(En voz del narrador)
Mientras Sipán y Ankalli se preparaban para su duelo al otro lado del mundo el Torneo Galáctico fue presentado por la señorita Saori Kido como el evento más importante del siglo en donde valientes jóvenes lucharán por la armadura dorada. El mundo espera con ansias el inicio del torneo para conocer el poder de los famosos caballeros.
El combate de Sipán y Ankalli por la armadura del Can Menor ha terminado con un claro ganador. Sipán, uno de los 100 niños enviados por la Fundación GRAAD alrededor del mundo avanza más y más hacia su meta de convertirse en el Caballero del Perro Peruano. Sin embargo, la tragedia se cruzará en el camino de Sipán y su querido maestro Amaru.
SIPÁN SOPORTARÁ AHORA UN GOLPE INESPERADO.
PASAJE 05
PUERTA
TERRENOS ELEVADOS DE LA COSTA NORTE DE PERÚ
Habían pasado algunos días desde que Sipán había sepultado a Amaru. Era consciente que debía partir a Oriente para participar en el famoso Torneo Galáctico, pero sentía la necesidad de encontrar al asesino de su maestro. Sipán sentía un enorme conflicto, tenía el deber de llevar la armadura a Japón, pero no podía irse dejando sin castigo al asesino de su maestro Amaru. El problema era que no tenía ni una sola pista por dónde empezar a buscar. No tenía nada. No pensaba con claridad.
– "Simplemente no sé qué hacer, maestro Amaru. Debí acompañarlo esa noche. ¿Quién pudo hacerle algo así?"
Sipán iba conteniendo rabia y duda cada vez que le hablaba a la tumba de su maestro. Por momentos sentía que dejaba de ser él mismo y eso le asustaba.
PLAYAS DE LA COSTA NORTE DE PERÚ
A la mañana siguiente Sipán encendió el viejo televisor de su maestro y algo cambió en él. Pudo ver una de las peleas del Torneo Galáctico. No era la primera que veía, pero aquella pelea le transmitió algo que las anteriores no.
– "¡EL GANADOR ES PEGASO! ¡EL CABALLERO DE PEGASO LE HA GANADO AL CABALLERO DRAGÓN!".
El anunciador no dejaba de repetir el nombre del ganador de tal colosal encuentro. Era Seiya, aquel niño japonés que siempre se mostraba lleno de energía en el orfanato de la Fundación GRAAD. La pelea iba más allá del deber, Seiya y Shiryū habían peleado por un sueño. Con todo lo sucedido, Sipán había olvidado el rostro de sus antiguos compañeros en el orfanato de la Fundación GRAAD, pero Seiya de Pegaso lo había inspirado a kilómetros de distancia. Sipán también era un caballero y no tenía tiempo para lamentarse.
TERRENOS ELEVADOS DE LA COSTA NORTE DE PERÚ
– "Maestro Amaru, he venido para decirle que no descansaré hasta encontrar al responsable de su muerte y usaré mi armadura de Perro Peruano para conseguirlo".
Sipán estaba más que decidido. Partiría a Oriente a cumplir con su deber y emplearía los recursos disponibles de la Fundación GRAAD para resolver ese misterio. Pensaba que para alguien como Saori Kido no sería problema ayudarlo. Esos serían sus términos y la señorita Kido no podría rechazarlo.
– "Qué sucede…".
De pronto, dos sombras cubiertas con una túnica emergieron de entre la noche. Eran rápidas y de apariencia humana. De no ser por la luz que proyectaba la luna, Sipán no los habría esquivado cuando atacaron. No se sentía asustado, pero sí enfadado por aparecerse frente a la tumba de su maestro Amaru, el cual era como un santuario para Sipán.
– "¡¿QUIÉNES SON USTEDES Y QUÉ QUIEREN CON LA TUMBA DE MI MAESTRO?!".
Las palabras de Sipán eran cortantes como el acero. Su molestia era imposible de ocultarse.
– "Qué valiente eres, muchacho. Mide tus palabras".
Pronunció el más alto de ellos.
– "Tranquilo. Solo queríamos verificar que una misión estuviera completa".
Completó la otra sombra.
