De la voz del narrador
El caballero Sipán portador de la armadura de Can Menor, renombrada como Perro Peruano, llegó al Marae de la Cosecha en donde lo aguardaba el último guerrero maorí. Gran fue su sorpresa cuando descubrió que Nahera de Taniwha era hermano del caballero plateado Moses de Ballena. En ese momento Sipán recordó su dramática derrota y cómo el escudo de su maestro Amaru fue destruido.
El joven caballero pudo reponerse y derrotar al guerrero maorí, sin embargo, apenas terminada la pelea recibieron la visita de la propia Papa-Tua-Nuku quien se mostraba satisfecha por el resultado de la pelea. Está a punto de descubrirse una verdad que cambiará el rumbo de esta guerra santa para siempre.
De prisa caballeros atenienses, detengan el Atardecer Definitivo… solo queda un enemigo al frente y se trata de la siniestra diosa Papa-Tua-Nuku
EL FINAL DE ESTE MUNDO SE APROXIMA JUNTO CON EL ATARDECER DEFINITIVO.
PASAJE 16
AMARGA REVELACIÓN
MARAE DE LA COSECHA
Sipán no entendía lo que estaba sucediendo. Sabía que el Marae de la Cosecha se estaba derrumbando debido a la derrota de Taniwha, pero no comprendía por qué aquella silueta femenina se acercaba a ellos. Nahera se levantó con dificultad y rompió el silencio.
– "M-Mi señora… Perdone que no pudiera cumplir con su voluntad".
– "Jajaja… Pobre tonto. Sigues siendo tan correcto como siempre, Taniwha".
– "¿Mi señora?".
Aquella escena perturbó a Sipán, así que decidió intervenir.
– "¿Quién eres tú?".
– "Veo que llegaste lejos, Navegante-del-Sol. Aunque esperaba que llegaras, supuse que morirías antes de conocernos en persona".
– "No sé de qué hablas. Soy un caballero de Athena y tú-…".
– "Yo soy Papa-Tua-Nuku, la diosa del principio de los tiempos, y ustedes consiguieron lo que me proponía. Fueron lo bastante tontos como para cumplir mis deseos sin siquiera saberlo".
En ese instante, la silueta que aún se dibujaba en las sombras se dejó ver. Era una mujer esbelta y hermosa, con extrañas marcas en el rostro. Su mirada era fulminante como la de un depredador que acecha a su presa y su cosmo era terriblemente agresivo y hostil.
– "Mi señora… No entiendo… Yo le fallé".
Era evidente que Nahera estaba agonizando, pero en sus últimos minutos de vida necesitaba saber el significado de las palabras de su diosa, quien se acercó a la vara del dios Tane y la levantó sin problema.
– "Taniwha, reconozco que me fuiste completamente fiel. Ngaio y Roimata eran buenos guerreros, pero tú, Taniwha, fuiste el más leal. Es una pena que tenga que acabar así".
– "¿A qué se refiere…?".
– "Los Maraes no solo son templos que rinden culto al origen de nuestra civilización. La caza, la danza y la cosecha también representan la evolución de los humanos, los asquerosos humanos que olvidaron a sus dioses y a mi amado Rangi-Nui. Desde el principio quise que los caballeros de Athena los derrotaran para que se destruyeran los Maraes. Solo así él podrá regresar a mí, como en la era del mito".
Nahera no podía creerlo. La diosa a la cual había servido, solo se había aprovechado de él y de sus compañeros.
– "Mi señora, yo-… nosotros… pudimos haberles servido... ¿Por qué-…?".
– "Ustedes debían morir para que los Maraes cayeran. Si no los mataban los caballeros de Athena, yo misma lo habría hecho. Solo fueron una herramienta y aun así, no fueron rivales para el enemigo".
– "¡Ya basta! ¡¿Cómo puedes decir algo así?! ¡Alguien como tú no debería ser llamada diosa!".
– "¿Y quién sí? ¿Athena? ¡JAJAJAJAJA!".
Con un aire victorioso, la diosa se dispuso a salir del templo mientras su risa dejaba desconcertados a Sipán y Nahera.
– "Si aún te quedan fuerzas, te estaré esperando, heredero del Navegante-del-Sol".
Cuando al fin salió de las ruinas del Marae de la Cosecha, Nahera cayó. Sipán quiso ayudarlo, pero ya no había nada que hacer. Eran sus últimos minutos…
– "Taniwha, resiste. Déjame-…".
– "Mi destino es morir, caballero de Athena. Pensé que ella nos traería la gloria y edificaría un nuevo mundo, pero cometí un error... Para ti también debe ser cruel… Te usaron como a mí".
– "Yo cumplí con mi deber".
– "Y yo también… Aunque toda esta guerra fuera una mentira…".
– "Taniwha…".
– "Escucha, Sipán… La vara del dios Tane no es solo un arma. También es la clave para detener a Papa-Tua-Nuku".
– "¿La clave?".
– "En la era del mito, el dios Tane utilizó su vara para separar a Papa-Tua-Nuku y Rangi-Nui. Ella vino hasta aquí para llevársela… porque sabe que puede matarla. Debes usarla… Date prisa, Navegante…".
– "¿Por qué me llaman así? ¡Mi nombre es Sipán!".
– "Tú provienes de la Tierra del Sol, de donde nace el amanecer… y de donde hace siglos llegó, navegando a las costas de este continente, un rey que enseñó a los hombres a vivir en armonía. Se le conoció como el Navegante-del-Sol, un rey que afirmaba provenir de un linaje de hijos de su dios Sol".
– "¿Un rey? ¿Hijos del dios Sol? ¡No puede ser! No creo que te refieras a los-…".
– "Te lo encargo… Supongo que veré a Moses en el infierno… Le preguntaré cómo pudo derrotar a un can menor para luego morir a manos de un pegaso, jajaja…".
– "¿Pegaso? ¡Seiya!".
De alguna manera, Nahera se había enterado de que su hermano Moses había muerto a manos de Seiya de Pegaso. Esas palabras advirtieron a Sipán de la muerte de aquel caballero de plata contra el que siempre imaginó una revancha. La noticia lo había tomado por sorpresa, pero no había tiempo para pensar en ello. Con su último aliento, el guerrero maorí le había confesado que había una manera de detener a la diosa Papa-Tua-Nuku y eso le daba esperanzas.
– "¡SIPÁN!".
– "¡Amigos! ¡Me alegra que estén bien!".
Sipán sintió un gran alivio al ver a sus compañeros de nuevo. Tras explicarles lo sucedido, todos decidieron partir de inmediato rumbo al templo de la diosa Papa-Tua-Nuku. Bastian iba a la cabeza, seguido de Ikal y Joe, luego June y finalmente Sipán, que aún procesaba las últimas palabras de Nahera de Taniwha, el orgulloso guerrero.
– "Esto aún no termina".
CONTINUARÁ…
