mía y no te interesa ¿Algún problema?— provocó a la pelirroja que cruzó sus brazos.

—Zorra—Claire carraspeó diciendo aquello por lo bajo.

Abby notó la densidad de ambas mujeres y prefirió alejarse, no quería ser testigo de algún crimen y en silencio fue en busca de su novio.

—Tú eres una metiche,nadie pidió tu opinión solo vine a ver a mi amigo—se encogió de hombros—Me han contado que perdiste un importante juicio, qué pena— negó lastimosamente su cabeza—Eso pasa cuando llegas tarde a lugares por salir de fiestas y tienes falta de profesionalismo.

—Ja ja ja—fingió una risa—Ay mira que yo no tuve que chupar pollas para llegar a algún lado todo por mi cuenta porque me contaron que te moviste al fiscal para conseguir un caso.

—Y yo no tengo que tener un hermano para llegar a alguna parte.

Abby llego al Hall para encontrarse a una Claire furiosa. La rubia miro hacia la joven de cabellos negros que sonreía al darle en su talón de aquiles.

—Buenos días— agrandó sus verdes ojos hacia la chica que le contesto de la misma manera— Claire, hoy es mi audien…

—Lo sé— la interrumpió con sus cejas tan juntas que Abigail creyó que tomarían ese lugar de por vida.

Claire tomó un fuerte respiro por no abalanzarse de la joven para arrancar de raíz cada cabello que tenía, pero agradeció cuando Leon llegó junto a Jill.

—¿Ada? Qué sorpresa—Leon la abrazó sintiendo el incomparable abrazo de su amiga dándose cuenta de lo cuanto que la extrañaba.

—Aw, los amigos sean unidos—la pelirroja abrazó a Abby que la miraba como si tuviera tres cabezas—Cuidado Leon que ha venido buscarte por algo, en el estudio de Boston le decían "la trepadora"

—Ay cierto, a ti te decían la odiosa porque insultaste al fiscal, qué maleducada eso pasa cuando eres arrogante y creída—sonrió Ada sin quitar las manos de encima de Leon.

—¿Se conocen?—preguntó el rubio aun abrazando a su supuesta amiga.

—Pero claro ¿Cómo no la voy a conocer? Era la chica que estaba pegada a mi despacho y los días que me quedaba tarde se escuchaban raros ruidos en la pared.

—Eso es mentira.

Cierto, era mentira pero a Claire no le agradaba en absoluto quedar mal parada delante de su mejor amiga ni de Jill.

—Vamonos—Ada tomó la mano de Leon que la miraba sin entender aquello.

—¿Quién es ella? ¿Qué hace aquí?—preguntó Abby murmurando sin quitarle la mirada de encima mientras que Ada entraba al despacho junto a Leon.

—No sé ni me interesa— Jill tomó una de las carpetas hojeando rápidamente.

—Pues vamos a averiguarlo.

—¿Averiguar que?—cuestionó la joven pestañeando varias veces pero luego sintió que Claire la tomaba fuerte de la muñeca y la arrastraba hacia la puerta del despacho de Leon—¡Ay déjame!—chilló la chica mientras era arrastrada por su amiga.

—Cállate y escucha, serás mi segundo oído—susurró la chica mientras apoyaba su oído en la puerta.

—¿No tienes trabajo que hacer?— dijo la chica y luego recibió un golpe en el hombro por parte de su mejor amiga, Claire definitivamente estaba insoportable hoy.

Jill al ver cómo era arrastrada Abigail se preocupó y caminó al pasillo llevándose la sorpresa de ver como las dos chicas espiaban conversaciones ajenas.

Abby invitó a Jill a que escuchase. La chica se sentía como su vecina holgazaneando situaciones donde no le imbumbia y sabiendo que tenía demasiado trabajo aceptó de mala manera uniéndose junto a las jóvenes

Y mientras tanto del otro lado de la puerta Ada tomo comodidad sobre el escritorio de Leon y él sonrió aun sin creer a quien tenia delante.

—¿A qué se debe tu inesperada y agradable visita?

—Nada, sólo que he venido a Nueva York porque tengo un caso y me quedare los próximos meses. En realidad iba a venir mañana porque…

—Porque hoy es el cumpleaños de Hannah— terminó aquella oración— Y también porque se cumplen ya cuatro años de que me divorcié. Sé que vienes a eso, porque sabes que en estas fechas que coinciden las paso realmente mal.

Mientras tanto las tres mujeres que espiaban del otro lado escondieron su asombro llevando sus manos hacia sus bocas de manera sincronizada, sin embargo la más atónita era Claire ¿Leon era divorciado?.

