Con la voz del narrador:
Los caballeros Ikal de Serpiente y Joe de Búho se reunieron con Sipán en tierras peruanas luego de su visita a la diosa Athena, en cuya biblioteca conocieron al doctor Merrick Alexander, que les reveló la investigación hecha por la Fundación GRAAD. Conocida como el HIPERMITO, dicha investigación narra la historia del Mundo Antiguo desde el origen de los tiempos, en la cual se concluye que existen tantos dioses como mitos en el mundo.
Tras reafirmar su compromiso de proteger este mundo y a Saori Kido, la encarnación de la diosa Athena, los caballeros de la esperanza estaban listos para idear su siguiente estrategia. Sin embargo, en el norte de Perú, un terremoto implacable los alertó de un acontecimiento sin precedentes. Las famosas Huacas del Sol y de la Luna habían sido destruidas y tal evento solo podía significar que la batalla era inminente.
LA CORTINA DE UNA NUEVA GUERRA SANTA ESTÁ A PUNTO DE ABRIRSE. EL DIOS AIAPAEC SE ACERCA…
CAPÍTULO 22
EMERGE EL TEMPLO SUBTERRÁNEO
TEMPLO SUBTERRÁNEO DEL DIOS AIAPAEC –MINUTOS ANTES–
– "Al fin ha llegado el momento que estábamos esperando".
– "Estamos con usted, mi señor AIAPAEC".
– "Que el mundo tiemble ante nosotros…".
PLAYAS DE LAS COSTAS DEL NORTE DEL PERÚ –ACTUALIDAD–
Sipán estaba más tranquilo al saber que la tumba de su maestro Amaru no había sufrido daños a causa del terrible terremoto. Luego de recoger sus Pandora Box, los caballeros salieron a toda prisa en dirección al único lugar donde encontrarían respuestas, el mismo lugar que se conectaba con la entrada del Templo del dios AIAPAEC. Al llegar, comprobaron lo que Ikal había anunciado.
RUINAS DE LAS HUACAS DEL SOL Y DE LA LUNA
– "Todo… Todo está destruido".
El asombro de Joe era justificado. Las Huacas del Sol y de la Luna habían sido visiblemente afectadas por el gran terremoto y se habían reducido a casi nada. Sin embargo, antes de que los caballeros pudieran acercarse más, un nuevo temblor remeció el suelo y se abrieron grietas en la base de la Huaca de la Luna, ante la mirada de terror de los pobladores y turistas.
– "Llegan algo tarde, ¿no les parece?".
Sipán, Ikal y Joe se sorprendieron al escuchar aquella voz familiar. El caballero de Ciervo, Bastian, estaba frente a ellos, también portando su Pandora Box.
– "¡Bastian! ¿Pero… en dónde estabas? ¿Cuándo llegaste?".
– "Como les comenté, tenía asuntos que atender. Llegué hace poco, en realidad. Pensé encontrarme con ustedes en la cabaña, pero decidí venir directamente aquí luego del terremoto".
– "Ya veo. Así que estamos nuevamente reunidos…".
– "Y en el momento indicado… Hay algo en el ambiente, como si algo estuviera a punto de-".
Antes de que Sipán terminara de hablar, el temblor se intensificó. Esta vez, una estructura colosal comenzó a emerger de la tierra, rodeando la Huaca de la Luna.
– "No puede ser… ¡ES LA PUERTA!".
Incluso después de haber combatido guerreros maoríes y haber conocido a la diosa Athena, la Gran Puerta del Templo del dios AIAPAEC seguía produciendo el mismo asombro y ansiedad en el corazón de Sipán. La Huaca de la Luna se levantaba una vez más con cinco enormes templos sobre su superficie. La batalla contra AIAPAEC estaba a punto de comenzar.
– "Tenemos que irnos. No perdamos más tiempo, amigos".
