De la voz del narrador:

El trance en el que había caído el caballero de la constelación de Serpiente, Ikal, pudo revertirse gracias a los lamentos de las víctimas que fueron sacrificadas en nombre del dios AIAPAEC. La batalla se había vuelto sangrienta pero la furia del caballero de Athena fue tan descomunal que la situación lo llevó a convocar su técnica más poderosa. Gracias a su Legend Ikalhécatl, que en lengua náhuatl significa Legendario Viento del Oeste, pudo derrotar al uku Yawar, desapareciendo todo rastro de él. Por su parte, los caballeros de acero que se habían quedado en los exteriores de la Ciudadela de Sangre lograron derrotar al uku Anqura de Cangrejo.

De prisa caballeros atenienses, ya solo queda un uku al servicio del dios AIAPAEC y deben derrotarlo antes que la ambición del dios AIAPAEC se concrete con la culminación del Gran Eclipse.

QUEDA POCO TIEMPO PARA QUE ESTA GUERRA SANTA TERMINE Y LOS CABALLEROS DE ATHENA SEGUIRÁN LUCHANDO POR LA PAZ.

CAPÍTULO 31

SOMBRA DE UNA TRAMPA MORTAL

EXTERIOR DE LA CIUDADELA DE SANGRE

– "¡Escúchennos, por favor! ¡Deben alejarse lo más que puedan de este lugar!".

Tras obtener la victoria contra el ejército de AIAPAEC, los caballeros de acero ayudaron a las personas que hasta ese momento no habían podido escapar debido a las heridas que habían sufrido y el terror que los había inmovilizado durante el ataque de los soldados. Cuando al fin pusieron a todos a salvo, observaron con preocupación el Gran Eclipse, que estaba a punto de completarse y sumir al mundo en tinieblas.

– "¿Qué hacemos ahora?".

– "Los caballeros de bronce lo lograrán. Confiemos en ellos".

– "Así como ellos confiaron en nosotros".

– "No debemos bajar la guardia. Tenemos que estar preparados para enfrentar cualquier amenaza de AIAPAEC".

– "Pase lo que pase, lucharemos hasta el final".

TEMPLO DE LA LUNA SANGRIENTA

El Templo se mantuvo en calma por algunos minutos luego de la batalla. Durante ese tiempo, los espíritus que antes le habían dado valor y fuerza al caballero de Serpiente, finalmente fueron liberados del dolor y el sufrimiento en los que habían caído a manos de Yawar y la terrible ambición del dios decapitador.

– "Pueden ir… en paz".

Ikal avanzó hasta llegar a la salida, desde donde pudo ver la cima de la Ciudadela de Sangre y la silueta de alguien conocido adentrándose en la niebla que la cubría.

– "Muy pronto me reuniré con ustedes…".

Finalmente, luego de completar su armadura dañada, se puso en marcha.

TEMPLO DE LA LUNA CRUEL

Joe fue el primero en llegar al último Templo. Sumido en un silencio absoluto, la oscuridad del eclipse dificultaba la vista del caballero de Búho. Aún debilitado por el combate contra Chaqlla, se mantuvo en alerta ante la más mínima señal de un oponente. Sin embargo, nada sucedió. El Templo parecía estar completamente vacío.

– "Qué extraño…".

Pasaron varios minutos en los que Joe caminó sin encontrar al uku que defendía aquel Templo ni divisar la salida. Cada segundo que pasaba caminando en círculos parecía una eternidad en medio de las sombras.

– "No puedo sentir ningún cosmo... ¿Qué está-…?".

Antes de que el caballero pudiera si quiera reaccionar, una leve brisa pasó por su lado y luego, lo único que se escuchó fue el eco de su armadura golpeando el suelo. Joe había sido víctima de un imprevisible ataque.

– "Uno menos…".

Al lado del caballero, una figura encapuchada sonreía de satisfacción. Unos segundos después, levantó el cuerpo de Joe y lo llevó hasta una parte más visible dentro del Templo.

– "Serás una útil distracción para que tus patéticos 'amigos' caigan en mi trampa".