—¿Es divorciado?—murmuró Abby y Jill le dio un suave golpe para que controlara su voz.

—Nunca me lo dijo—masculló la castaña siguiendo con sus suaves golpes— Somos amigos pero lo conozco poco.

Ada mantuvo su cabeza gacha, quería a su amigo y su deber era acompañarlo en estas fechas.

Leon forzó una sonrisa cuando las imágenes de aquellos años de noviazgo y un año de matrimonio se había ido a la basura, aunque habían pasado años las cicatrices aun dolian como el primer día.

Había noches en las que Leon no dormía, pensaba en lo ciego que había estado y en las personas que había perdido durante ese período y una de ellas era su pequeña Hannah, conocía a la pequeña a través de fotografías pero a veces soñaba en que abrazaba a la niña.

—¿Cómo están Helena y Hannah?

—Bien, Hannah está creciendo bien— sonrió Ada con cierta culpa por conocer a la pequeña a la perfección. La quería como si fuese su hija.

—Quisiera volver todo atrás, todos los días me replanteo en qué hubiese pasado si yo no le hubiera dicho que…

—No te martirices— Ada lo abrazó con fuerza— No eras tú. Habla con ella.

—¿Con qué cara podría hablar con ella? yo he jurado odiarla y ella también juró odiarme, no he visto ni siquiera nacer a Hannah y mi familia si.

—Ya han pasado años, ya no eres el mismo, estabas manipulado brutalmente que hasta conmigo te habías peleado ¿lo recuerdas?

—Todo fue su culpa—el rubio alzó su mirada para ver los oscuros ojos de su amiga que estaba preocupados y apenados a la vez— Tambien la mia, me ha quitado a mis amigos, amigas y hasta casi me mata.

—Tranquilo— y nuevamente lo abrazó.

—Pero no entiendo ¿Helena era la esposa de Leon?—sé escuchó la chillona voz de Abby detrás de la puerta y Leon rodó sus ojos llevando su dedo índice a sus labios dando la señal a Ada de que guarde silencio.

—¡Cállate estúpida!—Claire se quejó y Leon bruscamente abrió la puerta viendo como Abby, Jill y Claire se encontraban en la alfombra y ahora se ponían de pie con avidez.

—¡Doctora Redfield!—Leon disfrutaba la incomodidad de la pelirroja que desviaba su mirada.—Con la señorita...

—Hudson—completó la oración la rubia.

— Y la secretaria Valentine ¿Se les perdió algo?—preguntó de manera sarcástica.

—Debo irme Chris me llamó—exclamó con una sonrisa nerviosa Jill para luego huir corriendo con prisa.

—Repito ¿Se les ha perdido algo Doctora Redfield?—Leon la intimidó con la mirada y Claire solo lo miró enojada.

—Es que estábamos buscando la lentilla de Abby.

— ¿Y la lentilla estaba justo en la puerta del despacho de Leon?— Ada se unió a incomodar a Claire junto a su mejor amigo.

—Claire, yo no uso lentillas—Abby inocentemente comentó y luego recibió un golpe en su hombro gracias a Claire.

—¡Callate!— alzó la voz— Nos vamos.

Claire frunció el ceño y tomo de la muñeca a su amiga saliendo del despacho.

Abigail sentía que volaría en cualquier momento, sus muñecas dolían por la fuerza que Claire ejercía en ellas enfurecida.

—¡Me estas lastimando!— se soltó de su agarre— Calmate, deja de estar hurgando en lo que no te importa, se supone que no te importa ¿verdad?

—¡Claro que no!— rechistó y luego intentó relajarse— Lo siento Abby.

—Debo irme— puso sus ojos en blanco caminando por los pasillos.


Con satisfacción Jill tomó en sus manos la gran pila de carpetas tras recibir la mitad de Rebecca y de Leon con cierta dificultad perdiendo el equilibrio con sus tacones altos, por suerte la pared fue una gran ayuda para estabilizarse y no caer y probablemente perder gran parte de su dentadura. Sentía que el poder y la adrenalina recorría por sus venas y con una sonrisa completamente petulante se dirigió al despacho de su jefe a duras penas con las carpetas pero complacida.

Abrio la puerta sin ni siquiera pedir permiso, no iba a esperar las ordenes de Chris con tanto peso encima.

—Perdón que no he tocado la puerta pero no soportaba tanto peso— se disculpó mientras depositó las carpetas y algunos folios.

—No te preocupes.

Chris la miró atónito y Jill aun ensanchó su sonrisa disfrutando cada minúsculo gesto de su superior. Aun no entendía como pudo haberlo hecho en cuatro horas.

