Con la voz del narrador:

Luego del terremoto que castigó el norte peruano Sipán, Ikal y Joe se reunieron con Bastian de Ciervo. Juntos atestiguaron el surgimiento de la Gran Puerta, que Sipán había visto tiempo atrás, y de cinco grandes templos en la superficie de la Huaca de la Luna, esta vez rodeada por un inmenso muro. De inmediato, los caballeros vistieron sus armaduras y se dirigieron a la entrada de la ciudadela del dios AIAPAEC, pero para su sorpresa.

Anqura, uku lunar de Cangrejo, hizo su aparición y ordenó al ejército que sacrificaran a todas las personas que encontraran a su paso en nombre su señor AIAPAEC. Finalmente, cuando los caballeros se preparaban para luchar, el resplandor de tres destellos en el cielo los alertó de la llegada de jóvenes desconocidos que, al igual que ellos, portaban armaduras.

EL ENEMIGO SE HA REVELADO ANTE LOS CABALLEROS. LLEGÓ EL MOMENTO DE PROTEGER ESTE MUNDO…

CAPÍTULO 23

INICIA OTRA GUERRA SANTA

EXTERIOR DE LA CIUDADELA DE SANGRE

– "Caballeros de Athena… Nosotros nos encargaremos".

Con un rápido movimiento, los desconocidos que habían estado de pie sobre el inmenso muro que rodeaba la Huaca de la Luna se posicionaron frente a los caballeros de bronce. De inmediato, todos adoptaron posturas de defensa.

– "¿Quiénes son ustedes?".

– "Somos caballeros, al igual que ustedes".

El joven de armadura roja respondió a la pregunta de Sipán con un semblante bastante calmado.

– "Soy Shō, de la Armadura Celeste".

– "Yo soy Daichi, de la Armadura Terrestre".

– "Y yo Ushio, de la Armadura Marina".

– "¡Somos los Caballeros de Acero!".

– "¿Caballeros de Acero…?".

– "El Dr. Asamori nos envió para apoyarlos".

Fue entonces cuando los caballeros de bronce comprendieron la situación. Recordaron que, durante su visita a la biblioteca de la Fundación GRAAD, el Dr. Merrick Alexander les había hablado sobre un colega suyo a quien el señor Mitsumasa Kido había solicitado un importante proyecto. No había duda de que el resultado de su investigación era la clave que explicaría la presencia de los caballeros de acero y las armaduras que portaban.

– "Los ayudaremos en la batalla. Es lo mínimo que podemos hacer por ustedes, caballeros de bronce".

– "¿Qué quieres decir?".

– "No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la diosa Athena y otros caballeros también están luchando".

– "¿Athena…?".

– "Eso significa que una nueva guerra santa ha comenzado…".

– "Entonces todo sucedió tal como nos lo advirtió...".

– "¡No pierdan tiempo, nosotros protegeremos a los civiles inocentes!".

Antes de que los caballeros pudieran decir algo más, los gritos de Anqura los regresaron a la realidad. A su alrededor, los soldados que se acercaban peligrosamente a los pobladores habían pasado de ser cientos a ser miles de hombres armados con lanzas y escudos.

– "Todos serán sacrificios para nuestro dios AIAPAEC! ¡Y CUANDO EL GRAN ECLIPSE SE HAYA COMPLETADO NO QUEDARÁ NADIE CON VIDA!".

– "¿El Gran Eclipse…?".

– "¡LA AMBICIÓN Y DESTRUCCIÓN DE LOS DIOSES GRIEGOS SERÁ LA GLORIA PARA NUESTRO SEÑOR AIAPAEC!".

Anqura extendió sus brazos hacia el cielo y cuando los caballeros levantaron la vista notaron que el brillo del sol empezaba a ser opacado por la luna. Incluso a simple vista, era evidente que no se trataba de un eclipse común y corriente.

– "¡EL PODER DE NUESTRO SEÑOR AIAPAEC AUMENTARÁ A MEDIDA QUE EL SOL SE OCULTE Y CUANDO EL MUNDO AL FIN ESTÉ SUMIDO EN LA OSCURIDAD ABSOLUTA, SU REGRESO SERÁ INMINENTE!".

