De la voz del narrador:

Sipán, un niño huérfano de la Fundación GRAAD fue enviado a su natal Perú para entrenar y conseguir la armadura de bronce de Can Menor. En el camino derrotó a su condiscípulo Ankalli y se convirtió en caballero. Sin embargo, tuvo que aceptar la muerte de su maestro Amaru y enfrentar a servidores del dios decapitador AIAPAEC. A su lucha se unió Joe de Búho, Ikal de Serpiente y Bastian de Ciervo. Y con ayuda de June de Camaleón pudieron detener la ambición de la diosa Papa-Tua-Nuku en el continente de Oceanía. Ahora de vuelta en tierras peruanas deben evitar que AIAPAEC aproveche el Gran Eclipse provocado por el dios Hades, para sus fines de conquistar este mundo.

Los caballeros de Athena han podido superar a los guerreros ukus uno a uno, pero el último uku es diferente. Mientras Joe se encuentra lastimado Sipán descubre la identidad del uku recién aparecido, y una sombra del pasado se aparece ante Sipán.

De prisa caballeros atenienses, derroten a los ukus servidores oscuros del dios AIAPAEC y detengan su ambición antes que el Gran Eclipse se complete.

LA GUERRA SANTA CONTRA EL DIOS DECAPITADOR ESTÁ POR TERMINAR Y LOS CABALLEROS DE ATHENA SEGUIRÁN PELEANDO.

CAPÍTULO 32

ATROZ MOMENTO DE INDECISIÓN

TEMPLO DE LA LUNA CRUEL

– "Imposible… Eres Ankalli… Pero, ¿por qué usas una armadura de los guerreros de AIAPAEC?".

– "¡JAJAJAJAJA!".

Era él. Era Ankalli, el antiguo compañero de entrenamiento de Sipán. Aquel mismo joven colérico que abandonó a su maestro Amaru luego de que Sipán ganó el duelo por la armadura de Can Menor. Igual de soberbio e igual de malintencionado en sus palabras y actitud, pero ahora parte del ejército enemigo.

– "Ankalli, quiero que me respondas. ¿Por qué usas una mochik? ¡Una armadura de los ukus de AIAPAEC!".

– "Porque soy uno de ellos, idiota. Por lo visto no has cambiado nada... Sigues siendo el mismo chiquillo ingenuo que entrenó con el inútil Amaru".

– "¡NO HABLES ASÍ DE NUESTRO MAESTRO!".

– "Querrás decir TU maestro. Yo ya no le debo nada a ese fracasado. Lo único bueno que pudo haber hecho por mí fue morir".

– "¿Cómo sabes de su muerte…? Ankalli… Si tú estuviste detrás de eso, no tendré piedad de ti. ¡LO JURO!".

El noble corazón de Sipán comenzó a arder de rabia con solo imaginar que Ankalli, a quien consideró su amigo durante mucho tiempo, fue el asesino de su maestro. En ese momento, sus palabras eran más firmes que nunca antes en su vida.

– "¿Y qué si yo lo maté? ¡Vamos! ¡Quiero ver esa cólera, esa sangre que veo en tus ojos! ¡JAJAJAJAJA!".

Ciertamente, Ankalli mostraba una personalidad distinta. Parecía tener algo nuevo en su alma. Disfrutaba burlarse de Sipán, como si saboreara su desesperación y tristeza al enterarse de la aparente verdad sobre Amaru. Sin duda era él, pero al mismo tiempo era alguien más.

– "¡Miserable…! ¡PROCYON ATTACK! (¡ATAQUE PROCYON!)".

La técnica de Sipán no tuvo efecto. Ankalli la esquivó con la misma facilidad con la que esquivaba los puños de Sipán cuando de niños apenas comenzaban a entrenar.

– "Que no se te olvide, estúpido caballero de Athena, que tú y yo entrenamos juntos alguna vez".

– "Cierra la boca y confiesa… ¡¿TÚ MATASTE A MI MAESTRO?!".

– "¡JAJAJA! Si me derrotas contestaré tu pregunta, niño llorón de Athena".

– "¡Esto no es un juego, Ankalli! El mundo se destruirá si no…".

– "Lo que le suceda a este miserable mundo me importa poco o nada. Solo quiero que sufras… ¡Ahora recibe la técnica más poderosa de ANKALLI, UKU LUNAR DE LA ARAÑA! ¡PROFANE URU! (¡ARAÑA PROFANA!)".

