(en voz del narrador)
Mientras Sipán y Ankalli se preparaban para su duelo al otro lado del mundo el Torneo Galáctico fue presentado por la señorita Saori Kido como el evento más importante del siglo en donde valientes jóvenes lucharán por la armadura dorada. El mundo espera con ansias el inicio del torneo para conocer el poder de los famosos caballeros.
El combate de Sipán y Ankalli por la armadura del Can Menor ha terminado con un claro ganador. Sipán, uno de los 100 niños enviados por la Fundación GRAAD alrededor del mundo avanza más y más hacia su meta de convertirse en el Caballero del Perro Peruano. Sin embargo, la tragedia se cruzará en el camino de Sipán y su querido maestro Amaru.
SIPÁN SOPORTARÁ AHORA UN GOLPE INESPERADO.
PASAJE 04
MUERTE
TERRENOS ELEVADOS DE LA COSTA NORTE DE PERÚ
– "¡ALLQU REVENGE!"
Ankalli había disparado su devastadora técnica.
– "¡ALLQU ASSAULT!"
Sipán respondió con una furia hasta ahora desconocida para su maestro.
La polvareda que se había levantado tardó unos pocos minutos en disiparse, pero Amaru pudo ver que el resultado era claro. Ankalli estaba tendido sangrante en el suelo con los ojos cerrados, a simple vista bastante malherido producto del impacto. Sipán se encontraba a duras penas de pie, también malherido, pero de pie finalmente y con una débil sonrisa en el rostro. Era bastante notorio que sabía lo que había sucedido.
– "¡El ganador y legítimo dueño de la armadura del Can Menor es Sipán!"
Las palabras de Amaru eran contundentes. Estaba emocionado. Acababa de nacer un caballero.
– "¡Sí! ¡Lo conseguí! ¡La armadura del Perro Peruano es mía!"
Cuando su maestro Amaru terminó de anunciar la noticia Sipán pudo moverse. Pareciera que esperaba la confirmación de su maestro. Era imposible para Sipán ocultar su alegría. Lo había conseguido. La armadura era suya. Sin embargo, la alegría del momento duraría poco ya que su compañero de entrenamiento también había escuchado la noticia mientras se reincorporaba.
Se podía sentir un cosmo bastante agresivo en Ankalli. Su mirada estaba vacía y la furia en sus ojos era distinta.
– "¡¿LEGÍTIMO DUEÑO?!"
Ankalli había perdido, pero era demasiado tarde. Estaba fuera de control. Amaru sabía que la noticia no sería aceptada por él con los mejores ánimos.
– "Ankalli, el duelo ya terminó y lo sabes".
– "No, Amaru, esto termina cuando la armadura sea mía".
– "Ankalli, ya basta. Todo terminó, amigo".
– "¡¿AMIGO?! ¿Desde cuándo tú y yo somos amigos, Sipán? Te equivocaste de persona todos estos años. Tú y yo somos NADA. ¿Entiendes? ¡NADA!".
Aquellas palabras de Ankalli fueron fulminantes y guardaban bastante resentimiento. Habían pasado seis años juntos, entrenando y conviviendo, y ahora parecía que nada de eso importaba.
Lo cierto era que, Ankalli siempre se había mostrado rebelde, pero desde hace un tiempo él había cambiado. Comía, entrenaba y caminaba en solitario. Se desaparecía por las noches sin dar explicación. Y cuando su maestro Amaru le preguntaba sobre sus caminatas solitarias respondía de mala manera.
– "Ankalli, será mejor que hablemos con calma. Tú no eres así".
Amaru siempre trataba de razonar con él, a pesar de todo.
– "Tú no me conoces. Siempre estuve a tu lado en esta tierra, pero llega este entrometido de Oriente y permites que se lleve la armadura".
– "¿De eso se trata? ¿De quién obtiene la armadura?"
– "Tú no sabes nada. Solo sigues órdenes de gente que no conoces, condenado a quedarte aquí. Me das vergüenza, Amaru".
Sipán intervino, aunque no sabía qué decir. No había nada que hiciera entrar en razón a su ex amigo y compañero. Y, por momentos, no entendía las palabras de Ankalli.
– "Deja en paz a nuestro maestro, Ankalli. Ya fue suficiente".