La mente de Chris comenzó a funcionar con vehemencia, tanto fue así que sus ideas se enredaron en busca de algún plan B en caso de emergencia. Él tenia algo muy en claro : Jill no saldrá de alli aunque sea el fin del mundo.

—He terminado asi que me largo— Jill giró sobre sí misma dispuesta a salir, en el camino hacia la puerta verificó la hora de su celular ya que nadie se encontraba en el estudio más allá de ella y su jefe.

—No puedes irte— Chris la detuvo con su voz autoritaria.

Jill aun de espalda rodó sus ojos, presionando su celular con sus dedos.

—¿Disculpa?— se dio la vuelta guardando el celular en el bolsillo de su falta apretada—He terminado todo y puedo irme

—Quiero un café, voy a quedarme unas horas más.

—¡Pero estoy cansada!—pataleo en modo de enfado como si se tratara de una niña pequeña—Debo irme en media hora y ya no es mi horario.

—Te pagaré tus horas extras— cruzó sus brazos acomodándose en su asiento— Ahora, quiero un café.

Un café... pensó la castaña mejor te doy una paliza maldito abusador del poder

—Vale.

El chico no pudo evitar contemplar tal paisaje que tenía antes sus ojos cuando ella volteo y desapareció tras la puerta, se sintió totalmente inapropiado pero… ¿Qué tenía de malo no admirar ese gran trasero? las curvas de Jill podrían volver loco a cualquiera y le parecía algo terrible no aprovecharlo a la vista.

Pero no era momento de hablar de su trasero, era el momento de ganar tiempo para pensar un plan que sea efectivo y no pueda salir de alli.

¿Salir?

—Maldito bastardo— oyó la lejana voz de Jill quejumbrosa.

Hizo oídos sordos a las quejas de Jill saliendo de su asiento, tenia media hora y claramente no se tarda media hora en preparar un café, tal vez sean unos cinco minutos o menos pero había un lugar en donde muchos no pudieron salir.

Recordó hace unos dos meses o más Becky con sus torpes manos había roto el pomo de la biblioteca avisando a todos sus compañeros de que nadie debía cerrar la puerta. Sin embargo a Piers se le había olvidado por completo y pasó gran parte de su almuerzo encerrado leyendo algunos libros en el suelo. A Chris le había resultado divertido ver a Piers con su traje en el suelo leyendo un libro mientras comía un chocolate que tenia guardado en sus bolsillos pero al chico no le había causado ni una pizca de gracia acusando a Rebecca de su torpeza.

La puerta de la pequeña biblioteca permanencia sostenida a un triste y cargado tacho de basura y conociendo a Jill que era más despistada que su colega era el plan perfecto corriendo el riesgo de vivir encerrados allí por décadas pero no le parecía mala idea.

Salio del despacho evitando algún tipo de sonido corroborando si Jill había regresado, todo bajo control.

Se sintió en una película de acción o como un espía caminando por los pasillos con extremo sigilo llegando hacia la biblioteca, tomó el tacho de basura que sostenía la puerta y luego la dejo a centímetros de cerrarla, asegurándose de no quedar encerrado solo, eso seria el peor de sus karmas.


Era jueves, Jill pensó en cancelar la salida de una vez por todas y echarse en su sofá a mirar películas con Emily hasta la madrugada pero conociendo a su hermana sabía que la chica no soportaría el sueño y caiga en un profundo sueño antes de las once de la noche.

Miro la hora de su celular. Las ocho, no era tarde.

Envió un mensaje a Carlos que saldría en diez minutos, que si podría ir a recogerla y mientras esperaba su respuesta se dedicó a hacer el estúpido café.

Y mientras batía desatando su furia golpeando fuertemente la cuchara sobre la taza no pudo evitar pensar el porqué de los comportamientos de Chris, las palabras de Leon retumbaban en su cabeza de manera constante.

Vamos, un imponente hombre con una belleza y carácter peculiar iba a rebajarse a una secretaria por celos y quedarse horas extras para interferir en su vida personal.

Debería dejar de juntarse tanto con Leon…

La castaña sólo hizo una mueca de disgusto terminando de hacer la bebida caliente dejando su celular sobre la encimera al lado de su bolso.

Fue hacia su despacho resoplando golpeando sus nudillos con fuerza e insistencia sobre la puerta esperando unos segundos alguna señal del otro lado. Nada.

Insistió nuevamente pensando en que no había oído el típico "adelante" que acostumbraba a exclamar y al no escucharlo abrió la puerta llevándose la sorpresa de que la habitación se encontraba deshabitada.