– "Ankalli… Espera… ¡No!".

El despliegue del cosmo de Ankalli fue devastador para Sipán. Su técnica era como una ráfaga de arañas que atacaban el cuerpo de su rival, como si trataran de atravesarlo, a una velocidad terrible. Era una lluvia de colmillos venenosos en busca de su presa. Sipán estaba muy malherido, pero no iba a rendirse.

– "De no ser por mi armadura… la armadura reparada con la sangre de un caballero dorado… ya estaría… muerto…".

– "¡LEVÁNTATE! Si no me derrotas… Bueno, ya sabes… La muerte de tu inútil maestro nunca encontrará justicia... ¿Acaso dejarás que eso pase?".

La sonrisa despiadada de Ankalli era inquebrantable. Aquel joven comenzaba a alejarse del iracundo Ankalli que conocieron Amaru y Sipán para dar paso a un psicópata que portaba una mochik.

– "¡El Templo de la Luna Cruel se teñirá con tu sangre antes de que se complete el Gran Eclipse!".

– "No… No dejaré que eso suceda…".

La mirada inmutable de Ankalli se mantenía sobre Sipán, que seguía debilitado por el cruel ataque de su oponente.

– "Esa armadura no es la misma que ganaste… ¿Dónde está ese ridículo escudo que portaba Amaru?".

– "¿Hablas de la armadura que obtuve al vencerte?".

– "¡JA! Tienes muchas agallas para ser un cadáver viviente… ¿Quieres jugar? ¡Con gusto te daré lo que quieres! ¡PROFANE URU! (¡ARAÑA PROFANA!)".

– "¡ALLQU CALM! (¡DEFENSA DEL PERRO!)".

Nada pudo hacer la técnica defensiva de Sipán contra el segundo ataque de Ankalli. El cuerpo del caballero de Athena salió despedido por los aires e impactó con gran fuerza contra el suelo, a pocos metros de donde se encontraba su compañero inconsciente, Joe de Búho.

– "Pensé que serías un digno rival, Sipán… Supongo que tendré que esperar al resto de tus amigos para medirme en poder con ellos. Resultaste ser una decepción…".

La escena era despiadada, Ankalli no dejaba de golpear a Sipán, que permanecía tendido en el suelo. El caballero de Athena intentaba defenderse, pero por cada golpe que esquivaba, recibía otros tres. Como una araña que arrastra a su víctima para devorarla, Ankalli comenzó a arrastrar el cuerpo de Sipán para luego estrellarlo contra uno de los muros del Templo.

– "¡JAJAJAJAJA! ¡Tu maestro Amaru, el mismo que te observa desde el infierno, debe sentirse tan avergonzado de ti… de haber preferido a un ser tan débil en lugar de su propia sangre!".

– "¡¿QUÉ DIJISTE?!... ¿A-acaso tú y el maestro Amaru eran… familia…? ¡RESPONDE, ANKALLI!".

– "Que te lo responda él en el infierno".

La incertidumbre por aquella revelación era fuerte, pero como un destello de luz, Sipán advirtió algo.

– "Espera… Ankalli… Si esta es tu venganza, ¿por qué no terminas de humillarme por completo…?".

– "¿Disculpa? No acostumbro escuchar los ruegos de mis víctimas; sin embargo, haré una excepción contigo, Sipán".

– "Odias al maestro Amaru con todo tu corazón… Y tu nueva técnica es realmente impresionante, pero… te reto a que me destruyas con la misma técnica con la que se suponía que debías ganar esta armadura… ¡QUIERO QUE DERROTES AL QUE TE ROBÓ ESTA ARMADURA CON TU ALLQU REVENGE!".

– "Vaya, Sipán, estar al borde de la muerte te hace una mejor presa. Muy bien, ACEPTO. SOLO ASÍ TU VERGÜENZA SERÁ ETERNA. ¡JAJAJAJAJA!".

Sipán se incorporó con mucho esfuerzo, estaba demasiado golpeado, pero sabía lo que hacía. Conocía muy bien a Ankalli. A pesar de esa tosca mochik de araña que vestía, seguía siendo el muchacho soberbio que siempre quería estar por delante de él. El caballero de Can Menor esbozó una leve sonrisa.