– "Eso significa…".

– "¡…que AIAPAEC despertará cuando se complete el eclipse!".

Las palabras del uku alertaron a los caballeros sobre la terrible amenaza a la que realmente se enfrentaban. Su prioridad era impedir que el dios decapitador volviera a la vida. Tenían que evitarlo a toda costa.

– "¡No podemos perder más tiempo! ¡La señorita Saori, Athena, cree en nosotros! ¡Tenemos que detener a AIAPAEC!".

– "Nosotros protegeremos a los pobladores y derrotaremos a los soldados".

– "No se preocupen. Nos haremos cargo de este cangrejo".

– "¡Ustedes sigan adelante!".

Una nueva determinación llenó de energía a los caballeros. En ese momento no importaba de qué material eran sus armaduras, pues su objetivo era el mismo. Estaban luchando por el mismo ideal.

– "Confiamos en ustedes".

– "Asegúrense de alcanzarnos más adelante".

Con esas palabras, Sipán, Bastian, Ikal y Joe se alejaron en dirección a la Gran Puerta, mientras los caballeros de acero retrocedían para colocarse estratégicamente frente a la multitud de pobladores y turistas que, aterrados, observaban a los soldados acercarse cada vez más.

– "¡Insolentes! ¡Los mataré a ustedes primero y luego me encargaré de los otros! O, mejor aún, dejaré que encuentren el camino a su perdición… ¡JAJAJAJAJA!".

– "¡Eso ya lo veremos!".

Los caballeros de acero empezaron el ataque contra el ejército de AIAPAEC. A pesar de ser superados en número, derrotaron con mucha habilidad a la mayoría de ellos. No obstante, antes de que pudieran vencer a todos, Anqura se puso a la cabeza del ejército, dispuesto a entrar en batalla.

– "Veamos si son rivales para mí…".

El uku extendió las tenazas que sobresalían de sus puños y aprovechó la corta distancia que lo separaba de los caballeros de acero para lanzar su técnica más poderosa.

– "¡TIRANA POISON!".

En cuestión de segundos, el golpe que había lanzado Anqura se dividió en múltiples destellos que impactaron directamente en los caballeros de acero y dañaron sus armaduras como ningún ataque lo había hecho antes. Los tres trataron de reincorporarse, pero el cansancio y las heridas que sufrieron a causa del ataque impidieron que se pusieran de pie. Era un momento crítico y, sin embargo, no lograban encontrar fuerza suficiente para contraatacar.

– "¿Eso es todo? ¡Parece que solo eran palabrería después de todo! ¡JAJAJAJAJA!".

INTERIOR DE LA CIUDADELA DE SANGRE

– "¡Ahí están!".

Tras cruzar la Gran Puerta, los caballeros de bronce se detuvieron frente a lo que alguna vez fue la Huaca de la Luna, en cuya superficie se encontraban cinco imponentes templos, todos de distinta estructura, rodeados por poderosos cosmos.

– "Será mejor que nos separemos si queremos llegar a tiempo al último templo".

– "Debemos ser precavidos".

– "Lo lograremos".

– "Nos encontraremos al final del camino".

– "¡POR ATHENA!".

TEMPLO DE LA LUNA SIGILOSA

El silencio que inundaba el primer templo era perturbador. Lo único que Sipán sintió al entrar fue una leve brisa que acariciaba la vegetación hasta llegar a una laguna que adornaba el lugar más profundo del templo.

– "Qué extraño... El cosmo que sentí antes se ha desvanecido…".

Sipán sintió curiosidad, se arrodilló frente a la laguna y al ver su reflejo en el agua, recordó el sueño que había tenido días atrás, durante su entrenamiento con Aldebarán de Tauro. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no notó el brillo de unos grandes ojos que lo miraban fijamente desde el agua hasta que, de pronto, un gigantesco caimán de color negro intenso salió del agua para atacarlo. Apenas tuvo tiempo de esquivarlo, pero antes de que pudiera contraatacar, el colosal animal volvió a sumergirse en el agua.

– "¿Qué fue eso…?".

CONTINUARÁ…