—Genial, ahora falta que se corten las luces para comenzar una película de terror— se quejó mientras recorría el lugar— ¿Chris? ¿Dónde estás?

Y el humor de Jill descendía bruscamente, era una mujer paciente pero en estos momentos la chica perdió su cordura, se sintió como una especie de loca con una taza de café, un rostro perplejo y agotado con su cabello despeinado llevando una taza de un café tan amargo como su día.

Recorrió sala por sala llegando hacia la biblioteca, iba a pasar sin verificar el paradero de su jefe pero se dedicó a gritar cerca de la puerta.

—¡Chris!— bramó histérica y al fin escuchó su voz.

—Aquí.

Jill creyó a ver a un profeta cuando con cuidado abrió la puerta, sonrió con exageración cuando lo vio con algunos libros en su manos. Con admiración ingresó a la biblioteca cerrando la puerta mientras que Chris internamente festejaba y sacaba partido de la torpeza de la joven.

—Aquí está, ahora ¿Otra carpeta más para ver?—Ironizó la chica apoyando la taza en un escritorio un poco lejano.

—Muy graciosa— imitó su tono— ahora puedes irte.

—Gracias al cielo— la chica se abalanzó hacia él dándole un fuerte abrazo, envolviendo sus brazos sobre su torso.

Algo andaba mal porque Chris jamás había experimentado ese escalofrío recorriendo su cuerpo ni mucho menos en cómo su corazón palpitaba dando la sensación de que explotaría.

—Cuídate.

—Si, claro—rió mientras se dirigía hacia la puerta pero esta no abrió y con una sonrisa intentó abrirla nuevamente sin éxito—¿Me ayudas a abrirla?

—Si.

Chris se aproximó a la puerta intentando abrirla pero esta se quedó en el lugar, fingió su cara de desconcierto y se dijo a sí mismo de que merecía un Oscar mientras que Jill pensaba de que se trataba de una broma o de que ambos eran lo suficientemente enclenques para abrir una puerta.

—Mierda, cierto que esta puerta anda trabada.

—¿Es un chiste?

—No— negó reiteradas veces ladeando su cabeza— Hace un mes Becky la rompió y nadie se ha hecho cargo de la puerta.

—Debería saberlo, hace más de un mes que trabajo aquí.

—Bueno, dos meses y medio— se corrigió—Lamento informarte que la única manera de salir es que alguien nos abra la puerta del otro lado.

—¡Ay no!— pateó la puerta con furia— Lo ultimo que me falta es esto ¡Quiero salir! ¿Que hay del conserje?

—Se ha ido, me ha encargado las llaves pero ya sabes que es inútil, debemos esperar a que alguien venga y eso podría ser mañana temprano— comentó de forma relajada mientras tomaba comodidad en el suelo contra la puerta bajo la no muy amistosa mirada de Jill

—¡Yo no me quedaré aquí toda la noche y no contigo!— gritó espantada.

—Tranquila— aun con su libro en mano fingió leerlo manteniendo la calma—Sólo es una noche.

—¿Una noche?Estoy hambrienta no he comido nada por tu culpa y cuando tengo oportunidad de salir pasa esto.

—Por algo pasa ¿No crees?— dijo insignificante manteniendo sus ojos sobre las letras sin comprender lo que leía.

—¿Que quieres decir?—pestañeó varias veces sin entender aquello y él sonrió al saber que su plan de encerrarse junto a ella había resultado.

—¿Tienes hambre? Toma el café.

—No quiero tómalo tú— se cruzó de brazos caminando de un lado hacia otro intentando mantener la calma, ponerse en ese estado no la ayudaba en nada.

—¿Estas enojada?

—No, claro que no solo porque me has hecho trabajar cuatro horas extras y pierda una cita , no no estoy enojada para nada— Jill luchaba contra la puerta.

—Es inútil no abrirá.

Escuchar esa frase hizo que la ansiedad de la chica aumentara en conjunto a sus palpitaciones y la falta de aire, ya era suficiente por hoy, lo supo cuando sus piernas se debilitaron obligando a que su cuerpo se desplome en el suelo.

No había llegado a desmayarse, estaba segura porque fue un simple mareo pero eso fue suficiente para alarmar a Chris que se acerco a ella a una velocidad que le pareció sobrenatural apoyando su cabeza sobre su regazo llevo sus cabellos detrás de su oreja permitiendo ver su rostro más pálido de lo común.

—Estoy bien— intentó levantarse pero Chris la detuvo.

