(En voz del narrador)
Sipán, uno de los 100 niños enviados por la Fundación GRAAD alrededor mundo para conseguir fantásticas armaduras pudo conseguir la suya. Luego de vencer a su compañero Ankalli, obtuvo la armadura de Can Menor, nombrada cariñosamente por él como Perro Peruano. Vistiendo ya su armadura encontró la puerta del Templo del dios AIAPAEC y pudo derrotar al uku Thojilla de Zorro en su primer combate de vida o muerte.
Está a punto de iniciar un nuevo combate a muerte, y esta vez contra Yacu, uku lunar de Boa, y Sipán perder bajo ninguna circunstancia. La muerte de su maestro Amaru y la identidad de la diosa Athena siguen siendo pendientes en su mente y que debe resolver. Sin embargo, algo inesperado sucederá antes de partir y lo cambiará todo para el joven caballero Sipán.
NO HAY DESCANSO EN EL CAMINO DEL CABALLERO SIPÁN.
PASAJE 07
BOA
TEMPLO SUBTERRÁNEO DEL DIOS AIAPAEC
– "Espero que no te hagas ilusiones, perrito. Después de todo, Thojilla era un debilucho".
– "Eso ya lo veremos, uku de Boa".
La victoria sobre el uku de Zorro le había dado bastante confianza a Sipán. Aun así, sabía que no podía bajar la guardia bajo ninguna circunstancia. Además, para su sorpresa, su preciada armadura comenzaba a sentir el trajín de tantos golpes.
– "Despídete de este mundo, perro enclenque".
Al finalizar estas palabras, Yacu desplegó de la protección de su brazo derecho la cola de la boa de su armadura y comenzó a azotarla como si de un látigo se tratara. Cada azote desplegaba una lluvia feroz de colmillos oscuros siempre en dirección a Sipán.
– "¡DEATH TUSK!"
La lluvia de colmillos era más y más constante, ocasionando que Sipán se quedara sin mucho espacio para pelear. Aunque el escudo de su maestro Amaru lo protegía bastante bien, era como si desde el más allá lo siguiera apoyando en un momento tan crítico.
– "Si no me encargo de ese látigo, estaré acabado".
Sipán supo qué hacer e inmediatamente atrapó el látigo de Yacu y lo enrolló en su brazo izquierdo, apoyándose en el escudo que había tomado de su maestro Amaru y que ahora portaba con su armadura. La tensión del látigo era fuerte y el escudo lo sufría. En cualquier momento podría romperse. Sin embargo, pudo cortar el látigo de Yacu imitando el movimiento rápido de una espada con su mano derecha. La acción enfureció bastante a Yacu.
– "Miserable, te atreviste a romper la cola de mi mochik".
– "¿Mochik? ¿Ese es el nombre de tu armadura?".
– "Mientras tú tienes esa pobre y rota armadura, quienes servimos al dios AIAPAEC fuimos honrados con estas mochiks, las cuales están bendecidas por nuestro dios".
– "La misma que acabo de romper".
– "JA. ¿Y piensas que por eso ya me ganaste? Ahora es cuando conocerás mi verdadero poder".
Sipán estaba cansado y algo desorientado de tanto esquivar golpes por doquier; sin embargo, su mente regresó a la pelea cuando pudo ver que los ojos de Yacu brillaban fuertemente y ahora eran como los de un reptil. Eran realmente aterradores, dignos que un verdadero depredador.
– "CONSTRICTION".
Sipán escuchó las palabras de Yacu y solo podía ver sus ojos llenos de maldad. En ese momento no podía moverse ni respirar. Estaba siendo víctima de la auténtica constricción de una boa que lo apretaba cada vez más. Era una técnica mental. Yacu no se movía, pero mientras más brillaban sus ojos, la presión de la constricción aumentaba. Sipán no soportaría mucho ni mucho menos su armadura la cual parecía a punto de reventar.
– "Nadie puede escapar de la muerte, cuando una auténtica boa te atrapa".
Las palabras de Yacu fueron clave. Era jugársela el todo por el todo y confiar en los relatos que su maestro Amaru le compartía en cada fogata hace tanto tiempo.
– "Allqu Calm… Allqu Calm… Allqu Calm…".