– "Ankalli… ¡Recibirás el castigo de nuestro maestro por medio de mí! ¡ALLQU ASSAULT! (¡EMBESTIDA DEL PERRO!)".

– "¡Muere, Sipán! ¡ALLQU REVENGE! (¡VENGANZA DEL PERRO!)".

Ambos cosmos con forma de feroces canes impactaron violentamente. El Templo de la Luna Cruel se remeció con la intensidad del mismo terremoto que hizo emerger la Ciudadela de Sangre. Al igual que aquella vez, cuando se disputaron la armadura de bronce, solo uno de ellos estaba en pie.

– "Ankalli… Ankalli… No vas a morir… No aún… ¡Quiero que confieses…! ¡Quiero la verdad!".

Sipán buscaba entre los escombros el cuerpo de Ankalli, que a los pocos minutos se levantó ensangrentado y con su mochik seriamente dañada.

– "¿Cómo lo hiciste, Sipán…? No creas que me engañaste. Sabía que tu reto era que yo utilizara mi antigua técnica… p-pero… ese Allqu Assault (Embestida del Perro) tenía algo más…".

– "Tenía la esperanza y la experiencia que he ganado en mis últimos combates. En algún momento fuiste más fuerte que yo, es cierto, pero yo no me frustré, ni me consumí en el odio. Hice amigos, tuve un segundo maestro… ¡y todos juntos luchamos por la paz en nombre de Athena!".

– "Qué estupidez".

– "Te he derrotado Ankalli… ¡Ahora confiesa!".

Sipán tenía sujetado a Ankalli de la misma manera en que alguna vez él sujetó fuertemente a su maestro Amaru.

– "¿En serio pensaste que hablaría…? Jajaja… Estúpido como siempre…".

– "¡DIME…! ¡QUIERO QUE ME DIGAS SI MATASTE A MI MAESTRO!".

– "Mejor mátame… Esa es tu supuesta misión, ¿no?… Acabar con los ukus, no tus deseos personales… ¡VAMOS, MÁTAME, SIPÁN!".

La desesperación volvía a la mente de Sipán. Había ganado la batalla, pero no había derrotado a Ankalli, quien seguía burlándose de él una y otra vez. Sipán lo golpeaba sin parar, pero con cada golpe, la risa de Ankalli se volvía más desquiciada. Disfrutaba del castigo.

– "¡HABLA!".

– "Tú… no tienes nada con qué obligarme… ¡NADA! ¡JAJAJAJAJA!".

– "Ankalli… Por favor, ya basta…".

– "¿Llorarás porque no puedes vengar a tu maestro? Idiota. Te lo voy a facilitar... Atácame. No me defenderé… Solo basta un ataque para acabar conmigo. Elige entre seguir tu camino hasta llegar a AIAPAEC u obligarme a confesar… ¿Qué harás, Sipán?".

– "Yo… ¡ALLQU AS-…! No… Yo… no puedo… Maestro, se lo prometí, pero… yo…".

Sipán cayó de rodillas y golpeó el piso, sentía unas inmensas ganas llorar, pero de rabia e impotencia. Quería justicia para su fallecido maestro. Cerró el puño lleno de tierra y escombros y pudo sentir el mismo suelo del cual había levantado el cadáver de su maestro. De pronto, advirtió una sombra proyectada en el suelo. Era una araña monstruosa, la misma araña que había aparecido en su sueño la noche anterior a la partida de Aldebarán de Tauro. Los ojos de Sipán se llenaron de terror.

– "Sipán… La respuesta es SÍ… ¡Y SOLO CON ESO TE IRÁS! ¡UNDYING LLAKI! (¡LAMENTO ETERNO!)".

El cosmo en forma de araña abrió las fauces y aplastó al Sipán con una brutalidad tal, que su cuerpo se estampó en el techo del Templo de la Luna Cruel para luego caer cerca de la entrada. Ankalli comenzó a reír frenéticamente, pero no mucho después, su risa se detuvo de golpe. Se dio cuenta de que alguien más había llegado.

– "Perfecto. ¿Puedo saber a qué caballero de Athena liquidaré ahora?".

– "Soy Bastian, caballero de bronce de Ciervo, y seré yo quien acabe contigo".

CONTINUARÁ…