De la Voz del Narrador
Ikal, el caballero de bronce de Serpiente, había llegado al Templo de la Luna Sangrienta en donde se encontró con una bestia enorme similar a un puma. Por la cantidad de cadáveres que habían apilados el lugar se asemejaba más a un cementerio. Ikal estaba horrorizado por la imagen tan perturbadora y la presencia del uku Yawar portador de la mochik de Runapuma. Estaba a punto de comenzar una nueva batalla cuando el caballero de Athena recibió una herida en el cuello que lo llevó a un trance ilusorio en donde se encontraba de regreso en su pueblo natal. ¿Acaso será el final del noble caballero Ikal de Serpiente?
De prisa caballeros atenienses, ábranse camino entre los templos de la Ciudadela de Sangre resguardados por los ukus servidores del dios AIAPAEC antes que se complete el Gran Eclipse.
CADA VEZ MÁS DE ENFRENTARSE AL DIOS AIAPAEC. ¡NO SE RINDAN CABALLEROS DE LA JUSTICIA!
CAPÍTULO 30
POR AQUELLOS QUE MURIERON CRUELMENTE
TEMPLO DE LA LUNA SANGRIENTA
– "No te resistas, caballero de Athena, recibe la muerte en nombre del señor AIAPAEC".
El caballero no respondía a estímulos del exterior, estaba estático en manos del uku con una inexplicable sonrisa de felicidad. En esas circunstancias, Yawar de Runapuma podía darle el golpe final sin ningún problema, pues Ikal estaba en un trance perpetuo.
– "Ikal… Mírate, hijo, ya te lastimaste las rodillas".
– "Jeje. Estoy bien, abuela. No es nada".
El caballero de la constelación de Serpiente había vuelto a ser un niño de 7 años. En lugar de vestir su armadura, llevaba puesta una vieja ropa que había recibido en el orfanato producto de una donación de la última natividad. Estaba en casa, donde por momentos le parecía escuchar una débil voz que repetía su nombre.
– "Ikal, ¿es verdad que te irás del pueblo para entrenar?".
Ikal estaba reviviendo el día en el que había sido elegido por un señor ermitaño para convertirse en algo llamado "caballero". Sus amigos del orfanato, la señora que los cuidaba, y a la que todos llamaban "abuela", y todas las personas que conocían a aquel niño un poco tímido, pero con mucha voluntad, estaban felices por él.
– "Ikal… Ikal… Regresa…".
– "Alguien-… me llama…".
– "Caballero…".
Pronto, la tenue voz pasó a ser el susurro de múltiples voces que lo aturdían y hacían que poco a poco aparecieran imágenes en su mente. Se veía entrenando y luego cargando una pesada caja. Se veía con otros 3 muchachos similares a él, peleando y corriendo, pero siempre con una especie de armadura. Estaba confundido.
– "Así es como terminará tu vida, caballero de Serpiente…".
En el Templo de la Luna Sangrienta, Yawar aún sujetaba a Ikal del cuello. Era una escena perturbadora. Mientras el caballero se desangraba, el uku imaginaba el festín que tendría con el caballero de Athena atrapado en su ilusión. Estaba seguro de su victoria, hasta que, de un momento a otro, el cosmo de Ikal se encendió.
– "¡Imposible! ¡Nadie puede regresar de mi FORBIDDEN UMU (CONJURO PROHIBIDO)!".
Las voces que permanecían en el viento y llamaban al caballero se hacían cada vez más claras. No había duda. Desde algún lugar, quizá desde otra dimensión, las víctimas del Runapuma intentaban ayudarlo. Aquel lamento de personas y niños que tras llantos y gritos callaban para dar paso a la muerte despertó el cosmo furioso de Ikal.
– "¡¿Por qué no solo mueres plácidamente?!".
– "No moriré porque aún tengo una misión… ¡Y eso incluye acabar contigo!".
Ikal finalmente despertó y con una rápida patada, se liberó de las garras de Yawar.
– "¿Por qué…? ¡Explícame por qué sacrifican inocentes! ¡¿Qué clase de dios es AIAPAEC?!".
– "Lo haré simple para ti. AIAPAEC es el dios que busqué toda mi vida".
– "¿El dios que buscaste…?"