Sipán ejecutaba su técnica de defensa una y otra vez, dejando espacios de tiempo. Yacu no entendía lo que hacía Sipán, y, producto de su desconcentración. Finalmente, una frase resonó en aquel momento.
– "¡ALLQU CALM!"
Yacu recibió a una fuerte patada. Sipán había escapado de su constricción y el soberbio uku había quedado desconcertado.
– "Pe… pero, ¿cómo es posible? Nadie puede escapar de mi técnica".
– "Eres una auténtica boa, ¿no es así? Supuse que tu técnica y cosmo obedecían al patrón de sangre fría de los reptiles. Si subía la temperatura con el calor de mi Allqu Calm adaptarías tu temperatura a la del ambiente, y si la bajaba, harías lo mismo. No puedes enfocarte en tu técnica, si al mismo tiempo estás preocupado por la temperatura del entorno en que peleas".
La pelea estaba resuelta. La astucia de Sipán había brillado nuevamente a las puertas de aquel templo subterráneo, y el propio Yacu lo sabía. Sipán se preparó para ejecutar su técnica poniendo todo el cosmo que le restaba.
– "Sigues siendo inferior a mí, perrito".
– "¡ALLQU ASSAULT!"
– "Afronta tu muerte… CONSTRICTION".
El ataque de Sipán fue devastador y no le dio tiempo a Yacu de ejecutar su técnica. Al igual que lo sucedido con Thojilla, Yacu voló varios metros de distancia, aunque no había muerto en el impacto. EL ahora derrotado uku tenía una última advertencia para el caballero.
– "No… no pienses que esto termina aquí. Nuestro… nuestro señor AIAPAEC… volverá. La puerta se… se abrirá".
Con esas palabras finales, Yacu murió. Sipán había derrotado a dos ukus con mucha dificultad y ahora quedaba la imponente puerta tallada con el rostro del dios AIAPAEC estaba frente a él.
TERRENOS ELEVADOSDE LA COSTA NORTE DE PERÚ
Habían pasado varios días desde que Thojilla y Yacu fueron derrotados. Sipán sentía frustración, ya que sus intentos por abrir la puerta del templo subterráneo del dios AIAPAEC no obtuvieron resultado. Había elevado su cosmo tan fuerte como en las peleas contra los ukus pero la puerta nunca se movió, incluso lo había intentado al día siguiente y al siguiente después de ese, siempre siguiendo el rastro inicial y entrando a través de esa extraña neblina. Sin embargo, fue mayor el espanto que sintió cuando notó que los cuerpos de ambos ukus habían desaparecido.
– "Estaban ahí y al siguiente momento ya no. Era como si la tierra se los hubiese tragado".
Fueron las palabras que alcanzó a pronunciar Sipán mientras recordaba ese momento y limpiaba la cruz que marcaba la tumba de Amaru.
– "Prometo volver maestro Amaru. Quizá a mi regreso puedo descubrir más sobre esa enorme puerta y ese tal AIAPAEC".
Era hora de marcharse rumbo a Oriente y era momento de despedirse de aquel hombre que le había enseñado todo lo que sabía y que lo había convertido en un caballero.
– "Maestro Amaru, debo encontrarme con Seiya y los demás. Quizá ellos conozcan a esa diosa Athena. Han pasado muchas cosas también. Aquel niño enviado a la Isla de la Reina Muerte volvió convertido en un demonio. Necesitan mi ayuda y debo…".
Los pensamientos de Sipán se cortaron de golpe cuando sintió un cosmo agresivo, el más agresivo que había experimentado en su vida. Incluso el perro viringo Walter comenzó a gruñir como jamás lo había hecho y a ladrar sin parar.
– "¡Walter ¿qué sucede?!"
En todos esos años el fiel viringo Walter siempre se había mostrado dócil pero ahora era diferente. Algo estaba por suceder.
– "Así que tú eres el discípulo de Amaru".
– "¿Quién eres tú? ¡Responde!"
– "Será mejor que respondas y aceleraré tu muerte, ¿eres el alumno de Amaru?".
Sipán no conocía a aquel sujeto de enorme tamaño, armadura plateada y cicatriz en el ojo izquierdo. Su cosmo era devastador. Había derrotado a dos ukus pero presentía que esa presencia no era un presagio de algo bueno.
CONTINUARÁ…