—¿Que haces? mejor quédate así.

—Soy Claustrofobica— confesó mientras intentaba respirar con normalidad— Odio los lugares tan cerrados y tan oscuros como esta puta biblioteca— y al notar el insulto y por lo inapropiada tapo su boca— Lo siento.

—No te preocupes.

—Ya se me pasará, me he alterado mucho pero puedo manejarlo no me ha pasado esto en años.

—Tranquila— la ayudo a que se sentara.

Jill agradeció la acción escondiéndose en su pecho tomando por sorpresa a Chris que se culpaba a sí mismo por el disgusto de Jill.

Se sentía una persona horrible y egoísta. Por cumplir sus caprichos le había arruinado una cita, su tiempo y hasta había debilitado su salud tanto física como mental. Ella merecía tener una de sus mejores noches y divertirse con quien quiera porque era la mujer perfecta y que todo hombre quisiera tener pero si realmente la quería jugaría limpio aunque su trabajo sea de jugar sucio tampoco en su vida personal iba a hacerlo y para desahogar sus penas abrazó a la chica con fuerza mientras que su mentón se apoyó sobre su cabeza.

—Quiero salir— susurró aferrándose a su cuerpo con voz lastimosa que eran dagas para Chris aun echándose más culpa.

—Intentemos poner nuestras cabezas en otra cosa— propuso mientras acaricio su suave cabello.

—No, quiero irme de aquí.

—Yo también quiero irme pero debes ayudarme a que no te volverás loca porque yo también me volveré loco.

—Bien— notó en cómo sus palpitaciones se habían calmado un poco, se sentía protegida y armoniosa— La semana que viene es mi cumpleaños ¿Vendrás?

—¿En donde lo festejarás? ¿En tu casa?— preguntó con interés y ella alzó la vista dedicándole sus azules ojos.

—En un bar seguramente aunque todavía no lo he decido, si salimos vivos de aquí te avisaré.

—Saldremos, no te preocupes.

Jill pensó en varios métodos de salir de allí, miró a su alrededor por unos momentos, a un lado grandes estantes llenos de libros y enciclopedias, al frente un escritorio donde solo lo habitaba la taza de café que perdía el calor. No había ningún conducto o alguna ventana.

Tuvo la maravillosa idea de llamar a alguien que viniera a rescatarlos pero su celular había quedado en la cocina y supuso que Carlos no se le ocurriría entrar y buscarla. Tal vez Chris si puede comunicarse con alguien.

—¿Y tu no tienes tu celular en mano? Así llamamos a Claire que nos abra la puerta.

—No, está en mi despacho ¿El tuyo?.

—En mi bolso, maldición— bajó su mirada cerrando sus ojos intentando encontrar su paz interior, alterarse de nuevo era para problemas.

—Asi que estamos encerrados e incomunicados y todo por mi culpa— por primera vez Chris utilizó su sinceridad— Lo siento tanto.

—También fue culpa mía y del tonto café— intentó bromear para evitar un nuevo mareo alzando su mirada para que su rostro quedara a tan escasos centímetros de Chris.

—Un muy tonto café— le devolvio la sonrisa sorprendiendo a la chica.

Su sonrisa hizo olvidar sus palpitaciones por unos momentos, en verdad lo había visto sonreír algunas veces pero esta sonrisa era magnífica, brillaba bajo sus ojos y era divertida. Tenía un significado profundo y sensible. Quería verlo sonreír así todos los días, la hacia olvidar de sus problemas y de su mal día. Por milésima de segundos pensó en que su maldito día había valido la pena por esa sonrisa.

Chris notó en cómo las pupilas de Jill se dilataron, fijándose en su sonrisa y luego especialmente en sus labios, bueno tal vez jugar sucio tenga sus beneficios. Inconscientemente bajo los encantos de la chica su mano acarició su mejilla aun sin quitar su sonrisa hipnotizandola con sus perfectos dientes.

—Creo que le estoy viendo el lado positivo a esto—susurró acercando su boca en la suya totalmente hechizada manteniendo el humor en cada palabra pero también tanta sensualidad que a Chris le pareció imposible.

—Yo también.

Sentía el fresco aliento de Jill en su boca,se sentía bien tenerla a su merced sintiendo su perfume floral borró su sonrisa concentrándose en mirar hacia sus ojos manteniendo un contacto visual fuerte en ambos transmitiendo su deseo y fue allí cuando Chris acarició los labios de la chica para luego morder y tirar de su labio inferior y el mundo de Jill se paralizó tanto que no fue capaz de escuchar al otro lado que alguien la llamaba por su nombre.