– "Y como ya hemos visto lo que queríamos, nos marchamos".
Para cuando ambas sombras habían terminado de hablar, ya estaban en el aire, moviéndose ágilmente en dirección al este. Sin embargo, no eran conscientes de la habilidad de Sipán como rastreador, ni de lo fácil que sería para él encontrar esas dos sombras a pesar de la distancia que ya le llevaban. Tomó el escudo con los colores de su bandera que reposaba en la tumba de Amaru, el mismo que cargaba en ocasiones especiales, y corrió rumbo a la cabaña de su maestro, en donde aguardaba su armadura de Perro Peruano.
– "Ven".
Fue la única palabra que se le vino a la mente cuando jaló la cadena que se desprendía de la boca del rostro del perro que adornada la caja abriéndose en al momento. Una luz intensa lo envolvió, para dar paso una estructura montada que se asemeja a un perro viringo, al instante pudo sentir cómo cada parte se ensamblaba en su cuerpo. La sensación era única y le daba confianza. Finalmente, tomó el escudo de Amaru y lo instaló en su brazo izquierdo.
– "Estoy listo. Es ahora o nunca".
Sipán nunca se había sentido tan frenético, pero esta vez era su cosmo y su habilidad para rastrear lo que lo guiaba a toda velocidad en medio de la noche. Los asesinos de su maestro pagarían por su crimen. Sin embargo, cuando el rastro se terminó se encontraba en las cercanías de la Huaca de la Luna, pero la atmósfera era extraña. Una espesa neblina envolvía el lugar.
– "Este lugar… hay algo extraño con todo esto".
No se esta perdido, el rastro era el correcto, pero terminaba ahí, en medio de la nada en medio de una neblina. Sentía dos cosmos a distancia y conforme se adentraba más en la neblina sentía que recuperaba aquel rastro. Decidió avanzar, ingresar en la neblina.
– "Están aquí, eso es seguro… no puedo equivocarme".
Fueron las únicas palabras que Sipán pronunció mientras atravesaba esa misteriosa neblina, que cuando se disipó ya lo había conectado con otro lugar igual de misterioso. De pronto, se vio dentro de una gran cueva con antorchas y frente a una puerta gigante adornada con serpientes, colmillos y un rostro endemoniado con terroríficos ojos rojos en el centro. La imagen le resultaba familiar, como si la hubiese visto en algún otro lado, pero no recordaba dónde. Era solo una idea vaga la que tenía. De pronto una voz conocida lo recibió.
– "Por lo visto llegaste hasta aquí. No eres un inútil después de todo".
Intervino una de las sombras.
– "Hay que reconocer que tienes agallas. Lo mínimo que podemos hacer es decirte dónde estás y quiénes somos. Al menos mereces saber quién acabó con tu insignificante vida, muchacho".
La otra sombra se apresuró en hablar.
– "Mi nombre es Thojilla, uku lunar del Zorro".
– "Yo soy Yacu, uku lunar de la Boa".
– "¿Uku lunar? ¿Zorro? ¿Boa?".
Al mencionar sus nombres ambos sujetos se quitaron las túnicas. Sipán estaba más que sorprendido. Portaban armaduras oscuras como la noche y su piel era pálida, como si jamás recibieran la luz del sol. Quería saber si se trataba de otros caballeros como él.
– "Somos ukus. Servimos al gran dios AIAPAEC, el decapitador de este mundo. Y te encuentras en la puerta de su magnífico templo. Ahora prepárate para morir como tu maestro".
Las palabras de Thojilla perforaron el corazón de Sipán. Pero esta vez no era una sensación de tristeza o dolor, era una cierta satisfacción. Aquella revelación le permitiría encontrar justicia para su maestro Amaru. Sin moverse y con la mirada fija en el vacío, Sipán respondió, casi dibujando una sonrisa en su rostro.
– "Así que fueron ustedes…".
Era consciente de que lo siguiente no sería un entrenamiento ni mucho menos un duelo. Había llegado a un punto en donde era la vida o la muerte. Debía vencerlos, si quería seguir respirando para encontrar respuestas. Su momento por fin había llegado.
CONTINUARÁ…