Entonces, los pasos de un nuevo caballero alertaron al uku, cuya sonrisa se amplió aún más al percibir el cosmo de su enemigo.

– "Es hora…".

Sipán ingresó al Templo con cautela. Las heridas de su batalla contra Saúl todavía le impedían moverse con libertad. Sin embargo, estaba decidido a vencer una vez más para detener a AIAPAEC. Haría lo que fuera necesario para conseguirlo.

– "El último templo… Todo acabará aquí…".

Mientras más tiempo pasaba perdido en el laberinto de oscuridad, la ansiedad del caballero se hacía cada vez mayor. Una horrible sensación invadía su pecho, tal como había sucedido días antes de la batalla, cuando vio a su maestro desaparecer en aquel sueño que más parecía una pesadilla. Tenía un mal presentimiento.

– "¿Qué es…?".

Los pensamientos del caballero se vieron interrumpidos por la presencia de Joe, inconsciente en el suelo a unos metros de él. Sin pensarlo dos veces, Sipán corrió hacia él.

– "¡JOE! ¡JOE, RESPONDE!".

El cosmo del caballero de Búho era débil, pero su vida estaba fuera de peligro. Sin embargo, los esfuerzos de Sipán por despertarlo fueron en vano.

– "Resiste, Joe….".

– "Te estaba esperando... Can Menor".

Al ver a aquella figura desconocida acercándose, Sipán adoptó de inmediato una postura que le permitiera luchar y proteger a Joe. Sin embargo, el encapuchado se detuvo frente a él y permaneció inmóvil.

– "No te molestes. No tengo interés en acabar con él… Al menos no hasta haberte destruido".

– "¿Tú eres el guardián de este Templo?".

– "Ja. Ustedes los caballeros no resultaron ser tan inútiles después de todo…".

– "¡¿Qué dices?!".

– "Hasta unos debiluchos como ustedes pudieron vencer a esos tontos uno por uno".

– "Eso significa…".

– "Significa que seré yo quien pondrá fin a sus miserables vidas de una vez por todas".

– "Eso lo veremos. Eres el último uku que queda… Cuando te derrotemos, todo habrá terminado".

– "¿Y te crees capaz de hacer eso?".

Sipán estaba confundido. Sus propios pensamientos parecían perturbarlo aún más a medida que el cosmo de su oponente se tornaba más agresivo. Por algún motivo, aquella situación le resultaba familiar, aunque sabía que algo así no era posible.

– "¿Por qué no lo intentas, 'caballero'?".

No era momento de dudar. Sipán elevó su cosmo y se preparó para atacar. Sabía que debía ganar la batalla para detener a AIAPAEC y proteger la tierra que Athena les había confiado y, más aún, que tanto había amado su maestro. Con una determinación más fuerte que nunca, se movió a gran velocidad para sorprender a su oponente, pero el encapuchado esquivó su puño con facilidad.

– "¿Qué sucede? Ni siquiera estuviste cerca de golpearme...".

Sipán siguió atacando sin detenerse. Sus movimientos eran precisos, pero su velocidad no llegaba a igualar la del uku, que parecía enfurecerse más y más con cada golpe fallido del caballero.

– "¿Esto es todo…? Después de todo este tiempo… ¡¿ESTO ES TODO LO QUE PUEDES HACER?! ¡ME DAS VERGÜENZA, SIPÁN!".

El caballero detuvo su ataque y desconcertado, volteó hasta encontrarse de nuevo frente a su adversario. No era la primera vez que escuchaba esas palabras o sentía aquel cosmo lleno de ira.

– "¿Acaso tú…?".

– "¿Te sorprende…? No creerás que te dejé llegar hasta aquí solo para saludar, ¿o sí, Sipán…?".

Sipán estaba atónito. Se negaba a creer que su rival lo conociera, pero le era aún más difícil imaginar que fuera quien él mismo pensaba.

– "No puedes ser…".

Finalmente, su mayor temor se hizo realidad cuando el uku se deshizo de la capa que había ocultado su identidad hasta ese momento y se mostró vistiendo su mochik.

– "¿Ankalli…?".

CONTINUARÁ…