– "Así es. He dedicado mi vida entera al ocultismo, a pactar con demonios y conseguir almas para incrementar mi poder. Un día, Él se apareció frente a mí. Era magnífico. Su verdadera forma hizo que me inclinara. Todo lo que soy se lo debo a mi señor AIAPAEC, quien me vistió con la poderosa mochik de Runapuma. Es todo un honor para mí ser su verdugo".
– "…Querrás decir su sirviente".
– "¡No permitiré que te burles, caballero de Athena! Te equivocas al pensar que podrás derrotarme. ¡Seré YO quien acabe contigo! ¡Serás parte de los restos mortales que tanto quieres proteger!".
– "¿Qué dijiste?".
– "Mira a tu alrededor. Mira los despojos de los cuerpos que he devorado luego de que mi señor AIAPAEC los sacrificara. ¡JAJAJAJAJA!".
En efecto, los restos mutilados de centenares de sacrificios comenzaron a moverse. Algunos se arrastraban a falta de extremidades y otros, en peores condiciones, avanzaron hasta rodear a Ikal, que veía la escena horrorizado.
– "¿Cómo pueden-…?".
El caballero estaba acorralado, incapaz de moverse por miedo a lastimarlos.
– "¡Llegó el momento de que te unas a ellos! ¡Te veré en la tierra de los muertos, caballero! ¡KAQCHA CLAW (GARRA DESTELLANTE)!".
El impacto fue terrible. Una rápida ráfaga golpeó a Ikal como el zarpazo de un poderoso felino y le arrancó el casco. El caballero estaba en peligro. La herida que le había causado el uku al inicio de la batalla dificultaba su situación. Sin poder evitarlo, perdió el conocimiento por unos segundos.
– "Ayuda…".
– "¡Mamá! ¿Dónde estás, mamá…?".
– "No quiero-… No quiero estar aquí…".
En su estado de ligera inconciencia, o quizá gracias a su habilidad de comunicarse con los espíritus, Ikal podía oír con claridad a los niños que habían sido sacrificados. Los lamentos que antes habían parecido ser parte de la ilusión de Yawar en realidad eran el llanto de pequeños que encontraron un muerte cruel e innecesaria cuando apenas comenzaban a vivir.
– "¡Nunca te lo perdonaré, Yawar! ¡NUNCA!".
El cosmo de Ikal alcanzó un poder inimaginable. La Serpiente estaba enfurecida y nada podría apaciguar su ira. Era el momento de utilizar toda su fuerza en el ataque definitivo.
– "¡Ya deberías estar muerto…! ¿Acaso tú-…?".
– "¡Acabaré contigo! ¡Usaré mi técnica más poderosa contra ti! ¡PREPÁRATE!".
Ikal incrementó su cosmo hasta crear un remolino con la forma de su constelación. Sin embargo, no se trataba de cualquier serpiente. Era la serpiente emplumada Quetzalcóatl, propia de los tiempos del mito de su tierra natal. La gran serpiente rodeó a Yawar, aprisionándolo y limitando sus movimientos, mientras Ikal manipulaba la corriente de aire que oprimía cada vez más al uku y comenzaba a destruir su ropaje sagrado.
– "¡Ahora, desaparece! ¡LEGEND IKALHÉCATL (LEGENDARIO VIENTO DEL OESTE)!".
Con un solo movimiento, Ikal hizo que el remolino lanzara al uku por los aires con una fuerza desmedida hasta acabar con todo rastro de él.
ENTRADA DE LA CIUDADELA DE SANGRE
– "¿Có-cómo es posible… que me vencieran… unos simples caballeros-…?".
Tras una difícil batalla, los caballeros de Acero vencieron a Anqura y a los soldados de AIAPAEC. Habían cumplido su promesa.
– "Tu técnica fue la clave… Se asemejaba demasiado a los movimientos de un cangrejo…".
– "No debiste subestimarnos".
– "La idea de Shō funcionó… porque luchamos juntos".
La entrada de la Ciudadela de Sangre finalmente era segura y los pobladores y turistas que quedaban en las cercanías de las Huacas del Sol y de la Luna estaban a salvo. Sin embargo, el Gran Eclipse continuaba su curso.
CONTINUARÁ…