– "¡TU MAESTRO! Nunca me enseñó algo que valiera la pena. Ahora me doy cuenta que perdí mi tiempo aquí, con ustedes".
Ankalli, quien hace un momento había tomado la túnica de Amaru, la soltó con brusquedad. Por un momento parecía que pelearía con su propio maestro. Sipán inconscientemente ya había cerrado su puño, listo para que en cualquier momento defendiera a su maestro de alguna rebeldía de ese Ankalli ahora desconocido para él.
– "Ankalli, siempre serás bienvenido cuando recuperes tu camino. Lo sabes. No tiene que terminar así".
Fue lo último que le dijo Amaru.
– "Te equivocas. Aquí se termina. Me largo de esa pocilga".
Luego de esas palabras, Ankalli volteó y se fue sin despedirse, a pesar de los llamados de Sipán. Amaru, aún con dolor en su corazón, procedió a explicarle a Sipán la responsabilidad de portar la armadura y la importancia de la armonía de su cosmo con la misma. Sin embargo, Sipán estaba más preocupado en el estado anímico de su maestro. Escuchaba a medias lo que Amaru le decía. Podía sentir el pesar de su maestro. Al terminar, volvieron a la cabaña en donde vivían. Aquel lugar en donde ahora tendrían un poco de más espacio ya que Ankalli nunca regresaría a ese lugar jamás.
PLAYAS DE LA COSTA NORTE DE PERÚ
Pasaron un par de días y decidieron cenar juntos la noche anterior a la partida de Sipán rumbo a Japón. Amaru, Sipán y Walter, el perro viringo que siempre los esperaba y acompañaba en casa. Luego de la cena Amaru se animó a salir a caminar un poco mientras Sipán alistaba su bolsa de viaje. Aquella situación no era muy distinta de cuando partió de Japón ya que tenía pocas pertenencias como aquella vez.
– "Saldré a caminar un momento, Sipán. Descansa. Mañana debes levantarte temprano. El barco no te esperará".
– "Sí, maestro. Descuide, me acostaré temprano. No habrá televisión esta noche".
Sipán estaba más que emocionado. Al día siguiente, volvería a Oriente con la meta cumplida y se reencontraría con los otros niños del orfanato. Eso era lo que lo emocionaba todavía más, reencontrarse con aquellos compañeros del orfanato, pero ahora todos ellos convertidos en caballeros. Al menos ahora el cascarrabias de Tatsumi lo pensaría dos veces antes de gritarles o pretender golpearlos.
La noche avanzaba y algo no estaba bien. Amaru no era de demorarse demasiado en sus caminatas por la costa a la luz de la luna, pero esa noche estaba tardando mucho. La hora que normalmente se tomaba se había convertido en dos y pronto en tres. Sipán estaba impaciente. Su maestro siempre era correcto con la puntualidad. Se suponía que debía dormir, pero era imposible en medio de esa situación. De pronto sucedió.
– "¡MAESTRO!"
Sipán tuvo el peor de los presentimientos jamás vividos, como si una descarga eléctrica atravesara su cabeza a una velocidad incalculable. Sin pensarlo salió corriendo a buscar a su maestro. Algo no estaba bien. Emprendió la búsqueda de su maestro por los alrededores, llamó a Amaru por su nombre y la única respuesta que tuvo era el de las olas en la costa. Había un silencio desesperante en el ambiente que angustiaba todavía más a Sipán. Amplió la búsqueda todavía más, hasta llegar a las cercanías de los terrenos elevados en donde había combatido contra Ankalli. Sucedió lo impensable.
Sipán siempre estaba listo para todo, pero nunca para encontrar el cuerpo de su maestro tirado y ensangrentado. Era visible que había peleado no hace mucho tiempo. Lo habían dejado ahí, condenado al olvido y habría seguido así de no ser por su alumno, que ahora lo tenía en sus brazos. Llorando.
– "¿Qué le pasó, maestro? ¿Quién le hizo esto? Es mi culpa. Debí acompañarlo".
Sipán intentaba resolver lo que había sucedido, pero su sentimiento de culpa era mayor.
Su querido maestro Amaru ahora estaba muerto en sus brazos. Él era un caballero, sabía pelear luego tantos años entrenando, tenía una armadura, pero nada pudo hacer para salvar a aquel hombre a quien tanto le debía. Sipán había fallado.
CONTINUARÁ…