Tras las palabras de Joe, los caballeros de Athena abrieron sus respectivas Pandora Box y sus armaduras vistieron sus cuerpos al instante. Al verlos, algunos pobladores los aplaudieron, llenos de esperanza, pues era como si aquellos jóvenes guerreros del Torneo Galáctico que aparecieron una vez en televisión estuvieran junto a ellos.
– "¡Esta vez tenemos que abrir esa puerta!".
Sipán estaba impaciente por entrar, pues recordó su experiencia al enfrentar a Thojilla de Zorro y Yacu de Boa. En aquella ocasión había conseguido derrotar con dificultad a ambos ukus, pero ahora lo acompañaban tres caballeros que pelearían junto él. Ya no estaba solo.
– "¡Esperen! ¡La puerta está-…!".
Ikal advirtió que la enorme puerta, la única entrada de la ciudadela amurallada, se estaba abriendo ante el asombro y pánico de las personas, que lloraban mientras permanecían paralizadas, incapaces de correr. El escenario era bastante tenso. Joe trató de calmar a algunos pobladores, pero fue en vano. A medida que se abría la puerta, se distinguía cada vez más una figura humana que avanzaba seguida de cientos de soldados. El escenario era similar al que habían presenciado en Oceanía.
– "Así que ustedes son 'esos' caballeros de Athena… Sean bienvenidos".
– "¿Quién eres tú? ¿Eres un uku, al igual que Yacu y Thojilla?"
Sipán reconoció la armadura de aquel sujeto de inmediato. Era una mochik, oscura como la noche y al mismo tiempo capaz de reflejar la luz de la luna. Sin embargo, su forma era diferente, quizá por el animal o bestia que representaba. Aun así, la piel pálida de su portador lo hacía bastante reconocible como uku, aunque era innegable que su aspecto lo hacía lucir más tétrico que los anteriores.
– "¿Yacu y Thojilla? No me compares con esos dos despojos cuyo único logro fue ofrecer su sangre ya muerta para que este templo emergiera. No... Yo soy Anqura, uku lunar de Cangrejo. Y, como es evidente, todos ustedes morirán en nombre de mi señor AIAPAEC".
– "Eres muy valiente para ser solo un cangrejo".
– "Tú derrotaste a dos de ellos, Sipán. Es hora de que conozcan al resto de nosotros".
– "Esta vez no eres el único caballero de Athena aquí".
Las palabras de Bastian, Joe e Ikal animaron a Sipán, que asintió con la cabeza.
– "Es cierto. Vencimos a Papa-Tua-Nuku, todos juntos".
– "Perfecto. Ya que quieren morir, entonces morirán juntos. Prometo que sus cuerpos serán alimento para mis cangrejos… Pero no dejemos que el público se aburra… ¡Ellos también sufrirán! ¡GUERREROS DEL DIOS AIAPAEC, ACABEN CON TODO AQUEL QUE ENCUENTREN CON VIDA! ¡EN NOMBRE DE NUESTRO DIOS, QUE NO QUEDE UNA SOLA CABEZA UNIDA AL CUERPO!".
Al escuchar el grito de Anqura, las personas que quedaban en las cercanías salieron despavoridas, invadidas por un horror inimaginable.
– "¡NO LO HAGAS! ¡ESTAS PERSONAS SON INOCENTES!".
– "Inocentes o no… ¡Eso no importa! Su muerte es la voluntad de mi señor AIAPAEC, el decapitador de este mundo. ¡Jajajajajaja!".
– "Tenemos que dividirnos. No podemos proteger a las personas y pelear con este sujeto a la vez… Sipán, tú y yo contra Aqura… Bastian y Joe, acaben con los soldados y-…".
De pronto, Ikal fue interrumpido por el intenso brillo de tres destellos en el cielo, que se acercaron hasta aterrizar en el muro que rodeaba el templo del dios decapitador. En medio del resplandor se podía distinguir las siluetas de tres jóvenes que portaban armaduras similares, pero distintas a la vez.
– "Caballeros de Athena… Nosotros nos encargaremos".
CONTINUARÁ…
