Con la voz del Narrador:

Los caballeros Sipán de Can Menor, Bastián de Ciervo, Ikal de Serpiente y Joe de Búho, que lograron derrotaron a la diosa Papa-Tua-Nuku y detener el Atardecer Definitivo, pudieron al fin conocer a Saori Kido como la encarnación de la diosa Athena. Ella les explicó la importante misión que los caballeros cumplen en el mundo y les agradeció que arriesguen sus vidas para protegerlo. Sin embargo, una amenaza se cierne con el pronto despertar de una deidad en tierras peruanas.

La amenaza del dios AIAPAEC se siente cada vez más fuerte y la propia Athena no puede ignorarlo. Para ello, un caballero de alto rango es enviado al Perú para entrenar a Sipán y equilibrar la balanza en favor de la paz, mientras Athena regresa al Santuario.

ESTÁ A PUNTO DE INICIAR UN NUEVO DESAFÍO PARA LOS CABALLEROS DE ATHENA Y ELLOS NO CLAUDICARÁN.

CAPÍTULO 20

INICIA OTRO ENTRENAMIENTO

Playas de las costas del norte del Perú

Los combates pasados habían hecho más rápido a Sipán. Ahora no solo era capaz de esquivar los golpes adversarios, sino que también podía anticiparlos. Su maestro Amaru se mostraba satisfecho por la evolución de su pupilo durante una pelea de práctica como las que solían tener en el pasado. Sipán estaba más feliz que antes, pues era un caballero de Athena.

– "¿Maestro Amaru, se encuentra bien?".

Sipán se dio cuenta de que Amaru no se movía. Su práctica se había interrumpido de un momento a otro. Amaru estaba quieto en la orilla mientras el mar mojaba sus pies descalzos. De pronto, Sipán escuchó unos ladridos a la distancia que no pudo evitar buscar con la mirada, aunque grande fue su sorpresa al regresar su vista hacia su maestro.

– "¡¿Quién eres tú?! ¡¿Dónde está mi maestro?!".

Amaru había desaparecido y en su lugar se encontraba una gran araña negra de aspecto intimidante que lo veía fijamente, como si se tratara que su presa. Sipán estaba paralizado por la presencia de aquel animal y se sentía angustiado porque la desaparición de su maestro.

– "¡MAESTRO!".

Quiso decir algo más, pero cuando la araña comenzó a moverse hacia él, despertó sobresaltado.

– "Solo fue un sueño, pero… no lo entiendo. Espero no haber despertado al señor Aldebarán".

Sipán se dispuso a seguir durmiendo. Habían transcurrido varios días desde que el caballero Aldebarán de Tauro llegó al Perú por orden de Athena. El presentimiento de la diosa ante el despertar del dios AIAPAEC era intenso, por lo que Saori quería que Sipán estuviera preparado para las circunstancias que podían surgir mientras ella estaba en el Santuario. El estilo de Aldebarán era diferente al de Amaru, pero Sipán estaba dispuesto a aprender. Además, ambos sabían que las lecciones no durarían mucho tiempo.

– "Has mejorado bastante, muchacho, aunque necesitarás direccionar mejor tu cosmo al ejecutar tu nueva técnica".

– "No se preocupe, señor Aldebarán. Estaré listo. Tal como lo necesita Saori".

– "¿Saori? Es la diosa Athena de quien hablas. ¿Aún insistes en tratarla como igual? Ustedes los caballeros de bronce gozan de muchas confianzas con ella. No tienen remedio".

Sipán sabía que Aldebarán se refería a Seiya y a los otros caballeros que atravesaron las 12 Casas, que habían permanecido al lado de Athena durante cada batalla después de ello, así que tomó el comentario con humor mientras seguían entrenando.

– "Ahora quiero que me ataques a una distancia menor. Necesitas cubrir todos los espacios posibles, Sipán".

– "Está bien. Verá que lo sorprenderé".

– "Aquí te espero".

Sipán se acercó a gran velocidad, moviéndose de un lado a otro como si se tratara de una pelea de box. Aldebarán estaba bastante sorprendido por semejante rapidez.

– "¡Excelente, Sipán! Ahora quiero que ejecutes tu nueva técnica".

– "Tengo algo mejor. Ya verá…".

Sipán hizo un movimiento rápido con los puños y consiguió desprender una onda de choque con forma de boomerang que impactó en la cara de Aldebarán y, al ver que había tenido éxito, sonrió.

– "¡Jajajajaja! ¿Qué fue eso?".

– "Hace poco lo vi en una pelea de box. Me pareció interesante y quise probarlo".

– "Por un momento pensé que ejecutarás tu Allqu Assault (Embestida del Perro), pero me sorprendiste, muchacho. ¡Jajajajaja!".

Sipán había desarrollado una nueva técnica con ayuda del caballero de Tauro. Esta, a diferencia del Allqu Assault (Embestida del Perro), tenía un impacto más destructivo, ya que concentraba su cosmo en un solo punto. Ciertamente Aldebarán había quedado satisfecho por esa interesante variante de su Great Horn (Gran Cuerno).

Aquella noche, mientras los dos observaban la noche estrellada en silencio, el caballero dorado supo que el momento había llegado.

– "Creo que es hora de volver al Santuario".

– "¿Ahora?".

– "Partiré mañana, Sipán. El movimiento de las estrellas me dice que el Santuario me necesitará pronto. Algo se aproxima. Además, no tengo nada más que enseñarte. Amaru hizo un buen trabajo. Yo solo ayudé un poco. Confío en que tú y tus compañeros no defraudarán a Athena en las guerras por venir".

– "No lo haremos. Protegeremos a Saori".

– "'Diosa Athena' para ti… En fin, ustedes los caballeros de bronce son bastante cercanos a ella. Supongo que esa insolencia es parte de su juventud. ¡Jajajajaja!".

El caballero dorado estaba listo para partir. Habían acordado no despedirse. Aldebarán siempre se había mostrado jovial con todos y no quería que fuera diferente con su ahora discípulo. Solo le dijo a Sipán que se cuidara y que no olvidara lo aprendido en esos días. Estaba seguro de que el mundo necesitaría más jóvenes caballeros de sangre ardiente que protegieran a la diosa Athena, justo como él se lo había demostrado.

Terrenos elevados de las costas del norte del Perú

Aldebarán de Tauro partió a la mañana siguiente rumbo al Santuario de Grecia, pues su deber como caballero de Athena así lo demandaba.

– "Adiós, maestro Aldebarán, y gracias por todo".

Sipán secó sus lágrimas mientras observaba al enorme caballero dorado alejarse por la orilla, portando su Pandora Box. Era la primera vez que Sipán llamaba 'maestro' a Aldebarán. Sus emociones eran confusas. Sentía tristeza, ya que en su interior algo le decía que quizá esa sería la última vez que vería a Aldebarán, pero a la vez se sentía muy afortunado de haber sido entrenado por dos admirables caballeros de Athena en su propia tierra.

CONTINUARÁ…

A LA MEMORIA DE DON ALFONSO RAMÍREZ.